Italia se busca a sí misma

La tragicomedia comenzó en Mykonos el 13 de agosto de 2023. Roberto Mancini mandó un correo electrónico a la Federación Italiana de Fútbol para anunciar su dimisión como seleccionador de la Nazionale. Ocho días atrás, se había convertido -además- en el coordinador de todo el organigrama futbolístico y responsable directo de la Sub’21 y Sub’20. Una especie de Alex Ferguson, pero en salsa Azzurra, que la abandonó -al parecer, por desavenencias con Gravina (antiguo presidente)- a pocos días de importantes partidos oficiales. Le hizo un roto.Mancini venía de ganar la Eurocopa de 2021 y, un año después, dejar a Italia fuera del Mundial tras perder en casa contra Macedonia del Norte. Durante sus plácidas vacaciones griegas estaba a punto de firmar el contrato de su vida: tres años como técnico de Arabia Saudí y 25 millones por temporada . Fue presentado en Riad el 28 de agosto, aunque su aventura duró poco más de un año… Sí, el tiempo de dejarla fuera de la Copa de Asia en octavos y comprometer seriamente el acceso a la Copa del Mundo’26. Fue despedido hace dos cursos (2024), tiempo más que suficiente para que una de las mejores selecciones de todos los tiempos (cuatro Mundiales y dos Euros) termine de implosionar. Primero con Spalletti; después, con Gattuso , quien claudicó frente a Bosnia privando a todo un país -por tercera vez consecutiva- de jugar una Copa del Mundo. «Tranquilos, en Italia lo mejor ya ha pasado», decía siempre Ennio Flaiano, escritor y guionista de La Dolce Vita. No le faltaba razón. Solo el caprichoso destino, y esa capacidad innata que tienen los italianos para autoflagelarse y recrearse en los tirabuzones, han querido que vuelvan a cruzar sus caminos. Robby e Italia. Juntos de nuevo, cogidos de la mano . Dispuestos a salir del desierto con algo de aire, con mil demonios a cuestas y un aura desnortada de la que será difícil deshacerse. Un atolladero en cuatro partidos durante once días ( Nations League ), y que comienzan en la noche del viernes en el Olímpico de Roma contra la Bélgica de Van Bommel. Esa es la única certeza en medio de tormentas y socavones que dibujan un camino pedregoso y poco nítido, y que deberá liderar un técnico que ya busca su nueva columna vertebral futbolística de un país chato, perdido, asfixiado, desnaturalizado y repleto de extranjeros mediocres que inundan la Serie A. Sin talentos; sin magia. Sin nada más que el orgullo y la posibilidad de redención. Porque sí. Diseccionado el panorama, Italia -afligida- se busca a sí misma en un posible 4-3-3 con puntos cardinales fijos: Donnarumma, Mancini, Calafiori, Barella o Tonali. Junto a ellos, savia nueva conformada por Kayode, Coppola, Alessandro Romano o Scalvini, entre otros . También estarán los hermanos Esposito (Pío y Sebastiano). Juntos, deberán revertir una situación en gangrena que requerirá tiempo, esfuerzo y paciencia. Pero sobre todo la habilidad de tener las ideas muy claras en todos los estamentos de poder que componen la pirámide. La nación arde. De Guardiola a PirloEl país entero aguarda con escepticismo el partido de hoy. Sufre la resaca aún. No olvida un verano gore sacudido por latigazos de incompetencia y egos tras lo de Bosnia. Después, un Mundial desde el sofá, refundación con Giovanni Malagó (actual presidente de la Federación) o nombramientos de Paolo Maldini y Leonardo como directores deportivos . Precisamente ellos dimitirían diez días después tras afirmar que habían tratado de convencer a Pep Guardiola y Ancelotti para el post Gattuso, y que para el plan B emergía la terna Daniele De Rossi (tiene hundido al Genoa), Fabio Grosso (ha durado tres jornadas por la Fiorentina) y Andrea Pirlo, quien acaba de ascender a Primera con el United