«Presa, vete ya»: quince años de guerra en Vallecas

«Presa, vete ya». Tres palabras convertidas desde hace años en la banda sonora de Vallecas. Un cántico que se repite cada partido en las gradas, en manifestaciones y alrededor de un estadio que vive desde hace mucho tiempo enfrentado con su presidente. Para quien observe la situación desde fuera puede parecer una consigna repetida por costumbre, pero el rechazo hacia Raúl Martín Presa tiene un recorrido mucho más largo que no nació con el cierre del campo, ni con el exilio en Butarque, ni con los incidentes acontecidos en este último año. Para entender el origen de esas tres palabras hay que retroceder hasta el momento de su llegada al club, en 2011.El 5 de mayo de aquel año, Presa se hizo con el 98,6% de las acciones del Rayo Vallecano, que hasta aquel entonces pertenecían a la familia Ruiz-Mateos. La entidad atravesaba una situación económica crítica, que había llevado al club a iniciar los trámites previos al concurso de acreedores en febrero. La deuda que arrastraba el Rayo se situaba próxima a los 40 millones de euros y los jugadores y empleados acumulaban meses sin cobrar. El nuevo propietario asumió el control en mitad de una crisis que amenazaba la propia viabilidad del club.La llegada de Presa coincidió, además, con uno de los momentos deportivos más importantes de la historia contemporánea rayista. Apenas unas semanas después de formalizarse la venta, el Rayo certificó su ascenso a Primera División tras ocho temporadas alejado de la máxima categoría. El éxito sobre el césped contrastaba con todo lo que ocurría fuera de él. Los problemas económicos seguían ahí y el Rayo no podía hacer frente con normalidad a todos sus pagos. El 20 de junio, poco más de un mes después del cambio de propiedad, la entidad solicitó formalmente el concurso voluntario de acreedores, un procedimiento judicial pensado para ordenar las deudas, negociar con quienes tenían dinero pendiente de cobrar y permitir que la institución pudiera seguir funcionando mientras trataba de sanear su situación económica.Presa había llegado comprometiéndose a afrontar los salarios atrasados y a aportar el capital necesario para que el club pudiera seguir funcionando hasta el final de aquella temporada. Incluso durante el verano llegó a adelantar de su propio bolsillo parte de las cantidades pendientes con la plantilla. Pero la delicada situación económica no tardó en trasladarse a la relación con la grada.Las primeras protestas importantes llegaron apenas dos meses después de su llegada a Vallecas. En julio de 2011, alrededor de medio centenar de aficionados convocados por la Plataforma ADRV acamparon junto al estadio para mostrar su descontento con la gestión de la nueva propiedad. Entre sus principales reivindicaciones se encontraban la subida del precio de los abonos, que consideraban excesiva para la realidad social de Vallecas, y la manera en la que se estaban gestionando los pagos pendientes a futbolistas y trabajadores. «Martín Presa llegó al Rayo haciendo muy mal las cosas y reproduciendo la actitud de los Ruiz-Mateos», confesaba José Ángel Gómez, abonado del Rayo Vallecano presente en la acampada. Aquella protesta podría considerarse el origen de la enemistad. Presa apenas llevaba unas semanas al frente del club y ya empezaba a aparecer una brecha entre la propiedad y una parte de la masa social.La distancia fue aumentando a medida que transcurrían las siguientes temporadas. En marzo de 2013 llegó uno de los primeros grandes puntos de fractura. La Federación de Peñas anunció públicamente la «ruptura total» de relaciones con los gestores del club y solicitó la dimisión de la Junta Directiva. Este conflicto estalló después de la detención de trece aficionados ‘bukaneros’, un episodio tras el que la Federación de Peñas denunció una «campaña de criminalización» contra determinados sectores de la afición. Pero su comunicado iba mucho más allá de aquel hecho concreto.Los colectivos denunciaban entonces lo que consideraban una política de persecución hacia determinados sectores de la afición, criticando las subidas en el precio de los abonos y señalando también el deterioro del estadio. La Federación de Peñas sostenía que desde la llegada de la nueva directiva se estaba intentando silenciar a quienes discrepaban con la gestión del club. La relación entre ambas partes dejó entonces de ser simplemente difícil para convertirse en un enfrentamiento abierto.A partir de ahí, el «Presa, vete ya» dejó de estar vinculado a una sola decisión. Cada nuevo conflicto fue sumándose a los anteriores y alimentando una desconfianza que había nacido casi al mismo tiempo que