Pogacar alcanza la eternidad con su quinto Tour a los 27 años

El Tour 2026 terminó como empezó: bajo la amenaza de los incendios que arrasan zonas del sur francés. Se trata de un desenlace excepcional para una edición que paradójicamente ha sido también extraordinaria en lo deportivo, a pesar de la supremacía absoluta de un corredor que a los 27 años ha alcanzado una frontera que parecía reservada a otra época. Un Tour marcado por el calor que, sin embargo, ha batido registros históricos de velocidad y ha ofrecido un dato insólito: no ha ganado una etapa ningún ciclista español, italiano ni francés.Este retroceso del ciclismo mediterráneo queda atenuado por el altísimo nivel de la carrera (sólo hay un vencedor de etapa que no hubiese ganado ya antes en grandes vueltas) y sobre todo por el protagonismo estelar de Pogacar , nuevo miembro del club de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin (el único que los conquistó de forma consecutiva). No sólo ha entrado en el club más selecto de la carrera; ha llegado antes que todos los demás: Anquetil y Hinault tenían 30 años cuando consiguieron su quinta victoria; Merckx 29, e Induráin 31.’Pogi’ lo ha logrado a los 27, con una superioridad incontestable pero sin la solemnidad distante que ha acompañado a otros dominadores. El líder bromea, saluda, habla con naturalidad y conserva una alegría casi infantil sobre la bicicleta. Es simpático y suele caer bien, aunque una parte del público haya empezado a cansarse de verle ganar. «Está claro que hay gente que me detesta; eso pasa siempre con los campeones», afirmó estos días sobre algunos abucheos recibidos durante la carrera.El Tour ha ofrecido mucho movimiento dentro de una carrera de exigencia extrema: ataques casi diarios, fugas de calidad y una nómina de vencedores que confirman el encarecimiento de las etapas en la mejor carrera del mundo. No ha sido un Tour incierto, por culpa de Pogacar; pero sí uno de los mejores y más entretenidos de los últimos años. Y ello teniendo en cuenta el calor, las caídas de Vingegaard o Lipowitz y las polémicas. La carrera siguió siendo interesante después de la primera gran exhibición de Pogacar en el Tourmalet , cuando dejó decidida la clasificación. El esloveno no se limitó a administrar la ventaja porque su instinto depredador y la fortaleza de UAE le empujan siempre hacia delante. Atacó, ganó cinco etapas y batió incluso el récord de ascensión a Alpe d’Huez. La montaña se ha convertido en una medición de la distancia que le separa de los demás.Entre los ‘mortales’, Evenepoel ha confirmado su condición de alternativa, aunque nunca llegase a amenazar de verdad al líder. Isaac del Toro, el protegido de ‘Pogi’, culmina su formidable progresión con un puesto en el podio y el maillot blanco al mejor joven. Y el todavía adolescente Paul Seixas, gran esperanza francesa, resistió entre los mejores hasta la última montaña. Carapaz, ‘rey de los Alpes’ , hizo explotar la tercera semana con un rendimiento fabuloso. Pidcock fue el gran agitador de la segunda. A la competitividad diaria se unió como gran protagonista el calor. Una etapa fue recortada por la alerta roja. Pogacar propuso revisar el calendario para evitar las competiciones de julio y agosto en las regiones más castigadas. La discusión alcanzó también al descanso, con las quejas sobre algunos hoteles y los controles antidopaje de madrugada; y a la seguridad, con la necesidad de mejorar la señalización urbana y contener al un público en los puertos.Discreto papel de los españolesEspaña participó en el Tour con sólo once ciclistas, una cifra bastante escasa. La séptima posición de Juan Ayuso es un resultado agridulce para un ciclista al que se le hizo muy larga la tercera semana. Cabe destacar el afán de Caja Rural por dejarse ver y la insistencia de Movistar en la búsqueda diaria de escapadas que nunca llegaron a fructificar. Son ya tres Tours sin triunfos españoles de ninguna clase. Ese balance discreto de españoles, italianos y franceses no altera para nada, en cualquier caso, la dimensión del vencedor, aunque la magnitud de su dominio haya bastado para alimentar sospechas y conspiraciones en las redes sociales. Pogacar conoce la dureza del oficio, pero su facilidad aparente puede hacerla olvidar. En París dejó de perseguir a los mitos para instalarse entre ellos. Es difícil imaginar que no quiera más el año próximo. El Tour 2026 terminó como empezó: bajo la amenaza de los incendios que arrasan zonas del sur francés. Se trata de un desenlace excepcional para una edición que paradójicamente ha sido también extraordinaria en lo deportivo, a pesar de la supremacía absoluta de un corredor