Observar el cielo nocturno puede dejar imágenes tan curiosas como la de algunas estrellas que parecen encenderse y apagarse constantemente, o incluso cambiar de color durante unos instantes. Aunque pueda parecer que estos astros están modificando su luminosidad, la explicación está mucho más cerca de nosotros: en la atmósfera terrestre.
Este efecto recibe el nombre de centelleo estelar y se produce cuando la luz procedente de las estrellas atraviesa distintas capas de aire antes de llegar a nuestros ojos. Estas masas presentan diferencias de temperatura y densidad que provocan pequeñas desviaciones en el recorrido de la luz. La consecuencia directa es que desde la superficie terrestre percibimos variaciones rápidas de intensidad e incluso de color.
El fenómeno suele resultar más evidente cuando las estrellas se encuentran cerca del horizonte. Esto se debe principalmente a que su luz tiene que atravesar una mayor cantidad de atmósfera antes de alcanzar al observador.
Qué tiene que ver el otoño con este fenómeno
A pesar de que la llegada del otoño no provoca directamente que las estrellas titilen más, sí que durante esta estación pueden darse determinadas condiciones meteorológicas que favorecen las turbulencias atmosféricas.
Los contrastes térmicos, la llegada de frentes fríos y las corrientes de aire pueden modificar la estabilidad de las distintas capas de la atmósfera. También influye el calor acumulado durante el día en edificios, carreteras y otras superficies, que continúa desprendiéndose cuando el ambiente comienza a enfriarse. Ese intercambio de temperaturas genera movimientos de aire capaces de distorsionar la luz.
En los meses otoñales comienzan a observarse a horas más tempranas algunas de las estrellas brillantes características del cielo invernal. Al aparecer inicialmente cerca del horizonte, su centelleo puede resultar especialmente llamativo.
Los astrónomos utilizan el término seeing para referirse a la estabilidad atmosférica y a cómo esta condiciona la nitidez de las observaciones. Por este motivo, una noche despejada no garantiza una buena visión del firmamento: aunque no haya nubes, las turbulencias pueden seguir alterando la imagen de los astros.
Para comprobarlo, tan solo basta con observar durante unos minutos una estrella brillante próxima al horizonte y compararla con otra situada a mayor altura. Si la primera presenta cambios de intensidad más pronunciados, se podrá apreciar cómo influye el recorrido de la luz a través de la atmósfera.
Los cambios de temperatura, las corrientes de aire y la posición de los astros respecto al horizonte alteran la forma en que percibimos su luz.
Observar el cielo nocturno puede dejar imágenes tan curiosas como la de algunas estrellas que parecen encenderse y apagarse constantemente, o incluso cambiar de color durante unos instantes. Aunque pueda parecer que estos astros están modificando su luminosidad, la explicación está mucho más cerca de nosotros: en la atmósfera terrestre.
Este efecto recibe el nombre de centelleo estelar y se produce cuando la luz procedente de las estrellas atraviesa distintas capas de aire antes de llegar a nuestros ojos. Estas masas presentan diferencias de temperatura y densidad que provocan pequeñas desviaciones en el recorrido de la luz. La consecuencia directa es que desde la superficie terrestre percibimos variaciones rápidas de intensidad e incluso de color.
El fenómeno suele resultar más evidente cuando las estrellas se encuentran cerca del horizonte. Esto se debe principalmente a que su luz tiene que atravesar una mayor cantidad de atmósfera antes de alcanzar al observador.
A pesar de que la llegada del otoño no provoca directamente que las estrellas titilen más, sí que durante esta estación pueden darse determinadas condiciones meteorológicas que favorecen las turbulencias atmosféricas.
Los contrastes térmicos, la llegada de frentes fríos y las corrientes de aire pueden modificar la estabilidad de las distintas capas de la atmósfera. También influye el calor acumulado durante el día en edificios, carreteras y otras superficies, que continúa desprendiéndose cuando el ambiente comienza a enfriarse. Ese intercambio de temperaturas genera movimientos de aire capaces de distorsionar la luz.
En los meses otoñales comienzan a observarse a horas más tempranas algunas de las estrellas brillantes características del cielo invernal. Al aparecer inicialmente cerca del horizonte, su centelleo puede resultar especialmente llamativo.
Los astrónomos utilizan el término seeing para referirse a la estabilidad atmosférica y a cómo esta condiciona la nitidez de las observaciones. Por este motivo, una noche despejada no garantiza una buena visión del firmamento: aunque no haya nubes, las turbulencias pueden seguir alterando la imagen de los astros.
Para comprobarlo, tan solo basta con observar durante unos minutos una estrella brillante próxima al horizonte y compararla con otra situada a mayor altura. Si la primera presenta cambios de intensidad más pronunciados, se podrá apreciar cómo influye el recorrido de la luz a través de la atmósfera.
20MINUTOS.ES – Ciencia
