Jannik Sinner completa el círculo de su propia historia. Por fin en su vitrina un título de los grandes en tierra batida, que siempre le había sido más esquiva. Y de qué manera: contra Carlos Alcaraz, quién si no, que domina esta superficie como pocos en la historia, y en una final eléctrica en la que el viento también fue protagonista. Una victoria que esconde un triple premio: primer título en Montecarlo, en su primera final, el número 1 y esa pequeña batalla mental ganada a su archienemigo, con un 7-6 (5) y 6-3 en dos horas y 16 minutos.Jannik Sinner 7 6 Carlos Alcaraz 6 3Se puede hablar de muchos datos y estadísticas antes de cualquier duelo entre Alcaraz y Sinner, pero una vez empieza el encuentro se nota que para ellos es otra cosa. Algo superior que les recorre el cuerpo solo cuando se enfrentan el uno contra el otro. Se traduce en tenis, en esta final de Montecarlo con tanto en juego como siempre, y que no siempre va de trofeos ni números 1, pero aquí también los hay.Es una sobremesa más desapacible que otras anteriores, con algo de viento y sin sol en Mónaco y con una tierra más lenta en la que la tensión se refleja en todo. El rostro de Alcaraz, más serio que nunca; la imperturbabilidad de Sinner que explota en varios errores y hasta dobles faltas. La derecha de Alcaraz, que no muerde como otras veces; el saque de Sinner, que ni se acerca a sus números más irregulares.Ambos juegan al tenis contra cualquier otro rival, pero en estos duelos es casi otro deporte, imposible seguir una lógica aunque Alcaraz de repente se encuentra con un ‘break’ en el segundo juego. ¿Tan fácil? No, ni porque Sinner se vaya a dejar ir, ni porque Alcaraz vaya a encontrar fluidez en cada golpe. Atenazados uno y otro, despliegan lo que pueden, también los errores no forzados. Ocho suma el español en cuatro juegos, cuando el italiano equilibra de nuevo el set y todo continúa en esta dinámica de poder a poder, de intercambios vertiginosos, de descifrar enigmas ajenas en lo que tardas en decidir qué hacer con tu propio golpe.Intenta Sinner amenazar con el revés, ese cruzado en el que atrapa a Alcaraz una y otra vez. Se suelta el español con las dejadas, que ya sabe hacerlas muy bien el italiano, pero no tanto todavía como el de El Palmar. Ataca Sinner con un saque mejorado y un resto que hace sufrir a Alcaraz, pero este se la devuelve con defensas metódicas y derechas a las líneas. Y con gritos para soltar toda la adrenalina y la presión cuando apenas es ponerse 4-3.«Sigue presionando, anímate», le indican desde la grada, que está el murciano sufriendo en cada turno de saque por la carga y el ritmo que impone el italiano, bien pegadito a la línea de fondo para quitarle tiempo de reacción. Se juega tanto en el límite que a Alcaraz se le escapa una doble falta que es una bola de ‘break’ para Sinner. Se juega tan al límite que al italiano se le escapa la fuerza por la derecha. Y vuelve a gritar Alcaraz. «Tú, tú, vamos a por él», le concitan desde el banco, que es 5-4, del primer set, y casi una hora de juego consumida.Se completa la hora cuando se llega al ‘tie break’, cuando los dos tenistas entienden que hay menos margen de error porque actúa el viento a discreción. Es Sinner el que soporta mejor el tipo, porque sube el porcentaje de primeros para salvar un momento complicado en el 6-5 y para arrebatarle una ‘minirrotura’ a Alcaraz en el desempate. «Es la gran diferencia, Samu, que él mete todo primeros y yo ni uno», se frustra el español, y le responden que se centre en él, que queda mucho.Pero con el 5-2, Sinner no suelta la ventaja, por mucho que yerre una bola aparentemente muy fácil a escasos centímetros de la red. Porque esa tensión también se apodera de Alcaraz al siguiente punto, que otorga el primer set con una doble falta.Comienza otro ‘round’, no hay otra manera de describirlo. Porque el tenis continúa creciendo, aumentando su nivel, en cada diálogo que interpretan. Tan iguales y tan distintos. Tan acertado por fin Alcaraz para romper de nuevo el saque de su rival con una obra maestra, haciendo caso a su entrenador, que le soltó un ‘¡Crazy!’ (Locura) antes de que soltara un ‘passing’ para enmarcar; tan peleón el italiano para no tardar ni un juego en recuperarlo. Pum, pum, pum. Un 3-3 y dos horas de juego. Imposible determinar a estas alturas quién domina a quién. Si va por juegos o por puntos o por segundos. Por aciertos, por brillanteces, por errores. Por esas dobles faltas que fuerzan la resistencia de Alcaraz, con dos bolas de ‘break’ a favor del italiano que no deja escapar porque se ha hecho fuerte yy está comodísimo desde el fondo de pista.Aunque tiembla el de San Cándido, que tiene saque para cerrar la final y todavía le pasa factura la tensión y este Alcaraz que no le va a dar la espalda nunca a la victoria si tiene ocasión. Pero esta vez es Sinner el que da el primer mordisco. Muy firme en ese último juego, aprendiendo de otros errores del pasado, apaga la última chispa del murciano para llevarse el triple premio: primer gran título en tierra batida, primer título en Montecarlo y número 1 del mundo. «No sé ni por dónde empezar. Ha sido una final de altísimo nivel, y en una superficie en la que cada vez me siento más cómodo. Tenía todo el rato muy buena mentalidad, incluso cuando iba por detrás en el marcador. Es genial volver al número 1, es un gran objetivo», comentó el italiano a pie de pista.«Es increíble lo que acabas de hacer, Jannik: París, Indian Wells, Miami, Montecarlo. Y por el nivel que estás consiguiendo. Felicidades por el trabajo que estás haciendo con todo tu equipo -comenzó Alcaraz-. Y gracias a los aficionados que me han apoyado porque me hacéis sentir como en casa. Volveré mejor para el año que viene».«Gracias por empujarme. Es genial ver cómo cada temporada sigues mejorando y te conviertes en un jugador magnífico que ha conseguido todo lo que ha conseguido a tu edad», le responde Sinner antes de agradecer, ya en italiano, a todos los que lo han apoyado. Jannik Sinner completa el círculo de su propia historia. Por fin en su vitrina un título de los grandes en tierra batida, que siempre le había sido más esquiva. Y de qué manera: contra Carlos Alcaraz, quién si no, que domina esta superficie como pocos en la historia, y en una final eléctrica en la que el viento también fue protagonista. Una victoria que esconde un triple premio: primer título en Montecarlo, en su primera final, el número 1 y esa pequeña batalla mental ganada a su archienemigo, con un 7-6 (5) y 6-3 en dos horas y 16 minutos.Jannik Sinner 7 6 Carlos Alcaraz 6 3Se puede hablar de muchos datos y estadísticas antes de cualquier duelo entre Alcaraz y Sinner, pero una vez empieza el encuentro se nota que para ellos es otra cosa. Algo superior que les recorre el cuerpo solo cuando se enfrentan el uno contra el otro. Se traduce en tenis, en esta final de Montecarlo con tanto en juego como siempre, y que no siempre va de trofeos ni números 1, pero aquí también los hay.Es una sobremesa más desapacible que otras anteriores, con algo de viento y sin sol en Mónaco y con una tierra más lenta en la que la tensión se refleja en todo. El rostro de Alcaraz, más serio que nunca; la imperturbabilidad de Sinner que explota en varios errores y hasta dobles faltas. La derecha de Alcaraz, que no muerde como otras veces; el saque de Sinner, que ni se acerca a sus números más irregulares.Ambos juegan al tenis contra cualquier otro rival, pero en estos duelos es casi otro deporte, imposible seguir una lógica aunque Alcaraz de repente se encuentra con un ‘break’ en el segundo juego. ¿Tan fácil? No, ni porque Sinner se vaya a dejar ir, ni porque Alcaraz vaya a encontrar fluidez en cada golpe. Atenazados uno y otro, despliegan lo que pueden, también los errores no forzados. Ocho suma el español en cuatro juegos, cuando el italiano equilibra de nuevo el set y todo continúa en esta dinámica de poder a poder, de intercambios vertiginosos, de descifrar enigmas ajenas en lo que tardas en decidir qué hacer con tu propio golpe.Intenta Sinner amenazar con el revés, ese cruzado en el que atrapa a Alcaraz una y otra vez. Se suelta el español con las dejadas, que ya sabe hacerlas muy bien el italiano, pero no tanto todavía como el de El Palmar. Ataca Sinner con un saque mejorado y un resto que hace sufrir a Alcaraz, pero este se la devuelve con defensas metódicas y derechas a las líneas. Y con gritos para soltar toda la adrenalina y la presión cuando apenas es ponerse 4-3.