Uno de los colombianos más famosos del siglo XX fue Pablo Escobar. Uno de los iconos de aquel capo de la droga fue el hipopótamo. El gran narcotráficante de los años 80 quiso tener algunos y se los trajo a su morada. Aquel capricho se ha convertido con el tiempo en un problema medioambiental para Colombia.
El hipopótamo es una especie salvaje, de origen africano. No, no hay hipopótamos en América. Pero en Colombia hay ya unos 200 individuos y podrían llegar a ser más de un millar en 2035. Dado que son una especie invasora, las autoridades han decidido la eliminación de los hipopótamos «de la cocaína».
El capricho del capo Escobar
Todo comenzó en 1981. Hacienda Nápoles, la gran residencia de Pablo Escobar, a 100 kilómetros al este de Medellín, tenía de todo; todo lo que pagaban los millones logrados con el tráfico de cocaína. Al narcotraficante se le antojó que en su inmensa propiedad podía haber sitio para exóticos animales africanos. Se trajo elefantes, jirafas, rinocerontes y también hipopótamos.
Llegaron cuatro ejemplares de hipopótamo, 3 hembras y 1 macho. Pero eso sólo fue el principio. Lo peor vino con la muerte de Escobar: sus propiedades quedaron abandonadas y nadie reparó en sus animales.
Mientras que elefantes, jirafas y rinocerontes murieron, los hipopótamos no. Sin control y sin un depredador natural que les hiciera sombra, se reprodujeron y se extendieron fuera de la hacienda que fuera de Escobar. La población de hipopótamos colombianos pasó de 35 individuos en 2012 a entre 60 y 80 en 2020. Hoy son unos 200, informa el diario El Tiempo.
Fuera de África es una especie invasora
Son un serio problema. Hay incluso áreas cercanas al casco urbano de algunas ciudades donde la presencia de los hipopótamos ha creado riesgos para la población. El caso más grave es el del municipio de Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia.
Según estudios, creciendo a un ritmo anual del 14,5%, la cifra de estos hipopótamos «de la cocaína» podría alcanzar los 1.418 ejemplares en 2039. Además, al descender todos ellos de los cuatro originales de Escobar, hay problemas de endogamia y pobreza genética.
Aunque algunos municipios han aprovechado su presencia para promover el turismo, el hipopótamo está considerado una especie invasora fuera de África. Es un riesgo: compite por los mismos recursos con especies de la fauna silvestre nativa y afectar a la flora local alterando el hábitat y perturbando los procesos ecosistémicos. Su impacto se siente especialmente en los ecosistemas acuáticos, donde afecta a la calidad del agua y amenaza a especies nativas como el manatí y la tortuga de río.
Eutanasia física o química
Ahora, el Gobierno de Colombia ha anunciado un plan de choque que incluye eutanasia, traslocación (envío de ejemplares a otros países) y acciones coordinadas sobre el territorio para frenar su población. La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez, lo justifica en que el país enfrenta un escenario sin alternativas simples, especialmente por la imposibilidad de trasladar esos animales a otro país.
«De acuerdo a las estimaciones de lo que costaría cada una de las acciones, creemos que 80 individuos entrarían en las medidas que tomaremos este año», ha explicado la ministra para referirse al sacrificio de los hipopótamos. La eutanasia se aplicará el próximo semestre y será de tipo físico o químico.
La eliminación de los animales tendrá lugar principalmente en la Hacienda Nápoles y en la denominada isla del Silencio. Los procedimientos han sido diseñados bajo criterios técnicos y sanitarios, asegura la directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente, Natalia Ramírez.
El problema de enviarlos a otros países
Las medidas anunciadas se enmarcan en el plan nacional adoptado en 2024, que reconocía que Colombia es el único país fuera de África con hipopótamos en estado silvestre. En aquel entonces ya se contemplaban acciones como la caza de control, el confinamiento, la traslocación, las alertas tempranas y la intervención social.
Ese mismo 2024, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordenó al Gobierno colombiano que iniciara la erradicación de los hipopótamos «de la cocaína». La sentencia instaba al Ministerio de Ambiente a evitar la reproducción de estos animales ante su proliferación descontrolada.
La mencionada traslocación es complicada. El Ejecutivo colombiano mantiene conversaciones con zoológicos y santuarios de al menos siete países: Ecuador, Perú, Filipinas, India, México, República Dominicana, Sudáfrica y Chile. Pero ese traslado exige una autorización oficial y ninguno de esos Estados la ha otorgado.
Su envío a países africanos tampoco es sencillo, aunque por otras razones. Es caro y tampoco parece haber habido ofrecimiento de ningún estado. Además, los problemas de endogamia y pobreza genética antes descritos limitan esa reintroducción.
Colombia es el único país fuera de África con hipopótamos en estado silvestre. Allí son una especie invasora y un problema.
