En verano no todo vale: Estas son las rutinas que tu hijo no debe perder

Es tiempo de vacaciones, de playa, de pueblo, de campamentos y de improvisar planes. Pero, ¿hasta qué punto conviene dejar atrás las rutinas por completo? ¿Es positivo que durante dos meses desaparezcan las normas o los niños siguen necesitando cierta estructura para sentirse seguros? Dos psicólogas especializadas en infancia coinciden en que disfrutar de un verano más flexible no significa renunciar a los límites. Silvia Martínez Lomás, directora y fundadora de Crece Bien, y Laura Cerdán, psicóloga y psicopedagoga, defienden que las vacaciones pueden ser distintas al resto del año, pero sin caer en el « todo vale ». La clave está, aseguran, en conservar algunos hábitos que aporten estabilidad emocional y permitan a los niños disfrutar con mayor tranquilidad.Martínez Lomás entiende que durante el curso las familias viven pendientes del reloj y que es lógico querer «soltar» cuando llegan las vacaciones. Sin embargo, advierte de que el problema aparece cuando se pasa de una estructura muy marcada a la ausencia total de normas. «Los niños necesitan libertad, sí, pero también referencias. Cuando desaparecen por completo los horarios, las comidas, el sueño o los límites con las pantallas, muchos niños se desregulan: están más irritables, discuten más, duermen peor o les cuesta más aceptar un ‘no’ y a veces no lo relacionamos», explica.En la misma línea se expresa Laura Cerdán, quien considera que uno de los errores más frecuentes es identificar vacaciones con ausencia de normas. A su juicio, el verano exige crear nuevas rutinas adaptadas a esta época del año, con horarios diferentes, pero igualmente constantes. «Las rutinas pueden ser flexibles, pero deben mantenerse», insiste.Entonces, del cuasimilitar orden que siguen muchas familias durante el curso escolar, ¿qué sí y que no podemos dejar de hacer cuando se alargan los días y se relajan las obligaciones? Si ambas expertas tuvieran que señalar qué hábitos conviene proteger especialmente durante el verano, coinciden prácticamente en los mismos: el sueño, la alimentación y el uso de las pantallas.Pero para Martínez Lomás, es el descanso la rutina que ocupa el primer lugar porque «cuando un niño duerme mal durante muchos días seguidos, todo se resiente». La falta de sueño, explica, «aumenta la irritabilidad, la impulsividad y dificulta la gestión de la frustración». En este aspecto, Laura Cerdán añade un matiz importante: más allá de la hora concreta de acostarse, lo realmente beneficioso es conservar el ritual previo al sueño. Es decir, aclara, «si durante el curso el niño se ducha, cena, escucha un cuento y después se va a dormir, esa secuencia debería mantenerse también durante las vacaciones. Esa repetición es lo que aporta seguridad porque hace que el entorno sea predecible y reduce la ansiedad».El sueño: una batalla que no debería existirConseguirlo no es fácil. Hay más horas de luz, cenas tardías y vida en la calle hasta bien entrada la noche. ¿Cómo ‘luchar’ contra esto? Para esta piscóloga, la clave está en no convertir la hora de dormir en un enfrentamiento. «No es ‘te vas a la cama porque lo digo yo’, sino ‘tu cuerpo necesita descansar para disfrutar mañana. Es perfectamente razonable retrasar la hora de acostarse respecto al curso escolar, siempre que exista un límite. Porque el problema no es una noche especial o una cena familiar; el problema es que durante semanas el niño duerma menos de lo que necesita».«Las rutinas no son incompatibles ni con el descanso ni con la diversión» Laura Cerdán Psicóloga y psicopedagogaPor ello esta psicóloga propone establecer una « hora límite de verano’ , más flexible que durante el resto del año, pero que no cambie cada día, además de crear un pequeño ritual de transición con una ducha, una conversación tranquila, un cuento o música relajante. Laura Cerdán coincide en la importancia de mantener las rutinas relacionadas con el sueño, porque, además de favorece un mejor descanso, »se evita el cansancio acumulado, la irritabilidad y el aumento de rabietas que suelen aparecer cuando los niños descansan menos de lo necesario«.Hábitos que no hay que perderAdemás del sueño, Cerdán recuerda también que el verano no debería interrumpir aquellos hábitos que fomentan la autonomía. «Pequeñas responsabilidades como poner o recoger la mesa, vaciar el lavavajillas, llevar la ropa sucia o mantener las rutinas de higiene siguen siendo importantes durante las vacaciones