El diminuto puesto de Cafés Carrión, un tenderete ubicado nada más cruzar la frontera de Ceuta a Castillejos, jamás había registrado una facturación semejante a la acumulada este viernes. A media tarde, una hilera de policías, gendarmes, soldados y agentes secretos serpenteaba ante su boyante negocio. Volaban a toda mecha los cafés cargados, las palmeritas dulces y, sobre todo, las botellas de medio litro de agua bien fresca que ya escaseaban en su nevera.
EL MUNDO constata la militarización de la ciudad fronteriza con Ceuta para neutralizar la avalancha convocada este sábado
El diminuto puesto de Cafés Carrión, un tenderete ubicado nada más cruzar la frontera de Ceuta a Castillejos, jamás había registrado una facturación semejante a la acumulada este viernes. A media tarde, una hilera de policías, gendarmes, soldados y agentes secretos serpenteaba ante su boyante negocio. Volaban a toda mecha los cafés cargados, las palmeritas dulces y, sobre todo, las botellas de medio litro de agua bien fresca que ya escaseaban en su nevera.
-¿Hay el doble de seguridad de lo habitual?-, preguntamos a Abdel, su único dependiente.
-No, no, mucho más.
-¿El quíntuple?
-Más, más, más…
Abdel acaba de servir un café a una pareja de soldados, lanza una mirada a su alrededor y dobla rápidamente los diez dedos de la mano un par de veces: «¡Veinte veces más!».
Basta con echar un vistazo en las inmediaciones de su puesto para que sus cifras no parezcan exageradas. A simple vista se cuenta medio centenar de coches policiales, otras tantas lecheras, además de numerosas ambulancias, tanquetas y cuatro mastodónticos camiones antidisturbios, con las franjas rojiverdes de la bandera marroquí bien visibles sobre su lomo azul. Además, un centenar de metros más arriba, en las colinas que rodean la frontera, docenas de oteadores vigilan todo lo que ocurre resguardados del sol abrasador bajo unas sombrillas blancas, mientras que cientos de metros de concertinas recién instaladas bloquean el paso a las playas que se extienden a sus pies.
‘Lecheras’, cuatro camiones de antidisturbios… Cerrojazo total
Todo este despliegue forma parte del cerrojazo de Marruecos ante el temido 15-A. Se trata de la jornada marcada por decenas de miles de internautas para, presuntamente, tratar de cruzar a Ceuta de forma incontrolada. Pero tiene pinta de que al régimen alauí no le conviene que se repita la invasión masiva de hace un par de semanas. «El 15-A es un día muy importante para nosotros», confirma el jefe de los policías desplegados en la frontera, vestido de paisano con un polo azul marino, mientras da sorbos a una botella de agua.
Las preguntas se formulan solas. ¿Por qué se monta un dispositivo tan apabullante justo ahora? ¿Por qué hubo tanta pasividad ante la marea humana de hace 15 días? ¿Y qué ha cambiado entre ambas fechas para que el régimen haya convertido Castillejos en una zona cero de tintes cuasibélicos en tan breve espacio de tiempo?
«Estamos ante la segunda parte de una estrategia perfectamente diseñada por Marruecos», diagnostica Luis Mayandía, jefe de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía Nacional hasta su jubilación hace tres meses. «Primero, el régimen permite una avalancha descomunal en Ceuta tras una campaña en redes sociales. Dos semanas después, impone un control absoluto tras difundir una amenaza semejante… O sea, es una acción de guerra híbrida de manual. Y el destinatario de este mensaje es la Unión Europea: quieren dejar claro que, si les interesa controlar la inmigración ilegal, deben negociar directamente con Rabat. Para eso, insinúan, convendría que Ceuta y Melilla estuvieran en sus manos».
#haraga es la clave para el salto hoy y tiene millones de visualizaciones
Para que esta segunda fase salga según lo previsto, los cuerpos de seguridad marroquíes han montado un dispositivo tan estricto que roza la paranoia. Basta con ver a alguien grabar en la zona fronteriza para que, de inmediato, un policía exija ver las imágenes y borrarlas de inmediato.
