La sobreprotección parental nace desde el amor, desde la intención de los padres de evitar a sus hijos sufrimiento o situaciones incómodas. Sin embargo, lejos de ayudarles, están condicionando su desarrollo emocional y mental.Este estilo educativo consiste en una atención excesiva hacia los más pequeños, anticipándose a sus necesidades y resolviendo sus problemas incluso antes de que pidan ayuda.Esto, lejos de fortalecerlos, puede volverles dependientes e inseguros, advierten expertos como la psiquiatra y escritora Marian Rojas Estapé, dificultando que aprendan a tolerar la frustración o a tomar decisiones por sí mismos.Noticia relacionada general No No Alfonso Ruiz, doctor por Oxford: «Un niño que aprende a ordenar su cuarto aprende a ordenar su mente» Inés RomeroMarian Rojas es clara: «La sobreprotección no es buena»«La sobreprotección no es buena», señala con contundencia Rojas. Para argumentar esta afirmación, la experta explica que, «cuando un niño se enfrenta a un reto, hay dos zonas de su cerebro que se activan».«Por un lado, la amígdala, la zona del miedo que le dice ‘cuidado’. Por otro, la corteza prefrontal, que es la que le va a ir diciendo ‘esto se puede hacer de esta manera, puedes hacerlo de esta otra, ten cuidado, pero esto es interesante, lo puedes resolver así…’», detalla. Y es esencial que exista «una buena comunicación entre ambos».El problema, advierte, llega cuando los padres intervienen constantemente. «Si al niño con una amígdala que tiene miedo el padre le soluciona todos sus problemas, está bloqueando su corteza prefrontal», expone.Como resultado, la amígdala «es la que va creciendo», lo que puede transformar a ese niño «en un adulto temeroso, con dificultad para tomar decisiones o para enfrentarse a los retos de la vida».En resumen, la sobreprotección sobre los niños «impide que aprendan a enfrentarse a los retos de la vida y a que sean más resolutivos».Para la psiquiatra, estas pequeñas dificultades forman parte del aprendizaje emocional: «Necesitamos que sus certezas prefrontales vayan desarrollándose de la mejor manera posible y para ello los retos y dificultades son importantes».De la sobreprotección a la desprotección digitalEn una publicación en su cuenta de Instagram, Rojas Estapé también advierte de una paradoja que observa cada vez con más frecuencia: mientras muchos padres intentan controlar el entorno físico de sus hijos, relajan la vigilancia en el mundo digital.«Lo que más me llama la atención es que cuando hablamos del mundo digital, en muchos casos esta sobreprotección se convierte en desprotección», comenta. «Toda la precaución que adoptamos en la vida real queda en un segundo plano en este entorno», añade.De esta forma, «los niños navegan sin filtros, sin límites, ven contenido de todo tipo y se conectan con todo tipo de gente», lo que puede entrañar muchos peligros ante los que los menores pueden quedar bloqueados, sin saber cómo actuar. «No podemos pretender que los menores se autorregulen en el entorno digital, con la adicción y los riesgos que ello supone», avisa la experta. Por ello, insiste en que «es esencial controlar su consumo, su uso y su finalidad», concluye. La sobreprotección parental nace desde el amor, desde la intención de los padres de evitar a sus hijos sufrimiento o situaciones incómodas. Sin embargo, lejos de ayudarles, están condicionando su desarrollo emocional y mental.Este estilo educativo consiste en una atención excesiva hacia los más pequeños, anticipándose a sus necesidades y resolviendo sus problemas incluso antes de que pidan ayuda.Esto, lejos de fortalecerlos, puede volverles dependientes e inseguros, advierten expertos como la psiquiatra y escritora Marian Rojas Estapé, dificultando que aprendan a tolerar la frustración o a tomar decisiones por sí mismos.Noticia relacionada general No No Alfonso Ruiz, doctor por Oxford: «Un niño que aprende a ordenar su cuarto aprende a ordenar su mente» Inés RomeroMarian Rojas es clara: «La sobreprotección no es buena»«La sobreprotección no es buena», señala con contundencia Rojas. Para argumentar esta afirmación, la experta explica que, «cuando un niño se enfrenta a un reto, hay dos zonas de su cerebro que se activan».