La adolescencia es una de las etapas más complejas y transformadoras del desarrollo humano. Un periodo de transformación física, emocional y cognitiva que hace honor a su origen latino ‘adolescere’, relacionado con crecer, madurar o cambiar.Durante estos años, el cuerpo se modifica a gran velocidad a causa de la pubertad , mientras el cerebro desarrolla nuevas capacidades relacionadas con el pensamiento lógico, abstracto y la proyección hacia el futuro. A ello se suma una evolución emocional que suele dividirse en tres fases:Fases de la adolescenciaAdolescencia temprana (10-13 años). El menor comienza a preocuparse por su cuerpo e imagen y todavía mantiene una fuerte referencia hacia los adultos. Adolescencia media (14-16 años). Se produce un importante salto cognitivo. Aumenta la influencia del grupo de amigos y la necesidad de independencia, a la vez que sigue la preocupación por la apariencia. Adolescencia tardía (17-19 años). Se estabilizan las relaciones, se consolida la identidad y se empieza a mirar la vida adulta con más claridad.En medio de este intenso proceso de búsqueda de identidad y autonomía están los padres, que se enfrentan a la difícil tarea de mantener la autoridad en cas a sin convertir cada conversación con sus hijos adolescentes en una discusión.Noticia relacionada general No No Rocío Ramos-Paúl, ‘Supernanny’: «Estamos entrenando a los niños para no hacer caso hasta que perdemos la calma» Isaac AsenjoLos adultos tienden a llegar cansados a casa del trabajo o de realizar diversas tareas a lo largo del día, con lo que, para evitar estas situaciones incómodas con los menores, ceden y les dejan hacer lo que ellos quieren. Una decisión que, a la larga, puede resultar perjudicial para el propio adolescente.’Supernanny’ anima a acabar con los «jefes adolescentes»La psicóloga Rocío Ramos-Paúl , conocida popularmente como ‘Supernanny’ aborda esta cuestión en el programa ‘Atrévete’ de Cadena Dial, advirtiendo que cualquier decisión, por insignificante que parezca, puede resultar determinante para que los jóvenes refuercen su sentimiento de que mandan sobre sus padres.«¿Quién decide en tu casa qué peli se ve o cuándo se ve? ¿Quién hace cambios a los planes de fin de semana? Si la respuesta es ‘mi hijo adolescente’, tú tienes un jefe adolescente en casa», señala.Según Ramos-Paúl, el desgaste emocional que genera esta etapa es lo que lleva a muchos progenitores a huir del conflicto: « Los padres están pidiendo permiso para poner normas y límites en casa. Normalmente porque la adolescencia, que es una etapa de conflicto y que lo que hay que aprender es a gestionarlos, es decir, a negociar, cansa mucho».«Uno llega y dice: ‘Mira, yo estoy agotado. Prefiero ceder y no tener ninguna batalla más’», comenta la experta, quien aclara que, «si como padre o madre un día o dos te encuentras agotado, pues no pasa nada».El problema surge cuando esta actitud se cronifica: «Si lo convertimos en la tónica general, al final estamos haciendo cesiones a un adolescente que no está desarrollado para establecer normas y límites , sino que necesita que yo se las ponga».El riesgo de criar hijos sin tolerancia a la frustraciónLa psicóloga insiste en que negociar forma parte del aprendizaje, pero siempre desde una jerarquía clara. Pone de ejemplo una de las situaciones más cotidianas: la comida en casa de los abuelos los domingos. Se puede pactar que el adolescente vaya a la comida y después salga con sus amigos, pero no que cada sábado o domingo desaparezca del plan.«No te puedo permitir que todos los sábados tengas un plan distinto en el que tú te vayas y no te hagas cargo, no cumplas con la parte que te corresponde, que es ir a ver a los abuelos y estar con ellos un rato, y además si puede ser sonriendo mucho mejor», afirma.Sin embargo, cuando los padres lo dejan todo pasar el mensaje que recibe el adolescente es que no hay límites reales. Y eso tiene consecuencias: «No me frustro, hago lo que quiero, cualquier capricho se me concede y cuando llega la realidad me pego la torta de mi vida porque no sé gestionar el ‘no’ ».La vida adulta, recuerda, no funciona así. Y cuanto más tarde se aprenda, más duele. Por ello, insiste en mantenerse firme: «Puedo negociar contigo, sí, pero la autoridad sigo siendo yo».