Un elogio del verdadero riesgo

Decía la filósofa Anne Dufourmantelle que no correr riesgos era no atreverse a ser libre. Luego murió en una playa cerca de Saint-Tropez cuando trataba de salvar a dos niños que se estaban ahogando.

 Me pregunto si podemos seguir considerando hazañas los riesgos que se capitalizan  

Decía la filósofa Anne Dufourmantelle que no correr riesgos era no atreverse a ser libre. Luego murió en una playa cerca de Saint-Tropez cuando trataba de salvar a dos niños que se estaban ahogando.

Yo siempre elogiaré el riesgo. Como Anne, tampoco entiendo una vida sin él. Y, por eso, soy de las que se quedó alucinada el miércoles con la pareja que subió al Empire State para mostrar su amor. Me gustó la imagen, no por la romantización del acto, sino porque detrás del riesgo siempre hay una decisión consciente y libre que alguien toma. Y ver a dos personas tan libres hoy era de aplaudir.

Luego vino la decepción, claro. Porque vi el documental que habían hecho, Skywalkers: A Love Story y me di cuenta de que todo estaba preparadísimo, que lo que menos había era desobediencia. Y de que todo era pose y disfrazar de arte vender una foto al mejor postor. «Cuando el poder del amor venza al amor al poder, el mundo conocerá la paz», decía la pancarta que ondearon y que muy probablemente abra la segunda temporada de Skywalkers.

Antes de morir, Anne Dufourmantelle dijo que en el mundo contemporáneo la gente tomamos muy pocos riesgos, porque buscamos la seguridad. Quizá por eso nos golpean tanto estas imágenes imposibles. Porque necesitamos creer que hay otra manera de estar en el mundo.

Me acuerdo de que hace meses también me quedé alucinada viendo a Alex Honnold escalar sin arnés el Taipei 101. Luego me enteré de que Netflix andaba detrás de la hazaña. Me pregunto si podemos seguir considerando hazañas los riesgos que se capitalizan.

Parece que solo somos capaces de ver el riesgo cuando está detrás la muerte, pero todos podemos cometer pequeños actos arriesgados cada día. Esta era la enseñanza de Dufourmantelle. Y, aunque estoy a favor del riesgo, estoy en contra de que lo conviertan en un show. De que una plataforma lo manosee. Cuando no hay nada más heroico y arriesgado que decir «no» cuando nadie se lo espera.

Hubo un tiempo en que los artistas arriesgaban la vida que conocían por una vida desconocida. Eso no implicaba acercarse a la muerte, si no dejar atrás lo que eran. «Abandonadlo todo», dijo André Bretón. «Abandonadlo todo nuevamente», dijo Roberto Bolaño. «Y lanzaos a los caminos».

Jugarse la vida por dinero es la cosa más tonta que se me ocurre, aparte de que también es la menos artística.

Los Skywalkers tienen mucho talento, pero ojalá corrieran el riesgo verdadero de alejarse de las plataformas y de Instagram. Ojalá lo corriéramos todos. Eso sí que sería un edificio por conquistar.

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