Los otros vertidos tóxicos del imperio Zuckerberg: limpieza étnica, explotación masiva de datos y desinformación

La situación a la que ha entrado Meta esta semana no es inédita. El acuerdo alcanzado en Estados Unidos para pagar hasta 18.000 millones de dólares para poner fin a las demandas sobre el daño que Facebook e Instagram provoca a los menores se suma al historial de polémicas del tintán tecnológico. De la explotación masiva de datos personales hasta una Eleinfraestructura que potencia la desinformación y premia los discursos que generan odio. Escenarios como el que acaba de producirse, en los que la compañía se ha visto obligada a pagar multas, modificar sus políticas y defenderse ante los tribunales en sus 22 años de historia.

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 Desde la creación de Facebook, los escándalos por la falta de escrúpulos de su líder han marcado a la compañía, ahora llamada Meta  

La situación a la que ha entrado Meta esta semana no es inédita. El acuerdo alcanzado en Estados Unidos para pagar hasta 18.000 millones de dólares para poner fin a las demandas sobre el daño que Facebook e Instagram provoca a los menores se suma al historial de polémicas del tintán tecnológico. De la explotación masiva de datos personales hasta una Eleinfraestructura que potencia la desinformación y premia los discursos que generan odio. Escenarios como el que acaba de producirse, en los que la compañía se ha visto obligada a pagar multas, modificar sus políticas y defenderse ante los tribunales en sus 22 años de historia.

Cambridge Analytica: la filtración como estrategia política

Era marzo de 2018 cuando un grupo de periodistas de The New York Times, The Guardian y The Observer obtuvo una serie de documentos que revelaban que Cambridge Analytica, una consultora de análisis de datos vinculada al multimillonario Robert Mercer, había obtenido de forma ilícita información de unos 87 millones de usuarios de Facebook. Los datos fueron utilizados para elaborar perfiles de votantes de cara a las elecciones presidenciales de EE UU de 2016.

Mercer, uno de los principales financiadores del ala conservadora y de la derecha radical estadounidense, había convertido a la empresa en una pieza de su estrategia política. En la junta directiva de la compañía también figuraba Steve Bannon, entonces asesor de Donald Trump. Facebook tenía conocimiento desde 2015 que los datos habían sido obtenidos y utilizados de forma irregular, pero el escándalo no salió a la luz hasta tres años después, cuando fue publicado simultáneamente por los medios. La red social, fundada por Mark Zuckerberg, se enfrentó a sanciones millonarias por sus prácticas de privacidad, mientras Cambridge Analytica se declaró en quiebra y anunció su cierre en mayo de 2018, acuciada por el escándalo y los costes legales.

Fábrica de desinformación

Ese mismo año, WhatsApp, aplicación privada y cifrada, se convirtió en uno de los principales canales para la difusión masiva de contenidos falsos y mensajes políticos durante la campaña electoral brasileña de 2018. Unos 120 millones de brasileños utilizaban entonces la aplicación, en un país con alrededor de 147 millones de votantes. Según las investigaciones publicadas durante la campaña, cerca del 66% de los usuarios consumía o compartía información política a través de WhatsApp.

Con la pandemia de covid, esa maquinaria de desinformación se expandió. WhatsApp y Facebook se convirtieron también en canales para la difusión de falsas curas o teorías conspirativas. Una encuesta internacional a periodistas que cubrían la pandemia, realizada en 2020, situó a Facebook como el principal difusor de esos bulos: el 66% de los profesionales consultados lo señaló como una fuente “prolífica” de contenidos falsos, por encima incluso de los funcionarios públicos.

A ello se suma el giro que Meta emprendió en 2025. La compañía anunció entonces el fin de su programa de verificación, puesto en marcha en 2016. La compañía presentó el cambio como una defensa de la libertad de expresión y como una respuesta a lo que consideraba un exceso de censura. El anuncio llegó pocos días después de que Joel Kaplan, antiguo asesor del expresidente estadounidense George W. Bush y una figura próxima al Partido Republicano, asumiera como responsable de asuntos globales de la compañía. Como explicóEL PAÍS entonces, la premisa de que los verificadores censuran o eliminan contenidos es falsa. Su función consistía en contrastar afirmaciones y advertir a los usuarios cuando una publicación contiene información falsa o engañosa.

Altavoz del odio: el caso de Myanmar

Investigadores de Naciones Unidas señalaron el papel de Facebook en la propagación de discursos de odio contra la población rohinyá en Myanmar, que fue víctima de una limpieza étnica. La misión internacional de investigación denunció que la plataforma había contribuido a crear un entorno favorable a la difusión de estos, ante la incapacidad de la compañía para moderar los contenidos y siendo perfectamente consciente de los efectos perversos de sus operaciones. La plataforma tenía una enorme influencia en un país donde existía un grave conflicto étnico.

En 2021, decenas de miles de rohinyás demandaron nuevamente a Facebook en Estados Unidos. Los demandantes reclamaban 150.000 millones de dólares, unos 133.000 millones de euros, en compensación. Sin embargo, las demandas fueron desestimadas por los tribunales estadounidenses.

Poder monopolístico y compra de competidores

Meta ha construido parte de su dominio con la compra de empresas que podían convertirse en una amenaza. En 2012 adquirió Instagram por unos 1.000 millones de dólares. Dos años después, compró WhatsApp por unos 22.000 millones, en la mayor adquisición de su historia hasta entonces. Ambas operaciones terminaron en el centro de una batalla judicial que ha puesto incluso sobre la mesa la posibilidad de obligar a Meta a desprenderse de las dos plataformas.

La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC), que demandó a Meta, sostiene que las adquisiciones formaron parte de una estrategia (“buy or bury”) destinada a neutralizar a competidores. En 2025, un juez federal rechazó las principales acusaciones de la FTC y concluyó que el organismo no había demostrado que Meta mantuviera actualmente un monopolio ilegal. La comisión recurrió la decisión y el litigio continúa abierto.

El reto de la privacidad

La privacidad ha sido durante años uno de los principales frentes de conflicto entre Meta y sus usuarios. En 2019, Zuckerberg aceptó pagar 5.000 millones de dólares a la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) para resolver las acusaciones de que había incumplido un acuerdo anterior y engañado a sus usuarios sobre el control de sus datos personales.

El problema de la privacidad ha regresado en forma de gafas. Unas smart glasses, en colaboración con famosas marcas como Oakley o Ray Ban,equipadas con cámaras, micrófonos e inteligencia artificial, permiten fotografiar, grabar vídeo, escuchar el entorno y consultar información sin necesidad de sacar el teléfono. Su lanzamiento provocado una campaña global para desacreditar. El grupo activista Everyone Hates Elon lo ha descrito como “el mayor avance en tecnología para pervertidos desde la gabardina”.

Una investigación publicada a comienzos de 2026 por medios suecos reveló que parte del material captado por estos dispositivos fue revisado por trabajadores de una empresa en Kenia donde analizan contenidos. Las imágenes que mostraban a personas desnudas en el baño, escenas sexuales y tarjetas bancarias expuestas accidentalmente.

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