La isla de las tentaciones se va completamente de las manos: ni Sandra Barneda pudo con semejante barbaridad

Sandra Barneda lo avisó. Lo avisó y nadie la creyó del todo porque llevamos 11 ediciones de La isla de las tentaciones escuchando que lo que viene va a ser más fuerte, más bestia, más increíble, más de todo. Pero esta vez no había hipérbole. La ceremonia de los collares de anoche fue tal despropósito emocional, tal descontrol, tal zapatiesta que hubo un momento en el que aquello dejó de parecer La isla de las tentaciones y empezó a parecer una evacuación de emergencia.

 La ceremonia de los collares destapa las heridas que las cinco parejas llevaron desde casa: Gema se rompe por Rubén, Paola descubre el pasado de Sergio, Kico se enfrenta a los solteros y la presentadora tiene que frenar un descontrol que apenas acaba de empezar  

Sandra Barneda lo avisó. Lo avisó y nadie la creyó del todo porque llevamos 11 ediciones de La isla de las tentaciones escuchando que lo que viene va a ser más fuerte, más bestia, más increíble, más de todo. Pero esta vez no había hipérbole. La ceremonia de los collares de anoche fue tal despropósito emocional, tal descontrol, tal zapatiesta que hubo un momento en el que aquello dejó de parecer La isla de las tentaciones y empezó a parecer una evacuación de emergencia.

Y solo estamos en el segundo programa.

Que alguien vaya encargando las urnas funerarias para estas relaciones porque, visto lo visto anoche, no llegan vivas ni a la primera hoguera. Estas parejas han llegado a República Dominicana más rotas que un jarrón de porcelana barata. Lo único que ha hecho La isla de las tentaciones ha sido quitarles el pegamento.

La idea del programa era aparentemente sencilla: antes de que las parejas se reencontraran en la ceremonia de los collares, las chicas verían las primeras imágenes de sus novios en Villa Playa. Un aperitivo. Un poquito de gasolina antes de acercar la cerilla. El problema fue que algunas llevaban encima el bidón entero. Especialmente Gema.

Ver a Rubén con las solteras la destrozó. No porque hubiera visto una infidelidad, sino porque las imágenes activaron de golpe todo lo que ella había metido debajo de la alfombra para poder seguir con él. Gema ya había contado que Rubén le había sido infiel en numerosas ocasiones y que llegó a descubrirlo gracias a una lista que él guardaba con las mujeres con las que había mantenido relaciones sexuales. Una lista perfectamente organizada y cronológica en la que ella descubrió que no ocupaba precisamente el último lugar.

Una lista. Una lista de amantes. Ordenada. Marie Kondo, pero del folleteo.

Y aquí está probablemente una de las claves de esta edición de La isla de las tentaciones. Normalmente las parejas entran para descubrir si son capaces de resistirse a la tentación. Estas han entrado después de que la tentación haya pasado por encima de ellas con una apisonadora.

Nando reconoce alrededor de 15 infidelidades a Isa y ella admite que se las ha ido devolviendo; Rubén y Gema arrastran más de 20, según explicaron ellos mismos; Kico y Paula llegan con una confianza cogida con alfileres; Sergio y Paola, con inseguridades, distancia y cosas del pasado que, como se descubriría después, no estaban tan enterradas; y Nacho y Náyades tampoco han desembarcado precisamente en República Dominicana sobrados de tranquilidad.

Es decir, no han ido a poner a prueba cinco relaciones. Han ido a hacerles la ITV cuando ya tienen encendido el piloto rojo del motor. Y entonces llegaron ellos.

Cuando los chicos aparecieron en la ceremonia comenzó el verdadero terremoto. Los reproches cruzaban el escenario, unos hablaban por encima de otros, las chicas intentaban sujetar a sus compañeras, los chicos frenaban a los suyos y Sandra Barneda intentaba hacer lo que podía para que aquello conservara remotamente la apariencia de un programa de televisión.

Rubén y Gema se enzarzaron. Él terminó levantándose y acercándose a ella pese a que las normas se lo impedían. Y ahí Sandra Barneda dijo basta. «No voy a consentir más cosas así», le espetó.

A Sandra Barneda la hemos visto enfadarse muchas veces en La isla de las tentaciones. Especialmente en las últimas ediciones, cuando aquello de respetar las normas se convirtió para algunos concursantes en una sugerencia orientativa. La hemos visto perseguir a participantes por la playa, bloquear huidas, soportar irrupciones, carreras, gritos y amagos de rebelión. Pero lo de anoche alcanzó otro nivel.

