Las clases particulares ya no son un recurso reservado para alumnos con dificultades académicas ni un lujo ocasional antes de Selectividad . En España se han convertido en un gasto estructural para miles de familias, que recurren a ellas no solo para mejorar notas, sino también para reforzar la autoestima de sus hijos, organizar la conciliación o impulsar habilidades como la música, el deporte o la programación. Según el primer Observatorio de Precios de Clases Particulares elaborado por TusClasesParticulares, basado en más de 70.000 anuncios activos en 50 ciudades españolas, el precio medio nacional se sitúa en 15 euros por hora, tanto en modalidad presencial como online. Pero la media esconde grandes diferencias territoriales y de especialidad. Porque no cuesta lo mismo recibir clases en Madrid que en Granada, ni estudiar Matemáticas que aprender tenis o piano. El informe revela que Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca son las ciudades más caras, con tarifas medias de 15 euros por hora, mientras que en ciudades como Granada, Salamanca o Jerez de la Frontera el precio ronda los 10 euros. Traducido a la economía doméstica, la diferencia es considerable. Tomando como referencia dos clases semanales durante el curso, una familia puede gastar cerca de 1.440 euros al año en ciudades como Madrid frente a unos 960 euros en Córdoba: casi 500 euros de diferencia por hijo. Detrás de este incremento sostenido del apoyo educativo hay también un cambio social. Nani Conde, profesora de refuerzo en Primaria, asegura que muchas familias buscan algo más que mejorar el expediente académico. «En mi experiencia, la mayoría de familias no buscan únicamente subir notas. Evidentemente les preocupa el rendimiento académico, pero muchas veces detrás hay una necesidad de acompañamiento más individualizado», explica. «Hay niños que necesitan recuperar confianza, sentirse capaces, aprender sin tanta presión o simplemente tener un espacio donde puedan avanzar a su ritmo».La profesora percibe además un aumento de la presión académica incluso en edades tempranas. «Noto más presión académica que hace unos años, incluso en niños bastante pequeños. También observo que algunos niños tienen agendas muy cargadas desde edades tempranas y poco tiempo para jugar o aburrirse , que al final también es necesario para el desarrollo». El estudio también confirma que no todas las clases particulares cuestan lo mismo. Las actividades relacionadas con música y deporte son las más caras. Las clases de canto y tenis alcanzan los 25 euros por hora; piano se sitúa en 23 euros y batería en 21.Noticia relacionada general No No Cómo desenganchar a los adolescentes de las pantallas durante las vacaciones (sin peleas) C. JuárezEn el extremo opuesto aparecen las materias de refuerzo escolar. Las clases de Matemáticas cuestan de media 11 euros por hora y las de repaso general, unos 10 euros. Para Javier Cano, entrenador de tenis y baloncesto, el elevado precio del tenis tiene una explicación muy concreta: la imposibilidad de trabajar con grandes grupos. «El tenis es uno de los deportes menos eficientes económicamente para quien lo enseña. Un entrenador de fútbol puede trabajar con 15 o 20 niños a la vez. En tenis, si quieres calidad real, hablas de grupos de cuatro, cinco o seis como mucho». A eso se suma, dice, un componente histórico. «Durante décadas el tenis se asoció a clubes privados y cierto estatus social. Aunque eso esté cambiando, la percepción todavía existe».«Muchas familias buscan algo más que mejorar el expediente académico.» Nani CondeSin embargo, Cano rechaza que se trate exclusivamente de una actividad para familias acomodadas. «Conozco muchísimos padres de clase media que hacen esfuerzos enormes para mantener a sus hijos en tenis porque sienten que les aporta valores distintos», explica. «Generalmente son familias que buscan algo más que ‘hacer deporte’: disciplina, responsabilidad, idiomas o autonomía». Otra de las conclusiones que desmonta el estudio es la idea de que las clases online son más baratas. Los datos muestran que el precio medio es prácticamente idéntico al de las clases presenciales: 15 euros por hora en ambos casos. En algunas materias, incluso, las clases virtuales llegan a ser más caras. Matemáticas, por ejemplo, presenta diferencias de hasta cuatro euros por hora a favor de la modalidad presencial. Sebastián Gallego, profesor de programación para niños y adolescentes, cree que el mercado educativo ha cambiado radicalmente en los últimos años y que algunas