El Grand Prix del Verano volvió a la parrilla de Televisión Española en plena forma: la primera entrega de esta nueva temporada logró un 16,8% de share y 1.427.000 espectadores, siendo su mejor estreno en La 1 en cuota desde 2023, año en el que regresó a RTVE tras décadas sin emitirse. Además, el concurso de Ramón García, LalaChus, Wilbur, la Vaquilla (con el atleta Miguel del Pozo dentro) y Gorka Rodríguez mejoró en 512.000 televidentes el lanzamiento de la edición emitida en 2025.
Tras el éxtasis por la segunda estrella de La Roja, El Grand Prix regresa a La 1 con la segunda entrega de esta temporada. Al frente, un año más, Ramón García, que sigue en plena forma tras décadas al frente del concurso
El Grand Prix del Verano volvió a la parrilla de Televisión Española en plena forma: la primera entrega de esta nueva temporada logró un 16,8% de share y 1.427.000 espectadores, siendo su mejor estreno en La 1 en cuota desde 2023, año en el que regresó a RTVE tras décadas sin emitirse. Además, el concurso de Ramón García, LalaChus, Wilbur, la Vaquilla (con el atleta Miguel del Pozo dentro) y Gorka Rodríguez mejoró en 512.000 televidentes el lanzamiento de la edición emitida en 2025.
Durante todos los años en los que se ha emitido El Grand Prix, el formato ha sufrido cambios en sus pruebas, en el plató, en los copresentadores que han acompañado a Ramón García, pero lo que no cambia es el veterano presentador, que como bien recuerda «El Grand Prix es un hijo mío»: «Lo he presentado, dirigido, producido, sé el presupuesto, sé lo que pasa detrás… No soy un presentador al uso: soy global. Y eso se aprende en un plató, no en una facultad».
Hemos podido hablar con el presentador, que este año ha vuelto a las casas de los españoles con el «el programa del niño y del abuelo», como dice su sintonía, y lo ha hecho como siempre: con la ilusión del primer día y la experiencia de quien lleva media vida en televisión. Él mismo lo reconoce sin rodeos: «El día que me ponga una petaca de micro y no me emocione, ese día diré ‘hasta aquí'». De momento, no ha llegado.
Está a punto de cumplir 65 años, aunque él puntualiza: «De momento tengo 64, que la Seguridad Social me llamó hace poco para recordarme que llevo 43 años cotizados. No me siento mayor, pero sé que lo soy». Aun así, se ve bien, con ganas. Su relación con el trabajo es simple, lo necesita: «A mí lo que más me gusta del mundo es trabajar. La tele me hace compañía. Es mi terapia. He envejecido con la población española».
«Hay gente que quiere jubilarse para hacer lo que nunca hizo. Yo no porque lo que más me gusta es lo que hago»
La jubilación no entra en sus planes, es que ni la desea ni la imagina. «¿Qué hago yo jubilado? Un mes en Benidorm paseando, vale. ¿Y el segundo?». Tiene amigos que se han retirado y que, al poco tiempo, le dicen: «Qué suerte que sigas trabajando». Él lo ve claro, la jubilación puede traer una soledad no deseada. Y él no quiere eso. Su vida está hecha de ritmo, de directo, de emoción, de oficio.
Ese oficio se ve especialmente en En Compañía, el programa que presenta en Castilla-La Mancha Media y que le ha marcado. Allí ha visto de cerca la soledad, la necesidad de compañía, la importancia de escuchar a las personas que le visitan a diario: «Hay gente que quiere jubilarse para hacer lo que nunca hizo. Yo no porque lo que más me gusta es lo que hago. Me río, lloro, elijo canciones, pienso ideas… ¿Qué trabajo me va a dar más que esto?». Y cuando habla de El Grand Prix, se le quiebra la voz: «Siempre digo: ‘Hoy no voy a llorar’, pero siempre pasa algo». En el último programa de cada grabación, cuando terminan todas las pruebas, se queda solo y lanza un speech para el equipo: «Este año también lo he grabado. Me sale del corazón».
