Hubo un tiempo en el que los grandes transatlánticos convertían la travesía en una experiencia de lujo, elegancia y descubrimiento. Ese es el espíritu que el diseñador Juan Aberdoni ha querido recuperar en Ixian, aunque no para reproducir el pasado, sino para reimaginar la edad dorada de los viajes con un punto contemporáneo. El resultado de esto es un superyate conceptual de 100 metros en el que cada línea, cada proporción y cada espacio parecen concebidos para devolver al mar parte de su antiguo romanticismo.
Como un homenaje a la época dorada de la navegación, Jay Aberdoni firma este yate de líneas circulares y diez camarotes.
Hubo un tiempo en el que los grandes transatlánticos convertían la travesía en una experiencia de lujo, elegancia y descubrimiento. Ese es el espíritu que el diseñador Juan Aberdoni ha querido recuperar en Ixian, aunque no para reproducir el pasado, sino para reimaginar la edad dorada de los viajes con un punto contemporáneo. El resultado de esto es un superyate conceptual de 100 metros en el que cada línea, cada proporción y cada espacio parecen concebidos para devolver al mar parte de su antiguo romanticismo.
Desde el exterior, la continuidad de las líneas horizontales y su perfil limpio construyen una silueta rotunda y serena. La sorpresa aparece al contemplarlo desde arriba. Frente a la silueta lineal, la planta se organiza mediante círculos concéntricos que introducen un lenguaje orgánico, casi escultórico. Es en la tensión entre la recta y la curva, lo arquitectónico y lo natural, donde y nace la identidad de Ixian. Su centro atesora uno de sus elementos más llamativos: el camarote circular del propietario, convertido en la gran firma visual del proyecto.
En el interior, la contención sustituye al lujo ostentoso. Maderas estampadas, piedra y tejidos de diferentes texturas construyen espacios cálidos y sobrios, concebidos para envejecer con elegancia. El beach club continúa esa filosofía con una gran escalera central que lo conecta con el salón principal mediante un balcón interior. Una enorme superficie acristalada reemplaza además la tradicional popa completamente abierta, creando un espacio luminoso, protegido y disfrutable durante todo el año.
Con diez camarotes para invitados, este yate es una apuesta exclusiva que invita a tener menos huéspedes, pero más espacio para cada uno. Salones, terrazas y áreas de descanso se suceden a bordo con una generosidad propia de una residencia privada flotante. Por ahora, Ixian existe solo sobre el papel. Pero si algún día llegara a construirse, su coste podría superar los 200 millones de euros y alcanzar incluso los 400 millones. Con este trabajo, Aberdoni demuestra que la nostalgia puede mirar hacia atrás, pero el lujo del futuro seguirá avanzando.
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