su presidencia. En 2017, el fichaje de Roman Zozulya abrió otro frente entre el club y afición.La incorporación del delantero ucraniano fue impedida por los aficionados franjirrojos por su supuesta vinculación con posiciones de extrema derecha y terminó abandonando Vallecas sin llegar a debutar en el primer equipo. «Lo de traer al ucraniano este fue una falta de respeto para el club en todos sus estamentos y para el propio barrio», lamentaba a ABC Julián Casares, abonado del Rayo Vallecano desde hace 34 años. El episodio volvió a evidenciar la distancia entre la directiva y una parte de los seguidores en cuestiones que estos últimos consideraban ligadas a la identidad del club.Un año después, el estadio pasó al centro del debate. Vallecas tuvo que cerrar temporalmente por problemas relacionados con las obras y la seguridad del recinto, lo que provocó nuevas protestas contra la gestión del club y de las instituciones responsables. En 2019 regresaron además las discrepancias por la subida del precio de los abonos después del descenso a Segunda.La relación entre ambas partes volvió a tensarse en 2022 con la contratación de Carlos Santiso como entrenador del equipo femenino, después de hacerse públicos unos audios del técnico que generaron una fuerte polémica. «Ese entrenador ya había estado con las chicas un par de temporadas. Le echaron y luego le volvieron a traer. Estos pequeños detalles son los que poco a poco hacen que Presa esté vendiendo el alma de este club», declaró también Casares.El detonante de la situación actual se remonta al pasado 28 de julio, cuando la Comunidad de Madrid suspendió cautelarmente la concesión del Estadio de Vallecas tras detectar deficiencias en el recinto, viéndose obligado el Rayo a disputar sus primeros partidos como local en Butarque. «Para mí, lo más grave es que no se ha cumplido la normativa, porque se ha estado poniendo en riesgo a todos los que hemos acudido al estadio», declaraba a ABC Ángel Domínguez, vicepresidente de la Asociación de Peñas.La decisión de trasladar los primeros partidos al campo del Leganés provocó una de las mayores movilizaciones contra Presa desde su llegada al club. Mientras el Rayo disputaba allí su primer encuentro como local de la temporada, miles de aficionados se manifestaron alrededor del Estadio de Vallecas bajo el lema «El Rayo es de Vallekas o no será». «Hemos estado en manifestaciones por temas también muy graves, como en su día los impagos de los Ruiz-Mateos, y la asistencia se ha triplicado. Eso habla a las claras de que la gente está muy concienciada de que hay que movilizarse para conseguir que Martín Presa salga del Rayo Vallecano», explica Domínguez en contraste con aquellas primeras manifestaciones de 2011. La defensa de Vallecas está además estrechamente ligada al futuro del estadio. La Comunidad de Madrid asegura que Presa pretende trasladar al Rayo a un nuevo recinto en terrenos de ADIF en Abroñigal, mientras la afición reclama que el equipo permanezca en su ubicación histórica, contemplándose también la opción de una reforma integral del actual estadio.Por último, el desencuentro entre ambas partes volvió a alcanzar un punto crítico este mes de octubre. El regreso liguero a Vallecas ante el Athletic terminó suspendido después de varios parones provocados por el lanzamiento de aviones de papel y otros objetos al terreno de juego como parte de las protestas contra Presa, llegando a disputarse solo 13 minutos de encuentro. El episodio derivó además en el cierre parcial del estadio durante un partido y una multa de 6.000 euros al club.Lejos de dar por terminadas las movilizaciones, la protesta amenaza con volver a marcar el partido de este sábado ante el Elche (14:00 horas). Según las informaciones conocidas durante la semana, sectores de la afición preparan el lanzamiento al terreno de juego de miles de copias de abonos con la imagen de Martín Presa y alrededor de 8.500 pelotas de goma, e incluso se contempla una posible invasión de campo si el encuentro no llega a detenerse por otros medios.Quince años después de su llegada, el «Presa, vete ya» ya no puede explicarse por un único episodio. Los motivos han ido cambiando con el tiempo, pero la animadversión entre la propiedad y la afición se ha mantenido como una constante hasta desembocar en la situación actual del club. «Presa, vete ya». Tres palabras convertidas desde hace años en la banda sonora de Vallecas. Un cántico que se repite cada partido en las gradas, en manifestaciones y alrededor de un estadio que vive desde hace mucho tiempo enfrentado con su presidente. Para quien observe la situación desde fuera puede parecer una consigna repetida