porque ayudan a consolidar hábitos saludables y favorecen el desarrollo de la responsabilidad sin impedir que los niños disfruten de su tiempo libre», recalca.La clave, para esta psicopedagoga, está en entender que las rutinas no son incompatibles con el descanso ni con la diversión. Al contrario: «una estructura flexible permite que los niños disfruten del verano sin perder el equilibrio emocional», asegura. Al final, ambas especialistas llegan a la misma conclusión: «Los niños no necesitan unas vacaciones perfectamente organizadas ni unos padres que controlen cada minuto. Necesitan adultos disponibles, libertad para jugar, aburrirse y descubrir, pero también algunos límites estables que les sirvan de referencia. Porque, incluso en verano, las rutinas siguen siendo una forma de cuidar su bienestar». .MÁS INFORMACIÓN noticia Si El truco de la autora de ‘Niños dopamina’ para desenganchar a un adolescente del móvil noticia Si «Celebrar ‘claustros familiares’ con tu pareja y tus hijos lo cambia todo» noticia Si En verano este error cotidiano puede acelerar la miopía de tus hijos noticia Si Los 10 juegos de mesa que recomiendan los expertos para que los niños aprendan este verano sin depender del móvilLa clave, para esta psicopedagoga, está en entender que las rutinas no son incompatibles con el descanso ni con la diversión. Al contrario: «una estructura flexible permite que los niños disfruten del verano sin perder el equilibrio emocional» , asegura. Al final, ambas especialistas llegan a la misma conclusión: «Los niños no necesitan unas vacaciones perfectamente organizadas ni unos padres que controlen cada minuto. Necesitan adultos disponibles, libertad para jugar, aburrirse y descubrir, pero también algunos límites estables que les sirvan de referencia. Porque, incluso en verano, las rutinas siguen siendo una forma de cuidar su bienestar». . Es tiempo de vacaciones, de playa, de pueblo, de campamentos y de improvisar planes. Pero, ¿hasta qué punto conviene dejar atrás las rutinas por completo? ¿Es positivo que durante dos meses desaparezcan las normas o los niños siguen necesitando cierta estructura para sentirse seguros? Dos psicólogas especializadas en infancia coinciden en que disfrutar de un verano más flexible no significa renunciar a los límites. Silvia Martínez Lomás, directora y fundadora de Crece Bien, y Laura Cerdán, psicóloga y psicopedagoga, defienden que las vacaciones pueden ser distintas al resto del año, pero sin caer en el « todo vale ». La clave está, aseguran, en conservar algunos hábitos que aporten estabilidad emocional y permitan a los niños disfrutar con mayor tranquilidad.Martínez Lomás entiende que durante el curso las familias viven pendientes del reloj y que es lógico querer «soltar» cuando llegan las vacaciones. Sin embargo, advierte de que el problema aparece cuando se pasa de una estructura muy marcada a la ausencia total de normas. «Los niños necesitan libertad, sí, pero también referencias. Cuando desaparecen por completo los horarios, las comidas, el sueño o los límites con las pantallas, muchos niños se desregulan: están más irritables, discuten más, duermen peor o les cuesta más aceptar un ‘no’ y a veces no lo relacionamos», explica.En la misma línea se expresa Laura Cerdán, quien considera que uno de los errores más frecuentes es identificar vacaciones con ausencia de normas. A su juicio, el verano exige crear nuevas rutinas adaptadas a esta época del año, con horarios diferentes, pero igualmente constantes. «Las rutinas pueden ser flexibles, pero deben mantenerse», insiste.Entonces, del cuasimilitar orden que siguen muchas familias durante el curso escolar, ¿qué sí y que no podemos dejar de hacer cuando se alargan los días y se relajan las obligaciones? Si ambas expertas tuvieran que señalar qué hábitos conviene proteger especialmente durante el verano, coinciden prácticamente en los mismos: el sueño, la alimentación y el uso de las pantallas.Pero para Martínez Lomás, es el descanso la rutina que ocupa el primer lugar porque «cuando un niño duerme mal durante muchos días seguidos, todo se resiente». La falta de sueño, explica, «aumenta la irritabilidad, la impulsividad y dificulta la gestión de la frustración». En este aspecto, Laura Cerdán añade un matiz importante: más allá de la hora concreta de acostarse, lo realmente beneficioso es conservar el ritual previo al sueño. Es decir, aclara, «si durante el curso el niño se ducha, cena, escucha un cuento y después se va a dormir, esa