Llega el buen tiempo y, con él, la prisa por el michelín que sobra o la urgencia de embutirse en ese vestido que compramos hace un año y que inexplicablemente ha encogido en el armario. En la era de la inmediatez, nos hemos acostumbrado a buscar siempre atajos y el boca a boca sobre los fármacos de la familia de Ozempic, los GLP-1 («a mi vecina le ha ido de cine» o «mi primo ha bajado cinco kilos en un mes») va calando en la gente. Sin embargo, la realidad científica es tozuda y esta crisis de salud pública -en España el sobrepeso y la obesidad ya afectan a más de la mitad de la población adulta, alrededor del 55%– no se soluciona con pinchazos mágicos. El primer paso innegociable empieza siempre cruzando la puerta del médico de Familia.