por costumbre, pero el rechazo hacia Raúl Martín Presa tiene un recorrido mucho más largo que no nació con el cierre del campo, ni con el exilio en Butarque, ni con los incidentes acontecidos en este último año. Para entender el origen de esas tres palabras hay que retroceder hasta el momento de su llegada al club, en 2011.El 5 de mayo de aquel año, Presa se hizo con el 98,6% de las acciones del Rayo Vallecano, que hasta aquel entonces pertenecían a la familia Ruiz-Mateos. La entidad atravesaba una situación económica crítica, que había llevado al club a iniciar los trámites previos al concurso de acreedores en febrero. La deuda que arrastraba el Rayo se situaba próxima a los 40 millones de euros y los jugadores y empleados acumulaban meses sin cobrar. El nuevo propietario asumió el control en mitad de una crisis que amenazaba la propia viabilidad del club.La llegada de Presa coincidió, además, con uno de los momentos deportivos más importantes de la historia contemporánea rayista. Apenas unas semanas después de formalizarse la venta, el Rayo certificó su ascenso a Primera División tras ocho temporadas alejado de la máxima categoría. El éxito sobre el césped contrastaba con todo lo que ocurría fuera de él. Los problemas económicos seguían ahí y el Rayo no podía hacer frente con normalidad a todos sus pagos. El 20 de junio, poco más de un mes después del cambio de propiedad, la entidad solicitó formalmente el concurso voluntario de acreedores, un procedimiento judicial pensado para ordenar las deudas, negociar con quienes tenían dinero pendiente de cobrar y permitir que la institución pudiera seguir funcionando mientras trataba de sanear su situación económica.Presa había llegado comprometiéndose a afrontar los salarios atrasados y a aportar el capital necesario para que el club pudiera seguir funcionando hasta el final de aquella temporada. Incluso durante el verano llegó a adelantar de su propio bolsillo parte de las cantidades pendientes con la plantilla. Pero la delicada situación económica no tardó en trasladarse a la relación con la grada.Las primeras protestas importantes llegaron apenas dos meses después de su llegada a Vallecas. En julio de 2011, alrededor de medio centenar de aficionados convocados por la Plataforma ADRV acamparon junto al estadio para mostrar su descontento con la gestión de la nueva propiedad. Entre sus principales reivindicaciones se encontraban la subida del precio de los abonos, que consideraban excesiva para la realidad social de Vallecas, y la manera en la que se estaban gestionando los pagos pendientes a futbolistas y trabajadores. «Martín Presa llegó al Rayo haciendo muy mal las cosas y reproduciendo la actitud de los Ruiz-Mateos», confesaba José Ángel Gómez, abonado del Rayo Vallecano presente en la acampada. Aquella protesta podría considerarse el origen de la enemistad. Presa apenas llevaba unas semanas al frente del club y ya empezaba a aparecer una brecha entre la propiedad y una parte de la masa social.La distancia fue aumentando a medida que transcurrían las siguientes temporadas. En marzo de 2013 llegó uno de los primeros grandes puntos de fractura. La Federación de Peñas anunció públicamente la «ruptura total» de relaciones con los gestores del club y solicitó la dimisión de la Junta Directiva. Este conflicto estalló después de la detención de trece aficionados ‘bukaneros’, un episodio tras el que la Federación de Peñas denunció una «campaña de criminalización» contra determinados sectores de la afición. Pero su comunicado iba mucho más allá de aquel hecho concreto.Los colectivos denunciaban entonces lo que consideraban una política de persecución hacia determinados sectores de la afición, criticando las subidas en el precio de los abonos y señalando también el deterioro del estadio. La Federación de Peñas sostenía que desde la llegada de la nueva directiva se estaba intentando silenciar a quienes discrepaban con la gestión del club. La relación entre ambas partes dejó entonces de ser simplemente difícil para convertirse en un enfrentamiento abierto.A partir de ahí, el «Presa, vete ya» dejó de estar vinculado a una sola decisión. Cada nuevo conflicto fue sumándose a los anteriores y alimentando una desconfianza que había nacido casi al mismo tiempo que su presidencia. En 2017, el fichaje de Roman Zozulya abrió otro frente entre el club y afición.La incorporación del delantero ucraniano fue impedida por los aficionados franjirrojos por su supuesta vinculación con posiciones de extrema derecha y terminó abandonando Vallecas sin llegar a debutar en el primer equipo. «Lo de traer al ucraniano este fue una falta de respeto para el club