La revista que tiene entre las manos o en su dispositivo electrónico cumple 67 años. La España que vio nacer Actualidad Económica en 1958 era totalmente distinta (y peor) a la de hoy, pero ambas están ligadas por dos aspectos: la transformación económica y la construcción de Europa. Eso sí, han cambiado radicalmente los enfoques. La disrupción de la inteligencia artificial y el regreso al proteccionismo han colocado al continente en una posición inestable, que obliga a los poderes públicos y económicos a movilizarse sin pausa.Las crisis auspiciadas por el aislacionismo de la Administración Trump operan como viento de cola para la integración europea, aunque el crecimiento débil de las economías y la inflación persistente estresan a las familias. La guerra de Irán y el encarecimiento de los derivados del petróleo están detrás del último subidón de precios. La mayoría de las casas de análisis prevé que el ascenso se concentre este año y se relaje a partir del próximo. Pero para entender qué sucederá en el largo plazo hay que distinguir entre las causas coyunturales ligadas al conflicto y las que se están incrustando en los fundamentales de la economía.Precisamente, esa es la cuestión. La inestabilidad geopolítica y el freno a la globalización son fenómenos inflacionarios. Las cadenas de suministro tienden a primar la seguridad sobre la eficiencia y todo grava el producto final. Hay otros aspectos que interpelan más a las políticas domésticas y, por tanto, al poder de decisión de los ciudadanos a través de su voto no sólo a la pericia de gobiernos y bancos centrales.En Estados Unidos comprobamos cómo las iniciativas drásticas contra la inmigración tienden a presionar al alza los precios, porque generan una escasez en el mercado laboral. Un mundo más cerrado, tanto en la circulación de personas como de bienes y servicios, tiende a ser un mundo más caro.La Unión Europea se enfrenta el próximo año a un ciclo electoral en algunas de las plazas más importantes y la cuestión nacional es basilar. Un triunfo generalizado de fuerzas radicales favorables al cierre de fronteras extra o intra comunitarias puede impactar de manera notable sobre la economía. Las políticas migratorias son siempre complejas, porque los costes de la integración tampoco son baratos. Pero el proteccionismo y la división basados en obsesiones identitarias pueden salir mucho más caros. Sólo queda acelerar en la unión comunitaria en busca de confianza y productividad.
La revista que tiene entre las manos o en su dispositivo electrónico cumple 67 años. La España que vio nacer Actualidad Económica en 1958 era totalmente distint
La revista que tiene entre las manos o en su dispositivo electrónico cumple 67 años. La España que vio nacer Actualidad Económica en 1958 era totalmente distinta (y peor) a la de hoy, pero ambas están ligadas por dos aspectos: la transformación económica y la construcción de Europa. Eso sí, han cambiado radicalmente los enfoques. La disrupción de la inteligencia artificial y el regreso al proteccionismo han colocado al continente en una posición inestable, que obliga a los poderes públicos y económicos a movilizarse sin pausa.
Las crisis auspiciadas por el aislacionismo de la Administración Trump operan como viento de cola para la integración europea, aunque el crecimiento débil de las economías y la inflación persistente estresan a las familias. La guerra de Irán y el encarecimiento de los derivados del petróleo están detrás del último subidón de precios. La mayoría de las casas de análisis prevé que el ascenso se concentre este año y se relaje a partir del próximo. Pero para entender qué sucederá en el largo plazo hay que distinguir entre las causas coyunturales ligadas al conflicto y las que se están incrustando en los fundamentales de la economía.
Precisamente, esa es la cuestión. La inestabilidad geopolítica y el freno a la globalización son fenómenos inflacionarios. Las cadenas de suministro tienden a primar la seguridad sobre la eficiencia y todo grava el producto final. Hay otros aspectos que interpelan más a las políticas domésticas y, por tanto, al poder de decisión de los ciudadanos a través de su voto no sólo a la pericia de gobiernos y bancos centrales.
En Estados Unidos comprobamos cómo las iniciativas drásticas contra la inmigración tienden a presionar al alza los precios, porque generan una escasez en el mercado laboral. Un mundo más cerrado, tanto en la circulación de personas como de bienes y servicios, tiende a ser un mundo más caro.
La Unión Europea se enfrenta el próximo año a un ciclo electoral en algunas de las plazas más importantes y la cuestión nacional es basilar. Un triunfo generalizado de fuerzas radicales favorables al cierre de fronteras extra o intra comunitarias puede impactar de manera notable sobre la economía. Las políticas migratorias son siempre complejas, porque los costes de la integración tampoco son baratos. Pero el proteccionismo y la división basados en obsesiones identitarias pueden salir mucho más caros. Sólo queda acelerar en la unión comunitaria en busca de confianza y productividad.
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