Las tres verdades del barquero. Qué expresión tan antigua, tan castiza y, a veces, tan oportuna. Su origen se atribuye a un viejo cuento popular en el que un estudiante sin dinero pide a un barquero que lo cruce gratuitamente al otro lado del río. El barquero acepta con una condición: que le diga tres verdades incontestables. El estudiante cumple y la última es demoledora: si pasa gratis a todo el mundo, ¿de qué vive el barquero? Desde entonces, la expresión se utiliza para referirse a esas verdades que se dicen sin rodeos, aunque escuezan a quien las escucha. La utilizó anoche Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, en El Hormiguero para describir el discurso que Felipe VI pronunció durante su visita a la ciudad autónoma junto a la Reina.
El presidente de Ceuta regresó al programa de Pablo Motos seis semanas después de su primera visita, esta vez con acusaciones mucho más contundentes contra el Gobierno de Pedro Sánchez por una crisis que sigue sin resolverse
Las tres verdades del barquero. Qué expresión tan antigua, tan castiza y, a veces, tan oportuna. Su origen se atribuye a un viejo cuento popular en el que un estudiante sin dinero pide a un barquero que lo cruce gratuitamente al otro lado del río. El barquero acepta con una condición: que le diga tres verdades incontestables. El estudiante cumple y la última es demoledora: si pasa gratis a todo el mundo, ¿de qué vive el barquero? Desde entonces, la expresión se utiliza para referirse a esas verdades que se dicen sin rodeos, aunque escuezan a quien las escucha. La utilizó anoche Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, en El Hormiguero para describir el discurso que Felipe VI pronunció durante su visita a la ciudad autónoma junto a la Reina.
Según Vivas, el Rey había dicho lo que había que decir, sin rodeos, sin ambigüedades, sin intentar quedar bien con todo el mundo. Y mientras el presidente ceutí hablaba de aquellas tres verdades del barquero ante Pablo Motos, uno tenía la sensación de que llevaba buena parte de la entrevista haciendo exactamente lo mismo. O, al menos, exponiendo lo que él considera las verdades que nadie quiere escuchar. Y las lanzó directamente contra el Gobierno de Pedro Sánchez. Sin paños calientes. Sin diplomacia. Sin disimulos.
Porque Juan Vivas volvió anoche a El Hormiguero, pero no volvió el mismo Juan Vivas que se sentó frente a Pablo Motos el pasado 14 de septiembre. O quizá sí era el mismo, sólo que seis semanas después se le había agotado buena parte de la paciencia. En aquella primera visita había indignación, había dolor, había una llamada desesperada para que España no olvidara a Ceuta. También había reproches al Gobierno. Anoche seguía habiendo todo eso, pero se añadió algo más: una acusación directa, reiterada y extraordinariamente grave contra el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Ya no era sólo el presidente de una ciudad pidiendo ayuda. Era el presidente de una ciudad española señalando a quienes, a su juicio, habían permitido que se produjera «la mayor crisis de seguridad de su historia democrática» y que, casi tres meses después, seguían sin ponerle solución.
«Pudo evitar la invasión y no lo hizo». Lo dijo una vez y volvió a repetirlo. Según Vivas, el Gobierno disponía de información, medios y capacidad operativa para impedir la entrada masiva de migrantes que se produjo a finales de julio. Y no actuó. También pudo, aseguró, utilizar los recursos del Estado para devolver la normalidad a Ceuta. Y tampoco lo hizo. «España dispone de recursos suficientes. Lo que falta es voluntad política», sentenció. Más claro, agua. Son acusaciones de una gravedad que exige pruebas, explicaciones y respuestas. No basta con pronunciarlas en un plató, por mucho que ese plató reúna cada noche a millones de espectadores. Pero tampoco deberían desaparecer en cuanto se apagan las cámaras.
Lo verdaderamente inquietante de la entrevista no fue sólo la dureza de las palabras. Fue comprobar que, casi tres meses después, el presidente de una ciudad española sigue hablando de su propia ciudad como de un lugar del que se ha apoderado la incertidumbre. Vivas aseguró que todavía permanecen allí unas 15.000 personas de las que entraron durante la crisis, una cantidad equivalente a cerca del 20% de la población ceutí. Denunció un incremento del 185% en las llamadas al 112 relacionadas con incidentes de orden público, un aumento del 60% de la delincuencia, pérdidas económicas de un millón de euros diarios y una presión insoportable sobre los servicios públicos.
Y entonces llegó una de esas frases que explican mucho mejor una situación que una interminable sucesión de estadísticas: «Si ya es malo estar dentro del túnel, peor todavía es no saber dónde está la salida».
Ahí estaba el verdadero drama. No en las cifras por sí solas, no en la batalla política, no en quién consigue imponer su relato. En la angustia de quienes, según describió Vivas, han visto cómo su vida cotidiana se transformaba sin saber cuándo podrán recuperarla. Padres que ya no llevan a sus hijos al colegio con la misma tranquilidad, mujeres que sienten miedo al caminar solas, vecinos que conviven con altercados frente a sus viviendas. No es necesario compartir todas las conclusiones políticas de Vivas para comprender que ese sufrimiento merece una respuesta. Ni tampoco confundir la denuncia de una situación de inseguridad con la criminalización de todos aquellos que entraron en Ceuta. Son cosas distintas. Y conviene no olvidarlo.
