Previsiblemente, Ábalos no cargará contra Sánchez mañana en su declaración ante el Supremo. Asumido su sino, sus batallas son otras: controlar los daños y vengarse de Santos Cerdán. Ábalos no sólo sigue emocionalmente secuestrado por Sánchez sino que su perentoria situación le empuja a interiorizar -lo necesita- que sólo Sánchez puede desde el poder asistirle en el futuro. Por otra parte es plenamente consciente de que sus excesos se llevaron a la organización por delante. Se sabe culpable de haber quebrado la confianza de la organización criminal y arruinado la empresa. Cruzó la raya. No sólo quiso diversificar el negocio con una línea propia, la de las mascarillas; sino que cometió un error mucho más grave: sus debilidades arriesgaron la conveniente discreción que el operativo de Cerdán requería.
Previsiblemente, Ábalos no cargará contra Sánchez mañana en su declaración ante el Supremo. Asumido su sino, sus batallas son otras: controlar
Audio generado con IA
Previsiblemente, Ábalos no cargará contra Sánchez mañana en su declaración ante el Supremo. Asumido su sino, sus batallas son otras: controlar los daños y vengarse de Santos Cerdán. Ábalos no sólo sigue emocionalmente secuestrado por Sánchez sino que su perentoria situación le empuja a interiorizar -lo necesita- que sólo Sánchez puede desde el poder asistirle en el futuro. Por otra parte es plenamente consciente de que sus excesos se llevaron a la organización por delante. Se sabe culpable de haber quebrado la confianza de la organización criminal y arruinado la empresa. Cruzó la raya. No sólo quiso diversificar el negocio con una línea propia, la de las mascarillas; sino que cometió un error mucho más grave: sus debilidades arriesgaron la conveniente discreción que el operativo de Cerdán requería.
Hace mucho, una de las crónicas negras sobre la vulgarizada beautiful marbellí recogía el testimonio y coda de su ex alcalde, Jesús Gil. Se refería a un pregón inaugural de las fiestas de la ciudad. Isabel Pantoja era la rutilante artista invitada. «Cuando vi cómo Julián Muñoz miraba a la tonadillera supe que se nos jodía el tinglado». El caso Malaya sentó a casi 100 procesados en el banquillo y supuso la disolución del Consistorio en 2006 -Gil había fallecido en 2004-: todos estaban en el ajo; incluida el azote de Gil, la concejala García Marcos, que fue socialista y después se unió a los ex gilistas contra Muñoz. La organización criminal era un todo disperso -políticos, empresarios, policías, un galerista, una condesa…- pero un caos ordenado y tupido; cuando aparecieron las apetencias carnales y afloraron los sentimientos, todo se fue a pique.
El caso Mascarillas refiere al desvío de 53 millones de euros aunque tiene un incalculable agravante moral. La trama dio el primer pelotazo a la semana de decretarse el encierro de los atemorizados españoles, el 21 de marzo de 2020. Aun así, durante un mes y pico, servilmente, Simón e Illa desaconsejaban el uso de mascarillas porque «crean una falsa sensación de seguridad». Ignominiosamente, ambos y todos los disciplinados secuaces mediáticos arremetieron contra las mascarillas blancas -FPP2- que importó la Comunidad de Madrid: la trama aspiraba al monopolio del comercio de mascarillas. A finales de abril, Ábalos firmó la adjudicación de ese primer contrato, de 20 millones, con Aldama y Soluciones de Gestión. Ya se sabía que anticorrupción investigaba a la empresa por otros asuntos. Una semana después, el Gobierno decretó su uso obligatorio en el transporte público y recomendable en la calle. El 20 de mayo, con el negocio consolidado, el Ejecutivo decidió el uso obligatorio también en la vía pública. Durante un verano, los obedientes ciudadanos llevamos mascarilla en la playa y hasta la orilla. A finales de ese estío, Ábalos montó su fiesta en el parador de Teruel.
Sin embargo, Koldo y Ábalos, conscientes de que buena parte de la opinión pública ha echado la persiana a los infaustos recuerdos que trae el Covid y de que los medios parecen más atraídos por la supuesta pero probable financiación ilegal del PSOE, desvían su atención hacia ella, con algo de alpiste y calculadas inconcreciones. La financiación ilegal es la falsa línea roja que ha trazado el séquito de Sánchez al completo, desde Rufián a Díaz, pasando por el solícito, dramático y relamido PNV. Llegado el caso, todos tragarían agua y sapos sin lanzarse a la piscina llena: prefieren la alberca de Sánchez; también Esteban.
Noticias de España
