«A las árbitras les cuesta reconocer sus errores cuando van al FVS (Football Video Support)». Esta reflexión, enunciada por un entrenador de la Liga F, invita al menos a analizar el funcionamiento de este sistema, conocido coloquialmente como el VAR ‘low cost’ y utilizado en el fútbol femenino español. El FVS, aprobado por la FIFA, es una alternativa más económica al VAR tradicional. No dispone de una sala de videoarbitraje ni de operadores que revisen continuamente las jugadas. Es cada entrenador el que cuenta con dos solicitudes en cada parte por partido para reclamar acciones relacionadas con goles, penaltis, tarjetas rojas directas o confusión de identidad. Si la decisión se corrige, conserva la petición. Un entrenador bastante tiene con analizar lo que sucede en el campo como para tener que estar pendiente también de los posibles errores arbitrales. Cabe preguntarse cuántas veces las colegiadas rectifican su criterio tras las revisiones solicitadas por los cuerpos técnicos. Entre quienes conviven con este sistema, existe la percepción de que pocas veces cambian su decisión inicial. ¿Y por qué se usa este sistema y no el otro? Por el coste económico, ni más ni menos.El pasado sábado, Yerai Martín, entrenador del Costa Adeje Tenerife, recurrió al FVS en tres ocasiones frente al Real Madrid. La primera revisión terminó con la rectificación arbitral y un penalti por una zancadilla de Lakrar a Gramaglia. La polémica llegó con las siguientes solicitudes. Schroeder marcó el 2-2 y surgieron dudas sobre un posible toque de Caruso que podía situar a la jugadora sueca en fuera de juego. Tras una larga revisión, la colegiada dio validez al gol. Yerai volvió a reclamar y recibió una amarilla por pérdida de tiempo. Según nuestra valoración, tampoco se mostró entonces la imagen en la que mejor se apreciaba la jugada. El Real Madrid terminó ganando 3-2. Al acabar el encuentro, mientras Yerai Martín hablaba con el equipo arbitral, Schroeder se acercó y le dijo «the game is over (el partido se acabó)». Según el acta, el entrenador la sujetó por la muñeca y respondió «Good luck (buena suerte)». Sin embargo, en las imágenes a las que hemos tenido acceso no se aprecia que agarre o retenga a la futbolista. Si la colegiada presenció ese supuesto agarrón, cabe preguntarse por qué no sancionó al entrenador por ello. En ese momento intervino Jairo Huerta García, preparador físico del Real Madrid, expulsado por decirle a Yerai: «Suéltala o te doy una hostia», según el acta arbitral. Según personas que aún permanecían en el campo, el enfrentamiento habría continuado tiempo después. Huerta habría vuelto a dirigirse al técnico con estas palabras: «¿Quién te crees que soy? Yo no soy un tonto de Madrid ¡Que yo te doy una hostia de verdad!». Un episodio que deberá contextualizarse a partir de los testimonios disponibles. No es la primera polémica de Huerta: ya fue expulsado en el Camp Nou por llamar «subnormal» a un miembro del banquillo azulgrana. Y si vamos al detalle, hay una frase que merece una reflexión. ¿Qué quiso decir con «yo no soy un tonto de Madrid»? Como madrileño, cuesta entender que se utilice el nombre de una ciudad como expresión despectiva. Y conviene recordar que el Real Madrid pertenece a sus socios, entre los que hay numerosos madrileños. Madrid forma parte de la identidad y de la historia del club. Ser madrileño no es motivo de burla, como tampoco lo es ser de Tenerife o de cualquier otro lugar. Los insultos y las amenazas no engrandecen a nadie. El 3-2 quedará en el marcador, pero este partido deja dudas sobre el FVS, las decisiones arbitrales y los comportamientos en el terreno de juego. Porque la historia del Real Madrid la engrandecen sus títulos y sus socios, no los insultos. Quien representa a este club debería estar a la altura de su historia y recordar que llevar su nombre implica una responsabilidad que va mucho más allá de noventa minutos.Total, nos preguntamos: ¿ofrece el FVS suficientes garantías? Parece que no. Si las revisiones no están para despejar las dudas, la herramienta, de discutible eficacia, corre el riesgo de generar todavía más polémica. Se trata de hacer justicia en el deporte, no de fomentar el odio al rival ni de mermar la autoridad arbitral. Y mucho menos de que, algunos entrenadores, a la vista de no haber consumido sus dos posibilidades de protesta, hacia el final del partido llegan incluso a protestar lo incuestionable, por si suena la flauta. Un despropósito, vamos. En definitiva lo barato, casi siempre, acaba saliendo caro. «A