«Sigue presionando, anímate», le indican desde la grada, que está el murciano sufriendo en cada turno de saque por la carga y el ritmo que impone el italiano, bien pegadito a la línea de fondo para quitarle tiempo de reacción. Se juega tanto en el límite que a Alcaraz se le escapa una doble falta que es una bola de ‘break’ para Sinner. Se juega tan al límite que al italiano se le escapa la fuerza por la derecha. Y vuelve a gritar Alcaraz. «Tú, tú, vamos a por él», le concitan desde el banco, que es 5-4, del primer set, y casi una hora de juego consumida.Se completa la hora cuando se llega al ‘tie break’, cuando los dos tenistas entienden que hay menos margen de error porque actúa el viento a discreción. Es Sinner el que soporta mejor el tipo, porque sube el porcentaje de primeros para salvar un momento complicado en el 6-5 y para arrebatarle una ‘minirrotura’ a Alcaraz en el desempate. «Es la gran diferencia, Samu, que él mete todo primeros y yo ni uno», se frustra el español, y le responden que se centre en él, que queda mucho.Pero con el 5-2, Sinner no suelta la ventaja, por mucho que yerre una bola aparentemente muy fácil a escasos centímetros de la red. Porque esa tensión también se apodera de Alcaraz al siguiente punto, que otorga el primer set con una doble falta.Comienza otro ‘round’, no hay otra manera de describirlo. Porque el tenis continúa creciendo, aumentando su nivel, en cada diálogo que interpretan. Tan iguales y tan distintos. Tan acertado por fin Alcaraz para romper de nuevo el saque de su rival con una obra maestra, haciendo caso a su entrenador, que le soltó un ‘¡Crazy!’ (Locura) antes de que soltara un ‘passing’ para enmarcar; tan peleón el italiano para no tardar ni un juego en recuperarlo. Pum, pum, pum. Un 3-3 y dos horas de juego. Imposible determinar a estas alturas quién domina a quién. Si va por juegos o por puntos o por segundos. Por aciertos, por brillanteces, por errores. Por esas dobles faltas que fuerzan la resistencia de Alcaraz, con dos bolas de ‘break’ a favor del italiano que no deja escapar porque se ha hecho fuerte yy está comodísimo desde el fondo de pista.Aunque tiembla el de San Cándido, que tiene saque para cerrar la final y todavía le pasa factura la tensión y este Alcaraz que no le va a dar la espalda nunca a la victoria si tiene ocasión. Pero esta vez es Sinner el que da el primer mordisco. Muy firme en ese último juego, aprendiendo de otros errores del pasado, apaga la última chispa del murciano para llevarse el triple premio: primer gran título en tierra batida, primer título en Montecarlo y número 1 del mundo. «No sé ni por dónde empezar. Ha sido una final de altísimo nivel, y en una superficie en la que cada vez me siento más cómodo. Tenía todo el rato muy buena mentalidad, incluso cuando iba por detrás en el marcador. Es genial volver al número 1, es un gran objetivo», comentó el italiano a pie de pista.«Es increíble lo que acabas de hacer, Jannik: París, Indian Wells, Miami, Montecarlo. Y por el nivel que estás consiguiendo. Felicidades por el trabajo que estás haciendo con todo tu equipo -comenzó Alcaraz-. Y gracias a los aficionados que me han apoyado porque me hacéis sentir como en casa. Volveré mejor para el año que viene».«Gracias por empujarme. Es genial ver cómo cada temporada sigues mejorando y te conviertes en un jugador magnífico que ha conseguido todo lo que ha conseguido a tu edad», le responde Sinner antes de agradecer, ya en italiano, a todos los que lo han apoyado.
Jannik Sinner completa el círculo de su propia historia. Por fin en su vitrina un título de los grandes en tierra batida. Y de qué manera: contra Carlos Alcaraz, quién si no, en una final eléctrica en la que el viento también fue protagonista y … con la que logra este primer duelo entre ambos un triple premio: primer título en Montecarlo, el número 1 y esa pequeña batalla mental ganada a su archienemigo, con un 7-6 (5) y 6-3 en dos horas y 16 minutos.
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Jannik Sinner |
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Carlos Alcaraz |
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Se puede hablar de muchos datos y estadísticas antes de cualquier duelo entre Alcaraz y Sinner, pero una vez empieza el encuentro se nota que para ellos es otra cosa. Algo superior que les recorre el cuerpo solo cuando se enfrentan el uno contra el otro. Se traduce en tenis, en esta final de Montecarlo con tanto en juego como siempre, y que no siempre va de trofeos ni números 1, pero aquí también los hay.
