Tres asesinatos en una ‘década negra’: la violencia política vuelve a sacudir al Reino Unido tras la muerte de Ann Widdecombe

El asesinato de la exdiputada británica Ann Widdecombe, miembro del partido Reform UK, que aúna a los antiguos partidarios del brexit, ha vuelto a encender las alarmas en Reino Unido: está siendo una década negra, pues es el tercer crimen contra un cargo público tras los de Jo Cox y David Amess. Widdecombe fue atacada en su casa, y presentaba importantes signos de violencia, entre ellos un disparo en la cabeza, según los investigadores, que días después detuvieron a un hombre de 28 años como presunto autor de los hechos.

«Está claro que se trató de un ataque dirigido. Seguimos trabajando para comprender hasta qué punto existió planificación o preparación y cuál fue la motivación detrás de ese ataque», ha declarado en una comparecencia ante la prensa el comisario adjunto Laurence Taylor, máximo responsable de la Policía Antiterrorista del Reino Unido. La también exeurodiputada se unió a una lista que ha puesto otra vez en el foco temas como la polarización o la seguridad de los políticos.

El 16 de junio de 2016, el Reino Unido quedó paralizado tras el brutal asesinato de la diputada laborista Jo Cox en Birstall, en el condado de West Yorkshire, un crimen ocurrido en los tensos días previos al referéndum sobre la salida de la UE. Cox, una destacada defensora de los derechos humanos y de la permanencia británica en el bloque comunitario, fue atacada por Thomas Mair con un arma de fuego y un cuchillo mientras se dirigía a una reunión con sus votantes. El agresor, que gritó consignas ultranacionalistas durante el ataque, fue condenado a cadena perpetua por lo que las autoridades calificaron como un acto de terrorismo de extrema derecha. Este suceso no solo obligó a suspender temporalmente la campaña electoral de aquel año, sino que también desató un debate urgente y profundo sobre los peligros de la polarización política y la creciente vulnerabilidad de los representantes públicos ante el discurso de odio.

Cinco años después, la democracia británica volvió a recibir un duro golpe cuando el veterano diputado conservador David Amess fue asesinado el 15 de octubre de 2021 durante un encuentro comunitario en una iglesia de Leigh-on-Sea. Amess, reconocido por su histórica cercanía con los ciudadanos de su circunscripción, recibió múltiples puñaladas de Ali Harbi Ali, un agresor inspirado por el extremismo islamista del Estado Islámico. La muerte del diputado, que falleció en el lugar de los hechos a los 69 años, fue declarada oficialmente como un atentado terrorista y terminó con una condena de prisión de por vida para el autor en 2022. Esta tragedia reabrió las heridas del caso Cox y puso nuevamente sobre la mesa el difícil dilema de cómo proteger la vida de los parlamentarios, algo que ha vuelto al debate público con la muerte de Widdecombe.

Adrián Caballero, politólogo y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Barcelona y director de Simple Política, explica a 20minutos que los tres son «casos aislados» porque se dan con bastante tiempo de diferencia, pero la variable «de la polarización existe» en el Reino Unido. «Eso es evidente», comenta. ¿Por qué? «Porque cada vez hay un porcentaje más de gente que no vota tanto al programa electoral en sí, sino al candidato, a aquello que se transmite, a cada vez más gente vota en el último momento, es decir, en la propia campaña electoral o el último día antes de las elecciones».

Esa influencia se nota incluso en casos como los tres mencionados. «Se crea un entorno en el que se apela más a los sentimientos y eso, aunque no haya una relación directa necesariamente, puede provocar que haya gente que vaya más allá», expone Caballero, dejando claro que no tiene por qué darse una causa-efecto. Y matiza: «Claramente son hechos aislados porque si todo estuviera relacionado con la crispación política tendríamos muchos más casos» y no es así.

«Hablo de polarización, pero no señalando a los políticos que polarizan o a determinados discursos», sino porque «esa polarización apela más a los sentimientos y también hay una parte del mensaje en el que el contrario ya no es el rival político, sino que es el enemigo«, termina diciendo el politólogo, que insiste, pese a ese clima «en el 99% de los casos» nunca se llega al extremo del asesinato.