las árbitras les cuesta reconocer sus errores cuando van al FVS (Football Video Support)». Esta reflexión, enunciada por un entrenador de la Liga F, invita al menos a analizar el funcionamiento de este sistema, conocido coloquialmente como el VAR ‘low cost’ y utilizado en el fútbol femenino español. El FVS, aprobado por la FIFA, es una alternativa más económica al VAR tradicional. No dispone de una sala de videoarbitraje ni de operadores que revisen continuamente las jugadas. Es cada entrenador el que cuenta con dos solicitudes en cada parte por partido para reclamar acciones relacionadas con goles, penaltis, tarjetas rojas directas o confusión de identidad. Si la decisión se corrige, conserva la petición. Un entrenador bastante tiene con analizar lo que sucede en el campo como para tener que estar pendiente también de los posibles errores arbitrales. Cabe preguntarse cuántas veces las colegiadas rectifican su criterio tras las revisiones solicitadas por los cuerpos técnicos. Entre quienes conviven con este sistema, existe la percepción de que pocas veces cambian su decisión inicial. ¿Y por qué se usa este sistema y no el otro? Por el coste económico, ni más ni menos.El pasado sábado, Yerai Martín, entrenador del Costa Adeje Tenerife, recurrió al FVS en tres ocasiones frente al Real Madrid. La primera revisión terminó con la rectificación arbitral y un penalti por una zancadilla de Lakrar a Gramaglia. La polémica llegó con las siguientes solicitudes. Schroeder marcó el 2-2 y surgieron dudas sobre un posible toque de Caruso que podía situar a la jugadora sueca en fuera de juego. Tras una larga revisión, la colegiada dio validez al gol. Yerai volvió a reclamar y recibió una amarilla por pérdida de tiempo. Según nuestra valoración, tampoco se mostró entonces la imagen en la que mejor se apreciaba la jugada. El Real Madrid terminó ganando 3-2. Al acabar el encuentro, mientras Yerai Martín hablaba con el equipo arbitral, Schroeder se acercó y le dijo «the game is over (el partido se acabó)». Según el acta, el entrenador la sujetó por la muñeca y respondió «Good luck (buena suerte)». Sin embargo, en las imágenes a las que hemos tenido acceso no se aprecia que agarre o retenga a la futbolista. Si la colegiada presenció ese supuesto agarrón, cabe preguntarse por qué no sancionó al entrenador por ello. En ese momento intervino Jairo Huerta García, preparador físico del Real Madrid, expulsado por decirle a Yerai: «Suéltala o te doy una hostia», según el acta arbitral. Según personas que aún permanecían en el campo, el enfrentamiento habría continuado tiempo después. Huerta habría vuelto a dirigirse al técnico con estas palabras: «¿Quién te crees que soy? Yo no soy un tonto de Madrid ¡Que yo te doy una hostia de verdad!». Un episodio que deberá contextualizarse a partir de los testimonios disponibles. No es la primera polémica de Huerta: ya fue expulsado en el Camp Nou por llamar «subnormal» a un miembro del banquillo azulgrana. Y si vamos al detalle, hay una frase que merece una reflexión. ¿Qué quiso decir con «yo no soy un tonto de Madrid»? Como madrileño, cuesta entender que se utilice el nombre de una ciudad como expresión despectiva. Y conviene recordar que el Real Madrid pertenece a sus socios, entre los que hay numerosos madrileños. Madrid forma parte de la identidad y de la historia del club. Ser madrileño no es motivo de burla, como tampoco lo es ser de Tenerife o de cualquier otro lugar. Los insultos y las amenazas no engrandecen a nadie. El 3-2 quedará en el marcador, pero este partido deja dudas sobre el FVS, las decisiones arbitrales y los comportamientos en el terreno de juego. Porque la historia del Real Madrid la engrandecen sus títulos y sus socios, no los insultos. Quien representa a este club debería estar a la altura de su historia y recordar que llevar su nombre implica una responsabilidad que va mucho más allá de noventa minutos.Total, nos preguntamos: ¿ofrece el FVS suficientes garantías? Parece que no. Si las revisiones no están para despejar las dudas, la herramienta, de discutible eficacia, corre el riesgo de generar todavía más polémica. Se trata de hacer justicia en el deporte, no de fomentar el odio al rival ni de mermar la autoridad arbitral. Y mucho menos de que, algunos entrenadores, a la vista de no haber consumido sus dos posibilidades de protesta, hacia el final del partido llegan incluso a protestar lo incuestionable, por si suena la flauta. Un despropósito, vamos. En definitiva lo barato, casi siempre, acaba saliendo caro.