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Lucía Galán, pediatra: «Leer un cuento todos los días a tu hijo cambia literalmente su cerebro. Esto no lo consiguen las pantallas» noticia Si Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: «Si tu hijo llora, no le pidas que deje de hacerlo»«En la familia los que mandan son los padres. No es una democracia. Los jefes son los padres , no los adolescentes, porque el adolescente necesita tener seguridad y la seguridad pasa porque alguien les ponga normas», sentencia. La adolescencia es una de las etapas más complejas y transformadoras del desarrollo humano. Un periodo de transformación física, emocional y cognitiva que hace honor a su origen latino ‘adolescere’, relacionado con crecer, madurar o cambiar.Durante estos años, el cuerpo se modifica a gran velocidad a causa de la pubertad , mientras el cerebro desarrolla nuevas capacidades relacionadas con el pensamiento lógico, abstracto y la proyección hacia el futuro. A ello se suma una evolución emocional que suele dividirse en tres fases:Fases de la adolescenciaAdolescencia temprana (10-13 años). El menor comienza a preocuparse por su cuerpo e imagen y todavía mantiene una fuerte referencia hacia los adultos. Adolescencia media (14-16 años). Se produce un importante salto cognitivo. Aumenta la influencia del grupo de amigos y la necesidad de independencia, a la vez que sigue la preocupación por la apariencia. Adolescencia tardía (17-19 años). Se estabilizan las relaciones, se consolida la identidad y se empieza a mirar la vida adulta con más claridad.En medio de este intenso proceso de búsqueda de identidad y autonomía están los padres, que se enfrentan a la difícil tarea de mantener la autoridad en cas a sin convertir cada conversación con sus hijos adolescentes en una discusión.Noticia relacionada general No No Rocío Ramos-Paúl, ‘Supernanny’: «Estamos entrenando a los niños para no hacer caso hasta que perdemos la calma» Isaac AsenjoLos adultos tienden a llegar cansados a casa del trabajo o de realizar diversas tareas a lo largo del día, con lo que, para evitar estas situaciones incómodas con los menores, ceden y les dejan hacer lo que ellos quieren. Una decisión que, a la larga, puede resultar perjudicial para el propio adolescente.’Supernanny’ anima a acabar con los «jefes adolescentes»La psicóloga Rocío Ramos-Paúl , conocida popularmente como ‘Supernanny’ aborda esta cuestión en el programa ‘Atrévete’ de Cadena Dial, advirtiendo que cualquier decisión, por insignificante que parezca, puede resultar determinante para que los jóvenes refuercen su sentimiento de que mandan sobre sus padres.«¿Quién decide en tu casa qué peli se ve o cuándo se ve? ¿Quién hace cambios a los planes de fin de semana? Si la respuesta es ‘mi hijo adolescente’, tú tienes un jefe adolescente en casa», señala.Según Ramos-Paúl, el desgaste emocional que genera esta etapa es lo que lleva a muchos progenitores a huir del conflicto: « Los padres están pidiendo permiso para poner normas y límites en casa. Normalmente porque la adolescencia, que es una etapa de conflicto y que lo que hay que aprender es a gestionarlos, es decir, a negociar, cansa mucho».«Uno llega y dice: ‘Mira, yo estoy agotado. Prefiero ceder y no tener ninguna batalla más’», comenta la experta, quien aclara que, «si como padre o madre un día o dos te encuentras agotado, pues no pasa nada».El problema surge cuando esta actitud se cronifica: «Si lo convertimos en la tónica general, al final estamos haciendo cesiones a un adolescente que no está desarrollado para establecer normas y límites , sino que necesita que yo se las ponga».El riesgo de criar hijos sin tolerancia a la frustraciónLa psicóloga insiste en que negociar forma parte del aprendizaje, pero siempre desde una jerarquía clara. Pone de ejemplo una de las situaciones más cotidianas: la comida en casa de los abuelos los domingos. Se puede pactar que el adolescente vaya a la comida y después salga con sus amigos, pero no que cada sábado o domingo desaparezca del plan.«No te puedo permitir que todos los sábados tengas un plan distinto en el que tú te vayas y no te hagas cargo, no cumplas con la parte que te corresponde, que es ir a ver a los abuelos y estar con ellos un rato, y además si puede ser sonriendo mucho mejor», afirma.Sin embargo, cuando los padres lo dejan todo pasar el mensaje que recibe el adolescente es que no hay límites reales. Y eso tiene consecuencias: «No me frustro, hago lo que quiero, cualquier capricho se me concede y cuando llega la realidad me pego la torta de mi vida porque no sé gestionar el ‘no’ ».La vida adulta, recuerda, no funciona así. Y cuanto más tarde se aprenda, más duele. Por ello, insiste en mantenerse firme: «Puedo negociar contigo, sí, pero la autoridad sigo siendo yo».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Lucía Galán, pediatra: «Leer un cuento todos los días a tu hijo cambia literalmente su cerebro. Esto no lo consiguen las pantallas» noticia Si Álvaro Bilbao, neuropsicólogo: «Si tu hijo llora, no le pidas que deje de hacerlo»«En la familia los que mandan son los padres. No es una democracia. Los jefes son los padres , no los adolescentes, porque el adolescente necesita tener seguridad y la seguridad pasa porque alguien les ponga normas», sentencia.

