Niza despidió este domingo el Tour femenino con el guion que cualquier organizador soñaría: las dos corredoras más grandes del pelotón separadas por ocho segundos en la general y un circuito final diseñado para que nada estuviera decidido hasta el último repecho. La quinta edición de la ronda francesa, que partió de Lausana hace nueve días, se resolvió en 99 kilómetros con salida y llegada junto al Mediterráneo y cuatro ascensiones al Col d’Eze, el balcón sobre la Costa Azul convertido en juez supremo de todo el Tour. El juicio no admitió discusión: Demi Vollering se marchó sola en el último tramo y cruzó la meta del Paseo de los Ingleses con la etapa, el maillot amarillo y dos años de espinas clavadas arrancadas de golpe.El menú no admitía especulación. Las tres primeras subidas al puerto —7,8 kilómetros al 5,9%— se afrontaban por su vertiente clásica, y la definitiva se endurecía con el desvío por el Chemin du Vinaigrier y el Col des Quatre Chemins, una ascensión de primera categoría más empinada que las anteriores y con la cima situada a unos quince kilómetros de una meta a la que se llegaba en descenso por Villefranche-sur-Mer. Un puerto tramposo, con más de un kilómetro al 12%, que favorecía a las escaladoras explosivas y castigaba cualquier duda.La general llegaba al rojo vivo, y con la polémica de la víspera. El amarillo había cambiado de dueña tres veces en tres días: Marlen Reusser lo vistió a mitad de carrera, Kasia Niewiadoma lo conquistó el viernes con una exhibición camino del Mont Ventoux y Vollering se lo arrebató el sábado con un ataque devastador en el muro de Saint-Isidore, 500 metros al 13%, que le dio la etapa por 17 segundos y el liderato por ocho. La polaca Niewiadoma, además, acabó aquella jornada furiosa: acusó a la francesa Célia Gery, de FDJ-Suez, el equipo de Vollering, de cerrarla deliberadamente contra las vallas justo cuando se lanzaba el ataque decisivo, sin que el jurado apreciara sanción, y este domingo salió a la carretera sin retirar una coma: «No me invento nada». Sobrevolaba el precedente que ambas conocen de memoria: el Tour de 2024, cuando Niewiadoma se llevó la general por solo cuatro segundos ante la propia Vollering en el Alpe d’Huez.Con semejantes cuentas pendientes, nadie esperaba formalismos. Los ataques comenzaron nada más bajarse la bandera, con la primera subida al Col d’Eze plantada casi en la línea de salida. Por delante se formó un grupo de valientes del que emergió la joven Isabella Holmgren (Lidl-Trek), que coronó el puerto en cabeza en el tercer paso para llevarse los puntos de la montaña, aunque la matemática ya vestía de lunares a Puck Pieterse , a la que le bastaba con terminar la etapa para asegurarse ese maillot. Detrás, la FDJ-Suez de Vollering asumió el control del grupo de favoritas con Juliette Berthet marcando el ritmo, dejando a la fuga una ventaja vigilada que rondó el minuto.La carrera se rompió en escalones. El grupo de las mejores llegó a rodar con casi dos minutos sobre el segundo pelotón, desde el que la española Paula Blasi (UAE) intentó saltar en busca de la cabeza, aunque Antonia Niedermaier, escudera de lujo de Niewiadoma, se encargó de neutralizarla de inmediato: nadie regalaba un metro que pudiera valer un Tour. La catalana, revelación de esta edición y mejor española de la general, acabó quinta de la general, pero dejó otra pincelada del futuro que asoma en el ciclismo nacional.Top 5 de la clasificación generalDemi Vollering (FDJ United-Suez) 30:54:51 Kasia Niewiadoma-Phinney (Canyon//SRAM) +1’18’’ Elisa Longo Borghini (UAE Team L’Imad), +4’29” Antonia Niedermaier (Canyon//SRAM), +5’10” Paula Blasi (UAE Team L’Imad), +6’13»El primer veredicto llegó antes de la última subida, y fue cruel. Marlen Reusser , tercera de la general y única corredora con opciones matemáticas más allá del duelo estelar, cedió en el ritmo endiablado del grupo y después se fue al suelo en un descenso, despidiéndose de un podio que Movistar había preparado durante toda la semana. La campeona del mundo de contrarreloj, que