FC, cuya sede está en Dubai. Lo suyo fue un fichaje-gatillazo, y murió antes de nacer al ser boicoteado por la opinión pública, quien trató de torpedearlo rescatando una presunta colaboración (temas de sponsor y testimonial) del ex centrocampista con una casa de apuestas rusa. El país se agarró a la ley, a la ética y la moral, pero la revuelta escondía, traslucido, un cabreo por percibir todo como una tomadura de pelo. «Pirlo no puede ser el plan B a Guardiola», gritaron algunos medios. El estruendo removió los cimientos. Así, pues, llegó Roberto Mancini, amigo personal de Giovanni Malagó , quien hoy cuenta con Ranieri y Zola como hombres fetén a su lado. El objetivo inicial es salvar la dignidad, recuperar a la gente y mandar un mensaje autoritario y determinado al fútbol italiano, carente de equipos B: ¡Los jóvenes deben jugar! … Y si no existe la segunda escuadra como tal (está la Juventus y poco más), deberán anticipar los tiempos de debut con los primeros equipos (Antonio Vergara lo hizo con el Nápoles a los 22 años, bajo Antonio Conte). También salir de la red invisible tejida por representantes indolentes e ignominiosos que inundan de medianías el fútbol italiano desde hace lustros . Lo sabe bien Mancini, quien en su último Inter (2014-16) alineó un once venido de fuera. En él, Handanovic, Nagatomo, Miranda, Murillo, Juan Jesús, Brozovic, Felipe Melo, Kondogbia, Biabiany, Icardi y Jovetic. Fue su segunda puñalada al Calcio Serie A. ¿La primera? En 2006, concretamente durante su primeva aventura como nerazzurro: Adriano, Cruz, Figo, Cambiasso, Kily, Cordoba, Burdisso, Samuel… Ese día se convirtió en el primer entrenador de la historia del campeonato italiano en sacar un equipo íntegramente de foráneos. La formación de los jugadores, de alguna manera, ha dejado de ser -desde tiempo- una prioridad, en detrimento del dinero y los títulos a corto plazo. El tumor ya se ha extendido. Hoy, en el Olímpico, el aroma lógicamente es de referéndum . Un juicio a la soberbia -hoy calmada- de Roberto Mancini, al conformismo y controversias de muchos futbolistas (escándalos de apuestas ilegales, ausencias extrañas por lesión…) y al propio Giovanni Malagó, quien ya tienen a fuego los altos dirigentes de la Serie A por el nombramiento de Diana Bianchedi como jefa de delegación -sustituyendo a Buffon- de la Nazionale. Un cargo no exento de pimienta por un presunto conflicto de intereses e incompatibilidad, y es que hablamos de la vicepresidenta vicaria del CONI (Comité Olímpico Italiano). Donde hace años, precisamente, estaba el propio Malagó en lo más alto de la cúspide. A falta del plebiscito futbolístico, Italia sigue a lo suyo. Es hábil en la supervivencia, dueña del relato y la retórica que tienen que ver con el tiempo pasado y muy inteligente en desviar la atención. Hoy la moda es criticar al Como, imputándole la ausencia italianos (solo Kean, Ricci, Liberali). Fábregas siempre dijo que todo era una cuestión de dinero y estilo. Le gustaban Palestra (en el Chelsea del Xabi) y Locatelli, pero eran muy caros. El resto no encajaba en su indiscutible estilo. Nadie sabe que los está horneando en la Primavera, que la pasada semana se presentó en campo con Damioli, Grilli, De Paoli, Broggian, Baralla, Cassano, Tigano, Turella, Zamagni y Bonsignori. Diez azzurri en total. Cesc, sí, se encontró justo antes de comenzar a buscarse. Por eso fue él otro de los nombres más atractivos que sonaron para dirigir Italia . La tragicomedia comenzó en Mykonos el 13 de agosto de 2023. Roberto Mancini mandó un correo electrónico a la Federación Italiana de Fútbol para anunciar su dimisión como seleccionador de la Nazionale. Ocho días atrás, se había convertido -además- en el coordinador de todo el organigrama