En la película Torrente Presidente, Donald Trump, interpretado por el actor norteamericano Alec Baldwin, viene a España para respaldar al asqueroso ex policía español (Santiago Segura), quien se presenta como candidata a la Moncloa para el partido ficticio Nox.
Trump alaba a su elegido de su manera típica, despreciando a la vez a España cómo pequeño país insignificante. El dialogo destaca bien el posible choque entre dos lideres nacionalistas narcisistas, un choque evitado en la película por el pijo genio de las redes sociales, Francisco Nicolás, “El pequeño Nicolás,” que da una libre traducción para Torrente de las frases en inglés de su invitado de Washington.
Cuando Trump corre el riesgo de ofender a Torrente o de no elogiarle bastante, el joven, que se hizo famoso por fingir de conocer a los poderosos, inventa un elogio con cara inexpresiva y, claro, el político español no se entera.
El momento hace eco de cuando Trump, por primera vez, mal pronunciaba al nombre de Santiago Abascal, estropeando el spot mundial que estaba dando al español, sentado en el público, dando un meme fácil a sus críticos.
«Muchos lideres europeos respiran aliviados porque no tendrán que negociar con el líder que apodaron en Bruselas ‘el Obstrucionista’ por su bloqueo de políticas»
La ficción además es algo adivinatorio del momento cuando el vicepresidente JD Vance decidió apoyar al húngaro Viktor Orbán, incluyendo una llamada de Trump, en la reciente campaña de las elecciones de Hungría.
Visto el resultado, parece que la Casa Blanca no ayudara a Orbán a prolongar sus ya 16 años en el poder, describiéndole como un “defensor de la civilización occidental”, y prometiendo ayuda a la economía húngara. El país no ha crecido desde hace tres años y sufre la inflación acumulada más alta desde el 2022 en la Unión Europea.
“JD Vance, ¿no quieres venir a hacer un poco de campaña en nuestro país?” bromeó Ricarda Lang, una diputada verde del parlamento alemán, en su cuenta de X. El mismo chiste se repetía en muchos países con partidos de extrema derecha en el auge.
Aunque Hungría es un pequeño país de 8 millones de personas, la derrota de Orbán por el conservador Peter Magyar, ex miembro del partido Fidesz de Orban, va a tener ramificaciones mundiales. Orbán y su creación de lo que él llamaba «una democracia iliberal», controlando instituciones de la justicia, los medios y suprimiendo derechos humanos, especialmente de las personas LGTBQ+, inspiró al movimiento Maga de Trump y en Europa a muchos como Marine le Pen en Francia, Alice Weidel del AfD de Alemania, Geert Wilders en el País Vasco y aquí a Vox en España.
«Los húngaros han tomado las calles como se celebra un mundial en otros países»
Muchos lideres europeos respiran aliviados porque no tendrán que negociar con el líder que apodaron en Bruselas ‘el Obstrucionista’ por su bloqueo de políticas como los 90.000 millones de euros de ayuda para Ucrania. Él, cómo muchos otros de los populistas europeos, han tenido un acercamiento inquietante a dictadores como Vladimir Putin como el exeurodiputado británico Nathan Gill, encarcelado por recibir sobornos de un agente ruso o el ministro de exteriores del gobierno de Orbán, Péter Szijjarto, que habría estado durante años compartiendo información sensible de las cumbres europeas con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, según The Washington Post.
Las decenas de miles de húngaros en Budapest, celebrando la victoria de Magyar, gritaron «Rusos, volved a casa!», empleando una frase de 1956 cuando los tanques de la Unión Soviética terminaron con una rebelión contra el gobierno húngaro comunista, cómo conto mi compañero Clovis Casali de France24.
Los húngaros han tomado las calles como se celebra un mundial en otros países, abrazando una época donde esperan terminar con la corrupción en la política y beneficiar de las ayudas europeas que les corresponden. En una elección con participación de 80%, han marcado un primer gol contra los presidentes Torrentes.
Los húngaros han tomado las calles como se celebra un mundial en otros países, abrazando una época donde esperan terminar con la corrupción en la política y beneficiar de las ayudas europeas que les corresponden.
