Como siempre por el tamaño de la agenda, la Unión Europea deja deberes para septiembre y la asignatura pendiente es las matemáticas: el bloque comunitario necesita que le salgan los números. El del nuevo Marco Financiero Plurianual es el gran debate porque lo engloba todo. La propuesta de la Comisión no gusta ni a los que quieren más fondos ni a los que quieren menos, así que el punto intermedio no parece que vaya a ser la solución para unas conversaciones para las que solo queda un año y medio por delante. Y un año y medio para la UE es poco tiempo.
Ese será el choque de todas las Europas que están en las cabezas de los gobiernos nacionales. Y habrá -si no los hay ya- dos bandos. Alemania ya avisa: «Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos y esto también significa que tenemos que fijar nuevas prioridades», sostuvo su canciller Friedrich Merz en la última cumbre de líderes en Chipre. «Lo que Alemania no se plantea es un aumento de la deuda ni tampoco bonos europeos en los mercados de capitales. Esta es una posición que no sostiene Alemania. Lo saben los colegas. Muchos comparten mi opinión». Y es que los Bálticos tienen otro discurso: «No somos competitivos frente a China y Estados Unidos».
La realidad es que la migración o la simplificación burocrática van a ser claves en unas nuevas cuentas que, a ojos de muchos expertos, necesitan ser más amplias. La UE tiene que tener más dinero para no ir sustituyendo prioridades, sino poder abarcarlas todas. Pero el encaje es muy complejo. Quien sí abogó por «modernizar» el presupuesto fue su homólogo de Países Bajos, Rob Jetten, pero no necesariamente con más dinero. «En realidad podemos reasignar fondos. Todavía estamos gastando mucho dinero europeo en política agrícola. Eso se puede hacer de forma mucho más eficiente», resumió, dejando caer de manera implícita que su posición es similar a la de Berlín.
Con todo, ¿qué quiere España? El Gobierno de Sánchez aspira a que no se abandone la política verde en las nuevas cuentas ni se deje de lado el pilar social; la energía es también importante y Moncloa tiene claro que hace falta ampliar el plazo para usar los fondos de recuperación hasta más allá de agosto de este año, con la idea de poder destinar dinero a paliar la crisis provocada por la guerra en Oriente Medio. A España, como quizá a Francia, también se la verá del lado de nueva emisión de deuda europea, una ventana que abrió estos días el propio Emmanuel Macron y que puede explorarse para defensa o para impulsar la industria. Las fuentes diplomáticas de varios países consultadas por este medio avisan de que ese punto puede ser el de más fricción en las negociaciones.
Fuentes diplomáticas de varios Estados miembros consultadas por 20minutos asumen lo que viene: una de las negociaciones más complejas de los últimos años en el bloque comunitario. El reloj, reconocen, juega en contra de las necesidades de la UE; tienen que salir los números pero no todo el mundo suma igual, recalcan de manera informal en algunos casos, aunque dan por hecho que con más tensión que otras veces pero la Unión está acostumbrada a desatascar este tipo de debates.
En general, la cosa va de números porque Ucrania también necesita que a la UE le salgan las cuentas. Zelenski tiene asegurados 90.000 millones para 2026 y 2027 con cargo a deuda europea, pero las necesidades de Kiev seguirán estando más allá de 2028, sobre todo con vistas a una posible entrada del país en el bloque. Y es que la ampliación también va de dinero, aunque el país más cercano a entrar es Montenegro, estado pequeño que, inciden las fuentes, no descuadraría demasiado el presupuesto a largo plazo que está pendiente de aprobarse.
El comercio no escapa de eso. El acuerdo con el Mercosur se ha convertido en una referencia de lo que podría ser una nueva era de fuerza comercial para la UE. ¿Qué quiere decir eso? Que el bloque puede tomar ‘aire estratégico’ a base de pactos como el alcanzado con Latinoamérica, pero también otros como el firmado con la India o con México. Entienden en la capital comunitaria que la Unión va varios pasos por detrás en temas importantes como la defensa o la industria; por eso el terreno ganado con estos acuerdos ha de ser un eje importante en los próximos gastos que se quieran acometer.
¿Las cuentas más ambiciosas de la historia?
En Bruselas repiten y repiten que la Unión tiene que ser más competitiva… y encargarse de su propia seguridad. La propuesta de la Comisión Europea -que hecho esto termina su ‘papel’ en esta rueda- es ambiciosa para unos, se queda corta para otros y busca un consenso que no parece que se vaya a lograr sin grandes retoques. «Es un presupuesto para una nueva era», avisó Ursula von der Leyen en la presentación de la hoja de ruta hace casi un año: y es que se trata de las cuentas más «ambiciosas» de la historia de la UE, con 2 billones de euros, lo que representa un 1,26% del PIB de toda la Unión. El elemento clave está dotado de 865.000 millones de euros, con los llamados planes nacionales y regionales, que integran distintos fondos europeos para una gestión más eficiente, según Bruselas.