«A las árbitras les cuesta reconocer sus errores cuando van al FVS (Football Video Support)». Esta reflexión, enunciada por un entrenador de la Liga F, invita al menos a analizar el funcionamiento de este sistema, conocido coloquialmente como el VAR ‘low cost’ y utilizado … en el fútbol femenino español.
El FVS, aprobado por la FIFA, es una alternativa más económica al VAR tradicional. No dispone de una sala de videoarbitraje ni de operadores que revisen continuamente las jugadas. Es cada entrenador el que cuenta con dos solicitudes en cada parte por partido para reclamar acciones relacionadas con goles, penaltis, tarjetas rojas directas o confusión de identidad. Si la decisión se corrige, conserva la petición.
Un entrenador bastante tiene con analizar lo que sucede en el campo como para tener que estar pendiente también de los posibles errores arbitrales. Cabe preguntarse cuántas veces las colegiadas rectifican su criterio tras las revisiones solicitadas por los cuerpos técnicos. Entre quienes conviven con este sistema, existe la percepción de que pocas veces cambian su decisión inicial. ¿Y por qué se usa este sistema y no el otro? Por el coste económico, ni más ni menos.
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El pasado sábado, Yerai Martín, entrenador del Costa Adeje Tenerife, recurrió al FVS en tres ocasiones frente al Real Madrid. La primera revisión terminó con la rectificación arbitral y un penalti por una zancadilla de Lakrar a Gramaglia. La polémica llegó con las siguientes solicitudes. Schroeder marcó el 2-2 y surgieron dudas sobre un posible toque de Caruso que podía situar a la jugadora sueca en fuera de juego. Tras una larga revisión, la colegiada dio validez al gol. Yerai volvió a reclamar y recibió una amarilla por pérdida de tiempo. Según nuestra valoración, tampoco se mostró entonces la imagen en la que mejor se apreciaba la jugada.
El Real Madrid terminó ganando 3-2. Al acabar el encuentro, mientras Yerai Martín hablaba con el equipo arbitral, Schroeder se acercó y le dijo «the game is over (el partido se acabó)». Según el acta, el entrenador la sujetó por la muñeca y respondió «Good luck (buena suerte)». Sin embargo, en las imágenes a las que hemos tenido acceso no se aprecia que agarre o retenga a la futbolista. Si la colegiada presenció ese supuesto agarrón, cabe preguntarse por qué no sancionó al entrenador por ello.
En ese momento intervino Jairo Huerta García, preparador físico del Real Madrid, expulsado por decirle a Yerai: «Suéltala o te doy una hostia», según el acta arbitral. Según personas que aún permanecían en el campo, el enfrentamiento habría continuado tiempo después. Huerta habría vuelto a dirigirse al técnico con estas palabras: «¿Quién te crees que soy? Yo no soy un tonto de Madrid ¡Que yo te doy una hostia de verdad!». Un episodio que deberá contextualizarse a partir de los testimonios disponibles.
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No es la primera polémica de Huerta: ya fue expulsado en el Camp Nou por llamar «subnormal» a un miembro del banquillo azulgrana. Y si vamos al detalle, hay una frase que merece una reflexión. ¿Qué quiso decir con «yo no soy un tonto de Madrid»? Como madrileño, cuesta entender que se utilice el nombre de una ciudad como expresión despectiva. Y conviene recordar que el Real Madrid pertenece a sus socios, entre los que hay numerosos madrileños. Madrid forma parte de la identidad y de la historia del club.
Ser madrileño no es motivo de burla, como tampoco lo es ser de Tenerife o de cualquier otro lugar. Los insultos y las amenazas no engrandecen a nadie. El 3-2 quedará en el marcador, pero este partido deja dudas sobre el FVS, las decisiones arbitrales y los comportamientos en el terreno de juego. Porque la historia del Real Madrid la engrandecen sus títulos y sus socios, no los insultos. Quien representa a este club debería estar a la altura de su historia y recordar que llevar su nombre implica una responsabilidad que va mucho más allá de noventa minutos.
Total, nos preguntamos: ¿ofrece el FVS suficientes garantías? Parece que no. Si las revisiones no están para despejar las dudas, la herramienta, de discutible eficacia, corre el riesgo de generar todavía más polémica. Se trata de hacer justicia en el deporte, no de fomentar el odio al rival ni de mermar la autoridad arbitral. Y mucho menos de que, algunos entrenadores, a la vista de no haber consumido sus dos posibilidades de protesta, hacia el final del partido llegan incluso a protestar lo incuestionable, por si suena la flauta. Un despropósito, vamos. En definitiva lo barato, casi siempre, acaba saliendo caro.
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