Con 30 años y su primera hija, el teletrabajo salvó a Yoana A. García (35 años) de entrar en la odisea que se ha convertido la conciliación laboral en España. Pero para su segunda ya no tuvo tanta suerte. «Me negaron la adaptación de jornada cuando tuve a mi segunda hija. Me dijeron que eran responsabilidad mía y que no tenía que cargarla sobre la empresa«, lamenta. Su jornada como especialista en el área de comunicación y marketing terminaba a las 18:00, pero el horario normal de la guardería de su hija pequeña termina a las 16:30, mientras que la mayor sale del colegio media hora después y su esposo todavía más tarde, sobre las 18:30. «Los horarios son totalmente incompatibles», cuenta.
España necesita de familias más numerosas para revertir la crisis demográfica, pero las condiciones laborales y económicas no permiten que los padres tengan más hijos
Con 30 años y su primera hija, el teletrabajo salvó a Yoana A. García (35 años) de entrar en la odisea que se ha convertido la conciliación laboral en España. Pero para su segunda ya no tuvo tanta suerte. «Me negaron la adaptación de jornada cuando tuve a mi segunda hija. Me dijeron que eran responsabilidad mía y que no tenía que cargarla sobre la empresa«, lamenta. Su jornada como especialista en el área de comunicación y marketing terminaba a las 18:00, pero el horario normal de la guardería de su hija pequeña termina a las 16:30, mientras que la mayor sale del colegio media hora después y su esposo todavía más tarde, sobre las 18:30. «Los horarios son totalmente incompatibles», cuenta.
Sin la adaptación de jornada, García se vio obligada a tomar una reducción, lo que implica trabajar menos horas y también ganar menos. «Lo único que quería era poder compaginar el trabajo y mis hijas, que son lo más importante que tengo. No quería renunciar al regimiento laboral ni a parte de mi salario», cuenta. Y es que el presupuesto familiar ya estaba bastante apretado como para permitirse perder dinero. «Ahora me quitan alrededor de 500 euros por la reducción de jornadas, es un importe alto que se nota bastante en la economía familiar», menciona. Una cantidad que coincide casi exactamente con lo que debe invertir en la educación de sus hijas, como colegio y la guardería.
España urge que las familias sean cada vez más numerosas. Los 321.164 bebés nacidos en 2025 suponen el primer aumento de la última década en la natalidad, pero a penas fue del 1% y no alcanza a compensar el 2,5% que aumentaron los fallecimientos, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, las condiciones económicas no acompañan a todos los hogares, sobre todo a los más jóvenes. El último informe de Raisin revela que la crianza de un hijo ronda de media los 335.000 euros hasta que cumpla los 31 años (cerca de la edad media de emancipación), un 60% más que hace dos décadas, y considerando que en las etapas más tempranas se pudo acceder a una guardería pública. «Yo desearía tener un tercer hijo, pero no puedo, ni a nivel económico ni laboral», lamenta García.
La conciliación, como en el caso de García, es una de las barreras más grandes para pensar en agrandar la familia. «Mi esposo supervisa obras, entonces tiene más complejo el tema de reducir o adaptar la jornada. Intentamos coordinarnos para que si él puede salir recoja a las niñas, pero al final eso no es conciliación. Igual la hora de la comida se la coge más tarde», detalla. De hecho, el porcentaje de personas con alguna responsabilidad de cuidado es mayor en las mujeres (37,6%), frente al 31,7% en los hombres, según los datos sobre conciliación del INE relativos a 2025. «Estas diferencias de género se explican sobre todo por la mayor frecuencia de la reducción de jornada (al pasar a jornada parcial o de otro tipo) entre las mujeres (un 8% de ocupadasfrente al 1% de varones ocupados)» explica el análisis realizado por Funcas.
A pesar de que existen políticas de conciliación que refuerzan la estabilidad laboral, estas pueden tener «efectos contraproducentes si las empresas anticipan mayores costes laborales futuros, pues se desincentiva tanto la contratación como la conversión de contratos temporales en indefinidos», apunta la investigación ¿Contribuyen las políticas de conciliación en España? El papel de las empresas publicada por la Fundación La Caixa. Sus datos indican que 10 años después del primer hijo, las mujeres tienen un 37,5 % más de probabilidades de trabajar a tiempo parcial y unos ingresos un 33,4 % inferiores de media. Además, aquellas con empleos menos flexibles experimentan un crecimiento salarial más lento, especialmente tras tener hijos, a pesar de la reforma de 1999 que introdujo el derecho a la reducción con protección.