En la película Torrente Presidente, Donald Trump, interpretado por el actor norteamericano Alec Baldwin, viene a España para respaldar al asqueroso ex policía español (Santiago Segura), quien se presenta como candidata a la Moncloa para el partido ficticio Nox.
Trump alaba a su elegido de su manera típica, despreciando a la vez a España cómo pequeño país insignificante. El dialogo destaca bien el posible choque entre dos lideres nacionalistas narcisistas, un choque evitado en la película por el pijo genio de las redes sociales, Francisco Nicolás, “El pequeño Nicolás,” que da una libre traducción para Torrente de las frases en inglés de su invitado de Washington.
Cuando Trump corre el riesgo de ofender a Torrente o de no elogiarle bastante, el joven, que se hizo famoso por fingir de conocer a los poderosos, inventa un elogio con cara inexpresiva y, claro, el político español no se entera.
El momento hace eco de cuando Trump, por primera vez, mal pronunciaba al nombre de Santiago Abascal, estropeando el spot mundial que estaba dando al español, sentado en el público, dando un meme fácil a sus críticos.
«Muchos lideres europeos respiran aliviados porque no tendrán que negociar con el líder que apodaron en Bruselas ‘el Obstrucionista’ por su bloqueo de políticas»
La ficción además es algo adivinatorio del momento cuando el vicepresidente JD Vance decidió apoyar al húngaro Viktor Orbán, incluyendo una llamada de Trump, en la reciente campaña de las elecciones de Hungría.
Visto el resultado, parece que la Casa Blanca no ayudara a Orbán a prolongar sus ya 16 años en el poder, describiéndole como un “defensor de la civilización occidental”, y prometiendo ayuda a la economía húngara. El país no ha crecido desde hace tres años y sufre la inflación acumulada más alta desde el 2022 en la Unión Europea.
“JD Vance, ¿no quieres venir a hacer un poco de campaña en nuestro país?” bromeó Ricarda Lang, una diputada verde del parlamento alemán, en su cuenta de X. El mismo chiste se repetía en muchos países con partidos de extrema derecha en el auge.
Aunque Hungría es un pequeño país de 8 millones de personas, la derrota de Orbán por el conservador Peter Magyar, ex miembro del partido Fidesz de Orban, va a tener ramificaciones mundiales. Orbán y su creación de lo que él llamaba «una democracia iliberal», controlando instituciones de la justicia, los medios y suprimiendo derechos humanos, especialmente de las personas LGTBQ+, inspiró al movimiento Maga de Trump y en Europa a muchos como Marine le Pen en Francia, Alice Weidel del AfD de Alemania, Geert Wilders en el País Vasco y aquí a Vox en España.
«Los húngaros han tomado las calles como se celebra un mundial en otros países»
Muchos lideres europeos respiran aliviados porque no tendrán que negociar con el líder que apodaron en Bruselas ‘el Obstrucionista’ por su bloqueo de políticas como los 90.000 millones de euros de ayuda para Ucrania. Él, cómo muchos otros de los populistas europeos, han tenido un acercamiento inquietante a dictadores como Vladimir Putin como el exeurodiputado británico Nathan Gill, encarcelado por recibir sobornos de un agente ruso o el ministro de exteriores del gobierno de Orbán, Péter Szijjarto, que habría estado durante años compartiendo información sensible de las cumbres europeas con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, según The Washington Post.
Las decenas de miles de húngaros en Budapest, celebrando la victoria de Magyar, gritaron «Rusos, volved a casa!», empleando una frase de 1956 cuando los tanques de la Unión Soviética terminaron con una rebelión contra el gobierno húngaro comunista, cómo conto mi compañero Clovis Casali de France24.
Los húngaros han tomado las calles como se celebra un mundial en otros países, abrazando una época donde esperan terminar con la corrupción en la política y beneficiar de las ayudas europeas que les corresponden. En una elección con participación de 80%, han marcado un primer gol contra los presidentes Torrentes.
20MINUTOS.ES – Internacional