futbolístico y responsable directo de la Sub’21 y Sub’20. Una especie de Alex Ferguson, pero en salsa Azzurra, que la abandonó -al parecer, por desavenencias con Gravina (antiguo presidente)- a pocos días de importantes partidos oficiales. Le hizo un roto.Mancini venía de ganar la Eurocopa de 2021 y, un año después, dejar a Italia fuera del Mundial tras perder en casa contra Macedonia del Norte. Durante sus plácidas vacaciones griegas estaba a punto de firmar el contrato de su vida: tres años como técnico de Arabia Saudí y 25 millones por temporada . Fue presentado en Riad el 28 de agosto, aunque su aventura duró poco más de un año… Sí, el tiempo de dejarla fuera de la Copa de Asia en octavos y comprometer seriamente el acceso a la Copa del Mundo’26. Fue despedido hace dos cursos (2024), tiempo más que suficiente para que una de las mejores selecciones de todos los tiempos (cuatro Mundiales y dos Euros) termine de implosionar. Primero con Spalletti; después, con Gattuso , quien claudicó frente a Bosnia privando a todo un país -por tercera vez consecutiva- de jugar una Copa del Mundo. «Tranquilos, en Italia lo mejor ya ha pasado», decía siempre Ennio Flaiano, escritor y guionista de La Dolce Vita. No le faltaba razón. Solo el caprichoso destino, y esa capacidad innata que tienen los italianos para autoflagelarse y recrearse en los tirabuzones, han querido que vuelvan a cruzar sus caminos. Robby e Italia. Juntos de nuevo, cogidos de la mano . Dispuestos a salir del desierto con algo de aire, con mil demonios a cuestas y un aura desnortada de la que será difícil deshacerse. Un atolladero en cuatro partidos durante once días ( Nations League ), y que comienzan en la noche del viernes en el Olímpico de Roma contra la Bélgica de Van Bommel. Esa es la única certeza en medio de tormentas y socavones que dibujan un camino pedregoso y poco nítido, y que deberá liderar un técnico que ya busca su nueva columna vertebral futbolística de un país chato, perdido, asfixiado, desnaturalizado y repleto de extranjeros mediocres que inundan la Serie A. Sin talentos; sin magia. Sin nada más que el orgullo y la posibilidad de redención. Porque sí. Diseccionado el panorama, Italia -afligida- se busca a sí misma en un posible 4-3-3 con puntos cardinales fijos: Donnarumma, Mancini, Calafiori, Barella o Tonali. Junto a ellos, savia nueva conformada por Kayode, Coppola, Alessandro Romano o Scalvini, entre otros . También estarán los hermanos Esposito (Pío y Sebastiano). Juntos, deberán revertir una situación en gangrena que requerirá tiempo, esfuerzo y paciencia. Pero sobre todo la habilidad de tener las ideas muy claras en todos los estamentos de poder que componen la pirámide. La nación arde. De Guardiola a PirloEl país entero aguarda con escepticismo el partido de hoy. Sufre la resaca aún. No olvida un verano gore sacudido por latigazos de incompetencia y egos tras lo de Bosnia. Después, un Mundial desde el sofá, refundación con Giovanni Malagó (actual presidente de la Federación) o nombramientos de Paolo Maldini y Leonardo como directores deportivos . Precisamente ellos dimitirían diez días después tras afirmar que habían tratado de convencer a Pep Guardiola y Ancelotti para el post Gattuso, y que para el plan B emergía la terna Daniele De Rossi (tiene hundido al Genoa), Fabio Grosso (ha durado tres jornadas por la Fiorentina) y Andrea Pirlo, quien acaba de ascender a Primera con el United FC, cuya sede está en Dubai. Lo suyo fue un fichaje-gatillazo, y murió antes de nacer al ser boicoteado por la opinión pública, quien trató de torpedearlo rescatando una presunta colaboración (temas de sponsor y testimonial) del ex centrocampista con una casa de apuestas rusa. El país se agarró a la ley, a la ética