disciplinas aún están infravaloradas. «Me sorprende que las clases de programación sean más baratas que otras extraescolares como deportes o música, sobre todo teniendo en cuenta la preparación que requiere el profesor y la rapidez con la que cambian las tecnologías».MÁS INFORMACIÓN noticia No OnlyFans, ‘Euphoria’, etcétera noticia No Polémica por un libro de la sección infantil de las bibliotecas catalanas: «Pega una foto de cuando te vino tu primera eyaculación» noticia No Guadalupe Majúa, pedagoga: «Ir al supermercado ayuda a reforzar más las matemáticas que una ficha interminable» noticia Si Así concilia (con éxito) una pyme gestionada por 5 madres que suman 13 hijosEl docente considera que durante años la programación fue vista como una actividad secundaria. «Muchas clases no consisten solo en enseñar lo básico, sino en adaptar contenidos según la edad, intereses y nivel del alumno. Aun así, creo que durante años la programación se percibió más como una actividad ‘complementaria’ que como una formación estratégica». Respecto a la enseñanza online, Gallego cree que la brecha entre formatos prácticamente ha desaparecido. «La presencialidad aporta cercanía y acompañamiento, especialmente en edades pequeñas, pero hoy una buena clase online puede ser igual de efectiva e incluso más cómoda para muchas familias». El auge de las clases particulares refleja así una doble realidad: la creciente inversión de las familias en la educación de sus hijos y, al mismo tiempo, una sensación cada vez más extendida de que el sistema ordinario no siempre basta para cubrir todas las necesidades académicas, emocionales y formativas de los menores. Porque detrás de cada hora de refuerzo, de cada clase de piano o de cada entrenamiento de tenis, no solo hay un coste económico. También hay expectativas, ansiedad y la sensación de que, para muchos padres, educar bien se ha convertido en una carrera cada vez más cara. Las clases particulares ya no son un recurso reservado para alumnos con dificultades académicas ni un lujo ocasional antes de Selectividad . En España se han convertido en un gasto estructural para miles de familias, que recurren a ellas no solo para mejorar notas, sino también para reforzar la autoestima de sus hijos, organizar la conciliación o impulsar habilidades como la música, el deporte o la programación. Según el primer Observatorio de Precios de Clases Particulares elaborado por TusClasesParticulares, basado en más de 70.000 anuncios activos en 50 ciudades españolas, el precio medio nacional se sitúa en 15 euros por hora, tanto en modalidad presencial como online. Pero la media esconde grandes diferencias territoriales y de especialidad. Porque no cuesta lo mismo recibir clases en Madrid que en Granada, ni estudiar Matemáticas que aprender tenis o piano. El informe revela que Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca son las ciudades más caras, con tarifas medias de 15 euros por hora, mientras que en ciudades como Granada, Salamanca o Jerez de la Frontera el precio ronda los 10 euros. Traducido a la economía doméstica, la diferencia es considerable. Tomando como referencia dos clases semanales durante el curso, una familia puede gastar cerca de 1.440 euros al año en ciudades como Madrid frente a unos 960 euros en Córdoba: casi 500 euros de diferencia por hijo. Detrás de este incremento sostenido del apoyo educativo hay también un cambio social. Nani Conde, profesora de refuerzo en Primaria, asegura que muchas familias buscan algo más que mejorar el expediente académico. «En mi experiencia, la mayoría de familias no buscan únicamente subir notas. Evidentemente les preocupa el rendimiento académico, pero muchas veces detrás hay una necesidad de acompañamiento más individualizado», explica. «Hay niños que necesitan recuperar confianza, sentirse capaces, aprender sin tanta presión o simplemente tener un espacio donde puedan avanzar a su ritmo».La profesora percibe además un aumento de la presión académica incluso en edades tempranas. «Noto más presión académica que hace unos años, incluso en niños bastante pequeños. También observo que algunos niños tienen agendas muy cargadas desde edades tempranas y poco tiempo para jugar o aburrirse , que al final también es necesario para el desarrollo». El estudio también confirma que no todas las clases particulares cuestan lo mismo. Las actividades relacionadas con música y deporte son las más caras. Las clases de canto y tenis alcanzan los 25 euros por hora; piano se sitúa en 23 euros y batería en 21.Noticia