en todos sus estamentos y para el propio barrio», lamentaba a ABC Julián Casares, abonado del Rayo Vallecano desde hace 34 años. El episodio volvió a evidenciar la distancia entre la directiva y una parte de los seguidores en cuestiones que estos últimos consideraban ligadas a la identidad del club.Un año después, el estadio pasó al centro del debate. Vallecas tuvo que cerrar temporalmente por problemas relacionados con las obras y la seguridad del recinto, lo que provocó nuevas protestas contra la gestión del club y de las instituciones responsables. En 2019 regresaron además las discrepancias por la subida del precio de los abonos después del descenso a Segunda.La relación entre ambas partes volvió a tensarse en 2022 con la contratación de Carlos Santiso como entrenador del equipo femenino, después de hacerse públicos unos audios del técnico que generaron una fuerte polémica. «Ese entrenador ya había estado con las chicas un par de temporadas. Le echaron y luego le volvieron a traer. Estos pequeños detalles son los que poco a poco hacen que Presa esté vendiendo el alma de este club», declaró también Casares.El detonante de la situación actual se remonta al pasado 28 de julio, cuando la Comunidad de Madrid suspendió cautelarmente la concesión del Estadio de Vallecas tras detectar deficiencias en el recinto, viéndose obligado el Rayo a disputar sus primeros partidos como local en Butarque. «Para mí, lo más grave es que no se ha cumplido la normativa, porque se ha estado poniendo en riesgo a todos los que hemos acudido al estadio», declaraba a ABC Ángel Domínguez, vicepresidente de la Asociación de Peñas.La decisión de trasladar los primeros partidos al campo del Leganés provocó una de las mayores movilizaciones contra Presa desde su llegada al club. Mientras el Rayo disputaba allí su primer encuentro como local de la temporada, miles de aficionados se manifestaron alrededor del Estadio de Vallecas bajo el lema «El Rayo es de Vallekas o no será». «Hemos estado en manifestaciones por temas también muy graves, como en su día los impagos de los Ruiz-Mateos, y la asistencia se ha triplicado. Eso habla a las claras de que la gente está muy concienciada de que hay que movilizarse para conseguir que Martín Presa salga del Rayo Vallecano», explica Domínguez en contraste con aquellas primeras manifestaciones de 2011. La defensa de Vallecas está además estrechamente ligada al futuro del estadio. La Comunidad de Madrid asegura que Presa pretende trasladar al Rayo a un nuevo recinto en terrenos de ADIF en Abroñigal, mientras la afición reclama que el equipo permanezca en su ubicación histórica, contemplándose también la opción de una reforma integral del actual estadio.Por último, el desencuentro entre ambas partes volvió a alcanzar un punto crítico este mes de octubre. El regreso liguero a Vallecas ante el Athletic terminó suspendido después de varios parones provocados por el lanzamiento de aviones de papel y otros objetos al terreno de juego como parte de las protestas contra Presa, llegando a disputarse solo 13 minutos de encuentro. El episodio derivó además en el cierre parcial del estadio durante un partido y una multa de 6.000 euros al club.Lejos de dar por terminadas las movilizaciones, la protesta amenaza con volver a marcar el partido de este sábado ante el Elche (14:00 horas). Según las informaciones conocidas durante la semana, sectores de la afición preparan el lanzamiento al terreno de juego de miles de copias de abonos con la imagen de Martín Presa y alrededor de 8.500 pelotas de goma, e incluso se contempla una posible invasión de campo si el encuentro no llega a detenerse por otros medios.Quince años después de su llegada, el «Presa, vete ya» ya no puede explicarse por un único episodio. Los motivos han ido cambiando con el tiempo, pero la animadversión entre la propiedad y la afición se ha mantenido como una constante hasta desembocar en la situación actual del club.  

«Presa, vete ya». Tres palabras convertidas desde hace años en la banda sonora de Vallecas. Un cántico que se repite cada partido en las gradas, en manifestaciones y alrededor de un estadio que vive desde hace mucho tiempo enfrentado con su presidente. Para quien … observe la situación desde fuera puede parecer una consigna repetida por costumbre, pero el rechazo hacia Raúl Martín Presa tiene un recorrido mucho más largo que no nació con el cierre del campo, ni con el exilio en Butarque, ni con los incidentes acontecidos en este último año. Para entender el origen de esas tres palabras hay que retroceder hasta el momento de su llegada al club, en 2011.

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