que a los 27 años ha alcanzado una frontera que parecía reservada a otra época. Un Tour marcado por el calor que, sin embargo, ha batido registros históricos de velocidad y ha ofrecido un dato insólito: no ha ganado una etapa ningún ciclista español, italiano ni francés.Este retroceso del ciclismo mediterráneo queda atenuado por el altísimo nivel de la carrera (sólo hay un vencedor de etapa que no hubiese ganado ya antes en grandes vueltas) y sobre todo por el protagonismo estelar de Pogacar , nuevo miembro del club de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin (el único que los conquistó de forma consecutiva). No sólo ha entrado en el club más selecto de la carrera; ha llegado antes que todos los demás: Anquetil y Hinault tenían 30 años cuando consiguieron su quinta victoria; Merckx 29, e Induráin 31.’Pogi’ lo ha logrado a los 27, con una superioridad incontestable pero sin la solemnidad distante que ha acompañado a otros dominadores. El líder bromea, saluda, habla con naturalidad y conserva una alegría casi infantil sobre la bicicleta. Es simpático y suele caer bien, aunque una parte del público haya empezado a cansarse de verle ganar. «Está claro que hay gente que me detesta; eso pasa siempre con los campeones», afirmó estos días sobre algunos abucheos recibidos durante la carrera.El Tour ha ofrecido mucho movimiento dentro de una carrera de exigencia extrema: ataques casi diarios, fugas de calidad y una nómina de vencedores que confirman el encarecimiento de las etapas en la mejor carrera del mundo. No ha sido un Tour incierto, por culpa de Pogacar; pero sí uno de los mejores y más entretenidos de los últimos años. Y ello teniendo en cuenta el calor, las caídas de Vingegaard o Lipowitz y las polémicas. La carrera siguió siendo interesante después de la primera gran exhibición de Pogacar en el Tourmalet , cuando dejó decidida la clasificación. El esloveno no se limitó a administrar la ventaja porque su instinto depredador y la fortaleza de UAE le empujan siempre hacia delante. Atacó, ganó cinco etapas y batió incluso el récord de ascensión a Alpe d’Huez. La montaña se ha convertido en una medición de la distancia que le separa de los demás.Entre los ‘mortales’, Evenepoel ha confirmado su condición de alternativa, aunque nunca llegase a amenazar de verdad al líder. Isaac del Toro, el protegido de ‘Pogi’, culmina su formidable progresión con un puesto en el podio y el maillot blanco al mejor joven. Y el todavía adolescente Paul Seixas, gran esperanza francesa, resistió entre los mejores hasta la última montaña. Carapaz, ‘rey de los Alpes’ , hizo explotar la tercera semana con un rendimiento fabuloso. Pidcock fue el gran agitador de la segunda. A la competitividad diaria se unió como gran protagonista el calor. Una etapa fue recortada por la alerta roja. Pogacar propuso revisar el calendario para evitar las competiciones de julio y agosto en las regiones más castigadas. La discusión alcanzó también al descanso, con las quejas sobre algunos hoteles y los controles antidopaje de madrugada; y a la seguridad, con la necesidad de mejorar la señalización urbana y contener al un público en los puertos.Discreto papel de los españolesEspaña participó en el Tour con sólo once ciclistas, una cifra bastante escasa. La séptima posición de Juan Ayuso es un resultado agridulce para un ciclista al que se le hizo muy larga la tercera semana. Cabe destacar el afán de Caja Rural por dejarse ver y la insistencia de Movistar en la búsqueda diaria de escapadas que nunca llegaron a fructificar. Son ya tres Tours sin triunfos españoles de ninguna clase. Ese balance discreto de españoles, italianos y franceses no altera para nada, en cualquier caso, la dimensión del vencedor, aunque la magnitud de su dominio haya bastado para alimentar sospechas y conspiraciones en las redes sociales. Pogacar conoce la dureza del oficio, pero su facilidad aparente puede hacerla olvidar. En París dejó de perseguir a los mitos para instalarse entre ellos. Es difícil imaginar que no quiera más el año próximo.  

El Tour 2026 terminó como empezó: bajo la amenaza de los incendios que arrasan zonas del sur francés. Se trata de un desenlace excepcional para una edición que paradójicamente ha sido también extraordinaria en lo deportivo, a pesar de la supremacía absoluta de un … corredor que a los 27 años ha alcanzado una frontera que parecía reservada a otra época. Un Tour marcado por el calor que, sin embargo, ha batido registros históricos de velocidad y ha ofrecido un dato insólito: no ha ganado una etapa ningún ciclista español, italiano ni francés.

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