llegó a vestir el amarillo a mitad de carrera, vivió así el epílogo más amargo posible a un Tour que durante días pareció suyo.Top 7 de la etapaDemi Vollering (FDJ United-Suez) Paula Blasi (UAE Team L’Imad), +1’04» Kasia Niewiadoma-Phinney (Canyon//SRAM) Niamh Fisher-Black (Lidl-Trek) Antonia Niedermaier (Canyon//SRAM), +1’06” Isabella Holmgren (Lidl-Trek), +1’08” Elisa Longo Borghini (UAE Team L’Imad), +1’14”El ataque que enterró los ocho segundosY entonces llegó la subida final, el desvío endurecido por el Vinaigrier, y con él la sentencia. Vollering lanzó un ataque brutal en las rampas del Col d’Eze al que Niewiadoma no encontró respuesta, y la neerlandesa coronó en solitario para lanzarse al descenso hacia Niza sin mirar atrás. No hubo cálculo ni especulación: la líder, a la que le bastaba con vigilar a su rival, eligió ganar el Tour por la vía más valiente, la misma que en 2024 le costó la gloria por cuatro segundos y que esta vez la coronó sin discusión.Los quince kilómetros finales fueron un desfile hacia la redención. Mientras Niewiadoma se vaciaba en una persecución imposible, Vollering entró triunfal en el Paseo de los Ingleses, con el Mediterráneo de testigo, para levantar los brazos como ganadora de la etapa y de la general. Los ocho segundos que habían mantenido en vilo al mundo del ciclismo durante 24 horas se quedaron, al final, en una anécdota: la diferencia definitiva ya no medía un duelo, sino una jerarquía.Vollering, de 29 años, suma así su segundo Tour tras el de 2023, después de dos temporadas consecutivas acabando segunda: la de 2024, perdida por aquellos cuatro segundos ante Niewiadoma, y la de 2025, cedida ante Pauline Ferrand-Prévot. Lorena Wiebes se llevó el maillot verde de la regularidad y Pieterse el de la montaña, en el cierre de una edición que confirmó lo que el ciclismo femenino lleva años gritando: que sus finales no se escriben hasta el último puerto. En Niza, esta vez, la última palabra fue de la corredora que llevaba dos veranos persiguiéndola. Niza despidió este domingo el Tour femenino con el guion que cualquier organizador soñaría: las dos corredoras más grandes del pelotón separadas por ocho segundos en la general y un circuito final diseñado para que nada estuviera decidido hasta el último repecho. La quinta edición de la ronda francesa, que partió de Lausana hace nueve días, se resolvió en 99 kilómetros con salida y llegada junto al Mediterráneo y cuatro ascensiones al Col d’Eze, el balcón sobre la Costa Azul convertido en juez supremo de todo el Tour. El juicio no admitió discusión: Demi Vollering se marchó sola en el último tramo y cruzó la meta del Paseo de los Ingleses con la etapa, el maillot amarillo y dos años de espinas clavadas arrancadas de golpe.El menú no admitía especulación. Las tres primeras subidas al puerto —7,8 kilómetros al 5,9%— se afrontaban por su vertiente clásica, y la definitiva se endurecía con el desvío por el Chemin du Vinaigrier y el Col des Quatre Chemins, una ascensión de primera categoría más empinada que las anteriores y con la cima situada a unos quince kilómetros de una meta a la que se llegaba en descenso por Villefranche-sur-Mer. Un puerto tramposo, con más de un kilómetro al 12%, que favorecía a las escaladoras explosivas y castigaba cualquier duda.La general llegaba al rojo vivo, y con la polémica de la víspera. El amarillo había cambiado de dueña tres veces en tres días: Marlen Reusser lo vistió a mitad de carrera, Kasia Niewiadoma lo conquistó el viernes con una exhibición camino del Mont Ventoux y Vollering se lo arrebató el sábado con un ataque devastador en el muro de Saint-Isidore, 500 metros al 13%, que le dio la etapa por 17 segundos y el liderato por ocho. La polaca Niewiadoma, además, acabó aquella jornada furiosa: acusó a la francesa Célia Gery, de FDJ-Suez, el equipo de Vollering, de cerrarla deliberadamente contra las vallas justo cuando se lanzaba el ataque decisivo, sin que el jurado apreciara sanción, y este domingo salió a la carretera sin retirar una coma: «No me