¿Quién vive en la piña debajo del mar? Puede que sean seres marinos mutados por radiación. Puede.
Bob Esponja y sus amigos; la estrella de mar Patricio, la ardilla Arenita y su vecino amargado Calamardo, son unos personajes muy queridos en internet y todos tienen una peculiaridad muy particular, son seres parcialmente humanoides con la capacidad de hablar y expresarse mientras viven en un atolón llamado “Fondo de Bikini”.
Todo podría quedarse en que es una interpretación de su creador, el biólogo marino Stephen Hillenburg, que dotó de un humor y comedia especial a este elenco marino, pero esa gente que tanto quiere Bob Esponja en internet también elucubró sobre la posibilidad de un origen de estos seres mucho más macabro ligado a la historia nuclear de la humanidad y una de sus pruebas nucleares en el atolón Bikini real.
Quién vive en la piña… ¿Con radiactividad?
En el verano de 1946, las aguas paradisíacas del atolón Bikini, en las Islas Marshall, se convirtieron en el escenario del primer gran despliegue nuclear de la posguerra: la Operación Crossroads.
Este proyecto militar buscaba medir la resistencia de una flota naval simulada de 95 buques frente al poder destructivo de la bomba atómica. Las detonaciones, bautizadas como Able y Baker, utilizaron artefactos de fisión de plutonio de aproximadamente 23 kilotones, similares al lanzado en Nagasaki. Mientras que Able fue un bombardeo aéreo que erró su blanco original, la prueba Baker hizo historia al detonarse a 27 metros bajo el agua. El resultado de esta última fue una catástrofe radiactiva sin precedentes que pulverizó millones de toneladas de agua salada, impregnando los barcos con una letal lluvia de isótopos.
Paralelamente a esta densa historia militar, la cultura popular comenzó a tejer una red de mitos urbanos que conectaban el horror atómico con la comedia marina.
La coincidencia del nombre del atolón con el hogar del personaje, «Fondo de Bikini» (Bikini Bottom), sumada a la fisonomía extravagante y parlante de una esponja de cocina, una estrella de mar tonta y un calamar con un desdén vital a tener en cuenta, impulsó en internet la teoría de que estos personajes eran en realidad mutaciones biológicas causadas por los residuos fisionables de 1946.
La hipótesis ganó tanta fuerza que los fanáticos diseccionaron cada detalle del show buscando paralelismos apocalípticos. En realidad, el creador de la serie, Stephen Hillenburg, era biólogo marino y concibió el programa basándose puramente en la riqueza de la fauna costera, no en la devastación bélica.
No obstante, el mito no deja de tener un trasfondo curioso, ya que el propio guionista y actor de doblaje Doug Lawrence («Mr. Lawrence», voz de Plancton en inglés) confesó que durante el desarrollo de la primera temporada el equipo creativo llegó a bromear con un sutil e interno trasfondo. Contemplar la idea de jugar con un elemento apocalíptico donde todo el mundo estuviera muerto fuera del agua, excepto los habitantes de Fondo de Bikini.
Aunque ni el creador ni la productora oficializaron jamás la teoría mutante, la leyenda urbana persiste, evolucionando en que los simpáticos supervivientes ecológicos de las radiaciones remanentes de Crossroads en el fondo marino de Bikini.
Unas consecuencias para nada divertidas
La Operación Crossroads se ejecutó como un laboratorio viviente de la destrucción nuclear. La primera prueba, Able, lanzada desde un B-29 el 1 de julio de 1946, estalló en el aire a unos 158 metros de altitud. Pese a una desviación de 649 metros que redujo el impacto planeado, logró hundir cinco buques e incendiar decenas de cubiertas.
Sin embargo, la verdadera pesadilla comenzó el 25 de julio con Baker. Al detonarse bajo la superficie marina, levantó instantáneamente una colosal columna de agua que generó un tsunami local y una densa nube de condensación.
Al desplomarse la gigantesca columna de agua, se produjo una lluvia radiactiva concentrada directamente sobre la laguna y la flota. El efecto de impregnación radiactivo fue tan severo que de los barcos supervivientes, 46 quedaron tan irreversiblemente contaminados que la armada estadounidense tuvo que hundirlos o desguazarlos en los meses posteriores al comprobarse la imposibilidad absoluta de sanearlos.
