Dos jóvenes marroquíes alojados en el asentamiento de la Playa del Trampolín han asegurado a EL MUNDO haber recibido una paliza de un grupo de militares cuando dormían en el monte y fueron avistados por las patrullas del Ejército español que rastrean el extrarradio de la ciudad. Los soldados -aseguran los inmigrantes- se liaron a porrazos contra ellos sin mediar ningún tipo de discusión o conflicto. Los hombres muestran sus heridas para que quede constancia de los hechos, pero aseguran que no piensan denunciar lo ocurrido porque creen que no servirá de nada y temen represalias.
Dos jóvenes marroquíes muestran a EL MUNDO las huellas de una agresión a manos presuntamente de militares mientras la ONG denuncia «torturas y vejaciones»
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Dos jóvenes marroquíes alojados en el asentamiento de la Playa del Trampolín han asegurado a EL MUNDO haber recibido una paliza de un grupo de militares cuando dormían en el monte y fueron avistados por las patrullas del Ejército español que rastrean el extrarradio de la ciudad. Los soldados -aseguran los inmigrantes- se liaron a porrazos contra ellos sin mediar ningún tipo de discusión o conflicto. Los hombres muestran sus heridas para que quede constancia de los hechos, pero aseguran que no piensan denunciar lo ocurrido porque creen que no servirá de nada y temen represalias.
Uno de ellos presenta una herida en la cabeza, protegida por un vendaje, y otra detrás de la oreja, que le hizo sangrar abundantemente. Cuando habla con el fotógrafo aún tiene la camiseta llena de manchas de sangre. El otro joven presenta en la espalda eritemas y hematomas propios de las heridas que se producen por los golpes de porras como las que -sostienen- los militares usaron contra ellos.
Sólo cuando los soldados vieron que uno de los hombres sangraba abundantemente los dejaron marchar. Entonces buscaron refugio junto a otros compatriotas en el asentamiento de la playa del Trampolín. Los hechos se produjeron en la madrugada del sábado 19 de septiembre. EL MUNDO tuvo conocimiento de los mismos cuando se topó con las víctimas mientras realizaba un reportaje sobre la vida nocturna del poblado de chabolas y tiendas de campaña, levantado sobre la arena de esta playa tras la avalancha del pasado 30 de julio.
El relato que realizan estos jóvenes se asemeja de alguna forma a los testimonios recogidos en Ceuta por parte de la ONG Amnistía Internacional (AI), que ha elaborado un informe -dado a conocer este miércoles-en el que se exponen las pésimas condiciones de vida de todos los inmigrantes, con comida y atención sanitaria insuficientes. Además, también se denuncian las «torturas y vejaciones» a las que están siendo sometidos presuntamente por parte de miembros de las Fuerzas Armadas, según han contado algunos de los refugiados entrevistados por la organización.
Amnistía Internacional ha alertado sobre la atmósfera de «creciente deshumanización de las personas migrantes» como consecuencia de la crisis que atraviesa Ceuta, durante la que se han intensificado, a su juicio, «los discursos de odio».
La ONG ha aportado las declaraciones y las imágenes tomadas durante su visita a la ciudad, realizada entre los días 10 y 15 de septiembre. En su informe se detallan actitudes continuas de hostigamiento a los inmigrantes, con insultos, amenazas y agresiones que tienen por objeto obligarles a abandonar Ceuta y regresar a Marruecos. La ONG ha explicado que los propios militares reconocen tener «órdenes» de incomodar a quienes deambulan por las calles del centro.
Además de la agresiones se han reportado vejaciones por motivos religiosos, obligando a los musulmanes a arrodillarse para besar una cruz cristiana, también se les habría confiscado a los migrantes dinero o teléfonos móviles e incluso se les retira la comida cuando se niegan a cumplir una orden, según los testimonios recogidos por los miembros de la ONG. Igualmente algunas mujeres han relatado vejaciones de carácter sexual e insultos machistas a las embarazadas.
El Ministerio de Defensa ha remitido a la Fiscalía y al Juzgado de Guardia de Ceuta el informe de la ONG para «dilucidar posibles responsabilidades individuales» con el objetivo de «preservar el buen hacer y nombre de las Fuerzas Armadas».
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