La estadística del INE, del módulo de conciliación de la Encuesta de Población Activa (EPA), también analiza los servicios profesionales que se usan para el cuidado de los hijos. Quienes tienen familiares (19,7%), se apoyan en ellos para el cuidado y lo hace de alguna manera más llevadero cuando no se pueden optar por medidas laborales; pero la gran mayoría (53,4%) lo hace solo o con la pareja. Esta es la situación de García: «No soy de Madrid, no tengo a mis padres para quedarse un ratito con las niñas por la tarde hasta que yo llego de trabajar», explica; lo que fue uno de los argumentos que usó para pedir la adaptación de jornada. «Se que no tengo que cargar a mi familia con esa responsabilidad, pero en algún momento que me echaran una mano sería de mucha ayuda». Frente a esto, recuerda que, cuando le negaron la medida, le recomendaron contratar una persona que recogiera a sus hijas. «Eso también sería un gasto más. Si tanto veláis por la conciliación, deberíais ayudarnos a poder conciliar, no ponernos trabas. Dicen que hay conciliación cuando no la hay y está a la vista», critica García.
En este sentido, el 20%de quienes trabajan recurren a servicios profesionales de cuidado infantil, según el INE, lo que se mantiene entre 2010 y 2025. Según el análisis de Funcas y al que se suma una menor penetración de estos servicios frente a los vecinos europeos, sugiere que España mantiene «un régimen de políticas públicas familiares no especialmente generoso y que apenas ha experimentado cambios en los últimos lustros». Concluye que la sociedad ha avanzado en la institucionalización de la conciliación, pero «sigue organizada sobre la base de una gran centralidad de la familia y de una división de roles por sexos, aunque menos acusada que en el pasado».
Aunque su hija menor está en una guardería pública, la hora de recogida sigue siendo un problema que complica su capacidad de conciliar y también el presupuesto. «Ahí pagamos 120 euros porque hemos cogido la ampliación. Podemos dejarla a las 8:30 y recogerla a las 16:30», explica. Pero aún no es suficiente para adaptarse a sus horarios. «Lo que debo hacer es que a partir de seis horas tengo que parar 45 minutos para comer y luego continuar con la hora. Entonces, tengo una reducción de 30 horas, por lo cual el dinero bruto que entra en mi casa, se nota», precisa. Y, aunque García pudo acceder a una plaza pública, estas son escasas frente a la demanda que hay; lo que obliga a muchas familias a acceder a las privadas y aumentar los gastos hasta 1.000 euros, especialmente en las grandes ciudades.
Con todo esto, otro de los factores que tienen que enfrentar las familias -y las más jóvenes con los salarios iniciales- es el resto de gastos para vivir. «Al final si te dejas 1.000 euros en guardería y colegio más 1.000 euros de hipoteca, pero tienes que vivir a fin de mes, las niñas tienen que tener ropa, si hay alguna actividad en el cole. Somos cuatro en una en una misma unidad familiar, entonces eso es costoso», detalla.
Este es el contexto al que se enfrentan los jóvenes al momento de querer formar una familia en medio de un mercado laboral que, en muchos casos, no les permite costear los gastos que no paran de encarecerse a pesar de las ayudas, sin contar con la penalización para los padres -sobre todo mujeres- que trabajan. Estos son algunos de los factores que prohiben a las familias como la de García tener más hijos y mantienen la tasa de fecundidad de España entre las más bajas de Europa. Con el retraso de la emancipación, la dificultad de crecimiento en los empleos y los altos costes de vida, la edad media de maternidad alcanza los 32,6 años y no solo implica un calendario reproductivo tardío, sino nacimientos que no llegan a producirse.
Así, esta baja fecundidad tiende a contagiarse a los flujos migratorios, en los que España podía apoyarse para resolver la crisis demográfica. Aunque el número de mujeres inmigrantes en edad fértil aumentó un 33% en 15 años (2009 – 2024), sus nacimientos totales cayeron un 10% y la tasa de fecundidad de las madres extranjeras se redujo un 32% hasta situarse en 1,3 hijos por mujer, una cifra que se aproxima rápidamente a los 1,17 de las españolas, según Funcas; a lo que le llama la españolización de la fecundidad.
Por esto, al analizar las políticas familiares y los diferentes efectos que tienen en la fecundidad y la conciliación laboral, los investigadores de la Fundación La Caixa dicen que son eficaces cuando se logran alinear los incentivos de trabajadoras y empresas: «Las políticas deben diseñarse teniendo en cuenta tanto las decisiones de las mujeres como las de las empresas. Solo así será posible reducir los costes profesionales de la maternidad, mejorar la conciliación y reforzar la estabilidad laboral, factores clave para cerrar la brecha entre hijos deseados y reales». Para los jóvenes, esto podría ser decisivo para formar una familia y no parar sus planes, que ya se ven afectados por los altos costes de vida.
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