El carácter es destino

Los griegos decían que el carácter es destino, y todos sabemos que lo que decían los griegos iba a misa. El destino del Real Madrid, desde luego, es su carácter, y sin carácter es imposible encajar en este club. Por no irnos más atrás, la única diferencia entre Vinicius y Mbappé es el carácter: el primero lo tiene, pero el segundo no. La prueba del carácter de Vinicius es una carrera exitosa en medio de una campaña de ‘mobbing’ perverso como nunca se ha visto contra un deportista profesional, que además ingresa más de lo que gana, aunque el piperío cree que cobra de lo que el pipero se deja en la taquilla. Pura barbarie ibérica, que, como dijera Max Estrella, es unánime. En el país donde el Mono Burgos se quedó sin empleo por bromear con Lamine’2030 haciendo malabares en un semáforo, Vinicius da goles y alegría y, a cambio, ha recibido mordiscos en el cráneo, patadas en las canillas, un muñeco con su camiseta ahorcado en un puente, insultos de «mono» (¡también en TV!), cantos de «¡Muérete!», linchamiento mediático, persecución arbitral, pitos de los piperos, un Balón de Oro birlado (no para otro artista, sino para un obrero del balón, o destripaterrones), censuras por sus celebraciones, por sus pelos y por sus novias, y ahora que cumple una condena a lo Papillón (cuatro partidos por un tirón de pelo del que la víctima no llegó a percatarse), como un Goicoechea de la vida que dejara el tobillo de Maradona con más flecos que la chaqueta de Búfalo Bill, la maldad española, hermana de la envidia y ambas hijas de la pobreza (no necesariamente económica), pregunta por qué ya no sonríe Vinicius, que, en efecto, no sonríe. Han ganado, y ésa es su victoria. –Pues Fulano es negro y nadie se mete con él –se defiende el mugrilla que hace de mosca caída en la sopa. Esta psicología la supo ver bien en la sociedad española Ruano, para quien el gran fantasmón de vida aburrida en un alma de cartón puede salvarse más fácilmente del odio de la chusma que el dandy (en números redondos, Vinicius es el gran dandy de la Champions), porque el dandy irrita lo no flexible, lo no imaginativo que hay en las masas desbordadas, y el que sea testigo de la estulticia general con su pupila irónica saca de quicio a la gran bestia que necesita volver al testigo a su condición etimológica griega: mártir. –Rara vez la ironía, que es de genealogía patética, no termina en drama. Esto es como la sonrisa, que no es de la familia de la risa, sino de la estirpe del llanto. A Vinicius lo han matado por Gato Risón («¿Tú de qué te ríes? ¿No ves que estamos todos «jodíos»?). Los mequetrefes del Sistema lo apartaron del Clásico, donde el Barsita viene de ser apalizado en Champions por los suplentes del PSG , pero con el bálsamo de un árbitro del melifluo Fran Soto. El Barsita es el «Pou Pou» (de Poulidor, eterno segundón) del fútbol español, y querrá celebrar la vuelta en loor de multitudes de Puigdemont con una victoria para cerrar la Liga y dedicarse a la Champions a tiempo completo. El Dyango de los piperos, Klopp, ese fanegas del país de Merz que iba a traernos Riquelme si lo convencía Raúl, que habla alemán de la cuenca del Ruhr, anuncia que va con el Barsita, pues es culé, y es culé porque «el Real Madrid de Pepe daba leña», y la que más daño le hizo al gusto fue la no patada con expulsión de Pepe a Alves en la Champions por el paisano (¡qué paisanaje!) de Klopp, Herr Wolfgang Stark. Pobre Klopp, al que la leña de Pepe no dejaba ver el bosque de Negreira. Pero, en fin, es dogma del Relato que en la corona de los «valors» culés está no dar patadas ni siquiera en la aceleración del pulso, como Hobbes definió la alegría. Claro que tampoco Vinicius da patadas, y lleva más expulsiones en España que el colombiano Bedoya en su historia. –Y Kane ¿qué? ¿Otra vez Balón de Oro? –pregunta el abuelo de Majaelrayo. Magnífico jugador, «totalmente Real Madrid», como sabía Ancelotti. Únicamente tiene una pega: no huele los títulos. Pero, con la jubilación de Benzema, hubiera divinizado, aún más, al Madrid. El carácter es destino. Los griegos decían que el carácter es destino, y todos sabemos que lo que decían los griegos iba a misa. El destino del Real Madrid, desde luego, es su carácter, y sin carácter es imposible