680.000 personas pasan días enteros sin alimentarse en España: “No como carne todos los días y comprar fruta es un lujo”

Marta Lorenzo, en Valencia, el 30 de junio de 2026.

La comida es de lo primero que se extraña al estar lejos de casa. Marta Lorenzo echa de menos los frijoles negros y las carnes mechadas de su Venezuela natal, que dejó hace ocho años para emigrar a España, la tierra que sus padres habían abandonado con su hermano antes de que ella naciera. Tiene 76 años, pero para ella retirarse no es una opción. Cada mes se busca la vida para pagar los 300 euros del alquiler de su habitación en Valencia, donde comparte piso con cuatro personas, y al mismo tiempo poder comprar sus alimentos y sus medicinas. “No estoy comiendo carne todos los días, no puedo darme el lujo de comprar fruta todo el tiempo. No importa, una se va acostumbrando y va aceptando, porque si no lo aceptas, estás frita”, reconoce Lorenzo. Como ella, más de la mitad de los beneficiarios de Cáritas en España sufren necesidades alimentarias. Incluso unas 680.000 personas en el país (1,4%) pasan días enteros sin comer por falta de recursos, según el IX Informe FOESSA, de referencia sobre exclusión y desarrollo social, impulsado por la ONG.

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 La Memoria Confederal de Cáritas alerta de que “los gastos de vivienda para las familias vulnerables llegan a incidir en una cuestión tan básica como la garantía alimentaria”  

La comida es de lo primero que se extraña al estar lejos de casa. Marta Lorenzo echa de menos los frijoles negros y las carnes mechadas de su Venezuela natal, que dejó hace ocho años para emigrar a España, la tierra que sus padres habían abandonado con su hermano antes de que ella naciera. Tiene 76 años, pero para ella retirarse no es una opción. Cada mes se busca la vida para pagar los 300 euros del alquiler de su habitación en Valencia, donde comparte piso con cuatro personas, y al mismo tiempo poder comprar sus alimentos y sus medicinas. “No estoy comiendo carne todos los días, no puedo darme el lujo de comprar fruta todo el tiempo. No importa, una se va acostumbrando y va aceptando, porque si no lo aceptas, estás frita”, reconoce Lorenzo. Como ella, más de la mitad de los beneficiarios de Cáritas en España sufren necesidades alimentarias. Incluso unas 680.000 personas en el país (1,4%) pasan días enteros sin comer por falta de recursos, según el IX Informe FOESSA, de referencia sobre exclusión y desarrollo social, impulsado por la ONG.

La Memoria Confederal de Cáritas, publicada este martes, resume el trabajo de la red en 2025 y alerta sobre la “losa que suponen los gastos de vivienda para las familias vulnerables, hasta el punto de incidir en una cuestión tan básica como la garantía alimentaria”. Uno de cada diez hogares en España (12%) sufre inseguridad alimentaria y 2,8 millones de personas (5,7%) se ven obligadas a renunciar a una dieta saludable, a reducir la cantidad de alimentos o a saltarse alguna comida, según el Informe FOESSA. La secretaria general de Cáritas, María González Dyne, desarrolló este diagnóstico en la presentación y resaltó: “No es casualidad que la vivienda y la alimentación, los dos principales capítulos de gasto familiar, sean también los que más han incrementado los precios”.

La mayoría de los hogares que apoya Cáritas están encabezados por mujeres o personas desempleadas o en trabajos muy precarios. Lorenzo trabaja desde los 17 años, cuando estuvo a cargo de la selección de personal en una empresa papelera. En Venezuela, trabajó en administración, pagos, recursos humanos, hasta que se operó de la cadera y después emigró. Ahora le está siendo imposible encontrar algo fijo y formal. “He buscado trabajo por todas partes, pero la edad parece que no me ayuda mucho aunque yo esté mentalmente bien”, lamenta. Está dispuesta a aprovechar lo que encuentre. Al llegar a Valencia, limpiaba pisos, cuidaba niñas, acompañaba a los chicos de su edificio al colegio a pie, hasta que crecieron.

El informe de Cáritas reclama que “la inflación de los alimentos básicos sigue asfixiando los presupuestos familiares” y recopila que las subidas del último año alcanzan el 16% en las legumbres, el 15% en las hortalizas, el 14% en los huevos y el 10% en el pescado. A su vez, adquirir una vivienda se encareció un 13% y alquilar un 4%.

Cuando la hispanovenezolana estaba “a punto de tirar el bastón y salir corriendo”, Cáritas le facilitó una tarjeta prepago con 60 euros al mes que, sobre todo, le dio algo de tranquilidad y con la que puede cubrir parte de sus medicinas, alimentación, higiene personal y limpieza. “A veces no tomo la medicina porque tengo que reunir para el alquiler”, cuenta Lorenzo, pero siempre se apaña. En la organización le dicen que es como “un remolino”, que no para nunca. “Me hubiese tocado descansar a esta edad, pero bueno, me toca trabajar porque la necesidad no puede esperar”, sostiene.

La memoria constata “mayor prevalencia de inseguridad alimentaria en hogares donde los gastos de la vivienda son excesivos”, es decir, aquellos donde los ingresos menos los gastos sitúan al hogar bajo el umbral de pobreza severa. María González Dyne enfatiza que “la vivienda es uno de los grandes factores de exclusión” y que pronto va a condicionar “a tantísimas más personas” a esta situación.

Ante este panorama, las familias intentan ceder en otros gastos o pedir ayuda antes de mudarse o cambiar la configuración de la convivencia familiar. Sus estrategias impactan de manera mucho más duradera en sus vidas e incluso pueden ser irreversibles en su contexto vital, y por ello, las dejan para cuando ya no hay más opciones, según ha indicado la secretaria general.

Kelly Laudith, colombiana de 42 años, paga 550 euros por una habitación con su hija, en un piso con otras seis personas. Llegó de Santa Marta, en el Caribe, a Valencia en noviembre del año pasado y recién ahora está pudiendo nivelar sus gastos. Con la tarjeta prepago que Cáritas le recarga cada 15 días, cubre lo que necesitan ambas, sobre todo verduras y proteínas. “Como toda mamá, prefiero que coma ella. Prefiero comer una lata de atún y darle la carne o el cerdo, me atengo a ciertos alimentos para poder darle la alimentación que necesita”, dice. Encontró apoyo en su parroquia, en la parte económica, pero también social, mientras tramita su regularización.

El año pasado, la ONG asistió a 1.098.476 personas en España y a otras 1.033.636 en iniciativas de cooperación internacional. El 57% de las personas apoyadas por Cáritas en el país fueron inmigrantes, muchos en situación administrativa irregular. Aunque tenga dos décadas menos que Lorenzo, Laudith igual nota su edad como dificultad para emplearse ahora. Estudió Administración de Empresas e hizo un posgrado en Finanzas y Negocios. En Colombia se dedicaba a la docencia en formación profesional. Ahora cuida a una señora los fines de semana y durante la semana hace limpieza en una casa, mientras sigue formándose con los cursos que le da Cáritas, por ejemplo, de atención al cliente o de Valenciano.

María González Dyne destaca que, al hacer el balance de la labor diaria de las 70 Cáritas diocesanas y las 4.900 parroquiales, confirmaron que existe “una ruptura entre el vínculo entre crecimiento económico y bienestar social”. El informe alerta de que “la exclusión severa ha crecido de forma muy preocupante y afecta a 4,3 millones de personas” y que la pobreza “no es un fenómeno estacional, sino una realidad estructural que se ha ido cronificando tras dos décadas de crisis encadenadas”.

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