Tomás Rufo, tras su pleno de cuatro orejas en San Fermín: «He dejado de ser tímido delante de la cara del toro»

Después de conquistar Pamplona con una actuación rotunda, cortando cuatro orejas a un extraordinario lote de Jandilla y proclamándose triunfador de la Feria del Toro de San Fermín 2026, Tomás Rufo vuelve a situarse en el foco de la temporada.

 El indiscutible triunfador de Pamplona repasa la tarde que le ha devuelto al primer plano de la temporada: «Necesitaba reivindicarme en una plaza de primera»  

Después de conquistar Pamplona con una actuación rotunda, cortando cuatro orejas a un extraordinario lote de Jandilla y proclamándose triunfador de la Feria del Toro de San Fermín 2026, Tomás Rufo vuelve a situarse en el foco de la temporada.

El torero toledano ha encontrado en la plaza pamplonesa el espaldarazo que necesitaba tras un inicio de campaña en el que las grandes citas de Sevilla y Madrid no respondieron a las expectativas. Ahora, con compromisos de máxima exigencia aún por delante, como la corrida de Victorino Martín en Santander, la de la Quinta en Bilbao o el cierre de temporada en Valencia junto a Morante de la Puebla y Roca Rey, Rufo analiza el significado de este triunfo, su momento profesional, la autocrítica con la que afrontó los meses más difíciles y las ilusiones con las que encara la segunda mitad del año.

Pasadas 24 horas de su triunfo de cuatro orejas en Pamplona, ¿qué sensación predomina en su interior?
Sin duda, la de felicidad. Era un triunfo que llevaba mucho tiempo buscando. Necesitaba una tarde rotunda en una plaza de primera y tuve la suerte de encontrarme con un lote extraordinario de Jandilla. Además, me une una gran amistad con el ganadero y eso también hace que tenga un significado especial. Pero, sobre todo, ha sido en Pamplona, una plaza que representa muchísimo para la Fiesta, para el toro y para cualquier torero. Creo que ha sido una de las tardes más importantes de mi carrera y por eso la sensación que tengo es de una enorme felicidad.
¿Dónde sitúa esta tarde de Pamplona dentro de su carrera?
He tenido tardes muy importantes desde que soy matador de toros. He abierto la Puerta del Príncipe de Sevilla, he salido por la Puerta Grande de Madrid… pero este triunfo de Pamplona llega en un momento muy importante de mi vida profesional. Era un triunfo necesario. Además, siento que ahora soy un torero más maduro, más hecho, más redondo. Por todo eso creo que puede haber sido, probablemente, la tarde más importante de mi carrera.
En el sexto toro se le vio sonreír durante la faena. No es una imagen habitual en un torero…
Sucede porque llegas a un momento de plenitud con el toro. Hay un instante en el que te abandonas completamente. Te olvidas de la técnica, del planteamiento que llevabas preparado y sólo piensas en disfrutar. Siempre he pensado que cuando el público ve disfrutar al torero también disfruta él. Ha habido figuras que tenían ese carisma. Se me viene a la cabeza Espartaco, por ejemplo. Una sonrisa, una mirada o un gesto crean una conexión muy especial con la gente y creo que eso también forma parte del toreo.
Se dice que Pamplona tiene una personalidad única. ¿Qué hace tan especial esta plaza?
Para mí, lo primero es la responsabilidad. Sabes que va a salir un toro muy serio. Después está la propia personalidad del público. Muchas veces da la sensación de que una parte de la plaza está pendiente de otras cosas, pero cuando un torero se entrega de verdad, cuando torea con pasión y hay argumentos, la afición de Pamplona responde. Yo he tenido la suerte de vivirlo en primera persona. Cuando las cosas suceden de verdad, ellos se entregan. Por eso creo que, cuando hay contenido, es una de las mejores aficiones que existen.
¿Y cómo vive usted San Fermín? ¿Es capaz de disfrutar del ambiente o durante esos días sólo existe la corrida?
A mí me pesa mucho. Lo digo sinceramente. Es un compromiso de enorme responsabilidad. Además, durante todos estos años he tenido la suerte de anunciarme junto a las máximas figuras del toreo, con Morante o con Roca Rey, siempre en carteles muy importantes. Eso hace que todavía sientas más el peso de esa plaza. Este año me tocaba cerrar la feria y matar el último toro de San Fermín 2026. Veía las corridas por televisión, leía la prensa y pensaba: «A ver si llega ya mi día». Se me estaba haciendo larguísima la espera, tanta preparación y tanta mentalización. Por eso, cuando finalmente llega el momento y encima sale todo como salió, la sensación de felicidad y de plenitud es difícilmente superable.
Decía antes que este triunfo llega en un momento necesario. Venía de un inicio de temporada en el que Sevilla y Madrid no respondieron a las expectativas. ¿Eso hace todavía más importante lo conseguido en Pamplona?
Sí, sin duda. El año había empezado muy bien. Valencia, Castellón, Arlés… Se estaban apuntando cosas muy importantes y yo me encontraba muy bien. Tanto, que llegué a pensar que Sevilla y Madrid iban a salir casi de forma natural. Pero luego no fue así. Madrid no terminó de salir y Sevilla tampoco. Después llegaron triunfos en otras ferias, sí, pero no es lo mismo. Yo necesitaba un triunfo en una plaza de primera, con toda la trascendencia que eso tiene. Pamplona era el gran compromiso que tenía por delante y tenía toda la atención puesta en esa tarde. Intenté prepararla matando muchas corridas antes para llegar lo más rodado posible. Gracias a Dios, el triunfo llegó en un momento crucial. Había gente que había empezado a dudar de mí como torero y creo que esta tarde ha servido para que muchos vuelvan a ilusionarse con Tomás Rufo y para demostrar que tengo muy claro cuál es el sitio que quiero ocupar en el toreo.
Habla de quienes llegaron a dudar de usted, pero hábleme de sí mismo. ¿Es muy autocrítico cuando las cosas no salen?
Muchísimo. Hay veces que uno intenta autoconvencerse, buscar excusas o explicar por qué no han salido las cosas, pero yo mismo soy el primero que me las quito de la cabeza. Creo que el toreo, como la vida, sólo tiene un camino: la verdad. Hay que ser honesto con uno mismo. Cuando ves que las cosas no terminan de funcionar, que empiezas a perder sitio en determinados carteles o que ocupas un lugar diferente al que habías conseguido ganarte, es inevitable darle muchas vueltas. Pero también soy una persona muy ambiciosa. No me conformo. Quiero seguir ocupando el sitio que me he ganado durante estos años. Soy muy autocrítico, sí, pero también confío mucho en mí.
Ha dicho antes que hoy se siente un torero mucho más redondo. ¿Qué ha cambiado para volver a encontrarte con su mejor versión?
Lo primero ha sido empezar a creer más en mí. Esa ha sido la clave. Soy una persona insegura en muchas cosas y, a veces, me daba hasta vergüenza hacer delante del toro aquello que realmente sentía y que podía marcar la diferencia. Este año me he preparado mentalmente para intentar llegar a ser figura del toreo y eso me ha hecho cambiar muchas cosas. He dejado de ser tímido delante de la cara del toro. Puede sonar un poco cursi, pero es la realidad. Si al final de una faena me apetece ponerme de rodillas y pegar una tanda, ahora lo hago. Ya no estoy pendiente de seguir un patrón de que todo tenga que salir perfecto. He entendido que el toreo también es imperfección. Cada torero tiene la suya y precisamente ahí está parte de la personalidad. Sólo se equivoca quien lo intenta.

