Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a desafiar los pronósticos. El presidente brasileño ha ganado este domingo la segunda vuelta de las elecciones con el 51,78% de los votos, frente al 48,22% del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, y ha culminado una remontada inédita desde el regreso de Brasil a la democracia.
Con el 99,98% de las urnas escrutadas, Lula suma 64,2 millones de votos, más de cuatro millones de ventaja sobre su rival y un resultado que mejora ampliamente el conseguido en 2022. La victoria le permitirá asumir el próximo 5 de enero, con 81 años, su cuarto mandato presidencial y el segundo consecutivo.
Nunca antes un presidente brasileño había sido elegido en cuatro ocasiones diferentes. Tampoco había ocurrido, desde el fin de la dictadura militar (1964-1985), que un candidato que quedó segundo en la primera vuelta lograra imponerse en la segunda.
Lula ha reivindicado la victoria como un triunfo compartido con sus votantes. Aseguró que ganó las elecciones «junto con el pueblo brasileño» y denunció que durante la campaña tuvieron que enfrentarse a «la intromisión» procedente del exterior «a través de las plataformas digitales». El mandatario adelantó además que habrá que «regular» a las grandes plataformas digitales.
De perder por 2,2 millones a ganar por más de cuatro
El desenlace supone un vuelco completo respecto a la primera ronda. Entonces, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47% de los apoyos y superó a Lula por cerca de dos puntos, una diferencia equivalente a 2,2 millones de votos.
Desde ese momento, las encuestas dibujaron una segunda vuelta extremadamente ajustada. Aunque ambos candidatos aparecían en empate técnico, Bolsonaro se mantuvo numéricamente por delante en los sondeos. Incluso las dos últimas encuestas publicadas en la víspera de la votación le otorgaban un 51% de intención de voto frente al 49% de Lula.
Las urnas, sin embargo, terminaron invirtiendo esa fotografía.
La calle y las redes empujan la remontada
Después de una primera fase de campaña que el propio Lula llegó a definir como «desorganizada», el presidente modificó por completo su estrategia. Pidió a sus seguidores ocupar las calles y las redes sociales y puso el foco en reducir la abstención, que finalmente cayó casi dos puntos respecto a la primera vuelta.
La militancia respondió con marchas multitudinarias en algunas de las principales ciudades del país, en una movilización del progresismo que no se veía desde hacía años.
Lula también intensificó su actividad desde la Presidencia durante las semanas previas a la votación. Entre otras medidas, logró la aprobación en el Congreso de la jornada laboral, perdonó deudas a millones de trabajadores autónomos y anunció incentivos para el sector de los videojuegos.
Una campaña de desgaste contra Bolsonaro
El presidente combinó esa movilización con una campaña especialmente dura contra Flávio Bolsonaro. Vinculó a su rival con la «motosierra» del presidente argentino, Javier Milei, y advirtió de que una victoria del senador supondría un «riesgo para la democracia».
También recuperó el recuerdo de los recortes durante la Presidencia de Jair Bolsonaro entre 2019 y 2022, así como la intentona golpista que encabezó después de perder las elecciones de aquel año.
Lula insistió además en las sospechas de corrupción que rodean a Flávio y en sus vínculos con familiares de integrantes de grupos paramilitares de Río de Janeiro. Durante la campaña también acusó a su adversario de someter los intereses brasileños a los de Donald Trump en cuestiones como la seguridad o la minería.
«No permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie», proclamó repetidamente durante sus mítines.
Frente a esa ofensiva, Flávio Bolsonaro, elegido candidato con el respaldo de su padre, quien está condenado y en prisión domiciliaria por golpismo, fue perdiendo capacidad para marcar el debate político durante las últimas semanas.
A partir de febrero, además, dejará de contar con sus fueros parlamentarios y tendrá que afrontar al menos dos investigaciones relacionadas con supuestos delitos de blanqueo de capitales.
Un cuarto mandato con un Congreso más a la derecha
La victoria permite a Lula prolongar su etapa al frente de la mayor economía de América Latina y frena, al menos en Brasil, el giro hacia la derecha que ha vivido parte de la región en los últimos años y que ha encontrado respaldo político en Donald Trump.
El nuevo mandato, sin embargo, no será sencillo. Lula comenzará esta nueva etapa con un Parlamento más escorado a la derecha que el que encontró cuatro años atrás, una correlación de fuerzas que condicionará su capacidad para sacar adelante su agenda.
El dirigente del Partido de los Trabajadores afrontará así el que será su último mandato después de una elección que comenzó con desventaja, pasó por una campaña extremadamente ajustada y terminó con una remontada que ya ocupa un lugar singular en la historia electoral brasileña.