Ahí entran los fondos de cohesión o la PAC, ambos recortados y que son los más importantes para España, por poner dos ejemplos. «En lugar de tener diez fondos diferentes con reglas diferentes, plazos diferentes y criterios diferentes, ahora tenemos los planes de asociación que ponen las prioridades europeas bajo un mismo techo». Pero por ejemplo al mismo tiempo la propuesta reduce la dotación precisamente de la política agraria y el Tribunal de Cuentas Europeo ya ha avisado esta semana de que la estructura que se plantea puede derivar en desigualdades y difuminar los controles sobre las cuentas. Otra ‘madre’ de todas las propuestas en las nuevas cuentas un nuevo fondo para la competitividad, con 410.000 millones de euros centrado en tecnologías estratégicas. En ese paraguas estarían 131.000 millones solo para defensa y espacio, cinco veces más que lo actual.
Además, es imposible olvidar que en la competición con Estados Unidos el foco seguirá puesto en las grandes tecnológicas. Se ha cumplido ya en un año del acuerdo comercial de Turnberry, y las cuentas que tenga que hacer la UE tienen que incluir una estrategia porque Donald Trump es imprevisible. Antes de la pausa estival han quedado aprobadas las salvaguardas precisamente ante ello, pero el concepto «made in Europe» está destinado a ser importante para que la UE no dependa de Washington en sectores decisivos… algo en lo que por ejemplo Groenlandia puede tener un papel protagonista como ejemplo de lo que hay que hacer para frenar las ínfulas de la Casa Blanca.
En Bruselas, en Madrid, en Berlín, en Roma, en Varsovia, en Lisboa, en Amsterdam o en Kiev hay ahora una hoja de cálculo. Las prioridades son varias, pero los números solo unos: sin fondos, sin presupuestos, no hay una ‘nueva UE’ para el futuro y por eso la asignatura pendiente en septiembre serán las matemáticas.
A la vuelta del verano el mayor debate, que lo englobará todo en realidad, será el relacionado con el nuevo presupuesto a largo plazo de la Unión.
Como siempre por el tamaño de la agenda, la Unión Europea deja deberes para septiembre y la asignatura pendiente es las matemáticas: el bloque comunitario necesita que le salgan los números. El del nuevo Marco Financiero Plurianual es el gran debate porque lo engloba todo. La propuesta de la Comisión no gusta ni a los que quieren más fondos ni a los que quieren menos, así que el punto intermedio no parece que vaya a ser la solución para unas conversaciones para las que solo queda un año y medio por delante. Y un año y medio para la UE es poco tiempo.
Ese será el choque de todas las Europas que están en las cabezas de los gobiernos nacionales. Y habrá -si no los hay ya- dos bandos. Alemania ya avisa: «Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos y esto también significa que tenemos que fijar nuevas prioridades», sostuvo su canciller Friedrich Merz en la última cumbre de líderes en Chipre. «Lo que Alemania no se plantea es un aumento de la deuda ni tampoco bonos europeos en los mercados de capitales. Esta es una posición que no sostiene Alemania. Lo saben los colegas. Muchos comparten mi opinión». Y es que los Bálticos tienen otro discurso: «No somos competitivos frente a China y Estados Unidos».
La realidad es que la migración o la simplificación burocrática van a ser claves en unas nuevas cuentas que, a ojos de muchos expertos, necesitan ser más amplias. La UE tiene que tener más dinero para no ir sustituyendo prioridades, sino poder abarcarlas todas. Pero el encaje es muy complejo. Quien sí abogó por «modernizar» el presupuesto fue su homólogo de Países Bajos, Rob Jetten, pero no necesariamente con más dinero. «En realidad podemos reasignar fondos. Todavía estamos gastando mucho dinero europeo en política agrícola. Eso se puede hacer de forma mucho más eficiente», resumió, dejando caer de manera implícita que su posición es similar a la de Berlín.