relacionada general No No Cómo desenganchar a los adolescentes de las pantallas durante las vacaciones (sin peleas) C. JuárezEn el extremo opuesto aparecen las materias de refuerzo escolar. Las clases de Matemáticas cuestan de media 11 euros por hora y las de repaso general, unos 10 euros. Para Javier Cano, entrenador de tenis y baloncesto, el elevado precio del tenis tiene una explicación muy concreta: la imposibilidad de trabajar con grandes grupos. «El tenis es uno de los deportes menos eficientes económicamente para quien lo enseña. Un entrenador de fútbol puede trabajar con 15 o 20 niños a la vez. En tenis, si quieres calidad real, hablas de grupos de cuatro, cinco o seis como mucho». A eso se suma, dice, un componente histórico. «Durante décadas el tenis se asoció a clubes privados y cierto estatus social. Aunque eso esté cambiando, la percepción todavía existe».«Muchas familias buscan algo más que mejorar el expediente académico.» Nani CondeSin embargo, Cano rechaza que se trate exclusivamente de una actividad para familias acomodadas. «Conozco muchísimos padres de clase media que hacen esfuerzos enormes para mantener a sus hijos en tenis porque sienten que les aporta valores distintos», explica. «Generalmente son familias que buscan algo más que ‘hacer deporte’: disciplina, responsabilidad, idiomas o autonomía». Otra de las conclusiones que desmonta el estudio es la idea de que las clases online son más baratas. Los datos muestran que el precio medio es prácticamente idéntico al de las clases presenciales: 15 euros por hora en ambos casos. En algunas materias, incluso, las clases virtuales llegan a ser más caras. Matemáticas, por ejemplo, presenta diferencias de hasta cuatro euros por hora a favor de la modalidad presencial. Sebastián Gallego, profesor de programación para niños y adolescentes, cree que el mercado educativo ha cambiado radicalmente en los últimos años y que algunas disciplinas aún están infravaloradas. «Me sorprende que las clases de programación sean más baratas que otras extraescolares como deportes o música, sobre todo teniendo en cuenta la preparación que requiere el profesor y la rapidez con la que cambian las tecnologías».MÁS INFORMACIÓN noticia No OnlyFans, ‘Euphoria’, etcétera noticia No Polémica por un libro de la sección infantil de las bibliotecas catalanas: «Pega una foto de cuando te vino tu primera eyaculación» noticia No Guadalupe Majúa, pedagoga: «Ir al supermercado ayuda a reforzar más las matemáticas que una ficha interminable» noticia Si Así concilia (con éxito) una pyme gestionada por 5 madres que suman 13 hijosEl docente considera que durante años la programación fue vista como una actividad secundaria. «Muchas clases no consisten solo en enseñar lo básico, sino en adaptar contenidos según la edad, intereses y nivel del alumno. Aun así, creo que durante años la programación se percibió más como una actividad ‘complementaria’ que como una formación estratégica». Respecto a la enseñanza online, Gallego cree que la brecha entre formatos prácticamente ha desaparecido. «La presencialidad aporta cercanía y acompañamiento, especialmente en edades pequeñas, pero hoy una buena clase online puede ser igual de efectiva e incluso más cómoda para muchas familias». El auge de las clases particulares refleja así una doble realidad: la creciente inversión de las familias en la educación de sus hijos y, al mismo tiempo, una sensación cada vez más extendida de que el sistema ordinario no siempre basta para cubrir todas las necesidades académicas, emocionales y formativas de los menores. Porque detrás de cada hora de refuerzo, de cada clase de piano o de cada entrenamiento de tenis, no solo hay un coste económico. También hay expectativas, ansiedad y la sensación de que, para muchos padres, educar bien se ha convertido en una carrera cada vez más cara.
Las clases particulares ya no son un recurso reservado para alumnos con dificultades académicas ni un lujo ocasional antes de Selectividad. En España se han convertido en un gasto estructural para miles de familias, que recurren a ellas no solo para mejorar notas, sino … también para reforzar la autoestima de sus hijos, organizar la conciliación o impulsar habilidades como la música, el deporte o la programación. Según el primer Observatorio de Precios de Clases Particulares elaborado por TusClasesParticulares, basado en más de 70.000 anuncios activos en 50 ciudades españolas, el precio medio nacional se sitúa en 15 euros por hora, tanto en modalidad presencial como online.