La presencia de miles de agentes no sólo se percibe en el paso fronterizo, sino en toda la ciudad fronteriza. Hay órdenes de vigilar a los grupos de jóvenes, los más susceptibles de cruzar a nado el 15-A seducidos por los mensajes en redes sociales. La etiqueta en clave #haraga (quemadores) y la fecha de hoy acumula millones de visualizaciones en X, Instagram y TikTok. Los mensajes tratan de convencer a los chavales de que la frontera de Ceuta estará abierta durante 24 horas, coincidiendo con el día festivo en España, pese al rotundo desmentido de las autoridades.
Aún más estricto es el control sobre los menores de edad, que no pueden caminar por la calle sin la compañía de un adulto. «Los chavales que quieren llegar a Ceuta están más escondidos que nunca», cuenta un empresario local con vínculos con los servicios secretos de ambos países. «La presencia policial y militar no tiene precedentes conocidos».
Cuesta creer que, hace sólo 15 días, decenas de miles de vecinos cruzaran esta frontera a plena luz del día. Hoy, sin embargo, nadie admite su sueño español y mucho menos delante de un desconocido. «No vas a encontrarlos, pero son todos los que están alrededor de ti», cuenta el citado empresario. «El chaval de la tienda, el gorrilla del aparcamiento, el que te sirve en el cafetín… Todos emigrarían ilegalmente si pudieran, pero deben esperar al momento adecuado».
«Una presencia policial y militar así no tiene precedentes»
Junto al paseo marítimo, un fornido adolescente, embutido en una camiseta madridista de Mbappé, es el primero que se atreve a romper la omertá. Usando el traductor del móvil, detalla un bloque de apartamentos a las afueras donde se esconde un grupo de amigos que planea nadar a Ceuta este mismo sábado. «Soy el encargado de seguridad, ve allí y ellos te contarán», asegura con una sonrisa.
La cita se produce en un barrio de viviendas sociales con las paredes encaladas, cenefas azul celeste y azoteas cuajadas de antenas parabólicas. En las escaleras del bloque suenan los cánticos del Viernes, día santo musulmán, mientras las mujeres cocinan la cena. Varios vecinos se asoman a husmear entre las cortinas y se retiran en cuanto son detectados. Pero nadie responde al timbre del apartamento señalado: si los futuros migrantes están dentro, han decidido seguir en la penumbra.
Al salir del edificio, queda claro que ya se ha corrido la voz de la presencia de un forastero. Un veinteañero bien maqueado, el que mejor inglés maneja en el barrio, deja clara la consigna oficial de su gobierno. «Marruecos es el mejor país del mundo y nadie querría irse de aquí», afirma. «Además, es ilegal hacer preguntas a la gente por la calle. Mejor que te marches de aquí ya».
«Los que quieren ir a Ceuta están más escondidos que nunca»
Una bella vecina sigue nuestros pasos hasta que se queda sola y se acerca discretamente. Sólo entonces se atreve a acercarse para contar lo que, según ella, está ocurriendo, una versión curiosamente afín al mensaje del régimen. «Mis dos sobrinos nadaron a Ceuta hace dos semanas, pero han vuelto porque allí no se puede vivir», afirma la mujer, llamada Fatimouri. «Esta vez, las autoridades marroquíes se han enterado a tiempo de la conjura y están colaborando con las españolas para evitar otra tragedia. Todo es obra de potencias extranjeras que quieren sembrar el caos en este país, aprovechándose de una juventud sin formación ni recursos económicos».
Coincide con su diagnóstico Juan Randó, ex agente español en el norte de Marruecos, quién también denuncia el «abandono» de la zona por parte de nuestros servicios secretos desde principios de siglo. «Vale una sugerencia en redes sociales para que decenas de miles de personas intenten cruzar a Ceuta, donde creen que vivirán como Messi, tendrán una mansión y conducirán un cochazo», dice. «Estamos por completo al servicio de los deseos de Marruecos: cuando deciden mandarnos migrantes, su gente responde como una manada».
Cae la tarde en Castillejos. Los cafés se llenan de clientes bajo la discreta vigilancia de cientos de agentes. Un joven sospechosamente parecido al chaval de la camiseta de Mbappé de horas antes reposa sentado en el paseo marítimo. Sin embargo, pone cara de póker cuando le preguntamos por sus colegas que ansían nadar a Ceuta este 15-A: «Sólo árabe, no hablo español, amigo».
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