Puntito a puntito, sin cortarse, el Sevilla se aferra a sus garantías

Le pedían aprender a empatar, guardar la ropa cuando el chaparrón arrecia, no ambicionar demasiado en los desenlaces a riesgo de caerse a plomo… El Sevilla de Almeyda puede ser un peñazo por momentos, aburrir a las ovejas, pero cada vez tiene más claro cuál es su plan de salvación. Asegura el entrenador que todo sigue igual, que el estilo no cambia, sino más bien evoluciona con matices. Que es lo mismo que decir, sin querer decirlo, que los jugadores, después de una primera vuelta que se les hizo bastante larga, al fin comienzan a absorber sus conceptos y yerran menos. El Sevilla lleva un buen puñado de jornadas que no enloquece en el campo, por un motivo o el otro. Ha aprendido a vestirse. Un mozo que ha madurado.¿Es bueno o corto el punto sumado ayer contra el Rayo en el Sánchez-Pizjuán? Hay quien asegura que es a todas luces insuficiente, porque el Sevilla dejó escapar la ventaja del gol de Akor, jugando en casa, con su gente, y que el fútbol del equipo anduvo muy lejos del exhibido en la esplendorosa segunda parte de la Cartuja frente al eterno rival. Pero con todas las cartas sobre la mesa, deglutiendo racionalmente la realidad de una plantilla limitada que lleva todo el curso en objetivo (sí, en objetivo, sin caer en los puestos de descenso) a base de dejarse la piel y nunca renunciar al compromiso, el 1-1 es positivo por un sinfín de argumentos que saltan a la vista. El principal es que el equipo no deja de sumar en su trabajadísima peregrinación hacia la permanencia y le gana el goal average a otro rival directo. Muy directo. Un igual, con mayúsculas, en todo el sentido de la palabra. Porque, que nadie se equivoque, los de la franja llegaron y se marcharon del Sánchez-Pizjuán con los mismos puntos en la tabla clasificatoria que sus moradores. El que no entienda que el punto no es malo vive en una realidad paralela.Ya van 31 en 27 jornadas. Quedan 11 partidos. Puntito a puntito, sin cortarse. Algunas igualadas sabrán mejor, como la del Betis, y otras quizá más avinagradas, como la de ayer. Las dos nutren lo mismo, valen igual. Y ya llegará la victoria de turno de cada mes en un boceto que parece, ahora sí, definido y sin estridencias. Por fortuna para el Sevilla, Matías Almeyda, que sigue cometiendo ¿errores? como sacar del campo a su hombre más determinante (Akor Adams) antes de lo recomendable, sabe en qué plaza torea, a dónde vino y la verdadera capacidad de sus mimbres. No se pierde en debates superfluos. No escucha y sigue.Noticia relacionada general No No Martín Ink, socio de Sergio Ramos en la compra del Sevilla FC, en el Sánchez-Pizjuán: «Todo va bien» Fran Montes de OcaSu Sevilla sigue siendo un equipo largo, sí, agresivo en las marcas y obsesionado en ciertas persecuciones a campo abierto, con defensas de 36 años como Azpilicueta que se revientan a carreras hasta la línea de fondo o centrales que aparecen en la presión a medio campo. Cuesta defender. Y atacar. Pero la querencia al orden crece. Y el orden es sentido común, garantía de supervivencia para este equipo. Si no eres capaz de ganar, empatas. Y gloria. El Sevilla encadena cinco partidos sin perder. En las últimas ocho jornadas de LaLiga, todas las de la segunda vuelta, sólo ha hincado la rodilla una vez, en la indecorosa visita a Mallorca. Los rivales asumen que para doblegar al Sevilla de Almeyda hay que correr mucho. Vaso medio lleno. Le pedían aprender a empatar, guardar la ropa cuando el chaparrón arrecia, no ambicionar demasiado en los desenlaces a riesgo de caerse a plomo… El Sevilla de Almeyda puede ser un peñazo por momentos, aburrir a las ovejas, pero cada vez tiene más claro cuál es su plan de salvación. Asegura el entrenador que todo sigue igual, que el estilo no cambia, sino más bien evoluciona con matices. Que es lo mismo que decir, sin querer decirlo, que los jugadores, después de una primera vuelta que se les hizo bastante larga, al fin comienzan a absorber sus conceptos y yerran menos. El Sevilla lleva un buen puñado de jornadas que no enloquece en el campo, por un motivo o el otro. Ha aprendido a vestirse. Un mozo que ha madurado.