Daniel Gil, analista en The Political Room, tiene, por su parte, un análisis algo más profundo. «El clima que se vive en torno a la violencia en Reino Unido es complicado», asegura, y lo menciona no solo por estos asesinatos, «también en más de una ocasión se ha tratado de atentar físicamente contra representantes públicos y no se ha conseguido. Es decir, que podrían haber sido más y que hay una intención de que más hechos de este tipo se hubieran producido», recuerda.

«Nos encontramos en una especie de tormenta perfecta para este tipo de cuestiones. Por un lado, y la situación general de Reino Unido, que aplica a prácticamente toda Europa. Falta de oportunidades, crisis de vivienda, falta de prosperidad y, en general, una sensación en muchas capas de la población de que el sistema como tal ha tocado techo, el Estado ya no es capaz de proveer para mí un cuestionamiento profundo de la legitimidad del Estado y del sistema», resume Gil, que pide eso sí no exagerar la ‘foto’ que se saca de la situación. «El clima no está marcado por la violencia ni la situación es de pre-guerra civil».

Reino Unido tiene la particularidad que el debate político se ha polarizado mucho en torno a varios ejes que son irreconciliables, comenta el analista, que pone como ejemplos de esto la salida de la UE o la división entre las zonas «más cosmopolitas» y las «más rurales» del país. «Personas de izquierda, que cada vez están más a la izquierda, y personas de derecha, que cada vez están más a la derecha, y cada vez se toleran menos entre sí. Pero no es solo eso. Construimos y vemos modos de vida alternativos, donde los de la ciudad nos respetan a los de los pueblos, los del pueblo nos respetan a la ciudad», ejemplifica, y habla de que en algunos casos se da «un sentimiento de humillación».

La realidad es que Reino Unido atraviesa desde hace años su mayor crisis política. Jo Cox, David Amess y Ann Widdecombe son tres casos que, según los expertos, no marcan un patrón, pero sí sacuden a una sociedad en la que el peso de la política es enorme: además, son casos que afectan a tres posicionamientos políticos diferentes y que han ido devolviendo, paulatinamente, la pregunta de qué hacer para proteger a los representantes públicos.

 Los expertos consultados por 20minutos entienden que son casos aislados, pero en los que hay una influencia de la polarización política que vive el país.  

El asesinato de la exdiputada británica Ann Widdecombe, miembro del partido Reform UK, que aúna a los antiguos partidarios del brexit, ha vuelto a encender las alarmas en Reino Unido: está siendo una década negra, pues es el tercer crimen contra un cargo público tras los de Jo Cox y David Amess. Widdecombe fue atacada en su casa, y presentaba importantes signos de violencia, entre ellos un disparo en la cabeza, según los investigadores, que días después detuvieron a un hombre de 28 años como presunto autor de los hechos. 

«Está claro que se trató de un ataque dirigido. Seguimos trabajando para comprender hasta qué punto existió planificación o preparación y cuál fue la motivación detrás de ese ataque», ha declarado en una comparecencia ante la prensa el comisario adjunto Laurence Taylor, máximo responsable de la Policía Antiterrorista del Reino Unido. La también exeurodiputada se unió a una lista que ha puesto otra vez en el foco temas como la polarización o la seguridad de los políticos.

El 16 de junio de 2016, el Reino Unido quedó paralizado tras el brutal asesinato de la diputada laborista Jo Cox en Birstall, en el condado de West Yorkshire, un crimen ocurrido en los tensos días previos al referéndum sobre la salida de la UE. Cox, una destacada defensora de los derechos humanos y de la permanencia británica en el bloque comunitario, fue atacada por Thomas Mair con un arma de fuego y un cuchillo mientras se dirigía a una reunión con sus votantes. El agresor, que gritó consignas ultranacionalistas durante el ataque, fue condenado a cadena perpetua por lo que las autoridades calificaron como un acto de terrorismo de extrema derecha. Este suceso no solo obligó a suspender temporalmente la campaña electoral de aquel año, sino que también desató un debate urgente y profundo sobre los peligros de la polarización política y la creciente vulnerabilidad de los representantes públicos ante el discurso de odio.

