<p>El presidente del Gobierno de España está cada vez más alejado de las prioridades de los líderes europeos. <strong>Pedro Sánchez está cada vez más aislado</strong>. Y esta situación se ha agudizado de manera muy notable en los últimos días. Primero, al quedar <a href=»https://www.elmundo.es/economia/2026/02/13/698e247c21efa0cf0e8b45b0.html»>excluido</a> el jueves de la reunión clave que de manera previa al Consejo Europeo organizaron el canciller alemán, <strong>Friedrich Merz</strong>, y la primera ministra italiana, <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/giorgia-meloni.html»>Giorgia Meloni</a>, y a la que también acudió el presidente de Francia, <a href=»https://www.elmundo.es/e/em/emmanuel-macron.html»>Emmanuel Macron</a>. Después, al <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/02/14/6990925efdddff787a8b45a9.html»>rechazar</a> el sábado la disuasión nuclear que tanto Francia como Alemania ya están negociando y que también ha apuntado, por ejemplo, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas.</p>
El presidente del Gobierno no fue invitado a la cita clave antes de la cumbre de presidentes y rechaza el debate sobre el rearme que ya apuntan el canciller, Macron e incluso la jefa de la diplomacia europea
Audio generado con IA
El presidente del Gobierno de España está cada vez más alejado de las prioridades de los líderes europeos. Pedro Sánchez está cada vez más aislado. Y esta situación se ha agudizado de manera muy notable en los últimos días. Primero, al quedar excluido el jueves de la reunión clave que de manera previa al Consejo Europeo organizaron el canciller alemán, Friedrich Merz, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y a la que también acudió el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Después, al rechazar el sábado la disuasión nuclear que tanto Francia como Alemania ya están negociando y que también ha apuntado, por ejemplo, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas.
Su exclusión de la reunión responde, según explican fuentes diplomáticas de algunos de los 19 países que sí formaron parte de la cita, por motivos políticos e ideológicos. «La posición del Gobierno de España influye en la ausencia de Sánchez, claro«, sostienen desde una de estas naciones. Entre los organizadores aseguran que la no invitación de Sánchez fue totalmente consciente, a pesar de que el primer ministro de Bélgica, Bart de Wever, quiso suavizar el mensaje el jueves por la noche. Y el ataque del Ejecutivo español a Italia no hace más que reafirmarlo.
Desde un segundo país participante añaden que la reunión surgió como continuación de un formato que ya se empleó antes de la cumbre de octubre, y que inicialmente contaba con Alemania e Italia, claro, además de Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. En diciembre no se produjo este encuentro porque De Wever tenía que comparecer en el Parlamento belga, y para el retiro sobre competitividad de la pasada semana se retomó. «Dada la importancia del asunto otros líderes se autoinvitaron y rápidamente se convirtió en una reunión multitudinaria», añaden fuentes diplomáticas de esta nación. Con Sánchez no se contó en ningún momento, ya que lo que se buscaba, especialmente Merz y Meloni, eran países con afinidad política o, al menos, que no pusiesen trabas imposibles que impidiesen llegar a posiciones comunes. Y uno de los puntos que se trató fue «la simplificación regulatoria y reducción de los precios de la energía», y esto pasa necesariamente por frenar la transición verde. Justo lo contrario de lo que defiende el presidente español.
Lo mismo ocurre con el dogmatismo antinuclear del Gobierno. El Ejecutivo ha activado ya el cierre de las centrales nucleares en España, por lo que su negativa a la disuasión planteada con Macron y Merz no hace más que ir en esa misma línea. «Nuestros padres y abuelos se dieron cuenta de que la disuasión nuclear es demasiado costosa y peligrosa porque en determinadas ocasiones los errores técnicos y humanos nos acercaron a una guerra que hubiese llevado a la humanidad al borde de la extinción», aseguró el sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich.
Pero en Europa se está asentando la idea de que para defenderse de Rusia es imprescindible avanzar en la disuasión nuclear. Otro debate que se aleja de Sánchez y le deja en una posición de minoría y debilidad. «El presidente presenta unos valores y una manera de entender el mundo que ahora no está de moda«, es una idea que tienen muy presente y trasladan desde su equipo cuando se les pregunta por este asunto. De ahí que el líder del Ejecutivo haya asumido el empeño de querer ser la «brújula» progresista en el mundo.
«Somos la socialdemocracia que queda«, repiten en La Moncloa. A nivel internacional busca escenificar también esa oposición a que líderes y países conservadores o de ultraderecha marquen el rumbo de la UE. Una estrategia que tiene su máxima expresión en el antagonismo que cultiva frente a Donald Trump. Un planteamiento para afianzar su posición de referente socialdemócrata, sabedor de que aunque ahora líderes como Meloni gocen de fuerza y protagonismo, los conservadores no pueden ignorar del todo a la izquierda, sobre todo en materias de calado.
El malestar y la crítica del Gobierno al cónclave de este jueves, considerando que estas citas socavan los principios de la UE, no fue casual. Existe la convicción de que la colaboración entre la derecha y la ultraderecha mina la estabilidad de Europa y la debilita. Y que ceder y dar protagonismo a la extrema derecha, como creen que se está haciendo en debates estratégicos, lleva a una merma de la competitividad europea.
Fuentes socialistas admiten que hace unos años España estaba «en el grupo motor, liderando grandes iniciativas», pero que el giro hacia la derecha provoca que los debates e iniciativas no converjan ni respondan a los intereses y propósitos de España. Las conclusiones y debates sobre cambio climático, defensa, inmigración, defensa de las minorías… transitan ahora por derroteros muchas veces alejados de los que defiende La Moncloa. Hay victorias, sí, como que la vivienda haya escalado a asunto de debate entre los 27, pero ahora no es la norma. Ello provoca que, por ejemplo, haya más afinidad y Sánchez pueda estar más en su salsa cuando acude a reuniones con líderes latinoamericanos como Lula da Silva.
España