«Por un lado, la amígdala, la zona del miedo que le dice ‘cuidado’. Por otro, la corteza prefrontal, que es la que le va a ir diciendo ‘esto se puede hacer de esta manera, puedes hacerlo de esta otra, ten cuidado, pero esto es interesante, lo puedes resolver así…’», detalla. Y es esencial que exista «una buena comunicación entre ambos».El problema, advierte, llega cuando los padres intervienen constantemente. «Si al niño con una amígdala que tiene miedo el padre le soluciona todos sus problemas, está bloqueando su corteza prefrontal», expone.Como resultado, la amígdala «es la que va creciendo», lo que puede transformar a ese niño «en un adulto temeroso, con dificultad para tomar decisiones o para enfrentarse a los retos de la vida».En resumen, la sobreprotección sobre los niños «impide que aprendan a enfrentarse a los retos de la vida y a que sean más resolutivos».Para la psiquiatra, estas pequeñas dificultades forman parte del aprendizaje emocional: «Necesitamos que sus certezas prefrontales vayan desarrollándose de la mejor manera posible y para ello los retos y dificultades son importantes».De la sobreprotección a la desprotección digitalEn una publicación en su cuenta de Instagram, Rojas Estapé también advierte de una paradoja que observa cada vez con más frecuencia: mientras muchos padres intentan controlar el entorno físico de sus hijos, relajan la vigilancia en el mundo digital.«Lo que más me llama la atención es que cuando hablamos del mundo digital, en muchos casos esta sobreprotección se convierte en desprotección», comenta. «Toda la precaución que adoptamos en la vida real queda en un segundo plano en este entorno», añade.De esta forma, «los niños navegan sin filtros, sin límites, ven contenido de todo tipo y se conectan con todo tipo de gente», lo que puede entrañar muchos peligros ante los que los menores pueden quedar bloqueados, sin saber cómo actuar. «No podemos pretender que los menores se autorregulen en el entorno digital, con la adicción y los riesgos que ello supone», avisa la experta. Por ello, insiste en que «es esencial controlar su consumo, su uso y su finalidad», concluye.
La sobreprotección parental nace desde el amor, desde la intención de los padres de evitar a sus hijos sufrimiento o situaciones incómodas. Sin embargo, lejos de ayudarles, están condicionando su desarrollo emocional y mental.
Este estilo educativo consiste en una atención excesiva hacia los más … pequeños, anticipándose a sus necesidades y resolviendo sus problemas incluso antes de que pidan ayuda.
Esto, lejos de fortalecerlos, puede volverles dependientes e inseguros, advierten expertos como la psiquiatra y escritora Marian Rojas Estapé, dificultando que aprendan a tolerar la frustración o a tomar decisiones por sí mismos.
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Marian Rojas es clara: «La sobreprotección no es buena»
«La sobreprotección no es buena», señala con contundencia Rojas. Para argumentar esta afirmación, la experta explica que, «cuando un niño se enfrenta a un reto, hay dos zonas de su cerebro que se activan».
«Por un lado, la amígdala, la zona del miedo que le dice ‘cuidado’. Por otro, la corteza prefrontal, que es la que le va a ir diciendo ‘esto se puede hacer de esta manera, puedes hacerlo de esta otra, ten cuidado, pero esto es interesante, lo puedes resolver así…’», detalla. Y es esencial que exista «una buena comunicación entre ambos».
El problema, advierte, llega cuando los padres intervienen constantemente. «Si al niño con una amígdala que tiene miedo el padre le soluciona todos sus problemas, está bloqueando su corteza prefrontal», expone.
Como resultado, la amígdala «es la que va creciendo», lo que puede transformar a ese niño «en un adulto temeroso, con dificultad para tomar decisiones o para enfrentarse a los retos de la vida».
En resumen, la sobreprotección sobre los niños «impide que aprendan a enfrentarse a los retos de la vida y a que sean más resolutivos».
Para la psiquiatra, estas pequeñas dificultades forman parte del aprendizaje emocional: «Necesitamos que sus certezas prefrontales vayan desarrollándose de la mejor manera posible y para ello los retos y dificultades son importantes».
De la sobreprotección a la desprotección digital
En una publicación en su cuenta de Instagram, Rojas Estapé también advierte de una paradoja que observa cada vez con más frecuencia: mientras muchos padres intentan controlar el entorno físico de sus hijos, relajan la vigilancia en el mundo digital.
«Lo que más me llama la atención es que cuando hablamos del mundo digital, en muchos casos esta sobreprotección se convierte en desprotección», comenta. «Toda la precaución que adoptamos en la vida real queda en un segundo plano en este entorno», añade.
De esta forma, «los niños navegan sin filtros, sin límites, ven contenido de todo tipo y se conectan con todo tipo de gente», lo que puede entrañar muchos peligros ante los que los menores pueden quedar bloqueados, sin saber cómo actuar.
«No podemos pretender que los menores se autorregulen en el entorno digital, con la adicción y los riesgos que ello supone», avisa la experta. Por ello, insiste en que «es esencial controlar su consumo, su uso y su finalidad», concluye.
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