Con los evacuados por el incendio de Navas de San Antonio: «La agente que vino a mi casa estaba llorando»

En la rampa de entrada al pabellón Javier Martín Velasco, ‘Lufi’ (47 años) junto a sus cuatro hijos permanecen sentados a la sombra esperando para poder regresar lo antes posible a su casa. A sus pies, un pato, al que tienen como mascota, merodea por ahí al lado de dos conejos y un perro, que permanecen dentro de sus transportines. Dos pequeños cuencos de agua en el suelo son su alimento provisional.

 Los vecinos de los Ángeles de San Rafael permanecen desalojados por prevención en el pabellón municipal de El Espinar a la espera de poder regresar a sus casas  

En la rampa de entrada al pabellón Javier Martín Velasco, ‘Lufi’ (47 años) junto a sus cuatro hijos permanecen sentados a la sombra esperando para poder regresar lo antes posible a sus casas. A sus pies, un pato, al que tienen como mascota, merodea por ahí al lado de dos conejos y un perro, que permanecen dentro de sus transportines. Dos pequeños cuencos de agua en el suelo son su alimento provisional.

Lo poco que pudieron meter en el coche después de que el incendio del municipio de Navas de San Antonio se reactivara en la tarde de ayer con más intensidad.

Su familia lleva seis años viviendo en Los Ángeles de San Rafael. Nunca había vivido una situación similar. «Mi mujer y mis hijos estaban más nerviosos. Yo me lo tomé con calma, no iba a salir», relata ‘Lufi’ a El Mundo. Sin embargo, lo que al principio se veía como una «serpiente de fuego», el domingo por la tarde comenzó a agravarse por el cambio del viento.

«Sobre las seis de la tarde, vino una agente de la Guardia Civil a casa a desalojarnos. Estaba llorando. Yo no quería irme de casa porque tenemos 25 gallinas, 15 patos…», relata.

En pocos minutos, ‘Lufi’ y su familia cogieron «lo fundamental» (mudas, medicamentos…) de su casa para dirigirse directamente hacia el pabellón. «Mi hija pidió ayuda a un amigo para las maletas, los animales…etc.», añade.

«La gente se ha portado de forma excelente con nosotros. El pueblo se ha volcado», dice entre lágrimas de emoción. «Esto es el verdadero el pueblo ayuda al pueblo», interrumpe su hija.

‘Lufi’ ha sido el único de su familia que ha pasado la noche allí, aunque no quiso entrar al pabellón para no molestar a los demás vecinos y evitar el ruido. «Gracias a Dios, la tutora del transporte escolar acogió a mis hijos y a mi mujer para dormir con ellos».

Dolido por ver sufrir y llorar a las personas mayores en esta situación y preocupado por cómo estarán sus animales, ‘Lufi’ y su familia esperan volver a casa esta misma tarde, cuando está previsto que se les transmita cómo está la situación.

Daniela, voluntaria en el pabellón municipal de El Espinar
Daniela, voluntaria en el pabellón municipal de El EspinarSergio G. Valero

Una vez dentro del pabellón, muy cerca de la entrada, Daniela (20 años), reparte cafés, bebidas y alimentos a cualquier persona que se acerque al otro lado de la mesa. Estudiante de belleza y estética en Segovia -ahora de vacaciones- no dudó en acudir rápidamente en ayuda de sus vecinos cuando se enteró de que estaban siendo desalojados.

«Se estaba comentando por los grupos de amigos del pueblo y por el periódico local que estaban desalojando a los vecinos y en cuanto lo supimos vinimos todos a ayudar. Muchos jóvenes, gente mayor…de todas las edades. No hay número porque no estamos apuntados en ningún sitio. Hemos ido bajando, se ha corrido la voz y nos hemos ido juntando», añade.

Según cuenta Daniela, tanto ella como otros voluntarios se marcharon sobre las 22:30 o 23:00 horas para que los vecinos pudieran descansar más cómodamente en el pabellón y no hubiera tanta gente. «Hoy yo he llegado aquí a las ocho de la mañana», asegura.

«Aquí nadie te manda nada. Nadie te exige. Llegas y vas viendo lo que hace falta, porque Protección Civil está muy ocupada. Si empiezan a desmontar camas, les ayudas. A lo vecinos también les ayuda mucho hablar contigo, tranquilizarles… Una familia tenía unos perros que no eran muy amigos de otros y no han podido pasar dentro la noche. Los animales han dormido en el coche y ellos en sillas», relata.

Sobre la comida disponible, Daniela explica que tanto Protección Civil como muchos vecinos han ayudado comprando alimentos y, además, para comer, han encargado paella y bocadillos que hacen entre todos.

Vecinos desalojados en el pabellón municipal de El Espinar
Vecinos desalojados en el pabellón municipal de El EspinarSergio G. Valero

En el campo de fútbol sala, cientos de tumbonas rojas, muchas con el logo de Cruz Roja, ocupan la vista. Ventiladores para soportar el calor, pequeñas conversaciones para amenizar el tiempo, mascotas bebiendo y otros tratando de encontrar un momento de sueño. Varias regletas se llenan con cargadores de teléfono. La sensación es de cierta tranquilidad. El fuego parece controlado.

Bárbara, de 62 años, vecina de Los Ángeles de San Rafael desde hace ocho años, espera tranquila sentada en su tumbona. Su marido se ha ido y su hija está en Estados Unidos. «He tratado de normalizar las cosas, aunque es difícil. El incendio no estaba tan cerca, pero hay que prevenir».

«Yo veía humo. Empezó siendo poco, pero se comenzó a agravar y, sobre las cuatro de la tarde, decidí irme. Vine directamente hacia aquí», explica a EL MUNDO.

Respecto a cómo ha pasado la noche, Bárbara asegura que ha podido dormir. «Cuando uno está en esta situación, lo mejor es dormir y espera que llegue el otro día», agrega.

«Nos han tratado muy bien. La gente se ha volcado como cuando pasa una catástrofe -que no es el caso todavía-pero se han portado muy bien», relata.

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