encajar en este club. Por no irnos más atrás, la única diferencia entre Vinicius y Mbappé es el carácter: el primero lo tiene, pero el segundo no. La prueba del carácter de Vinicius es una carrera exitosa en medio de una campaña de ‘mobbing’ perverso como nunca se ha visto contra un deportista profesional, que además ingresa más de lo que gana, aunque el piperío cree que cobra de lo que el pipero se deja en la taquilla. Pura barbarie ibérica, que, como dijera Max Estrella, es unánime. En el país donde el Mono Burgos se quedó sin empleo por bromear con Lamine’2030 haciendo malabares en un semáforo, Vinicius da goles y alegría y, a cambio, ha recibido mordiscos en el cráneo, patadas en las canillas, un muñeco con su camiseta ahorcado en un puente, insultos de «mono» (¡también en TV!), cantos de «¡Muérete!», linchamiento mediático, persecución arbitral, pitos de los piperos, un Balón de Oro birlado (no para otro artista, sino para un obrero del balón, o destripaterrones), censuras por sus celebraciones, por sus pelos y por sus novias, y ahora que cumple una condena a lo Papillón (cuatro partidos por un tirón de pelo del que la víctima no llegó a percatarse), como un Goicoechea de la vida que dejara el tobillo de Maradona con más flecos que la chaqueta de Búfalo Bill, la maldad española, hermana de la envidia y ambas hijas de la pobreza (no necesariamente económica), pregunta por qué ya no sonríe Vinicius, que, en efecto, no sonríe. Han ganado, y ésa es su victoria. –Pues Fulano es negro y nadie se mete con él –se defiende el mugrilla que hace de mosca caída en la sopa. Esta psicología la supo ver bien en la sociedad española Ruano, para quien el gran fantasmón de vida aburrida en un alma de cartón puede salvarse más fácilmente del odio de la chusma que el dandy (en números redondos, Vinicius es el gran dandy de la Champions), porque el dandy irrita lo no flexible, lo no imaginativo que hay en las masas desbordadas, y el que sea testigo de la estulticia general con su pupila irónica saca de quicio a la gran bestia que necesita volver al testigo a su condición etimológica griega: mártir. –Rara vez la ironía, que es de genealogía patética, no termina en drama. Esto es como la sonrisa, que no es de la familia de la risa, sino de la estirpe del llanto. A Vinicius lo han matado por Gato Risón («¿Tú de qué te ríes? ¿No ves que estamos todos «jodíos»?). Los mequetrefes del Sistema lo apartaron del Clásico, donde el Barsita viene de ser apalizado en Champions por los suplentes del PSG , pero con el bálsamo de un árbitro del melifluo Fran Soto. El Barsita es el «Pou Pou» (de Poulidor, eterno segundón) del fútbol español, y querrá celebrar la vuelta en loor de multitudes de Puigdemont con una victoria para cerrar la Liga y dedicarse a la Champions a tiempo completo. El Dyango de los piperos, Klopp, ese fanegas del país de Merz que iba a traernos Riquelme si lo convencía Raúl, que habla alemán de la cuenca del Ruhr, anuncia que va con el Barsita, pues es culé, y es culé porque «el Real Madrid de Pepe daba leña», y la que más daño le hizo al gusto fue la no patada con expulsión de Pepe a Alves en la Champions por el paisano (¡qué paisanaje!) de Klopp, Herr Wolfgang Stark. Pobre Klopp, al que la leña de Pepe no dejaba ver el bosque de Negreira. Pero, en fin, es dogma del Relato que en la corona de los «valors» culés está no dar patadas ni siquiera en la aceleración del pulso, como Hobbes definió la alegría. Claro que tampoco Vinicius da patadas, y lleva más expulsiones en España que el colombiano Bedoya en su historia. –Y Kane ¿qué? ¿Otra vez Balón de Oro? –pregunta el abuelo de Majaelrayo. Magnífico jugador, «totalmente Real Madrid», como sabía Ancelotti. Únicamente tiene una pega: no huele los títulos. Pero, con la jubilación de Benzema, hubiera divinizado, aún más, al Madrid. El carácter es destino.  

Los griegos decían que el carácter es destino, y todos sabemos que lo que decían los griegos iba a misa. El destino del Real Madrid, desde luego, es su carácter, y sin carácter es imposible encajar en este club. Por no irnos más atrás, la … única diferencia entre Vinicius y Mbappé es el carácter: el primero lo tiene, pero el segundo no.

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