‘Cómplices hasta el final’: una serie de espías que mola y no se avergüenza por ello

En Amazon Prime Video hay series de espías extraordinarias. Otras son un despropósito. Señor y Señora Smith, creada por Donald Glover, fue toda una sorpresa hace dos años. Nadie esperaba que fuese tan buena. Como nadie esperaba que Citadel, estrenada un año antes, fuese tan mala. Ambas siguen en activo, aunque las expectativas sobre sus nuevas entregas son muy distintas: la segunda temporada de Señor y Señora Smith la deseamos con ansias; los nuevos episodios de Citadel no le han importado a nadie nunca. De hecho, su segunda temporada se estrenó hace un par de meses y who cares. Aquí ni está ni se la espera.

 La premisa es extravagante pero el guion la sostiene y la química de Hannah Waddingham y Octavia Spencer es explosiva.  

En Amazon Prime Video hay series de espías extraordinarias. Otras son un despropósito. Señor y Señora Smith, creada por Donald Glover, fue toda una sorpresa hace dos años. Nadie esperaba que fuese tan buena. Como nadie esperaba que Citadel, estrenada un año antes, fuese tan mala. Ambas siguen en activo, aunque las expectativas sobre sus nuevas entregas son muy distintas: la segunda temporada de Señor y Señora Smith la deseamos con ansias; los nuevos episodios de Citadel no le han importado a nadie nunca. De hecho, su segunda temporada se estrenó hace un par de meses y who cares. Aquí ni está ni se la espera.

Cuando escribo esto, no se sabe nada de una potencial segunda temporada de Cómplices hasta el final. Por ahora, la serie de Tessa Coates, recién estrenada en Amazon Prime Video, es una miniserie. Pero ya quisiera la maxiserie Citadel ser la mitad de brillante. Cómplices hasta el final ofrece acción, humor y corazón, sin comprometer ninguna de estas tres cosas.

«Es mi mejor amiga», le dice Judith (Hannah Waddingham) a su jefe para dejar claro que la protección de Debbie (Octavia Spencer) no es negociable. En ese momento Debbie ya sabe que Judith es una asesina profesional. Que lo ha sido siempre. Es otra mujer, pero la misma amiga. Solo que, ahora, todas sus cartas están sobre la mesa. Encima, Debbie también se ha enterado de parte de la jugada ilegal de su propio marido, un cargo político. De la noche a la mañana, esta señora descubre que ni su marido ni su mejor amiga son quienes ella creía que eran. Lo siguiente cae por su propio peso: ¿quiere ella misma ser la mujer que los demás esperan que sea? La respuesta ya la sabes, pero seguro que te apetece verla.

Cómplices hasta el final (mucho mejor el Ride or sie original, por cierto) depende por completo del carisma de Hannah Waddingham y Octavia Spencer y de la química entre ambas. Bingo: las tres cosas son explosivas. Spencer borda a una mujer que no sabe que necesita caña y Waddingham a otra que la da a cambio de mucho dinero. El físico de la británica (180 centímetros de altura que parecen 230, cejas de pantera y osamenta de semidiosa) es aprovechado por la serie desde su primera secuencia. La Judith de Cómplices hasta el final es James Bond y chica Bond al tiempo. Cuanto toca repartir estopa, lo hace; cuando hay que lucir como una glamazona, también. Sin salir de esta última categoría, Waddingham es a la vez Brigitte Nielsen y Joanna Lumley. De la segunda tiene también la vis cómica. Qué tía.

Cómplices hasta el final comienza con dos amigas en sendas misiones. Una tiene que liquidar a un tipo en una estación de esquí; la otra no acepta salir de una liquidación de antigüedades sin una ganga. No lo saben todo la una de la otra, pero su amistad es fuerte y real. El «es mi mejor amiga» con el que Judith lo dejará absolutamente claro no es ni cursi ni forzado. La premisa de Cómplices hasta el final es estrafalaria, pero los engranajes de su guion la hacen verosímil. Hasta el habitualmente infantilizado Ed Skrein (ese actor al que recurres cuando Nicholas Hoult y Cillian Murphy no te devuelven las llamadas) funciona como villano molón.

Cómplices hasta el final quiere molar y no se avergüenza de ello. Tampoco esconde sus ambiciones de ser entretenida, divertida y nada solemne. Lograr eso es mucho más difícil que, con un presupuesto desorbitado, plantear un universo expandido de agencias de inteligencia secreta tan secretas que a nadie le importan. Judith y Debbie sí importan. Y se importan.

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