y la moral, pero la revuelta escondía, traslucido, un cabreo por percibir todo como una tomadura de pelo. «Pirlo no puede ser el plan B a Guardiola», gritaron algunos medios. El estruendo removió los cimientos. Así, pues, llegó Roberto Mancini, amigo personal de Giovanni Malagó , quien hoy cuenta con Ranieri y Zola como hombres fetén a su lado. El objetivo inicial es salvar la dignidad, recuperar a la gente y mandar un mensaje autoritario y determinado al fútbol italiano, carente de equipos B: ¡Los jóvenes deben jugar! … Y si no existe la segunda escuadra como tal (está la Juventus y poco más), deberán anticipar los tiempos de debut con los primeros equipos (Antonio Vergara lo hizo con el Nápoles a los 22 años, bajo Antonio Conte). También salir de la red invisible tejida por representantes indolentes e ignominiosos que inundan de medianías el fútbol italiano desde hace lustros . Lo sabe bien Mancini, quien en su último Inter (2014-16) alineó un once venido de fuera. En él, Handanovic, Nagatomo, Miranda, Murillo, Juan Jesús, Brozovic, Felipe Melo, Kondogbia, Biabiany, Icardi y Jovetic. Fue su segunda puñalada al Calcio Serie A. ¿La primera? En 2006, concretamente durante su primeva aventura como nerazzurro: Adriano, Cruz, Figo, Cambiasso, Kily, Cordoba, Burdisso, Samuel… Ese día se convirtió en el primer entrenador de la historia del campeonato italiano en sacar un equipo íntegramente de foráneos. La formación de los jugadores, de alguna manera, ha dejado de ser -desde tiempo- una prioridad, en detrimento del dinero y los títulos a corto plazo. El tumor ya se ha extendido. Hoy, en el Olímpico, el aroma lógicamente es de referéndum . Un juicio a la soberbia -hoy calmada- de Roberto Mancini, al conformismo y controversias de muchos futbolistas (escándalos de apuestas ilegales, ausencias extrañas por lesión…) y al propio Giovanni Malagó, quien ya tienen a fuego los altos dirigentes de la Serie A por el nombramiento de Diana Bianchedi como jefa de delegación -sustituyendo a Buffon- de la Nazionale. Un cargo no exento de pimienta por un presunto conflicto de intereses e incompatibilidad, y es que hablamos de la vicepresidenta vicaria del CONI (Comité Olímpico Italiano). Donde hace años, precisamente, estaba el propio Malagó en lo más alto de la cúspide. A falta del plebiscito futbolístico, Italia sigue a lo suyo. Es hábil en la supervivencia, dueña del relato y la retórica que tienen que ver con el tiempo pasado y muy inteligente en desviar la atención. Hoy la moda es criticar al Como, imputándole la ausencia italianos (solo Kean, Ricci, Liberali). Fábregas siempre dijo que todo era una cuestión de dinero y estilo. Le gustaban Palestra (en el Chelsea del Xabi) y Locatelli, pero eran muy caros. El resto no encajaba en su indiscutible estilo. Nadie sabe que los está horneando en la Primavera, que la pasada semana se presentó en campo con Damioli, Grilli, De Paoli, Broggian, Baralla, Cassano, Tigano, Turella, Zamagni y Bonsignori. Diez azzurri en total. Cesc, sí, se encontró justo antes de comenzar a buscarse. Por eso fue él otro de los nombres más atractivos que sonaron para dirigir Italia .  

La tragicomedia comenzó en Mykonos el 13 de agosto de 2023. Roberto Mancini mandó un correo electrónico a la Federación Italiana de Fútbol para anunciar su dimisión como seleccionador de la Nazionale. Ocho días atrás, se había convertido -además- en el coordinador de todo … el organigrama futbolístico y responsable directo de la Sub’21 y Sub’20. Una especie de Alex Ferguson, pero en salsa Azzurra, que la abandonó -al parecer, por desavenencias con Gravina (antiguo presidente)- a pocos días de importantes partidos oficiales. Le hizo un roto.

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