Con todo, ¿qué quiere España? El Gobierno de Sánchez aspira a que no se abandone la política verde en las nuevas cuentas ni se deje de lado el pilar social; la energía es también importante y Moncloa tiene claro que hace falta ampliar el plazo para usar los fondos de recuperación hasta más allá de agosto de este año, con la idea de poder destinar dinero a paliar la crisis provocada por la guerra en Oriente Medio. A España, como quizá a Francia, también se la verá del lado de nueva emisión de deuda europea, una ventana que abrió estos días el propio Emmanuel Macron y que puede explorarse para defensa o para impulsar la industria. Las fuentes diplomáticas de varios países consultadas por este medio avisan de que ese punto puede ser el de más fricción en las negociaciones.
Fuentes diplomáticas de varios Estados miembros consultadas por 20minutos asumen lo que viene: una de las negociaciones más complejas de los últimos años en el bloque comunitario. El reloj, reconocen, juega en contra de las necesidades de la UE; tienen que salir los números pero no todo el mundo suma igual, recalcan de manera informal en algunos casos, aunque dan por hecho que con más tensión que otras veces pero la Unión está acostumbrada a desatascar este tipo de debates.
En general, la cosa va de números porque Ucrania también necesita que a la UE le salgan las cuentas. Zelenski tiene asegurados 90.000 millones para 2026 y 2027 con cargo a deuda europea, pero las necesidades de Kiev seguirán estando más allá de 2028, sobre todo con vistas a una posible entrada del país en el bloque. Y es que la ampliación también va de dinero, aunque el país más cercano a entrar es Montenegro, estado pequeño que, inciden las fuentes, no descuadraría demasiado el presupuesto a largo plazo que está pendiente de aprobarse.
El comercio no escapa de eso. El acuerdo con el Mercosur se ha convertido en una referencia de lo que podría ser una nueva era de fuerza comercial para la UE. ¿Qué quiere decir eso? Que el bloque puede tomar ‘aire estratégico’ a base de pactos como el alcanzado con Latinoamérica, pero también otros como el firmado con la India o con México. Entienden en la capital comunitaria que la Unión va varios pasos por detrás en temas importantes como la defensa o la industria; por eso el terreno ganado con estos acuerdos ha de ser un eje importante en los próximos gastos que se quieran acometer.
En Bruselas repiten y repiten que la Unión tiene que ser más competitiva… y encargarse de su propia seguridad. La propuesta de la Comisión Europea -que hecho esto termina su ‘papel’ en esta rueda- es ambiciosa para unos, se queda corta para otros y busca un consenso que no parece que se vaya a lograr sin grandes retoques. «Es un presupuesto para una nueva era», avisó Ursula von der Leyen en la presentación de la hoja de ruta hace casi un año: y es que se trata de las cuentas más «ambiciosas» de la historia de la UE, con 2 billones de euros, lo que representa un 1,26% del PIB de toda la Unión. El elemento clave está dotado de 865.000 millones de euros, con los llamados planes nacionales y regionales, que integran distintos fondos europeos para una gestión más eficiente, según Bruselas.
Ahí entran los fondos de cohesión o la PAC, ambos recortados y que son los más importantes para España, por poner dos ejemplos. «En lugar de tener diez fondos diferentes con reglas diferentes, plazos diferentes y criterios diferentes, ahora tenemos los planes de asociación que ponen las prioridades europeas bajo un mismo techo». Pero por ejemplo al mismo tiempo la propuesta reduce la dotación precisamente de la política agraria y el Tribunal de Cuentas Europeo ya ha avisado esta semana de que la estructura que se plantea puede derivar en desigualdades y difuminar los controles sobre las cuentas. Otra ‘madre’ de todas las propuestas en las nuevas cuentas un nuevo fondo para la competitividad, con 410.000 millones de euros centrado en tecnologías estratégicas. En ese paraguas estarían 131.000 millones solo para defensa y espacio, cinco veces más que lo actual.
Además, es imposible olvidar que en la competición con Estados Unidos el foco seguirá puesto en las grandes tecnológicas. Se ha cumplido ya en un año del acuerdo comercial de Turnberry, y las cuentas que tenga que hacer la UE tienen que incluir una estrategia porque Donald Trump es imprevisible. Antes de la pausa estival han quedado aprobadas las salvaguardas precisamente ante ello, pero el concepto «made in Europe» está destinado a ser importante para que la UE no dependa de Washington en sectores decisivos… algo en lo que por ejemplo Groenlandia puede tener un papel protagonista como ejemplo de lo que hay que hacer para frenar las ínfulas de la Casa Blanca.
En Bruselas, en Madrid, en Berlín, en Roma, en Varsovia, en Lisboa, en Amsterdam o en Kiev hay ahora una hoja de cálculo. Las prioridades son varias, pero los números solo unos: sin fondos, sin presupuestos, no hay una ‘nueva UE’ para el futuro y por eso la asignatura pendiente en septiembre serán las matemáticas.
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