Y aquí hay que detenerse en El Hormiguero. Porque Pablo Motos volvió a convertir un programa de entretenimiento en un escaparate para una crisis que corre el riesgo de desaparecer de la actualidad nacional. No es poca cosa. Se podrá discutir muchas cosas. Todo es legítimo. De hecho, es necesario. Pero hay algo que resulta difícil de discutir: anoche Ceuta volvió a tener una ventana de enorme alcance en la televisión española. Y lo hizo, además, en un programa que no tiene entre sus obligaciones habituales abordar crisis territoriales, diplomáticas o migratorias. La televisión de entretenimiento convertida, una vez más, en el lugar donde se pronuncian algunas de las declaraciones políticas más contundentes del momento. Tiene su mérito.
Porque hubo una paradoja durante toda la entrevista. Vivas insistió una y otra vez en que lo que sucede en Ceuta no debería tener color político. Sin embargo, buena parte de su intervención consistió en señalar al Gobierno y a su presidente como responsables de lo ocurrido y de sus consecuencias. Una cosa no invalida necesariamente la otra, pero la contradicción merecía ser explorada. Porque pedir que una tragedia no se convierta en un enfrentamiento partidista no significa renunciar a exigir responsabilidades.
Especialmente contundente fue Vivas al hablar de Marruecos. Lo señaló como causante de la entrada masiva y cuestionó la falta de firmeza del Gobierno español frente al país vecino. «Lo preocupante no es sólo lo que hizo Marruecos, sino cómo reaccionó España», resumió. Su mensaje fue que la defensa de Ceuta no puede quedar supeditada a las conveniencias diplomáticas. Una posición que volvió a adquirir fuerza cuando recordó las palabras de Felipe VI durante su visita a la ciudad.
Ahí aparecieron las tres verdades del barquero. Vivas sostuvo que el Rey había dejado claro que, si volvía a producirse una situación semejante, la reacción no sería la misma; que las fronteras españolas debían protegerse también con el respaldo de la Unión Europea; y que Ceuta y Melilla son España hasta la médula. Para el presidente ceutí, aquellas palabras representaron algo que echaba en falta: firmeza, seguridad y confianza. «La Corona está en mejores condiciones de unir y aglutinar a todos los españoles», aseguró. Y calificó el discurso del Monarca de «memorable, para la historia».
Y quizá fue ese uno de los momentos más reveladores de la noche. Un dirigente del Partido Popular reivindicando la capacidad de la Corona para unir a los españoles mientras cuestionaba duramente la actuación del Gobierno. La institución que, a su juicio, había conseguido transmitir seguridad frente a un Ejecutivo al que reprochaba precisamente lo contrario. No era una comparación menor. Era una forma de contraponer dos maneras de responder a una misma crisis. Al menos, desde la mirada de Vivas.
Pero hubo otra declaración que merece tanta atención como las anteriores. Vivas aseguró que no había vuelto a mantener una conversación directa con Pedro Sánchez desde los días de la crisis. Habían coincidido en reuniones oficiales por videoconferencia, pero no habían vuelto a hablar personalmente. Casi tres meses de una situación que describe como la más grave que ha vivido Ceuta en democracia y sin una nueva conversación directa con el presidente del Gobierno. Más allá de las discrepancias políticas, es una circunstancia que reclama una explicación. Porque ante una situación tan grave, cuesta comprender que no exista una interlocución personal más estrecha entre ambos dirigentes.
Y hubo una frase que terminó de retratar el estado de ánimo del presidente ceutí: «La sociedad española está muy por encima de quienes la gobiernan». La pronunció al hablar de la manifestación celebrada en Madrid en apoyo de Ceuta y de las mujeres caballas. Era una afirmación cargada de intención política, pero también de agradecimiento hacia quienes, según explicó, habían decidido movilizarse para que los ceutíes no se sintieran abandonados.
La primera vez que Juan Vivas acudió a El Hormiguero, el pasado septiembre, su entrevista estuvo marcada por la emoción y la petición de ayuda. Anoche el agradecimiento seguía presente, especialmente hacia los españoles que se han movilizado en apoyo de Ceuta, pero había dejado paso a un discurso mucho más severo. Ya no se trataba únicamente de pedir ayuda. Se trataba de exigir respuestas. Y de advertir que el tiempo no ha curado una herida que sigue abierta.
No deja de resultar significativo que un presidente autonómico tenga que regresar a un programa de entretenimiento para pedir a los medios de comunicación que no abandonen a sus ciudadanos. «Ceuta está herida, pero sigue en pie», repitió Vivas. Y volvió a reivindicar que Ceuta no se rinde, no se vende y se defiende. Lo dijo con esa mezcla de orgullo, indignación y cansancio que marcó toda la entrevista. No necesitó grandes gestos ni levantar la voz para endurecer su mensaje. Le bastó con repetir una y otra vez aquello que considera que el Gobierno no ha hecho y aquello que cree que debería haber hecho.
Las tres verdades del barquero. Vivas se las atribuyó al Rey, pero anoche quiso pronunciar las suyas frente a Pablo Motos y ante millones de espectadores. Que Marruecos provocó la crisis. Que el Gobierno pudo evitarla y no lo hizo. Y que Ceuta continúa pagando las consecuencias.
Porque lo peor que podría ocurrir después de una entrevista como la de anoche sería que Ceuta volviera a desaparecer de las pantallas hasta la próxima visita de Juan Vivas a El Hormiguero.
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