El brote epidémico de ébola en el este de la República Democrática del Congo cumple este lunes un centenar de días y continúa creciendo «de forma exponencial«. El gobierno congolés elevó este viernes a 2.516 el número de muertos y a 5.290 los casos confirmados de ébola por el brote declarado en el este del país el pasado 15 de mayo, que ya es el segundo más mortífero de la historia y cubre ya una extensión superior a toda Francia.
Según el último boletín publicado por el Ministerio de Comunicación congoleño, con datos recopilados hasta el 19 de agosto, la tasa de letalidad se sitúa actualmente en el 47,6%. Además, 837 pacientes están en «aislamiento u hospitalizados» y 1.152 personas han logrado recuperarse de la enfermedad, mientras la tasa de rastreo de contactos se encuentra en el 82,9 %. La transmisión golpea a seis provincias congoleñas: Ituri (epicentro del brote), Kivu del Norte, Haut-Uélé (este) y Tshopo (centro-norte), Bas-Uélé (norte) y Kivu del Sur (este), si bien esta última encadena 79 días sin un nuevo caso confirmado.
«En los últimos tres meses, 2.500 personas han muerto, la mitad de ellas únicamente en los últimos veinte días«, dijo el coordinador humanitario de la ONU para el ébola, Julien Harneis, mediante una teleconferencia desde Bunia, el epicentro de la mortal epidemia que se declaró hace casi cien días. En el balance de decesos, recordó que 160 sanitarios contrajeron el virus mientras atendían a enfermos y que de ellos 63 fallecieron tras haber resultado infectados.
Comienzo de la vacunación en Tshopo
«Ha comenzado en Tshopo la vacunación de compasión con Ervebo, con 2.000 dosis desplegadas en las zonas prioritarias«, destacó el Ministerio ante la falta de alternativas contra la cepa de Bundibugyo, que causa el actual virus y para la que no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados. La vacuna Ervebo, diseñada originalmente contra la variante Zaire del virus del Ébola, ha dado indicios en animales de posible eficacia contra la menos común cepa de Bundibugyo.
La actual epidemia ya es el segundo peor brote de la historia y el mayor en la RDC, tras superar al que también ocurrió en la misma región congoleña entre 2018 y 2020, si bien queda todavía lejos del más grave registrado hasta la fecha, que provocó 11.000 muertos y 28.000 contagios en África occidental entre 2014 y 2016.
Sin embargo, la epidemia actual es también la de crecimiento más rápido desde su declaración respecto a cualquier brote anterior, por lo que el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha alertado de que tiene potencial para alcanzar las cifras de la epidemia de África occidental. Según ha revelado la OMS, el virus comenzó a circular en el este congoleño en febrero, aunque una investigación publicada en la revista Science a finales de julio situó las primeras infecciones incluso antes, al menos en enero.
Tras declararse la epidemia en Ituri, el virus se propagó a la vecina Uganda, país que se declaró «libre de ébola» el 28 de julio después de registrar 20 contagios confirmados, incluidos 15 casos considerados importados de la RDC, entre los que hubo dos fallecimientos. El virus del Ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados y causa fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas.
Una realidad compleja y un sistema bancario sin liquidez
Desde el terreno, Harneis describió una realidad muy compleja y plagada de obstáculos para una lucha eficaz contra el ébola, como los ataques regulares contra instalaciones, vehículos o trabajadores de la sanidad; el conflicto armado en la región o los obstáculos logísticos, como el mal estado de la red vial. «La semana pasada estaba intentando llegar a un lugar muy afectado por el ébola y me tomó más tres horas recorrer 60 kilómetros«, puso como ejemplo.
Harneis explicó también que el sistema bancario en la zona afectada prácticamente no funciona, lo que ha ocasionado un grave problema de liquidez que hace que no se pueda pagar a los trabajadores de la salud. «No podemos llevar el dinero para pagarles, lo que está causando mucha frustración entre ellos«, comentó, tras precisar que a diferencia de brotes de ébola pasados, ahora es el gobierno el que ha asumido el pago de los salarios, con excepción de los trabajadores comunitarios, que también son una pieza clave de la respuesta sanitaria y que son remunerados por las oenegés u organizaciones de ayuda.
Harneis excluyó la opción de que sean los empleados de organizaciones internacionales que son asignados a trabajar en este contexto quienes lleven efectivo, primero por el riesgo al que esto los expone y porque quienes esperan sus salarios son decenas de miles de sanitarios y personal comunitario.
Sobre el rumbo que puede tomar la epidemia, sostuvo que si se toma la resolución «de invertir ahora, de asignar más personal, si se llevan más recursos a zonas remotas al este de la RDC, en meses podríamos ralentizar la transmisión (del virus) hasta detenerlo». Pero advirtió que si eso no se hace, la epidemia causará muchas más muertes y se extenderá, con el riesgo que esto supone para los países vecinos
La actual epidemia ya es el segundo peor brote de la historia y el mayor en la RDC, tras superar al que también ocurrió en la misma región congoleña entre 2018 y 2020.
