Año I del acuerdo de Turnberry: nuevas amenazas arancelarias de Trump y satisfacción en la UE con un pacto que «nunca fue perfecto, fue pragmático»

«La fotografía de la vergüenza«, «humillación» o incluso «la capitulación continental«. Hace un año, las críticas contra la Comisión Europea y, en especial, contra la presidenta Ursula von der Leyen arreciaban desde prácticamente todos los ámbitos intelectuales y espectros políticos tras el pacto comercial que había firmado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El acuerdo de Turnberry (Escocia) estableció que EEUU impondría un arancel general máximo del 15% a los productos europeos, mientras la Unión Europea eliminaría las tasas a los bienes industriales estadounidenses.

 La Comisión defiende que se llegó a definir como «la fotografía de la vergüenza» en realidad «ha cumplido con sus objetivos», y mantiene la calma ante las últimas advertencias del presidente estadounidense  

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«La fotografía de la vergüenza«, «humillación» o incluso «la capitulación continental«. Hace un año, las críticas contra la Comisión Europea y, en especial, contra la presidenta Ursula von der Leyen arreciaban desde prácticamente todos los ámbitos intelectuales y espectros políticos tras el pacto comercial que había firmado con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El acuerdo de Turnberry (Escocia) estableció que EEUU impondría un arancel general máximo del 15% a los productos europeos, mientras la Unión Europea eliminaría las tasas a los bienes industriales estadounidenses.

12 meses después, desde el Ejecutivo comunitario mantienen que el convenio alcanzado fue el menos malo posible, y los acontecimientos parecían darle la razón después de que, en la madrugada del jueves al viernes, Trump anunciase la renovación de los aranceles con un tipo del 10% para la UE en virtud de «la falta de actuación frente al comercio de productos fabricados mediante trabajo forzoso». Esa cifra está por debajo del nivel máximo acordado en la localidad escocesa y en la Comisión la valoraron «positivamente«, aunque dejando claro que el motivo que ahora ha buscado el presidente estadounidense es poco menos que delirante.

Pero apenas unas horas después, el magnate amenazó con imponer una tasa «considerable lo antes posible» tras la decisión de la UE de sancionar a Google con 890 millones de euros. Más de 1.000 millones de dólares por «favorecer sus propios servicios en Google Search y por imponer restricciones a las empresas para dirigir a los consumidores hacia canales de compra alternativos, a menudo más baratos, en Google Play».

«Estados Unidos de América no es la hucha de Europa, ni permitiremos que lo sea (…) La Unión Europea pagará un precio muy alto por esta conducta ilegal y profundamente poco ética, sobre la que les he advertido reiteradamente», aseguró Trump en su red social. Bruselas, sin embargo, mantiene la calma. En la capital comunitaria siempre tienen en mente que el presidente de Estados Unidos habla y amenaza mucho pero que sus palabras no siempre se traducen en hechos. E insisten en defender las bondades del pacto de Turnberry.

«Sabemos que el acuerdo nunca fue perfecto. Fue un acuerdo pragmático. Su objetivo era aportar estabilidad y una relativa previsibilidad, así como evitar una alternativa que habría provocado graves daños económicos, perturbaciones e incertidumbre, con consecuencias dramáticas para la Unión Europea y también para Estados Unidos», apuntan fuentes comunitarias.

«Es justo afirmar que ha cumplido sus principales objetivos. Ha protegido nuestro comercio y nuestras inversiones frente a lo que, de otro modo, habría sido un conflicto comercial transatlántico creciente e imprevisible. Ha ayudado a salvaguardar nuestros principales intereses económicos y ha reforzado la unidad de la Unión Europea», prosiguen en la Comisión.

Y todavía más. En Bruselas subrayan que «solo el año pasado, el comercio de bienes y servicios entre la Unión Europea y Estados Unidos alcanzó alrededor de 1,8 billones de euros, lo que equivale a unos 4.900 millones de euros diarios». «Miles de empresas operan a ambos lados del Atlántico y existen cadenas de valor y suministro altamente integradas. Por todas estas razones económicas, y por los intereses específicos de las empresas europeas, esta relación es muy importante. Estados Unidos no es simplemente un gran socio comercial. Se trata de dos economías muy interdependientes e interconectadas, cuya competitividad y seguridad económica se ven reforzadas cuando cooperamos. Este fue uno de los principales motivos del acuerdo: garantizar, en la medida de lo posible, estabilidad y previsibilidad«, concluyen.

En Bruselas, en definitiva, sacan pecho del acuerdo. No lo quieren decir así y prefieren mantener el siempre contenido lenguaje comunitario. Pero en los despachos del edificio Berlaymont escocieron las fuertes críticas del año pasado, y creen que no se entendió que con Trump y su Administración debe primar el pragmatismo. Y repiten siempre que ante los cambios de opinión y aldabonazos de Estados Unidos, la Unión Europea ofrece estabilidad y que eso, a la larga, dará más réditos. Aunque no venda tantos titulares como Washington.

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