São Paulo, 25 oct (EFE).- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ganó este domingo la segunda vuelta de las elecciones con un 51,74 % de los votos, frente al 48,26 % del senador ultra…
Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a desafiar los pronósticos. El presidente brasileño ha ganado este domingo la segunda vuelta de las elecciones con el 51,78% de los votos, frente al 48,22% del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, y ha culminado una remontada inédita desde el regreso de Brasil a la democracia.
Con el 99,98% de las urnas escrutadas, Lula suma 64,2 millones de votos, más de cuatro millones de ventaja sobre su rival y un resultado que mejora ampliamente el conseguido en 2022. La victoria le permitirá asumir el próximo 5 de enero, con 81 años, su cuarto mandato presidencial y el segundo consecutivo.
Nunca antes un presidente brasileño había sido elegido en cuatro ocasiones diferentes. Tampoco había ocurrido, desde el fin de la dictadura militar (1964-1985), que un candidato que quedó segundo en la primera vuelta lograra imponerse en la segunda.
Lula ha reivindicado la victoria como un triunfo compartido con sus votantes. Aseguró que ganó las elecciones «junto con el pueblo brasileño» y denunció que durante la campaña tuvieron que enfrentarse a «la intromisión» procedente del exterior «a través de las plataformas digitales». El mandatario adelantó además que habrá que «regular» a las grandes plataformas digitales.
De perder por 2,2 millones a ganar por más de cuatro
El desenlace supone un vuelco completo respecto a la primera ronda. Entonces, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47% de los apoyos y superó a Lula por cerca de dos puntos, una diferencia equivalente a 2,2 millones de votos.
Desde ese momento, las encuestas dibujaron una segunda vuelta extremadamente ajustada. Aunque ambos candidatos aparecían en empate técnico, Bolsonaro se mantuvo numéricamente por delante en los sondeos. Incluso las dos últimas encuestas publicadas en la víspera de la votación le otorgaban un 51% de intención de voto frente al 49% de Lula.
Las urnas, sin embargo, terminaron invirtiendo esa fotografía.
La calle y las redes empujan la remontada
Después de una primera fase de campaña que el propio Lula llegó a definir como «desorganizada», el presidente modificó por completo su estrategia. Pidió a sus seguidores ocupar las calles y las redes sociales y puso el foco en reducir la abstención, que finalmente cayó casi dos puntos respecto a la primera vuelta.
La militancia respondió con marchas multitudinarias en algunas de las principales ciudades del país, en una movilización del progresismo que no se veía desde hacía años.
Lula también intensificó su actividad desde la Presidencia durante las semanas previas a la votación. Entre otras medidas, logró la aprobación en el Congreso de la jornada laboral, perdonó deudas a millones de trabajadores autónomos y anunció incentivos para el sector de los videojuegos.
Una campaña de desgaste contra Bolsonaro
El presidente combinó esa movilización con una campaña especialmente dura contra Flávio Bolsonaro. Vinculó a su rival con la «motosierra» del presidente argentino, Javier Milei, y advirtió de que una victoria del senador supondría un «riesgo para la democracia».
También recuperó el recuerdo de los recortes durante la Presidencia de Jair Bolsonaro entre 2019 y 2022, así como la intentona golpista que encabezó después de perder las elecciones de aquel año.
Lula insistió además en las sospechas de corrupción que rodean a Flávio y en sus vínculos con familiares de integrantes de grupos paramilitares de Río de Janeiro. Durante la campaña también acusó a su adversario de someter los intereses brasileños a los de Donald Trump en cuestiones como la seguridad o la minería.
«No permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie», proclamó repetidamente durante sus mítines.
Frente a esa ofensiva, Flávio Bolsonaro, elegido candidato con el respaldo de su padre, quien está condenado y en prisión domiciliaria por golpismo, fue perdiendo capacidad para marcar el debate político durante las últimas semanas.
A partir de febrero, además, dejará de contar con sus fueros parlamentarios y tendrá que afrontar al menos dos investigaciones relacionadas con supuestos delitos de blanqueo de capitales.
Un cuarto mandato con un Congreso más a la derecha
La victoria permite a Lula prolongar su etapa al frente de la mayor economía de América Latina y frena, al menos en Brasil, el giro hacia la derecha que ha vivido parte de la región en los últimos años y que ha encontrado respaldo político en Donald Trump.
El nuevo mandato, sin embargo, no será sencillo. Lula comenzará esta nueva etapa con un Parlamento más escorado a la derecha que el que encontró cuatro años atrás, una correlación de fuerzas que condicionará su capacidad para sacar adelante su agenda.
El dirigente del Partido de los Trabajadores afrontará así el que será su último mandato después de una elección que comenzó con desventaja, pasó por una campaña extremadamente ajustada y terminó con una remontada que ya ocupa un lugar singular en la historia electoral brasileña.
20MINUTOS.ES – Internacional