invento nada». Sobrevolaba el precedente que ambas conocen de memoria: el Tour de 2024, cuando Niewiadoma se llevó la general por solo cuatro segundos ante la propia Vollering en el Alpe d’Huez.Con semejantes cuentas pendientes, nadie esperaba formalismos. Los ataques comenzaron nada más bajarse la bandera, con la primera subida al Col d’Eze plantada casi en la línea de salida. Por delante se formó un grupo de valientes del que emergió la joven Isabella Holmgren (Lidl-Trek), que coronó el puerto en cabeza en el tercer paso para llevarse los puntos de la montaña, aunque la matemática ya vestía de lunares a Puck Pieterse , a la que le bastaba con terminar la etapa para asegurarse ese maillot. Detrás, la FDJ-Suez de Vollering asumió el control del grupo de favoritas con Juliette Berthet marcando el ritmo, dejando a la fuga una ventaja vigilada que rondó el minuto.La carrera se rompió en escalones. El grupo de las mejores llegó a rodar con casi dos minutos sobre el segundo pelotón, desde el que la española Paula Blasi (UAE) intentó saltar en busca de la cabeza, aunque Antonia Niedermaier, escudera de lujo de Niewiadoma, se encargó de neutralizarla de inmediato: nadie regalaba un metro que pudiera valer un Tour. La catalana, revelación de esta edición y mejor española de la general, acabó quinta de la general, pero dejó otra pincelada del futuro que asoma en el ciclismo nacional.Top 5 de la clasificación generalDemi Vollering (FDJ United-Suez) 30:54:51 Kasia Niewiadoma-Phinney (Canyon//SRAM) +1’18’’ Elisa Longo Borghini (UAE Team L’Imad), +4’29” Antonia Niedermaier (Canyon//SRAM), +5’10” Paula Blasi (UAE Team L’Imad), +6’13»El primer veredicto llegó antes de la última subida, y fue cruel. Marlen Reusser , tercera de la general y única corredora con opciones matemáticas más allá del duelo estelar, cedió en el ritmo endiablado del grupo y después se fue al suelo en un descenso, despidiéndose de un podio que Movistar había preparado durante toda la semana. La campeona del mundo de contrarreloj, que llegó a vestir el amarillo a mitad de carrera, vivió así el epílogo más amargo posible a un Tour que durante días pareció suyo.Top 7 de la etapaDemi Vollering (FDJ United-Suez) Paula Blasi (UAE Team L’Imad), +1’04» Kasia Niewiadoma-Phinney (Canyon//SRAM) Niamh Fisher-Black (Lidl-Trek) Antonia Niedermaier (Canyon//SRAM), +1’06” Isabella Holmgren (Lidl-Trek), +1’08” Elisa Longo Borghini (UAE Team L’Imad), +1’14”El ataque que enterró los ocho segundosY entonces llegó la subida final, el desvío endurecido por el Vinaigrier, y con él la sentencia. Vollering lanzó un ataque brutal en las rampas del Col d’Eze al que Niewiadoma no encontró respuesta, y la neerlandesa coronó en solitario para lanzarse al descenso hacia Niza sin mirar atrás. No hubo cálculo ni especulación: la líder, a la que le bastaba con vigilar a su rival, eligió ganar el Tour por la vía más valiente, la misma que en 2024 le costó la gloria por cuatro segundos y que esta vez la coronó sin discusión.Los quince kilómetros finales fueron un desfile hacia la redención. Mientras Niewiadoma se vaciaba en una persecución imposible, Vollering entró triunfal en el Paseo de los Ingleses, con el Mediterráneo de testigo, para levantar los brazos como ganadora de la etapa y de la general. Los ocho segundos que habían mantenido en vilo al mundo del ciclismo durante 24 horas se quedaron, al final, en una anécdota: la diferencia definitiva ya no medía un duelo, sino una jerarquía.Vollering, de 29 años, suma así su segundo Tour tras el de 2023, después de dos temporadas consecutivas acabando segunda: la de 2024, perdida por aquellos cuatro segundos ante Niewiadoma, y la de 2025, cedida ante Pauline Ferrand-Prévot. Lorena Wiebes se llevó el maillot verde de la regularidad y Pieterse el de la montaña, en el cierre de una edición que confirmó lo que el ciclismo femenino lleva años gritando: que sus finales no se escriben hasta el último puerto. En Niza, esta vez, la última palabra fue de la corredora que llevaba dos veranos persiguiéndola.