A largo plazo se alteraron profundamente los ecosistemas terrestres y acuáticos de Bikini. Tras las explosiones y posteriores pruebas termonucleares en los años 50, los radionucleidos se asentaron de forma permanente en el suelo coralino y los sedimentos marinos, condicionando la vida que pudiera haber. Por ejemplo, frutos tradicionales como el coco comenzaron a concentrar niveles críticos de radiactividad. Tal es el nivel de desastre nuclear que en los años 70, más de 20 años más tarde, se llegaron a registrar niveles que superaban con creces los niveles detectados posteriormente en los desastres de Chernóbil o Fukushima. Una parte amarga en cuanto a ecosistema que también tuvieron que vivir los nativos del atolón bikini y que sufireron un éxodo nuclear.
Un atolón Bikini desierto
Los 167 nativos de la zona fueron trasladados temporalmente al atolón de Rongerik. Debido a las condiciones de baja productividad del lugar y a la posterior contaminación por pruebas de mayor envergadura, la comunidad indígena tuvo que ser desplazada nuevamenteen 1958.
En 1970 se intentó reasentarlos en la zona pero, como se ha mencionado previamente, fracasó rotundamente cuando los análisis médicos revelaron que los pobladores estaban acumulando dosis de cesio muy por encima de los límites de seguridad radiológica mediante la ingesta de alimentos locales, forzando una nueva evacuación masiva en 1978.
En la actualidad, el atolón Bikini permanece oficialmente inhabitable para una población permanente. Paradójicamente, las siete décadas de aislamiento y la ausencia de actividades industriales, comerciales o pesqueras han transformado sus arrecifes y naufragios en un próspero refugio de fauna silvestre y biodiversidad marina, lo que motivó su declaración como Patrimonio Mundial de la UNESCO y Parque Nacional subacuático.
Hoy día es un destino codiciado para el buceo deportivo y cuenta con programas de remediación agrícola, pero el desastre nuclear de estas islas aún sigue teniendo un remanente. Si vas a bucear por sus aguas seguro que el paisaje es precioso, pero lo que seguro no te vas a encontrar es a una esponja y una estrella de mar parlanchinas por culpa de una radiación que, en realidad, más que darlas vida, debería quitársela..
Teorías de internet afirman que los personajes de la serie Bob Esponja son producto de residuos radiactivos en el mar provenientes de un ensayo nuclear
¿Quién vive en la piña debajo del mar? Puede que sean seres marinos mutados por radiación. Puede.
Bob Esponja y sus amigos; la estrella de mar Patricio, la ardilla Arenita y su vecino amargado Calamardo, son unos personajes muy queridos en internet y todos tienen una peculiaridad muy particular, son seres parcialmente humanoides con la capacidad de hablar y expresarse mientras viven en un atolón llamado “Fondo de Bikini”.
Todo podría quedarse en que es una interpretación de su creador, el biólogo marino Stephen Hillenburg, que dotó de un humor y comedia especial a este elenco marino, pero esa gente que tanto quiere Bob Esponja en internet también elucubró sobre la posibilidad de un origen de estos seres mucho más macabro ligado a la historia nuclear de la humanidad y una de sus pruebas nucleares en el atolón Bikini real.

CLAN
Quién vive en la piña… ¿Con radiactividad?
En el verano de 1946, las aguas paradisíacas del atolón Bikini, en las Islas Marshall, se convirtieron en el escenario del primer gran despliegue nuclear de la posguerra: la Operación Crossroads.
Este proyecto militar buscaba medir la resistencia de una flota naval simulada de 95 buques frente al poder destructivo de la bomba atómica. Las detonaciones, bautizadas como Able y Baker, utilizaron artefactos de fisión de plutonio de aproximadamente 23 kilotones, similares al lanzado en Nagasaki. Mientras que Able fue un bombardeo aéreo que erró su blanco original, la prueba Baker hizo historia al detonarse a 27 metros bajo el agua. El resultado de esta última fue una catástrofe radiactiva sin precedentes que pulverizó millones de toneladas de agua salada, impregnando los barcos con una letal lluvia de isótopos.

Paralelamente a esta densa historia militar, la cultura popular comenzó a tejer una red de mitos urbanos que conectaban el horror atómico con la comedia marina.
La coincidencia del nombre del atolón con el hogar del personaje, «Fondo de Bikini» (Bikini Bottom), sumada a la fisonomía extravagante y parlante de una esponja de cocina, una estrella de mar tonta y un calamar con un desdén vital a tener en cuenta, impulsó en internet la teoría de que estos personajes eran en realidad mutaciones biológicas causadas por los residuos fisionables de 1946.
