Decenas de buitres negros sobrevuelan la reserva natural del valle de Iruelas, hogar de la colonia más grande de estas aves en Castilla y León, rodeados de varias columnas de humo. Algunos de ellos, probablemente, habrán perdido a sus crías. Esas imágenes aparecen en un vídeo publicado en julio por un vecino de la reserva y muestran los efectos que tuvo en la biodiversidad el incendio de Burgohondo (Ávila), que según los datos preliminares de la Junta de Castilla y León quemó más de 33.000 hectáreas. Alrededor de un centenar de crías de este ave protegida perecieron en las llamas, según las estimaciones de la Sociedad Española de Ornitología (SEO Birdlife).
El fuego quemó más de 33.000 hectáreas, incluidas zonas de la reserva del valle de Iruelas, hogar de la colonia más grande de estas rapaces en Castilla y León
Decenas de buitres negros sobrevuelan la reserva natural del valle de Iruelas, hogar de la colonia más grande de estas aves en Castilla y León, rodeados de varias columnas de humo. Algunos de ellos, probablemente, habrán perdido a sus crías. Esas imágenes aparecen en un vídeo publicado en julio por un vecino de la reserva y muestran los efectos que tuvo en la biodiversidad el incendio de Burgohondo (Ávila), que según los datos preliminares de la Junta de Castilla y León quemó más de 33.000 hectáreas. Alrededor de un centenar de crías de este ave protegida perecieron en las llamas, según las estimaciones de la Sociedad Española de Ornitología (SEO Birdlife).
Jorge Orueta, responsable de especies en SEO Birdlife, apunta que el fuego llegó en pleno periodo de cría de los buitres negros (Aegypius monachus), cuando la mayoría de los polluelos no había aprendido a volar. De las aproximadamente 150 parejas que viven en el valle abulense, alrededor de 100 estaban con crías. Orueta considera que “lo más probable” es que la mayoría de esos polluelos haya muerto. Preguntado por este periódico, un portavoz de la Junta de Castilla y León no aclara si hay una cifra oficial de especies afectadas por los incendios.
Si alguno de esos buitres jóvenes sobrevivió, debió haber quedado en un estado similar al de los dos polluelos que llegaron en agosto al Hospital de Fauna Salvaje de Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA), procedentes de uno de los incendios de la Sierra de Madrid. Fernando González, director del centro, explica por teléfono que los polluelos a los que atendió tenían quemaduras en el cuerpo, lesiones oculares debido a la ceniza y problemas pulmonares por culpa del humo.
Uno de los dos ejemplares tiene una evolución positiva, mientras que el pronóstico del otro sigue siendo reservado. Pese a que González se muestra optimista, la gravedad de las lesiones en una de las alas de este polluelo lo hace ser cauto en cuanto a las perspectivas de reintroducirlo a su hábitat.

España alberga cerca de 2.500 parejas de estas aves, distribuidas principalmente en Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía y Castilla y León. Estas parejas equivalen al 96% de la población reproductora de toda Europa, según la Fundación para la Conservación del Buitre. Pese a que esta rapaz ha logrado una notable recuperación en la Península Ibérica —en la década de los 70 estaba prácticamente extinguida en Portugal y en España quedaban poco más de 200 parejas—, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la sigue catalogando como una especie “casi amenazada”, mientras que el Catálogo Español de Especies Amenazadas la define como “vulnerable”.
El experto de SEO Birdlife considera que una alta mortalidad de buitres jóvenes como la que se estima este año en la reserva del valle de Iruelas suma una presión adicional a un grupo ya de por sí vulnerable. Los individuos más jóvenes suelen tener una mayor mortalidad al “colisionar con el tendido eléctrico” o envenenarse al acercarse a fuentes de comida “poco adecuadas”, como los basureros, advierte Orueta en una llamada con este diario.
Esos buitres jóvenes heridos son una de las preocupaciones de Álvaro Guerrero, director de Acción por el Mundo Salvaje (AMUS), uno de los centros de referencia en Europa para la atención de la avifauna, ubicado en Extremadura. Aves inexpertas que necesitan cuidados después de colisionar con el tendido eléctrico o de comer cebos envenenados.
Al teléfono, Guerrero matiza las implicaciones de estos incendios en la población total de buitres negros del país y explica que lo más probable es que el próximo año aquellas parejas vuelvan a reproducirse con normalidad. Le inquietan, en cambio, las afectaciones que el fuego ha provocado en el hábitat de estas aves. “Son animales filopátricos”, resume el director del centro. Se refiere al fuerte vínculo que los buitres negros tienen con su territorio. Es una especie muy reticente a modificar sus lugares de alimentación y de anidación.
A diferencia de otras rapaces que construyen los nidos en acantilados —como las águilas reales—, los buitres negros lo hacen en la copa de los árboles más viejos y altos, en medio del bosque. Esto los deja muy expuestos a los incendios, como ha pasado durante este verano. La destrucción que el fuego ha dejado a su paso en el valle de Iruelas, además, obliga a las parejas de buitres negros de la reserva a buscar un nuevo lugar donde vivir y anidar. Ahora ellos también deben lidiar con sus propios problemas de escasez de vivienda.
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