Niza despidió este domingo el Tour femenino con el guion que cualquier organizador soñaría: las dos corredoras más grandes del pelotón separadas por ocho segundos en la general y un circuito final diseñado para que nada estuviera decidido hasta el último repecho. La quinta edición … de la ronda francesa, que partió de Lausana hace nueve días, se resolvió en 99 kilómetros con salida y llegada junto al Mediterráneo y cuatro ascensiones al Col d’Eze, el balcón sobre la Costa Azul convertido en juez supremo de todo el Tour. El juicio no admitió discusión: Demi Vollering se marchó sola en el último tramo y cruzó la meta del Paseo de los Ingleses con la etapa, el maillot amarillo y dos años de espinas clavadas arrancadas de golpe.
El menú no admitía especulación. Las tres primeras subidas al puerto —7,8 kilómetros al 5,9%— se afrontaban por su vertiente clásica, y la definitiva se endurecía con el desvío por el Chemin du Vinaigrier y el Col des Quatre Chemins, una ascensión de primera categoría más empinada que las anteriores y con la cima situada a unos quince kilómetros de una meta a la que se llegaba en descenso por Villefranche-sur-Mer. Un puerto tramposo, con más de un kilómetro al 12%, que favorecía a las escaladoras explosivas y castigaba cualquier duda.
La general llegaba al rojo vivo, y con la polémica de la víspera. El amarillo había cambiado de dueña tres veces en tres días: Marlen Reusser lo vistió a mitad de carrera, Kasia Niewiadoma lo conquistó el viernes con una exhibición camino del Mont Ventoux y Vollering se lo arrebató el sábado con un ataque devastador en el muro de Saint-Isidore, 500 metros al 13%, que le dio la etapa por 17 segundos y el liderato por ocho. La polaca Niewiadoma, además, acabó aquella jornada furiosa: acusó a la francesa Célia Gery, de FDJ-Suez, el equipo de Vollering, de cerrarla deliberadamente contra las vallas justo cuando se lanzaba el ataque decisivo, sin que el jurado apreciara sanción, y este domingo salió a la carretera sin retirar una coma: «No me invento nada». Sobrevolaba el precedente que ambas conocen de memoria: el Tour de 2024, cuando Niewiadoma se llevó la general por solo cuatro segundos ante la propia Vollering en el Alpe d’Huez.
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ENTREVISTA
Ignacio Romo
Con semejantes cuentas pendientes, nadie esperaba formalismos. Los ataques comenzaron nada más bajarse la bandera, con la primera subida al Col d’Eze plantada casi en la línea de salida. Por delante se formó un grupo de valientes del que emergió la joven Isabella Holmgren (Lidl-Trek), que coronó el puerto en cabeza en el tercer paso para llevarse los puntos de la montaña, aunque la matemática ya vestía de lunares a Puck Pieterse, a la que le bastaba con terminar la etapa para asegurarse ese maillot. Detrás, la FDJ-Suez de Vollering asumió el control del grupo de favoritas con Juliette Berthet marcando el ritmo, dejando a la fuga una ventaja vigilada que rondó el minuto.
