Este lunes no comienza únicamente una nueva temporada radiofónica. Arranca también una nueva batalla por los oyentes, la primera que medirá el nuevo panel del Estudio General de Medios (EGM), y lo hará con un paisaje completamente transformado. Después de años en los que las grandes cadenas apenas retocaban sus parrillas, la radio española afronta el mayor terremoto de la última década. La Cadena Ser y Onda Cero han decidido mover piezas estratégicas en sus programas más emblemáticos mientras la Cope opta por el camino contrario: blindar a sus principales comunicadores y convertir la estabilidad en su gran argumento competitivo.
El inicio del nuevo curso radiofónico coincide con el arranque del panel del EGM y con la mayor reorganización de voces de la última década: Aimar Bretos hereda Hoy por Hoy, Onda Cero divide sus mañanas entre Rafa Latorre y Carlos Alsina, Marta García Aller asume La Brújula y solo Cope mantiene intacto su gran tridente
Este lunes no comienza únicamente una nueva temporada radiofónica. Arranca también una nueva batalla por los oyentes, la primera que medirá el nuevo panel del Estudio General de Medios (EGM), y lo hará con un paisaje completamente transformado. Después de años en los que las grandes cadenas apenas retocaban sus parrillas, la radio española afronta el mayor terremoto de la última década. La Cadena Ser y Onda Cero han decidido mover piezas estratégicas en sus programas más emblemáticos mientras la Cope opta por el camino contrario: blindar a sus principales comunicadores y convertir la estabilidad en su gran argumento competitivo.
El gran detonante de esta revolución fue la salida de Àngels Barceló de la Cadena Ser. Su marcha, anunciada el pasado mes de mayo, puso fin a una de las etapas más relevantes de Hoy por Hoy y obligó a la emisora de Prisa a afrontar un relevo que marcará el futuro de la cadena durante los próximos años. No se trata únicamente de sustituir a una presentadora, sino de encontrar una nueva identidad para el programa líder de la radio española, un espacio que desde los tiempos de Iñaki Gabilondo ha sido mucho más que un despertador informativo: ha marcado el tono político, social y cultural de cada mañana.
La apuesta de la Ser ha sido interna. Aimar Bretos, convertido en una de las voces más respetadas de la información nocturna gracias a Hora 25, da el salto a las mañanas para asumir el mayor reto de su carrera, y lo hace entrevistando en el arranque de temporada a Pedro Sánchez. Después de consolidarse durante los últimos años como uno de los periodistas con mayor proyección de la cadena, Bretos hereda un programa con millones de oyentes y la responsabilidad de mantener el liderazgo en un momento especialmente delicado para la radio generalista.
El ascenso de Aimar Bretos provoca además uno de los relevos más importantes de la temporada en la radio nocturna. El periodistaJosé Luis Sastre, hasta ahora subdirector de Hoy por Hoy y el segundo de Barceló, es el nuevo director y presentador de Hora 25. Con este movimiento, la emisora vuelve a apostar por una promoción interna para preservar el ADN del programa, uno de los grandes referentes del análisis de la actualidad en España. El nombramiento de Sastre completa el efecto dominó provocado por la salida de Àngels Barceló y dibuja una nueva cúpula informativa en la Ser con Aimar Bretos al frente de las mañanas y José Luis Sastre liderando las noches.
Si la Ser ha movido varias piezas de su tablero, Onda Cero modifica directamente el concepto de sus mañanas. La cadena de Atresmedia rompe con el modelo que había acompañado a Carlos Alsina durante los últimos años para dividir Más de Uno en dos grandes bloques perfectamente diferenciados con dos grandes voces.
El primero, de carácter eminentemente informativo, estará dirigido por Rafa Latorre, que abandona La Brújula para hacerse cargo del tramo comprendido entre las seis y las diez de la mañana. Su perfil político y analítico encaja con una franja que pretende competir de forma más directa con los grandes informativos matinales de la Ser y la Cope. Rafa Latorre, columnista de EL MUNDO, arranca su nuevo destino en Ceuta, dejando claro cuál va a ser el objetivo de este primer tramo: estar donde está la noticia.
