Imagine una enfermedad que, en solo un año, se llevara por delante la vida de 710.000 personas, el equivalente a la población de la ciudad española de Zaragoza. Eso ocurrió en 2023, pero no por un virus o una bacteria, sino por la exposición a las altas temperaturas, que se cobró en todo el mundo esa enorme cantidad de vidas. El 70% de esas muertes, además, se pueden atribuir directamente al cambio climático causado por el ser humano debido, principalmente, al uso de los combustibles fósiles. Este es uno de los datos que contiene el informe The Lancet Countdown, que este año cumple su décima edición como el análisis de referencia en establecer la relación entre el calentamiento global y los problemas de salud.
El informe ‘The Lancet Countdown’ propone a la OMS crear un instrumento para abordar los impactos del calentamiento de forma coordinada, como sucede con las pandemias
Imagine una enfermedad que, en solo un año, se llevara por delante la vida de 710.000 personas, el equivalente a la población de la ciudad española de Zaragoza. Eso ocurrió en 2023, pero no por un virus o una bacteria, sino por la exposición a las altas temperaturas, que se cobró en todo el mundo esa enorme cantidad de vidas. El 70% de esas muertes, además, se pueden atribuir directamente al cambio climático causado por el ser humano debido, principalmente, al uso de los combustibles fósiles. Este es uno de los datos que contiene el informe The Lancet Countdown, que este año cumple su décima edición como el análisis de referencia en establecer la relación entre el calentamiento global y los problemas de salud.
Los 146 investigadores de más de 100 instituciones, de 30 países, que han participado en esta ocasión han estudiado 54 indicadores de los impactos sanitarios del cambio climático. Concluyen que “las amenazas a la salud y la supervivencia de las personas han alcanzado niveles sin precedentes” y muchos de los impactos se han acelerado “en la última década respecto a la anterior”. Por eso piden que los gobiernos reconozcan el cambio climático como “una emergencia de salud mundial”. Y que en el seno de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se elabore un nuevo instrumento para este fin.
“Esta es una crisis sin precedentes y que a largo plazo requiere un nuevo sistema para ser abordada adecuadamente”, detalla la profesora Marina Romanello, directora ejecutiva de The Lancet Countdown. “Por eso recomendamos que la ONU y los países presenten un nuevo mecanismo global de respuesta a emergencias sanitarias que permita abordar el cambio climático de forma adecuada y urgente para la salud”, añade esta investigadora.
Romanello explica que la OMS ya cuenta, por ejemplo, con un mecanismo de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional, que se emplea ante enfermedades que pueden propagarse por varios países. Esta sería una de las fórmulas que podrían inspirar el nuevo instrumento que reclaman estos investigadores.
A lo largo de su informe, los expertos van analizando diferentes indicadores que dan idea de la magnitud del impacto sobre la salud del calentamiento. Como el ya mencionado problema de las muertes ligadas al calor. “Desde el año que entró en vigor el Acuerdo de París [en 2016] hasta el último año del que tenemos datos, 2023, se han registrado tres millones de muertes relacionadas con el calor en todo el mundo”, añade Ollie Jay, del Centro de Investigación sobre el Calor y la Salud de la Universidad de Sídney y otro de los autores.
“Esto da una idea de la magnitud de los impactos globales de la exposición al calor”, explica Romanello. “Pero la mortalidad es solo la punta del iceberg. Sabemos que detrás de cada muerte relacionada con el calor hay una enorme carga de enfermedades, un gran aumento de la presión sobre nuestros sistemas de salud y también otros impactos en cascada”, sostiene la investigadora.
El calor, por ejemplo, reduce la productividad laboral, además de causar otras muchas más pérdidas económicas. Por ejemplo, solo en 2025, la economía mundial perdió 1,07 billones de dólares por la pérdida de productividad de los trabajadores. “Es el tercer año consecutivo en que las pérdidas superaron el billón de dólares”, indica el estudio. La agricultura y la construcción, dos sectores con empleos mayoritariamente al aire libre, concentraron la mayor parte de las pérdidas, con un 38% y un 29% respectivamente.
Lluvias extremas y severas sequías
Los eventos extremos relacionados con las precipitaciones, como las lluvias extremas y las severas sequías, también se analizan en este estudio. “Las sequías extremas afectaron a más de la mitad de la superficie terrestre global en 2025, alcanzando el 52% de la superficie terrestre”, se apunta. Según los datos recabados, se está dando “una rápida aceleración en el aumento de la superficie afectada por la sequía año tras año desde la década anterior a la entrada en vigor del Acuerdo de París”. “Esto a su vez afecta a la producción de alimentos”, sostiene Romanello.
Paralelamente, “las precipitaciones de carácter extremo son cada vez más frecuentes: entre 2016 y 2025, afectaron a casi el 17,2% de la superficie terrestre mundial cada año —frente al 14,8% de la década anterior—, lo que eleva el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua”, detalla este análisis.
Además de ese llamamiento para abordar el calentamiento como una emergencia de salud global, entre las recomendaciones que realizan los expertos está una básica: “Dar prioridad y promover la reducción urgente, justa y equitativa de las emisiones de gases de efecto invernadero”. Eso implica alejarse de los combustibles fósiles.
Sin embargo, pese a que se están produciendo importantes avances en la expansión de las renovables, en el informe se recopilan otros datos preocupantes. Por ejemplo, las ayudas públicas a estos combustibles siguen aumentando. “En respuesta a las subidas de los precios de la energía, las subvenciones netas mundiales a los combustibles fósiles alcanzaron niveles récord entre 2022 y 2024, año en el que diez países gastaron más en ellos que en sus sistemas sanitarios”, remacha la investigación.
“Las subvenciones netas se han duplicado desde 2016 y, desde la adopción del Acuerdo de París, los países les han destinado un total acumulado de 6,20 billones de dólares”. Además, los planes de futuro de producción de petróleo y gas de las 100 principales compañías del sector son directamente incompatibles con que el calentamiento se quede dentro de los límites de seguridad marcados por la ciencia.
El profesor Jay recurre a una metáfora médica para explicarlo. El planeta no sufre fiebre, “más bien hipertermia”. “La diferencia entre ambas es que una fiebre es el resultado de la forma en la que el cuerpo humano se calienta con la intención de combatir una infección”. Pero en el caso de la Tierra, lo que ocurre se parece más a “un cuerpo envuelto en una manta, que no puede deshacerse de ella mientras la temperatura corporal sigue aumentando”. “Los impactos de eso se ven muy claramente a lo largo de este informe”, añade Jay.
En estos momentos, no se ha llegado al punto de un “golpe de calor, pero este es el camino en el que estamos”. “Si fuera un paciente y les estuviéramos monitorizando, entonces aconsejaríamos tomar medidas drásticas para asegurar que esa trayectoria no continúe”, concluye Jay.
Letal desinformación
Uno de los problemas actuales reside en que existen muchos intereses en negar directamente ese diagnóstico, es decir, en negar el calentamiento global. “Desafortunadamente, vemos que los intereses del sector de los combustibles fósiles ponen en peligro la acción climática. Estamos viendo que la gobernanza y la diplomacia internacional se están fragmentando, y estamos viendo que la desinformación está creciendo”, advierte Romanello.
“La industria de los combustibles fósiles ha promovido la desinformación y ha ralentizado las acciones que debemos tomar para proteger la salud y la supervivencia de los seres humanos”, concluye esta investigadora.
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