La carrera se rompió en escalones. El grupo de las mejores llegó a rodar con casi dos minutos sobre el segundo pelotón, desde el que la española Paula Blasi (UAE) intentó saltar en busca de la cabeza, aunque Antonia Niedermaier, escudera de lujo de Niewiadoma, se encargó de neutralizarla de inmediato: nadie regalaba un metro que pudiera valer un Tour. La catalana, revelación de esta edición y mejor española de la general, acabó quinta de la general, pero dejó otra pincelada del futuro que asoma en el ciclismo nacional.
Top 5 de la clasificación general
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1.
Demi Vollering (FDJ United-Suez) 30:54:51
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2.
Kasia Niewiadoma-Phinney (Canyon//SRAM) +1’18’’
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3.
Elisa Longo Borghini (UAE Team L’Imad), +4’29”
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4.
Antonia Niedermaier (Canyon//SRAM), +5’10”
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5.
Paula Blasi (UAE Team L’Imad), +6’13»
El primer veredicto llegó antes de la última subida, y fue cruel. Marlen Reusser, tercera de la general y única corredora con opciones matemáticas más allá del duelo estelar, cedió en el ritmo endiablado del grupo y después se fue al suelo en un descenso, despidiéndose de un podio que Movistar había preparado durante toda la semana. La campeona del mundo de contrarreloj, que llegó a vestir el amarillo a mitad de carrera, vivió así el epílogo más amargo posible a un Tour que durante días pareció suyo.
Top 7 de la etapa
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1.
Demi Vollering (FDJ United-Suez)
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2.
Paula Blasi (UAE Team L’Imad), +1’04»
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3.
Kasia Niewiadoma-Phinney (Canyon//SRAM)
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4.
Niamh Fisher-Black (Lidl-Trek)
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5.
Antonia Niedermaier (Canyon//SRAM), +1’06”
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6.
Isabella Holmgren (Lidl-Trek), +1’08”
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7.
Elisa Longo Borghini (UAE Team L’Imad), +1’14”
El ataque que enterró los ocho segundos
Y entonces llegó la subida final, el desvío endurecido por el Vinaigrier, y con él la sentencia. Vollering lanzó un ataque brutal en las rampas del Col d’Eze al que Niewiadoma no encontró respuesta, y la neerlandesa coronó en solitario para lanzarse al descenso hacia Niza sin mirar atrás. No hubo cálculo ni especulación: la líder, a la que le bastaba con vigilar a su rival, eligió ganar el Tour por la vía más valiente, la misma que en 2024 le costó la gloria por cuatro segundos y que esta vez la coronó sin discusión.
Los quince kilómetros finales fueron un desfile hacia la redención. Mientras Niewiadoma se vaciaba en una persecución imposible, Vollering entró triunfal en el Paseo de los Ingleses, con el Mediterráneo de testigo, para levantar los brazos como ganadora de la etapa y de la general. Los ocho segundos que habían mantenido en vilo al mundo del ciclismo durante 24 horas se quedaron, al final, en una anécdota: la diferencia definitiva ya no medía un duelo, sino una jerarquía.
Vollering, de 29 años, suma así su segundo Tour tras el de 2023, después de dos temporadas consecutivas acabando segunda: la de 2024, perdida por aquellos cuatro segundos ante Niewiadoma, y la de 2025, cedida ante Pauline Ferrand-Prévot. Lorena Wiebes se llevó el maillot verde de la regularidad y Pieterse el de la montaña, en el cierre de una edición que confirmó lo que el ciclismo femenino lleva años gritando: que sus finales no se escriben hasta el último puerto. En Niza, esta vez, la última palabra fue de la corredora que llevaba dos veranos persiguiéndola.
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