Las discusiones , los gritos y las peleas forman parte de la convivencia entre niños . Ya sea en casa, en el colegio o en el parque, es normal que surjan conflictos cuando dos o más pequeños quieren el mismo juguete, no se ponen de acuerdo o sienten que el otro les ha hecho algo.Para los padres o profesores, estas situaciones pueden resultar agotadoras y, en ocasiones, difíciles de gestionar. Sin embargo, detrás de cada disputa hay también una oportunidad para enseñarles a relacionarse y a manejar sus emociones.Por eso, la psicóloga Rocío Ramos-Paúl defiende que los progenitores o maestros deben ayudar a los menores a encontrar soluciones por sí mismos en lugar de limitarse a señalar culpables y castigarles.«Hay parte A, a la que tendemos todos los padres, que es coger y decir: ‘Tú eres el que siempre pega, tú eres el que siempre grita, tú eres el que siempre interrumpe’. Y entonces yo ahí no resuelvo, busco culpables como hacen ellos», señala.La experta recuerda que, especialmente durante los primeros años de vida, los niños suelen estar obsesionados con identificar al responsable del conflicto. «Para ellos, sobre todo hasta los seis años, es lo más importante encontrar al que ha empezado», explica.Cómo educar en la resolución de conflictosFrente a esta tendencia, Ramos-Paúl propone cambiar de enfoque y comenzar a comprobar qué ha ocurrido realmente: «Lo que yo tengo que hacer es llegar y decir, independientemente de lo que haya ocurrido, ‘¿qué es lo que ha ocurrido?’ Y a partir de ahí ya establecemos cómo lo vamos a solucionar, porque yo lo que voy a aprovechar es esta edad, ocho, nueve, podemos incluirlos también, para que aprendan a resolver conflictos ».«Hay que intentarlo y hay que educar en la resolución del conflicto», afirma la psicóloga, quien insiste en que no se trata de que el adulto intervenga siempre dando la respuesta correcta, sino de acompañar a los pequeños para que sean ellos quienes vayan adquiriendo herramientas.«Voy a ayudarte a encontrar la solución , aunque no te la voy a dar», resume. La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia el papel del adulto. En lugar de decidir quién gana, quién pierde o quién tiene que ceder, el padre o la madre actúa como guía para que los niños aprendan a negociar.Si la discusión se produce, por ejemplo, porque dos hermanos quieren utilizar el mismo juguete , una opción es retirar temporalmente el objeto hasta que sean capaces de acordar qué harán. Ramos-Paúl propone alternativas sencillas como establecer turnos: «Hoy lo usas tú y mañana lo uso yo».Las tareas domésticas pueden ser otro motivo de disputa. En aquellos casos en los que los menores no se ponen de acuerdo sobre quién la hace, el adulto puede plantear que la realicen juntos.La agresión tiene límitesAhora bien, enseñar a resolver conflictos no significa permitir cualquier comportamiento. Ramos-Paúl recuerda que existe una línea que no debe cruzarse: la violencia .«Cuando nosotros hemos llegado a una solución felicitamos: qué bien que hayáis llegado a una solución, pero ahora sí recojo que la agresión no está permitida en casa, con lo cual esto tiene una consecuencia para el que haya agredido», afirma.En resumen, la filosofía que defiende ‘Supernanny’ es que el adulto debe actuar como guía, pero sin implicarse completamente ni quedarse ajeno a la discusión. A medida que los niños practican estas estrategias, adquieren herramientas para afrontar futuras discusiones de manera más autónoma. «Al final el objetivo es que cada vez necesiten menos al adulto para encontrar la solución», concluye. Las discusiones , los gritos y las peleas forman parte de la convivencia entre niños . Ya sea en casa, en el colegio o en el parque, es normal que surjan conflictos cuando dos o más pequeños quieren el mismo juguete, no se ponen de acuerdo o sienten que el otro les ha hecho algo.Para los padres o profesores, estas situaciones pueden resultar agotadoras y, en ocasiones, difíciles de gestionar. Sin embargo, detrás de cada disputa hay también una oportunidad para enseñarles a relacionarse y a manejar sus emociones.Por eso, la psicóloga Rocío Ramos-Paúl defiende que los progenitores o maestros deben ayudar a los menores a encontrar soluciones por sí mismos en lugar de limitarse a señalar culpables y castigarles.«Hay parte A, a la que tendemos todos los padres, que es coger y decir: ‘Tú eres el que siempre pega, tú eres el que siempre grita, tú eres el que siempre interrumpe’. Y entonces yo ahí no resuelvo, busco culpables como hacen ellos», señala.La experta recuerda que, especialmente durante los primeros años de vida, los niños suelen estar obsesionados con identificar al responsable del conflicto. «Para ellos, sobre todo hasta los seis años, es lo más importante encontrar al que ha empezado», explica.Cómo educar en la resolución de conflictosFrente a esta tendencia, Ramos-Paúl propone cambiar de enfoque y comenzar a comprobar qué ha ocurrido realmente: «Lo que yo tengo que hacer es llegar y decir, independientemente de lo que haya ocurrido, ‘¿qué es lo que ha ocurrido?’ Y a partir de ahí ya establecemos cómo lo vamos a solucionar, porque yo lo que voy a aprovechar es esta edad, ocho, nueve, podemos incluirlos también, para que aprendan a resolver conflictos ».«Hay que intentarlo y hay que educar en la resolución del conflicto», afirma la psicóloga, quien insiste en que no se trata de que el adulto intervenga siempre dando la respuesta correcta, sino de acompañar a los pequeños para que sean ellos quienes vayan adquiriendo herramientas.