Uno de los colombianos más famosos del siglo XX fue Pablo Escobar. Uno de los iconos de aquel capo de la droga fue el hipopótamo. El gran narcotráficante de los años 80 quiso tener algunos y se los trajo a su morada. Aquel capricho se ha convertido con el tiempo en un problema medioambiental para Colombia.
El hipopótamo es una especie salvaje, de origen africano. No, no hay hipopótamos en América. Pero en Colombia hay ya unos 200 individuos y podrían llegar a ser más de un millar en 2035. Dado que son una especie invasora, las autoridades han decidido la eliminación de los hipopótamos «de la cocaína».
El capricho del capo Escobar
Todo comenzó en 1981. Hacienda Nápoles, la gran residencia de Pablo Escobar, a 100 kilómetros al este de Medellín, tenía de todo; todo lo que pagaban los millones logrados con el tráfico de cocaína. Al narcotraficante se le antojó que en su inmensa propiedad podía haber sitio para exóticos animales africanos. Se trajo elefantes, jirafas, rinocerontes y también hipopótamos.
Llegaron cuatro ejemplares de hipopótamo, 3 hembras y 1 macho. Pero eso sólo fue el principio. Lo peor vino con la muerte de Escobar: sus propiedades quedaron abandonadas y nadie reparó en sus animales.
Mientras que elefantes, jirafas y rinocerontes murieron, los hipopótamos no. Sin control y sin un depredador natural que les hiciera sombra, se reprodujeron y se extendieron fuera de la hacienda que fuera de Escobar. La población de hipopótamos colombianos pasó de 35 individuos en 2012 a entre 60 y 80 en 2020. Hoy son unos 200, informa el diario El Tiempo.
Fuera de África es una especie invasora
Son un serio problema. Hay incluso áreas cercanas al casco urbano de algunas ciudades donde la presencia de los hipopótamos ha creado riesgos para la población. El caso más grave es el del municipio de Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia.
Según estudios, creciendo a un ritmo anual del 14,5%, la cifra de estos hipopótamos «de la cocaína» podría alcanzar los 1.418 ejemplares en 2039. Además, al descender todos ellos de los cuatro originales de Escobar, hay problemas de endogamia y pobreza genética.
Aunque algunos municipios han aprovechado su presencia para promover el turismo, el hipopótamo está considerado una especie invasora fuera de África. Es un riesgo: compite por los mismos recursos con especies de la fauna silvestre nativa y afectar a la flora local alterando el hábitat y perturbando los procesos ecosistémicos. Su impacto se siente especialmente en los ecosistemas acuáticos, donde afecta a la calidad del agua y amenaza a especies nativas como el manatí y la tortuga de río.
Eutanasia física o química
Ahora, el Gobierno de Colombia ha anunciado un plan de choque que incluye eutanasia, traslocación (envío de ejemplares a otros países) y acciones coordinadas sobre el territorio para frenar su población. La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez, lo justifica en que el país enfrenta un escenario sin alternativas simples, especialmente por la imposibilidad de trasladar esos animales a otro país.
«De acuerdo a las estimaciones de lo que costaría cada una de las acciones, creemos que 80 individuos entrarían en las medidas que tomaremos este año», ha explicado la ministra para referirse al sacrificio de los hipopótamos. La eutanasia se aplicará el próximo semestre y será de tipo físico o químico.
La eliminación de los animales tendrá lugar principalmente en la Hacienda Nápoles y en la denominada isla del Silencio. Los procedimientos han sido diseñados bajo criterios técnicos y sanitarios, asegura la directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente, Natalia Ramírez.
El problema de enviarlos a otros países
Las medidas anunciadas se enmarcan en el plan nacional adoptado en 2024, que reconocía que Colombia es el único país fuera de África con hipopótamos en estado silvestre. En aquel entonces ya se contemplaban acciones como la caza de control, el confinamiento, la traslocación, las alertas tempranas y la intervención social.
Ese mismo 2024, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca ordenó al Gobierno colombiano que iniciara la erradicación de los hipopótamos «de la cocaína». La sentencia instaba al Ministerio de Ambiente a evitar la reproducción de estos animales ante su proliferación descontrolada.
La mencionada traslocación es complicada. El Ejecutivo colombiano mantiene conversaciones con zoológicos y santuarios de al menos siete países: Ecuador, Perú, Filipinas, India, México, República Dominicana, Sudáfrica y Chile. Pero ese traslado exige una autorización oficial y ninguno de esos Estados la ha otorgado.
Su envío a países africanos tampoco es sencillo, aunque por otras razones. Es caro y tampoco parece haber habido ofrecimiento de ningún estado. Además, los problemas de endogamia y pobreza genética antes descritos limitan esa reintroducción.
20MINUTOS.ES – Internacional