Pero la media esconde grandes diferencias territoriales y de especialidad. Porque no cuesta lo mismo recibir clases en Madrid que en Granada, ni estudiar Matemáticas que aprender tenis o piano. El informe revela que Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca son las ciudades más caras, con tarifas medias de 15 euros por hora, mientras que en ciudades como Granada, Salamanca o Jerez de la Frontera el precio ronda los 10 euros. Traducido a la economía doméstica, la diferencia es considerable. Tomando como referencia dos clases semanales durante el curso, una familia puede gastar cerca de 1.440 euros al año en ciudades como Madrid frente a unos 960 euros en Córdoba: casi 500 euros de diferencia por hijo. Detrás de este incremento sostenido del apoyo educativo hay también un cambio social. Nani Conde, profesora de refuerzo en Primaria, asegura que muchas familias buscan algo más que mejorar el expediente académico. «En mi experiencia, la mayoría de familias no buscan únicamente subir notas. Evidentemente les preocupa el rendimiento académico, pero muchas veces detrás hay una necesidad de acompañamiento más individualizado», explica. «Hay niños que necesitan recuperar confianza, sentirse capaces, aprender sin tanta presión o simplemente tener un espacio donde puedan avanzar a su ritmo».
La profesora percibe además un aumento de la presión académica incluso en edades tempranas. «Noto más presión académica que hace unos años, incluso en niños bastante pequeños. También observo que algunos niños tienen agendas muy cargadas desde edades tempranas y poco tiempo para jugar o aburrirse, que al final también es necesario para el desarrollo». El estudio también confirma que no todas las clases particulares cuestan lo mismo. Las actividades relacionadas con música y deporte son las más caras. Las clases de canto y tenis alcanzan los 25 euros por hora; piano se sitúa en 23 euros y batería en 21.
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En el extremo opuesto aparecen las materias de refuerzo escolar. Las clases de Matemáticas cuestan de media 11 euros por hora y las de repaso general, unos 10 euros. Para Javier Cano, entrenador de tenis y baloncesto, el elevado precio del tenis tiene una explicación muy concreta: la imposibilidad de trabajar con grandes grupos. «El tenis es uno de los deportes menos eficientes económicamente para quien lo enseña. Un entrenador de fútbol puede trabajar con 15 o 20 niños a la vez. En tenis, si quieres calidad real, hablas de grupos de cuatro, cinco o seis como mucho». A eso se suma, dice, un componente histórico. «Durante décadas el tenis se asoció a clubes privados y cierto estatus social. Aunque eso esté cambiando, la percepción todavía existe».
«Muchas familias buscan algo más que mejorar el expediente académico.»
Nani Conde
Sin embargo, Cano rechaza que se trate exclusivamente de una actividad para familias acomodadas. «Conozco muchísimos padres de clase media que hacen esfuerzos enormes para mantener a sus hijos en tenis porque sienten que les aporta valores distintos», explica. «Generalmente son familias que buscan algo más que ‘hacer deporte’: disciplina, responsabilidad, idiomas o autonomía». Otra de las conclusiones que desmonta el estudio es la idea de que las clases online son más baratas. Los datos muestran que el precio medio es prácticamente idéntico al de las clases presenciales: 15 euros por hora en ambos casos. En algunas materias, incluso, las clases virtuales llegan a ser más caras. Matemáticas, por ejemplo, presenta diferencias de hasta cuatro euros por hora a favor de la modalidad presencial. Sebastián Gallego, profesor de programación para niños y adolescentes, cree que el mercado educativo ha cambiado radicalmente en los últimos años y que algunas disciplinas aún están infravaloradas. «Me sorprende que las clases de programación sean más baratas que otras extraescolares como deportes o música, sobre todo teniendo en cuenta la preparación que requiere el profesor y la rapidez con la que cambian las tecnologías».
El docente considera que durante años la programación fue vista como una actividad secundaria. «Muchas clases no consisten solo en enseñar lo básico, sino en adaptar contenidos según la edad, intereses y nivel del alumno. Aun así, creo que durante años la programación se percibió más como una actividad ‘complementaria’ que como una formación estratégica». Respecto a la enseñanza online, Gallego cree que la brecha entre formatos prácticamente ha desaparecido. «La presencialidad aporta cercanía y acompañamiento, especialmente en edades pequeñas, pero hoy una buena clase online puede ser igual de efectiva e incluso más cómoda para muchas familias». El auge de las clases particulares refleja así una doble realidad: la creciente inversión de las familias en la educación de sus hijos y, al mismo tiempo, una sensación cada vez más extendida de que el sistema ordinario no siempre basta para cubrir todas las necesidades académicas, emocionales y formativas de los menores. Porque detrás de cada hora de refuerzo, de cada clase de piano o de cada entrenamiento de tenis, no solo hay un coste económico. También hay expectativas, ansiedad y la sensación de que, para muchos padres, educar bien se ha convertido en una carrera cada vez más cara.
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