Robles se desmarca del Gobierno sobre Marruecos: advierte 12 veces que «no puede volver a ocurrir» y que «Ceuta es españolísima»

Apenas cuatro minutos duró la comparecencia de Margarita Robles este miércoles ante los medios de comunicación desde la ciudad autónoma que hace dos semanas recibió una avalancha de 80.000 inmigrantes procedentes de Marruecos, el equivalente a la práctica totalidad de su población. Quería trasladar un único mensaje y lo hizo con firmeza: «Cualquier agresión a Ceuta o a Melilla es una agresión a España en su conjunto. Ceuta y Melilla no se tocan».

 La posición de la ministra de Defensa contrasta con los elogios a la «cooperación» de Rabat por parte de Sánchez, Marlaska, Albares y Bolaños  

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Apenas cuatro minutos duró la comparecencia de Margarita Robles este miércoles ante los medios de comunicación desde la ciudad autónoma que hace dos semanas recibió una avalancha de 80.000 inmigrantes procedentes de Marruecos, el equivalente a la práctica totalidad de su población. Quería trasladar un único mensaje y lo hizo con firmeza: «Cualquier agresión a Ceuta o a Melilla es una agresión a España en su conjunto. Ceuta y Melilla no se tocan».

En esos 260 segundos la ministra de Defensa lanzó hasta 12 advertencias veladas a Rabat por su presumible responsabilidad como mínimo por la laxitud en el control de su frontera durante el cruce masivo de miles de personas a nado, pero también ante sus pretensiones soberanistas sobre el territorio español en el continente africano. El responsable de Justicia del país vecino, Abdellatif Ouahbi, ha dicho esta semana en una entrevista en una televisión saudí que sigue siendo un asunto «pendiente».

«Lo que pasó el 30 de julio no puede volver a ocurrir y tiene que quedar muy claro que Ceuta y Melilla son españolas, no, españolísimas, lo siguiente», subrayó, con un deje de profunda indignación, la máxima responsable de las Fuerzas Armadas, a las que agradeció su trabajo en esta crisis migratoria. Aunque no mencionó en ningún momento de forma expresa a Marruecos, la claridad de su mensaje no dejó dudas respecto al destinatario del mismo.

De esta forma Robles se desmarcó abiertamente de la estrategia definida en Moncloa para evitar cualquier atisbo de crítica al país alauí y circunscribir la culpabilidad de la llegada en tropel a la frontera ceutí exclusivamente a las mafias que trafican con personas. Sobre ellas la titular de Defensa también dijo este miércoles que espera que les caiga «todo el peso de la ley» por el «drama humanitario» que ha provocado al menos 83 muertos, el número de cadáveres rescatados del mar por las autoridades españolas.

Durante las últimas dos semanas, tanto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como los ministros del Interior, Fernando Grande-Marlaska, Exteriores, José Manuel Albares, y Justicia, Félix Bolaños, se han afanado en todas sus declaraciones públicas por presentar a Marruecos como un «socio fiable» y elogiar su «cooperación» en la repatriación de los inmigrantes en situación irregular. Por mucho que los periodistas les han preguntado en las ruedas de prensa que han dado -seis en total- no se han movido ni un ápice de esta posición.

En línea con tan estricta directriz, y a diferencia de lo manifestado después por Robles, Marlaska sí que trató de restar importancia este miércoles a las referencias a la soberanía de Ceuta y Melilla del representante político del reino de Mohamed VI. «Para mí, no tienen ningún alcance. Para mí, el alcance que tienen es que la cooperación con nuestros vecinos es absolutamente extraordinaria y excepcional en términos absolutamente positivos», remarcó.

El propio Gobierno de Marruecos puso en duda la eficacia de esa colaboración al anunciar horas más tarde que estudia suspender la aplicación del acuerdo de extradición con España alegando problemas en la entrega de personas reclamadas por sus tribunales. El ministro Ouahbi, en declaraciones a Efe, criticó además al Ejecutivo de Sánchez por «aceptar» y «regularizar» a las personas que llegan irregularmente a su territorio y alardeó de que Rabat trata de impedir las salidas a través de sus fronteras.

Lo único que ha variado del discurso de las autoridades españolas estos días es lo que Albares proclamó el martes con rotundidad, en un guiño a los socios de la Unión Europea que han cuestionado estos días su política migratoria, que están trabajando con Rabat para que «hasta la última persona que ha entrado irregularmente vuelva». Marlaska incidió el miércoles en ese mensaje advirtiendo directamente «a las redes de inmigración irregular y a todo el que pretenda entrar de una forma irregular» que «no hay sitio en España, ni en Ceuta, ni en Melilla, ni en el resto de ciudades para aquellos que quieran entrar violentando la ley«.

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