Durante mucho tiempo dejé de hacer cosas por miedo a que salieran mal. Pensaba: «Esto mejor no lo hago por si no funciona». Y así, poco a poco, te vas frenando, te vas limitando. Ahora me siento mucho más libre. Tengo muchas más ganas de expresar lo que llevo dentro y de mostrar mi manera de entender el toreo.

Este triunfo llega, además, con una segunda parte de temporada muy atractiva por delante. Ahí están Bilbao con la corrida de La Quinta y Santander, con la de Victorino… ¿Han sido apuestas personales?
Sí. La corrida de Victorino en Santander fue una decisión nuestra. El año pasado maté dos corridas de Victorino y una de ellas, la de Valladolid, me aportó muchísimo. Fui triunfador de la feria y fue una preparación que me hizo crecer mucho como torero. Cuando empezamos a hablar de esta temporada con mi apoderado, teníamos claro que quería volver a matar, al menos, una corrida de Victorino. Santander nos parecía el sitio ideal. Ya estuvimos cerca de hacerlo el año pasado y al final salió Valladolid, pero este año sí hemos podido llevarla allí.

Con la de La Quinta ocurre algo parecido. Después de Madrid me dejó muy buenas sensaciones y este año la volveré a matar tanto en Bilbao como en Albacete. Lo que quiero demostrar con este tipo de decisiones es mi compromiso con la profesión. No quiero matar siempre el mismo toro. Quiero demostrarme a mí mismo y demostrar también a la afición que con mi concepto puedo cuajar cualquier encaste y cualquier ganadería.

Y el broche llegará en Valencia, compartiendo cartel con Morante de la Puebla y Roca Rey. Un cierre de temporada por todo lo alto.
La verdad es que sí. Es una tarde muy especial. Primero, porque comparto cartel con dos compañeros a los que admiro muchísimo y que son máximas figuras del toreo. Pero también porque Valencia es una tierra que siento muy cercana. He vivido tardes muy importantes allí y siempre me he sentido muy querido.Es una oportunidad de oro. No hay que esconderlo. Además, será con una ganadería de máximas garantías y en un cartel sobre el que estará puesta la mirada de toda la afición. Para mí será otra ocasión de seguir reivindicándome y de continuar mostrando mi tauromaquia.
Está apoderado por la empresa de Madrid y Valencia. ¿Eso añade una responsabilidad extra cuando actúa en esas plazas?
Siempre quieres corresponder al trato que recibes. Ellos ponen todo de su parte y yo intento hacer exactamente lo mismo desde el ruedo. La mejor manera de agradecer esa confianza es triunfando. Creo que se ha formado un buen equipo y, gracias a Dios, las cosas están saliendo muy bien.
Por último, si tuviera que resumir la temporada hasta hoy en una sola palabra, ¿cuál sería?
Ilusionante.

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