La hipótesis ganó tanta fuerza que los fanáticos diseccionaron cada detalle del show buscando paralelismos apocalípticos. En realidad, el creador de la serie, Stephen Hillenburg, era biólogo marino y concibió el programa basándose puramente en la riqueza de la fauna costera, no en la devastación bélica.
No obstante, el mito no deja de tener un trasfondo curioso, ya que el propio guionista y actor de doblaje Doug Lawrence («Mr. Lawrence», voz de Plancton en inglés) confesó que durante el desarrollo de la primera temporada el equipo creativo llegó a bromear con un sutil e interno trasfondo. Contemplar la idea de jugar con un elemento apocalíptico donde todo el mundo estuviera muerto fuera del agua, excepto los habitantes de Fondo de Bikini.
Aunque ni el creador ni la productora oficializaron jamás la teoría mutante, la leyenda urbana persiste, evolucionando en que los simpáticos supervivientes ecológicos de las radiaciones remanentes de Crossroads en el fondo marino de Bikini.
Unas consecuencias para nada divertidas
La Operación Crossroads se ejecutó como un laboratorio viviente de la destrucción nuclear. La primera prueba, Able, lanzada desde un B-29 el 1 de julio de 1946, estalló en el aire a unos 158 metros de altitud. Pese a una desviación de 649 metros que redujo el impacto planeado, logró hundir cinco buques e incendiar decenas de cubiertas.
Sin embargo, la verdadera pesadilla comenzó el 25 de julio con Baker. Al detonarse bajo la superficie marina, levantó instantáneamente una colosal columna de agua que generó un tsunami local y una densa nube de condensación.
Al desplomarse la gigantesca columna de agua, se produjo una lluvia radiactiva concentrada directamente sobre la laguna y la flota. El efecto de impregnación radiactivo fue tan severo que de los barcos supervivientes, 46 quedaron tan irreversiblemente contaminados que la armada estadounidense tuvo que hundirlos o desguazarlos en los meses posteriores al comprobarse la imposibilidad absoluta de sanearlos.

A largo plazo se alteraron profundamente los ecosistemas terrestres y acuáticos de Bikini. Tras las explosiones y posteriores pruebas termonucleares en los años 50, los radionucleidos se asentaron de forma permanente en el suelo coralino y los sedimentos marinos, condicionando la vida que pudiera haber. Por ejemplo, frutos tradicionales como el coco comenzaron a concentrar niveles críticos de radiactividad. Tal es el nivel de desastre nuclear que en los años 70, más de 20 años más tarde, se llegaron a registrar niveles que superaban con creces los niveles detectados posteriormente en los desastres de Chernóbil o Fukushima. Una parte amarga en cuanto a ecosistema que también tuvieron que vivir los nativos del atolón bikini y que sufireron un éxodo nuclear.
Un atolón Bikini desierto
Los 167 nativos de la zona fueron trasladados temporalmente al atolón de Rongerik. Debido a las condiciones de baja productividad del lugar y a la posterior contaminación por pruebas de mayor envergadura, la comunidad indígena tuvo que ser desplazada nuevamenteen 1958.
En 1970 se intentó reasentarlos en la zona pero, como se ha mencionado previamente, fracasó rotundamente cuando los análisis médicos revelaron que los pobladores estaban acumulando dosis de cesio muy por encima de los límites de seguridad radiológica mediante la ingesta de alimentos locales, forzando una nueva evacuación masiva en 1978.

En la actualidad, el atolón Bikini permanece oficialmente inhabitable para una población permanente. Paradójicamente, las siete décadas de aislamiento y la ausencia de actividades industriales, comerciales o pesqueras han transformado sus arrecifes y naufragios en un próspero refugio de fauna silvestre y biodiversidad marina, lo que motivó su declaración como Patrimonio Mundial de la UNESCO y Parque Nacional subacuático.
Hoy día es un destino codiciado para el buceo deportivo y cuenta con programas de remediación agrícola, pero el desastre nuclear de estas islas aún sigue teniendo un remanente. Si vas a bucear por sus aguas seguro que el paisaje es precioso, pero lo que seguro no te vas a encontrar es a una esponja y una estrella de mar parlanchinas por culpa de una radiación que, en realidad, más que darlas vida, debería quitársela..
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