secuencia debería mantenerse también durante las vacaciones. Esa repetición es lo que aporta seguridad porque hace que el entorno sea predecible y reduce la ansiedad».El sueño: una batalla que no debería existirConseguirlo no es fácil. Hay más horas de luz, cenas tardías y vida en la calle hasta bien entrada la noche. ¿Cómo ‘luchar’ contra esto? Para esta piscóloga, la clave está en no convertir la hora de dormir en un enfrentamiento. «No es ‘te vas a la cama porque lo digo yo’, sino ‘tu cuerpo necesita descansar para disfrutar mañana. Es perfectamente razonable retrasar la hora de acostarse respecto al curso escolar, siempre que exista un límite. Porque el problema no es una noche especial o una cena familiar; el problema es que durante semanas el niño duerma menos de lo que necesita».«Las rutinas no son incompatibles ni con el descanso ni con la diversión» Laura Cerdán Psicóloga y psicopedagogaPor ello esta psicóloga propone establecer una « hora límite de verano’ , más flexible que durante el resto del año, pero que no cambie cada día, además de crear un pequeño ritual de transición con una ducha, una conversación tranquila, un cuento o música relajante. Laura Cerdán coincide en la importancia de mantener las rutinas relacionadas con el sueño, porque, además de favorece un mejor descanso, »se evita el cansancio acumulado, la irritabilidad y el aumento de rabietas que suelen aparecer cuando los niños descansan menos de lo necesario«.Hábitos que no hay que perderAdemás del sueño, Cerdán recuerda también que el verano no debería interrumpir aquellos hábitos que fomentan la autonomía. «Pequeñas responsabilidades como poner o recoger la mesa, vaciar el lavavajillas, llevar la ropa sucia o mantener las rutinas de higiene siguen siendo importantes durante las vacaciones porque ayudan a consolidar hábitos saludables y favorecen el desarrollo de la responsabilidad sin impedir que los niños disfruten de su tiempo libre», recalca.La clave, para esta psicopedagoga, está en entender que las rutinas no son incompatibles con el descanso ni con la diversión. Al contrario: «una estructura flexible permite que los niños disfruten del verano sin perder el equilibrio emocional», asegura. Al final, ambas especialistas llegan a la misma conclusión: «Los niños no necesitan unas vacaciones perfectamente organizadas ni unos padres que controlen cada minuto. Necesitan adultos disponibles, libertad para jugar, aburrirse y descubrir, pero también algunos límites estables que les sirvan de referencia. Porque, incluso en verano, las rutinas siguen siendo una forma de cuidar su bienestar». .MÁS INFORMACIÓN noticia Si El truco de la autora de ‘Niños dopamina’ para desenganchar a un adolescente del móvil noticia Si «Celebrar ‘claustros familiares’ con tu pareja y tus hijos lo cambia todo» noticia Si En verano este error cotidiano puede acelerar la miopía de tus hijos noticia Si Los 10 juegos de mesa que recomiendan los expertos para que los niños aprendan este verano sin depender del móvilLa clave, para esta psicopedagoga, está en entender que las rutinas no son incompatibles con el descanso ni con la diversión. Al contrario: «una estructura flexible permite que los niños disfruten del verano sin perder el equilibrio emocional» , asegura. Al final, ambas especialistas llegan a la misma conclusión: «Los niños no necesitan unas vacaciones perfectamente organizadas ni unos padres que controlen cada minuto. Necesitan adultos disponibles, libertad para jugar, aburrirse y descubrir, pero también algunos límites estables que les sirvan de referencia. Porque, incluso en verano, las rutinas siguen siendo una forma de cuidar su bienestar». .  

Es tiempo de vacaciones, de playa, de pueblo, de campamentos y de improvisar planes. Pero, ¿hasta qué punto conviene dejar atrás las rutinas por completo? ¿Es positivo que durante dos meses desaparezcan las normas o los niños siguen necesitando cierta estructura para sentirse seguros? Dos … psicólogas especializadas en infancia coinciden en que disfrutar de un verano más flexible no significa renunciar a los límites. Silvia Martínez Lomás, directora y fundadora de Crece Bien, y Laura Cerdán, psicóloga y psicopedagoga, defienden que las vacaciones pueden ser distintas al resto del año, pero sin caer en el «todo vale». La clave está, aseguran, en conservar algunos hábitos que aporten estabilidad emocional y permitan a los niños disfrutar con mayor tranquilidad.

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