A partir de las 10 llega el turno de Carlos Alsina, que sigue siendo el gran nombre de Onda Cero, aunque ahora centrado exclusivamente en la parte más cultural, de ocio y entretenimiento. La cadena libera al periodista del desgaste diario de la actualidad política más inmediata para potenciar la entrevista, el análisis, la cultura, el entretenimiento y el humor, territorios donde Alsina ha demostrado durante años una capacidad diferencial para construir radio de autor. El resultado es un auténtico duopolio interno que busca aprovechar las fortalezas de dos de los comunicadores mejor valorados del panorama radiofónico.
La decisión supone además una declaración de intenciones. Onda Cero no pretende cambiar a su principal estrella, sino reinventar el producto. La cadena considera que separar la información dura del contenido de magacín permitirá competir mejor en ambos terrenos y reforzar una marca que llevaba varias oleadas del EGM creciendo de forma sostenida.
El movimiento de Latorre deja vacante otro de los programas emblemáticos de la emisora. El relevo lo toma Marta García Aller, que pasa a dirigir La Brújula. Su llegada representa otra apuesta por renovar el tono sin romper con la personalidad del espacio. Periodista con amplia experiencia en análisis político, económico e internacional, García Aller asume una de las franjas más competitivas de la radio nocturna con el objetivo de mantener la evolución ascendente del programa y consolidar la oferta informativa de Onda Cero más allá de las mañanas.
Todo ello convierte a Onda Cero en la cadena que más modifica su arquitectura interna sin alterar sus grandes nombres. Alsina continúa siendo la referencia, pero el reparto de funciones cambia por completo la manera de entender las mañanas.
Frente a esa doble revolución, la Cope o EsRadio afrontan la nueva temporada desde una posición radicalmente distinta. Mientras sus principales competidores remodelan sus parrillas, la emisora de Ábside Media mantiene intacto su núcleo de estrellas. Carlos Herrera seguirá liderando las mañanas acompañado por el modelo de continuidad que la cadena estrenó la pasada temporada, con el subdirector de EL MUNDO Jorge Bustos consolidado en la programación y el resto de sus grandes voces manteniendo sus respectivos espacios. Lo mismo ocurre con la emisora liderada por Federico Jiménez Losantos, también colaborador de este periódico, que arranca la nueva temporada sin grandes cambios en sus voces La estrategia es clara: convertir la estabilidad en un valor diferencial precisamente cuando el resto del mercado vive un profundo proceso de transformación.
No es un detalle menor. En un medio donde la fidelidad del oyente sigue siendo uno de los principales activos, cambiar una voz implica asumir riesgos importantes. La Cope ha decidido no correrlos y confiar en que sean sus competidores quienes deban explicar a la audiencia por qué han cambiado aquello que durante años funcionó. Y, al igual que Onda Cero, las principales voces de la emisora estarán en Ceuta, Melilla y Canarias.
La coincidencia de todos estos movimientos con el estreno del nuevo panel del EGM añade todavía más interés a una temporada que se presenta decisiva. Las primeras oleadas servirán para comprobar si los oyentes acompañan a Aimar Bretos en su desembarco en Hoy por Hoy, si el experimento del doble liderazgo de Onda Cero consigue atraer nuevos públicos y si la apuesta conservadora de la Cope termina convirtiéndose en una ventaja competitiva.
Porque, más allá de los cambios de nombres, lo que realmente empieza este lunes es una nueva batalla por el liderazgo de las ondas. Una competición en la que cada décima del EGM tendrá más valor que nunca y en la que las tres grandes cadenas llegan con estrategias completamente opuestas: la Ser apuesta por el relevo generacional, Onda Cero por reinventar su principal producto y la Cope por demostrar que, en ocasiones, la mejor revolución consiste precisamente en no cambiar nada.
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