El brote epidémico de ébola en el este de la República Democrática del Congo cumple este lunes un centenar de días y continúa creciendo «de forma exponencial«. El gobierno congolés elevó este viernes a 2.516 el número de muertos y a 5.290 los casos confirmados de ébola por el brote declarado en el este del país el pasado 15 de mayo, que ya es el segundo más mortífero de la historia y cubre ya una extensión superior a toda Francia.
Según el último boletín publicado por el Ministerio de Comunicación congoleño, con datos recopilados hasta el 19 de agosto, la tasa de letalidad se sitúa actualmente en el 47,6%. Además, 837 pacientes están en «aislamiento u hospitalizados» y 1.152 personas han logrado recuperarse de la enfermedad, mientras la tasa de rastreo de contactos se encuentra en el 82,9 %. La transmisión golpea a seis provincias congoleñas: Ituri (epicentro del brote), Kivu del Norte, Haut-Uélé (este) y Tshopo (centro-norte), Bas-Uélé (norte) y Kivu del Sur (este), si bien esta última encadena 79 días sin un nuevo caso confirmado.
«En los últimos tres meses, 2.500 personas han muerto, la mitad de ellas únicamente en los últimos veinte días«, dijo el coordinador humanitario de la ONU para el ébola, Julien Harneis, mediante una teleconferencia desde Bunia, el epicentro de la mortal epidemia que se declaró hace casi cien días. En el balance de decesos, recordó que 160 sanitarios contrajeron el virus mientras atendían a enfermos y que de ellos 63 fallecieron tras haber resultado infectados.
Comienzo de la vacunación en Tshopo
«Ha comenzado en Tshopo la vacunación de compasión con Ervebo, con 2.000 dosis desplegadas en las zonas prioritarias«, destacó el Ministerio ante la falta de alternativas contra la cepa de Bundibugyo, que causa el actual virus y para la que no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados. La vacuna Ervebo, diseñada originalmente contra la variante Zaire del virus del Ébola, ha dado indicios en animales de posible eficacia contra la menos común cepa de Bundibugyo.
La actual epidemia ya es el segundo peor brote de la historia y el mayor en la RDC, tras superar al que también ocurrió en la misma región congoleña entre 2018 y 2020, si bien queda todavía lejos del más grave registrado hasta la fecha, que provocó 11.000 muertos y 28.000 contagios en África occidental entre 2014 y 2016.
Sin embargo, la epidemia actual es también la de crecimiento más rápido desde su declaración respecto a cualquier brote anterior, por lo que el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha alertado de que tiene potencial para alcanzar las cifras de la epidemia de África occidental. Según ha revelado la OMS, el virus comenzó a circular en el este congoleño en febrero, aunque una investigación publicada en la revista Science a finales de julio situó las primeras infecciones incluso antes, al menos en enero.
Tras declararse la epidemia en Ituri, el virus se propagó a la vecina Uganda, país que se declaró «libre de ébola» el 28 de julio después de registrar 20 contagios confirmados, incluidos 15 casos considerados importados de la RDC, entre los que hubo dos fallecimientos. El virus del Ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados y causa fiebre hemorrágica grave, vómitos, diarrea y hemorragias internas.
Una realidad compleja y un sistema bancario sin liquidez
Desde el terreno, Harneis describió una realidad muy compleja y plagada de obstáculos para una lucha eficaz contra el ébola, como los ataques regulares contra instalaciones, vehículos o trabajadores de la sanidad; el conflicto armado en la región o los obstáculos logísticos, como el mal estado de la red vial. «La semana pasada estaba intentando llegar a un lugar muy afectado por el ébola y me tomó más tres horas recorrer 60 kilómetros«, puso como ejemplo.
Harneis explicó también que el sistema bancario en la zona afectada prácticamente no funciona, lo que ha ocasionado un grave problema de liquidez que hace que no se pueda pagar a los trabajadores de la salud. «No podemos llevar el dinero para pagarles, lo que está causando mucha frustración entre ellos«, comentó, tras precisar que a diferencia de brotes de ébola pasados, ahora es el gobierno el que ha asumido el pago de los salarios, con excepción de los trabajadores comunitarios, que también son una pieza clave de la respuesta sanitaria y que son remunerados por las oenegés u organizaciones de ayuda.
Harneis excluyó la opción de que sean los empleados de organizaciones internacionales que son asignados a trabajar en este contexto quienes lleven efectivo, primero por el riesgo al que esto los expone y porque quienes esperan sus salarios son decenas de miles de sanitarios y personal comunitario.
Sobre el rumbo que puede tomar la epidemia, sostuvo que si se toma la resolución «de invertir ahora, de asignar más personal, si se llevan más recursos a zonas remotas al este de la RDC, en meses podríamos ralentizar la transmisión (del virus) hasta detenerlo». Pero advirtió que si eso no se hace, la epidemia causará muchas más muertes y se extenderá, con el riesgo que esto supone para los países vecinos
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