¿Es bueno o corto el punto sumado ayer contra el Rayo en el Sánchez-Pizjuán? Hay quien asegura que es a todas luces insuficiente, porque el Sevilla dejó escapar la ventaja del gol de Akor, jugando en casa, con su gente, y que el fútbol del equipo anduvo muy lejos del exhibido en la esplendorosa segunda parte de la Cartuja frente al eterno rival. Pero con todas las cartas sobre la mesa, deglutiendo racionalmente la realidad de una plantilla limitada que lleva todo el curso en objetivo (sí, en objetivo, sin caer en los puestos de descenso) a base de dejarse la piel y nunca renunciar al compromiso, el 1-1 es positivo por un sinfín de argumentos que saltan a la vista. El principal es que el equipo no deja de sumar en su trabajadísima peregrinación hacia la permanencia y le gana el goal average a otro rival directo. Muy directo. Un igual, con mayúsculas, en todo el sentido de la palabra. Porque, que nadie se equivoque, los de la franja llegaron y se marcharon del Sánchez-Pizjuán con los mismos puntos en la tabla clasificatoria que sus moradores. El que no entienda que el punto no es malo vive en una realidad paralela.Ya van 31 en 27 jornadas. Quedan 11 partidos. Puntito a puntito, sin cortarse. Algunas igualadas sabrán mejor, como la del Betis, y otras quizá más avinagradas, como la de ayer. Las dos nutren lo mismo, valen igual. Y ya llegará la victoria de turno de cada mes en un boceto que parece, ahora sí, definido y sin estridencias. Por fortuna para el Sevilla, Matías Almeyda, que sigue cometiendo ¿errores? como sacar del campo a su hombre más determinante (Akor Adams) antes de lo recomendable, sabe en qué plaza torea, a dónde vino y la verdadera capacidad de sus mimbres. No se pierde en debates superfluos. No escucha y sigue.Noticia relacionada general No No Martín Ink, socio de Sergio Ramos en la compra del Sevilla FC, en el Sánchez-Pizjuán: «Todo va bien» Fran Montes de OcaSu Sevilla sigue siendo un equipo largo, sí, agresivo en las marcas y obsesionado en ciertas persecuciones a campo abierto, con defensas de 36 años como Azpilicueta que se revientan a carreras hasta la línea de fondo o centrales que aparecen en la presión a medio campo. Cuesta defender. Y atacar. Pero la querencia al orden crece. Y el orden es sentido común, garantía de supervivencia para este equipo. Si no eres capaz de ganar, empatas. Y gloria. El Sevilla encadena cinco partidos sin perder. En las últimas ocho jornadas de LaLiga, todas las de la segunda vuelta, sólo ha hincado la rodilla una vez, en la indecorosa visita a Mallorca. Los rivales asumen que para doblegar al Sevilla de Almeyda hay que correr mucho. Vaso medio lleno.  

Le pedían aprender a empatar, guardar la ropa cuando el chaparrón arrecia, no ambicionar demasiado en los desenlaces a riesgo de caerse a plomo… El Sevilla de Almeyda puede ser un peñazo por momentos, aburrir a las ovejas, pero cada vez tiene más claro … cuál es su plan de salvación. Asegura el entrenador que todo sigue igual, que el estilo no cambia, sino más bien evoluciona con matices. Que es lo mismo que decir, sin querer decirlo, que los jugadores, después de una primera vuelta que se les hizo bastante larga, al fin comienzan a absorber sus conceptos y yerran menos. El Sevilla lleva un buen puñado de jornadas que no enloquece en el campo, por un motivo o el otro. Ha aprendido a vestirse. Un mozo que ha madurado.

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