Porque el problema no era solamente Rubén. Era el ambiente. Era Kico enfrentándose una y otra vez con los solteros hasta que Sandra Barneda tuvo que advertirle: «Tu boca te pierde». Era la sensación permanente de que cualquiera podía levantarse, cruzar la línea y montar la de San Quintín. Era una ceremonia convertida en un polvorín. Y todavía faltaban los VIP.

Porque La isla de las tentaciones sabe perfectamente cuándo una herida está abierta y, sobre todo, sabe perfectamente dónde echar la sal.

Aparecieron Josué Bernal, Irini, Andrea Sabatini y compañía, y lo que hasta entonces era un incendio pasó a ser una falla tectónica. Los VIP no llegaron únicamente para tentar: llegaron con pasado, con información y con cuentas pendientes. La peor parte se la llevó Paola.

Sergio había hablado de un «tonteo» con Irini. Irini corrigió la versión: se habían liado. Y Josué añadió más información sobre el pasado de Sergio. El resultado fue una Paola absolutamente rota que terminó abandonando la ceremonia.

Recordemos, estamos en el segundo programa.

Ni hogueras, ni semanas de convivencia, ni grandes traiciones bajo las sábanas. Segundo programa y una concursante descubriendo delante de las cámaras que aquello que le habían contado como una cosa quizá era otra.

Ahí está lo más salvaje de esta temporada hasta ahora. No son las tentaciones. Son las parejas.

Porque uno observa a los chicos y tiene la impresión de que algunos han llegado a República Dominicana con una seguridad sorprendente teniendo en cuenta el historial que llevan en la mochila.

Kico, por momentos, se comportó como si él fuera el guardián moral de la experiencia. Se encaró con los solteros, soltó pullas y acabó recibiendo el toque de atención de Sandra Barneda. Después, al regresar a Villa Playa, se derrumbó. «Me he hecho fuerte, pero eso me ha tumbado», reconoció.

Es probablemente la mejor definición de lo que les ocurre a casi todos. Se han hecho fuertes. O eso creen.

Ellas han construido corazas sobre infidelidades, mentiras, celos e inseguridades. Ellos parecen haber desarrollado una sorprendente capacidad para relativizar determinadas conductas propias mientras cualquier movimiento de sus parejas se convierte en un acontecimiento de Estado. Y La isla de las tentaciones solo necesita hacer una cosa para que todo salte por los aires: enseñarles imágenes.

El caso de Gema y Rubén es el ejemplo perfecto. Ella ha contado que él le fue infiel «más de 10 o 20» veces y que incluso cinco meses antes de entrar en el programa encontró una conversación con una mujer que quería hacer un trío con él. Él, mientras tanto, se derrumbó cuando Gema hizo saltar una alarma por hablar con Javi de los problemas de su relación.

La maravillosa paradoja de La isla de las tentaciones: puedes sobrevivir a 20 cuernos, pero cuidado con una conversación en una piscina. Y quizá por eso esta edición tiene todos los ingredientes para convertirse en una trituradora.

En otras temporadas hacía falta tiempo para encontrar las grietas. Había que esperar a las primeras fiestas, a las primeras citas, a que apareciera una conexión real con un tentador, a las hogueras. Aquí no. Aquí han bastado dos programas para comprobar que las grietas venían de casa.

No han llegado cinco parejas enamoradas dispuestas a comprobar si su amor resiste. Han llegado cinco parejas intentando comprobar si todavía queda algo debajo de todo lo que llevan acumulado. Y eso cambia completamente el juego.

Por eso Sandra Barneda terminó perdiendo la paciencia. Porque hubo un momento en que ya no dirigía una ceremonia, dirigía tráfico. Uno por aquí, otro por allá, tú no te levantes, tú no contestes, tú no cruces, tú vuelve a tu sitio. Y cuando después, en la ceremonia para elegir las primeras citas, Sergio y Nacho volvieron a saltarse las normas, la presentadora tuvo que detener otra vez aquello y recordarles que «todo tiene sus consecuencias».

A estas alturas, las consecuencias son casi lo de menos. El problema es lo que había antes de entrar.

La isla de las tentaciones 11 ha tardado dos programas en enseñar sus cartas y son bastante peores de lo que parecían: infidelidades por decenas, listas de amantes, conversaciones ocultas, versiones que no coinciden, celos, inseguridades, cuentas pendientes y concursantes convencidos de que pueden soportarlo todo hasta que ven diez segundos en una tableta.

Sandra Barneda avisó de que había vivido una de las ceremonias más fuertes de su historia en el programa. No engañó.

Lo preocupante -o lo maravilloso televisivamente hablando- es que aquello no parece el clímax de una edición. Parecía el principio. Y ya está todo patas arriba.

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