Ser auténtica

En Yo siendo yo (ed. Anagrama), Hans Laguna no propone una tesis revolucionaria sobre el concepto de autenticidad en el pop, sino que certifica la muerte misma de ese concepto. Si es que alguna vez estuvo vivo, claro. En su ensayo, Laguna repasa la relación de las estrellas del pop con Lo Auténtico. Literalmente ellas siendo ellas, pues el libro parte de una premisa que, en sí misma, ya da mucho que pensar: las mayores estrellas del género son mujeres (Madonna. Beyoncé, Dua Lipa, J.Lo, Billie Eilish, Aitana). Construcciones performativas cuya idea de la autenticidad daría para otro libro y otra tesis: soy auténtica porque controlo la identidad que proyecto, sea esta real o inventada.

 Yo prefiero eso de «quiero ser diferente, como todas mis amigas». Me resulta tan entrañable como imaginar a Courtney Love y Kurt Cobain quemando ropa cara como si a alguien le importa. ‘Fuck’ la autenticidad, como diría Rosalía.  

En Yo siendo yo (ed. Anagrama), Hans Laguna no propone una tesis revolucionaria sobre el concepto de autenticidad en el pop, sino que certifica la muerte misma de ese concepto. Si es que alguna vez estuvo vivo, claro. En su ensayo, Laguna repasa la relación de las estrellas del pop con Lo Auténtico. Literalmente ellas siendo ellas, pues el libro parte de una premisa que, en sí misma, ya da mucho que pensar: las mayores estrellas del género son mujeres (Madonna. Beyoncé, Dua Lipa, J.Lo, Billie Eilish, Aitana). Construcciones performativas cuya idea de la autenticidad daría para otro libro y otra tesis: soy auténtica porque controlo la identidad que proyecto, sea esta real o inventada.

Pop no es solo un conjunto de características musicales. Pop es ese punto en el que la música se cruza de una manera muy específica con el entretenimiento de masas. Lo desea y lo abraza. Mientras el rock caía en contradicciones ridículas, el pop desde el principio abrazó su esencia de producto comercialísimo, de cadena de montaje, de negocio perfecto. Iconos del rock, como los Rolling Stones o U2, se comportaron como estrellas del pop y por el camino se hicieron todavía más ricos (y menos auténticos).

Por su parte, los efímeros tótems del grunge, con Kurt Cobain a la cabeza, protagonizaron situaciones cringe en las que sus delirios de grandeza punk chocaron con su realidad directamente superpop. Yo siendo yo recupera anécdotas disparatadas, como aquella en la que Cobain y su pareja, la extremísima Courtney Love, hicieron una fogata con las prendas que les envió el diseñador Marc Jacobs. Éste a su vez fue despedido como director creativo de Perry Ellis tras diseñar para la marca una colección inspirada en la estética grunge (camisas de leñador, vestiditos rancios…). De esa pasarela venía lo que Cobain y Love quemaron en su performance de autenticicad que, como toda performance, fue de todo menos espontánea. Es decir: auténtica.

Hoy, la colección grunge de Marc Jacobs para Perry Ellis es historia de la moda y el mito fundacional del Jacobs actual, un creativo de una independencia que, esa sí, podemos definir como auténtica. La moda de Jacobs es, a efectos, rock, pero su marca ofrece también un amplio surtido de bolsos de precio medio que no podrían ser más pop. Poco tiempo después del fuego purificador (y ya viuda de Cobain), Courtney Love se volvería loca por Versace. Y Versace terminaría de darle la puntilla al punk (un movimiento filosófico-musical, éste sí, suicidamente genuino) reduciéndolo a una estética compatible con Hollywood, el lugar más pop del mundo. La fábrica de sueños, la mentira más bella del mundo, lo menos auténtico jamás creado.

«Lo que uno es» es una manera escurridiza de definir la autenticidad, así que quedémonos con la Agrado de Todo sobre mi madre: «Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma». Aunque yo prefiero eso de «quiero ser diferente, como todas mis amigas». Me resulta tan entrañable como imaginar a Courtney Love y Kurt Cobain quemando ropa cara como si a alguien le importara. Fuck la autenticidad, como diría Rosalía.

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