«Voy a ayudarte a encontrar la solución , aunque no te la voy a dar», resume. La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia el papel del adulto. En lugar de decidir quién gana, quién pierde o quién tiene que ceder, el padre o la madre actúa como guía para que los niños aprendan a negociar.Si la discusión se produce, por ejemplo, porque dos hermanos quieren utilizar el mismo juguete , una opción es retirar temporalmente el objeto hasta que sean capaces de acordar qué harán. Ramos-Paúl propone alternativas sencillas como establecer turnos: «Hoy lo usas tú y mañana lo uso yo».Las tareas domésticas pueden ser otro motivo de disputa. En aquellos casos en los que los menores no se ponen de acuerdo sobre quién la hace, el adulto puede plantear que la realicen juntos.La agresión tiene límitesAhora bien, enseñar a resolver conflictos no significa permitir cualquier comportamiento. Ramos-Paúl recuerda que existe una línea que no debe cruzarse: la violencia .«Cuando nosotros hemos llegado a una solución felicitamos: qué bien que hayáis llegado a una solución, pero ahora sí recojo que la agresión no está permitida en casa, con lo cual esto tiene una consecuencia para el que haya agredido», afirma.En resumen, la filosofía que defiende ‘Supernanny’ es que el adulto debe actuar como guía, pero sin implicarse completamente ni quedarse ajeno a la discusión. A medida que los niños practican estas estrategias, adquieren herramientas para afrontar futuras discusiones de manera más autónoma. «Al final el objetivo es que cada vez necesiten menos al adulto para encontrar la solución», concluye.
Las discusiones, los gritos y las peleas forman parte de la convivencia entre niños. Ya sea en casa, en el colegio o en el parque, es normal que surjan conflictos cuando dos o más pequeños quieren el mismo juguete, no se … ponen de acuerdo o sienten que el otro les ha hecho algo.
Para los padres o profesores, estas situaciones pueden resultar agotadoras y, en ocasiones, difíciles de gestionar. Sin embargo, detrás de cada disputa hay también una oportunidad para enseñarles a relacionarse y a manejar sus emociones.
Por eso, la psicóloga Rocío Ramos-Paúl defiende que los progenitores o maestros deben ayudar a los menores a encontrar soluciones por sí mismos en lugar de limitarse a señalar culpables y castigarles.
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Javier de Haro, psicólogo
Ana Beatriz Micó
«Hay parte A, a la que tendemos todos los padres, que es coger y decir: ‘Tú eres el que siempre pega, tú eres el que siempre grita, tú eres el que siempre interrumpe’. Y entonces yo ahí no resuelvo, busco culpables como hacen ellos», señala.
La experta recuerda que, especialmente durante los primeros años de vida, los niños suelen estar obsesionados con identificar al responsable del conflicto. «Para ellos, sobre todo hasta los seis años, es lo más importante encontrar al que ha empezado», explica.
Cómo educar en la resolución de conflictos
Frente a esta tendencia, Ramos-Paúl propone cambiar de enfoque y comenzar a comprobar qué ha ocurrido realmente: «Lo que yo tengo que hacer es llegar y decir, independientemente de lo que haya ocurrido, ‘¿qué es lo que ha ocurrido?’ Y a partir de ahí ya establecemos cómo lo vamos a solucionar, porque yo lo que voy a aprovechar es esta edad, ocho, nueve, podemos incluirlos también, para que aprendan a resolver conflictos».
«Hay que intentarlo y hay que educar en la resolución del conflicto», afirma la psicóloga, quien insiste en que no se trata de que el adulto intervenga siempre dando la respuesta correcta, sino de acompañar a los pequeños para que sean ellos quienes vayan adquiriendo herramientas.
«Voy a ayudarte a encontrar la solución, aunque no te la voy a dar», resume. La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia el papel del adulto. En lugar de decidir quién gana, quién pierde o quién tiene que ceder, el padre o la madre actúa como guía para que los niños aprendan a negociar.
Si la discusión se produce, por ejemplo, porque dos hermanos quieren utilizar el mismo juguete, una opción es retirar temporalmente el objeto hasta que sean capaces de acordar qué harán. Ramos-Paúl propone alternativas sencillas como establecer turnos: «Hoy lo usas tú y mañana lo uso yo».
Las tareas domésticas pueden ser otro motivo de disputa. En aquellos casos en los que los menores no se ponen de acuerdo sobre quién la hace, el adulto puede plantear que la realicen juntos.
La agresión tiene límites
Ahora bien, enseñar a resolver conflictos no significa permitir cualquier comportamiento. Ramos-Paúl recuerda que existe una línea que no debe cruzarse: la violencia.
«Cuando nosotros hemos llegado a una solución felicitamos: qué bien que hayáis llegado a una solución, pero ahora sí recojo que la agresión no está permitida en casa, con lo cual esto tiene una consecuencia para el que haya agredido», afirma.
En resumen, la filosofía que defiende ‘Supernanny’ es que el adulto debe actuar como guía, pero sin implicarse completamente ni quedarse ajeno a la discusión. A medida que los niños practican estas estrategias, adquieren herramientas para afrontar futuras discusiones de manera más autónoma. «Al final el objetivo es que cada vez necesiten menos al adulto para encontrar la solución», concluye.
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