Es una sobremesa más desapacible que otras anteriores, con algo de viento y sin sol en Mónaco y con una tierra más lenta en la que la tensión se refleja en todo. El rostro de Alcaraz, más serio que nunca; la imperturbabilidad de Sinner que explota en varios errores y hasta dobles faltas. La derecha de Alcaraz, que no muerde como otras veces; el saque de Sinner, que ni se acerca a sus números regulares.
Ambos juegan al tenis contra cualquier otro rival, pero en estos duelos es casi otro deporte, imposible seguir una lógica aunque Alcaraz de repente se encuentra con un ‘break’ en el segundo juego. ¿Tan fácil? No, ni porque Sinner se vaya a dejar ir, ni porque Alcaraz vaya a encontrar fluidez en cada golpe. Atenazados uno y otro, despliegan lo que pueden, también los errores no forzados. Ocho suma el español en cuatro juegos, cuando el italiano equilibra de nuevo el set y todo continúa en esta dinámica de poder a poder, de intercambios vertiginosos, de descifrar enigmas ajenas en lo que tardas en decidir qué hacer con tu propio golpe.
Intenta Sinner amenazar con el revés, ese cruzado en el que atrapa a Alcaraz una y otra vez. Se suelta el español con las dejadas, que ya sabe hacerlas muy bien el italiano, pero no tanto todavía como el de El Palmar. Ataca Sinner con un saque mejorado y un resto que hace sufrir a Alcaraz, pero este se la devuelve con defensas metódicas y derechas a las líneas. Y con gritos para soltar toda la adrenalina y la presión cuando apenas es ponerse 4-3.
«Sigue presionando, anímate», le indican desde la grada, que está el murciano sufriendo en cada turno de saque por la carga y el ritmo que impone el italiano, bien pegadito a la línea de fondo para quitarle tiempo de reacción. Se juega tanto en el límite que a Alcaraz se le escapa una doble falta que es una bola de ‘break’ para Sinner. Se juega tan al límite que al italiano se le escapa la fuerza por la derecha. Y vuelve a gritar Alcaraz. «Tú, tú, vamos a por él», le concitan desde el banco, que es 5-4, del primer set, y casi una hora de juego consumida.
Se completa la hora cuando se llega al ‘tie break’, cuando los dos tenistas entienden que hay menos margen de error porque actúa el viento a discreción. Es Sinner el que soporta mejor el tipo, porque sube el porcentaje de primeros para salvar un momento complicado en el 6-5 y para arrebatarle una ‘minirrotura’ a Alcaraz en el desempate. «Es la gran diferencia, Samu, que él mete todo primeros y yo ni uno», se frustra el español, y le responden que se centre en él, que queda mucho.
Pero con el 5-2, Sinner no suelta la ventaja, por mucho que yerre una bola aparentemente muy fácil a escasos centímetros de la red. Porque esa tensión también se apodera de Alcaraz al siguiente punto, que otorga el primer set con una doble falta.
Se pasa da la hora y comienza otro ‘round’, no hay otra manera de describirlo. Porque el tenis continúa creciendo, aumentando su nivel, en cada diálogo que interpretan. Tan iguales y tan distintos. Tan acertado por fin Alcaraz para romper de nuevo el saque de su rival con una obra maestra, haciendo caso a su entrenador, que le soltó un ‘¡Crazy!’ (Locura) antes de que soltara un ‘passing’ para enmarcar; tan peleón el italiano para no tardar ni un juego en recuperarlo. Pum, pum, pum. Un 3-3 y dos horas de juego.
Imposible determinar a estas alturas quién domina a quién. Si va por juegos o por puntos o por segundos. Por aciertos, por brillanteces, por errores. Por esas dobles faltas que fuerzan la resistencia de Alcaraz, con dos bolas de ‘break’ a favor del italiano que caza con un punto más de consistencia, de solidez, de templanza desde el fondo de pista.
Aunque tiembla el de San Cándido, que tiene saque para cerrar la final y todavía le pasa factura la tensión y este Alcaraz que no le va a dar la espalda nunca a la victoria si tiene ocasión. Pero esta vez es Sinner el que da el primer mordisco. Muy firme en ese último juego, aprendiendo de otros errores del pasado, apaga la última chispa del murciano para llevarse el triple premio: primer gran título en tierra batida, primer título en Montecarlo y número 1 del mundo.
«No sé ni por dónde empezar. Ha sido una final de altísimo nivel, y en una superficie en la que cada vez me siento más cómodo. Tenía todo el rato muy buena mentalidad, incluso cuando iba por detrás en el marcador. Es genial volver al número 1, es un gran objetivo», comentó el italiano a pie de pista.
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