La adolescencia es una de las etapas más complejas y transformadoras del desarrollo humano. Un periodo de transformación física, emocional y cognitiva que hace honor a su origen latino ‘adolescere’, relacionado con crecer, madurar o cambiar.
Durante estos años, el cuerpo se modifica a gran velocidad a causa de la pubertad, mientras el cerebro desarrolla nuevas capacidades relacionadas con el pensamiento lógico, abstracto y la proyección hacia el futuro. A ello se suma una evolución emocional que suele dividirse en tres fases:
Fases de la adolescencia
-
Adolescencia temprana (10-13 años). El menor comienza a preocuparse por su cuerpo e imagen y todavía mantiene una fuerte referencia hacia los adultos.
-
Adolescencia media (14-16 años). Se produce un importante salto cognitivo. Aumenta la influencia del grupo de amigos y la necesidad de independencia, a la vez que sigue la preocupación por la apariencia.
-
Adolescencia tardía (17-19 años). Se estabilizan las relaciones, se consolida la identidad y se empieza a mirar la vida adulta con más claridad.
En medio de este intenso proceso de búsqueda de identidad y autonomía están los padres, que se enfrentan a la difícil tarea de mantener la autoridad en casa sin convertir cada conversación con sus hijos adolescentes en una discusión.
Noticia relacionada
Los adultos tienden a llegar cansados a casa del trabajo o de realizar diversas tareas a lo largo del día, con lo que, para evitar estas situaciones incómodas con los menores, ceden y les dejan hacer lo que ellos quieren. Una decisión que, a la larga, puede resultar perjudicial para el propio adolescente.
‘Supernanny’ anima a acabar con los «jefes adolescentes»
La psicóloga Rocío Ramos-Paúl, conocida popularmente como ‘Supernanny’ aborda esta cuestión en el programa ‘Atrévete’ de Cadena Dial, advirtiendo que cualquier decisión, por insignificante que parezca, puede resultar determinante para que los jóvenes refuercen su sentimiento de que mandan sobre sus padres.
«¿Quién decide en tu casa qué peli se ve o cuándo se ve? ¿Quién hace cambios a los planes de fin de semana? Si la respuesta es ‘mi hijo adolescente’, tú tienes un jefe adolescente en casa», señala.
Según Ramos-Paúl, el desgaste emocional que genera esta etapa es lo que lleva a muchos progenitores a huir del conflicto: «Los padres están pidiendo permiso para poner normas y límites en casa. Normalmente porque la adolescencia, que es una etapa de conflicto y que lo que hay que aprender es a gestionarlos, es decir, a negociar, cansa mucho».
«Uno llega y dice: ‘Mira, yo estoy agotado. Prefiero ceder y no tener ninguna batalla más’», comenta la experta, quien aclara que, «si como padre o madre un día o dos te encuentras agotado, pues no pasa nada».
El problema surge cuando esta actitud se cronifica: «Si lo convertimos en la tónica general, al final estamos haciendo cesiones a un adolescente que no está desarrollado para establecer normas y límites, sino que necesita que yo se las ponga».
El riesgo de criar hijos sin tolerancia a la frustración
La psicóloga insiste en que negociar forma parte del aprendizaje, pero siempre desde una jerarquía clara. Pone de ejemplo una de las situaciones más cotidianas: la comida en casa de los abuelos los domingos. Se puede pactar que el adolescente vaya a la comida y después salga con sus amigos, pero no que cada sábado o domingo desaparezca del plan.
«No te puedo permitir que todos los sábados tengas un plan distinto en el que tú te vayas y no te hagas cargo, no cumplas con la parte que te corresponde, que es ir a ver a los abuelos y estar con ellos un rato, y además si puede ser sonriendo mucho mejor», afirma.
Sin embargo, cuando los padres lo dejan todo pasar el mensaje que recibe el adolescente es que no hay límites reales. Y eso tiene consecuencias: «No me frustro, hago lo que quiero, cualquier capricho se me concede y cuando llega la realidad me pego la torta de mi vida porque no sé gestionar el ‘no’».
La vida adulta, recuerda, no funciona así. Y cuanto más tarde se aprenda, más duele. Por ello, insiste en mantenerse firme: «Puedo negociar contigo, sí, pero la autoridad sigo siendo yo».
«En la familia los que mandan son los padres. No es una democracia. Los jefes son los padres, no los adolescentes, porque el adolescente necesita tener seguridad y la seguridad pasa porque alguien les ponga normas», sentencia.
RSS de noticias de familia