No obstante, aunque el presentador se siente en plena forma, el concurso de La 1 es físico y exigente, una paliza para todo el equipo. «Empiezas a las tres de la tarde y acabas a las 12 de la noche». Este año, además, le pilló un catarro y tuvieron que pincharle. «Llegué sin voz, pero había 500 personas esperando. Pinchazo… y a la media hora cantaba como Pavarotti«, recuerda entre risas. También se lesionó haciendo una voltereta. «Sí, soy tonto», admite. «Me tiré como si tuviera 25 años. Me hice una intercostalgia. El médico me dijo: ‘¿Cómo haces el programa así?’. Pues haciéndolo», comenta con una gran sonrisa en la cara.
Este año, a su lado, repite LalaChus y debuta Gorka Rodríguez, y para ambos tiene palabras de cariño, ya que Lalachus ya sabía lo que era el Grand Prix porque estuvo el año pasado, y Gorka ha llegado nuevo, pero vio claro desde el principio que tenía que estar con ellos: «Le fiché yo. Tiene ritmo de radio, es simpático, cae bien. El primer programa parecía que llevaba tres años haciéndolo».
Esa visión global de la veteranía de García se incluye también la técnica, ya que el bilbaíno cuida cosas que muchos espectadores no ven, pero que hacen televisión: «Coloco a los concursantes sin que se note, favorezco la luz, no me cruzo en cámara. Son detalles que hacen televisión». Para él, la tele es oficio, artesanía, precisión y también, servicio público, y sabe muy bien por qué: «He trabajado toda mi vida en televisiones públicas. Y creo en ellas. La tele tiene que informar, sí, pero también entretener«.
«Me gustaría enseñar lo que sé: dónde está la luz, el contraplano, cómo colocarte. Pero ya nadie enseña eso»
Cuando se le pregunta por el relevo generacional en la televisión, señala que «hay que ir feliz a trabajar. Y me gustaría enseñar lo que sé: dónde está la luz, el contraplano, cómo colocarte. Pero ya nadie enseña eso. Hay gente que no sabe ni qué es un contraluz». Lo dice sin reproche, pero con preocupación porque siente que el oficio se está perdiendo: «Antes aprendías de todo: luz, realización, decorados. Ahora todo es plano, todo igual, los mismos invitados en todos los programas. Así la tele se muere. La tele es imaginación, color, ritmo».
Él es de otra generación, de la televisión hecha «con cabeza y con alma, de la que se ensaya porque hoy casi nadie ensaya», se lamenta. Él aprendió de los mejores, y una de ellas fue Rafaella Carrà. «Ella pidió que yo fuera a su programa. De ahí salió ¿Qué apostamos? Aprendí de ella observándola: ensayaba todo, era minuciosa». También le enseñó algo que repite como un mantra: «La gente cree que yo soy importante. No. Importantes son los que se sientan en el sofá de los invitados». Para García, el invitado es el centro de los programas y no le gusta que haya presentadores que se ponen por delante de ellos: «Cantan más que el invitado, opinan más que él… ¿para qué? El invitado es el importante».
A lo largo de su carrera, ha hecho prácticamente todo porque «siempre hice lo que quise», aunque tiene un formato pendiente: un gran contenedor de mañana en directo. «Lo hice en radio, pero me hubiese gustado hacerlo en tele». ¿Todavía podría? «Claro», afirma. «Jesús Hermida empezó mayor», añade. Pero advierte que no es un formato para cualquiera: «Hay que dominar el directo y saber entrevistar a un presidente o a un señor de un pueblo que viene a hablar de chorizos. Eso es ser un profesional completo».
De momento, El Grand Prix del Verano ha demostrado que ha vuelto a Televisión Española en plena forma, con un presentador como Ramón García dispuesto a darlo todo por el formato que considera como un hijo y feliz porque tiene unos compañeros como LalaChus, Wilbur, la Vaquilla y Gorka Rodríguez que le ayudan a que el concurso de La 1 sea, un verano más, «el programa del niño y del abuelo»
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