Cinco años después, la democracia británica volvió a recibir un duro golpe cuando el veterano diputado conservador David Amess fue asesinado el 15 de octubre de 2021 durante un encuentro comunitario en una iglesia de Leigh-on-Sea. Amess, reconocido por su histórica cercanía con los ciudadanos de su circunscripción, recibió múltiples puñaladas de Ali Harbi Ali, un agresor inspirado por el extremismo islamista del Estado Islámico. La muerte del diputado, que falleció en el lugar de los hechos a los 69 años, fue declarada oficialmente como un atentado terrorista y terminó con una condena de prisión de por vida para el autor en 2022. Esta tragedia reabrió las heridas del caso Cox y puso nuevamente sobre la mesa el difícil dilema de cómo proteger la vida de los parlamentarios, algo que ha vuelto al debate público con la muerte de Widdecombe.

Adrián Caballero, politólogo y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Barcelona y director de Simple Política, explica a 20minutos que los tres son «casos aislados» porque se dan con bastante tiempo de diferencia, pero la variable «de la polarización existe» en el Reino Unido. «Eso es evidente», comenta. ¿Por qué? «Porque cada vez hay un porcentaje más de gente que no vota tanto al programa electoral en sí, sino al candidato, a aquello que se transmite, a cada vez más gente vota en el último momento, es decir, en la propia campaña electoral o el último día antes de las elecciones».

Esa influencia se nota incluso en casos como los tres mencionados. «Se crea un entorno en el que se apela más a los sentimientos y eso, aunque no haya una relación directa necesariamente, puede provocar que haya gente que vaya más allá», expone Caballero, dejando claro que no tiene por qué darse una causa-efecto. Y matiza: «Claramente son hechos aislados porque si todo estuviera relacionado con la crispación política tendríamos muchos más casos» y no es así. 

«Hablo de polarización, pero no señalando a los políticos que polarizan o a determinados discursos», sino porque «esa polarización apela más a los sentimientos y también hay una parte del mensaje en el que el contrario ya no es el rival político, sino que es el enemigo«, termina diciendo el politólogo, que insiste, pese a ese clima «en el 99% de los casos» nunca se llega al extremo del asesinato.

Daniel Gil, analista en The Political Room, tiene, por su parte, un análisis algo más profundo. «El clima que se vive en torno a la violencia en Reino Unido es complicado», asegura, y lo menciona no solo por estos asesinatos, «también en más de una ocasión se ha tratado de atentar físicamente contra representantes públicos y no se ha conseguido. Es decir, que podrían haber sido más y que hay una intención de que más hechos de este tipo se hubieran producido», recuerda.

«Nos encontramos en una especie de tormenta perfecta para este tipo de cuestiones. Por un lado, y la situación general de Reino Unido, que aplica a prácticamente toda Europa. Falta de oportunidades, crisis de vivienda, falta de prosperidad y, en general, una sensación en muchas capas de la población de que el sistema como tal ha tocado techo, el Estado ya no es capaz de proveer para mí un cuestionamiento profundo de la legitimidad del Estado y del sistema», resume Gil, que pide eso sí no exagerar la ‘foto’ que se saca de la situación. «El clima no está marcado por la violencia ni la situación es de pre-guerra civil».

Reino Unido tiene la particularidad que el debate político se ha polarizado mucho en torno a varios ejes que son irreconciliables, comenta el analista, que pone como ejemplos de esto la salida de la UE o la división entre las zonas «más cosmopolitas» y las «más rurales» del país. «Personas de izquierda, que cada vez están más a la izquierda, y personas de derecha, que cada vez están más a la derecha, y cada vez se toleran menos entre sí. Pero no es solo eso. Construimos y vemos modos de vida alternativos, donde los de la ciudad nos respetan a los de los pueblos, los del pueblo nos respetan a la ciudad», ejemplifica, y habla de que en algunos casos se da «un sentimiento de humillación».

La realidad es que Reino Unido atraviesa desde hace años su mayor crisis política. Jo Cox, David Amess y Ann Widdecombe son tres casos que, según los expertos, no marcan un patrón, pero sí sacuden a una sociedad en la que el peso de la política es enorme: además, son casos que afectan a tres posicionamientos políticos diferentes y que han ido devolviendo, paulatinamente, la pregunta de qué hacer para proteger a los representantes públicos.

 20MINUTOS.ES – Internacional

Más Noticias