Bancos y gestoras ponen su dinero a salvo y llevan a máximos la liquidez ante la incertidumbre por la guerra

<p>La confianza de los grandes bancos de inversión y gestoras del mundo ha caído en picado desde el comienzo de la guerra en Irán. No tenían una visión tan pesimista sobre la economía y las bolsas desde mayo de 2025, cuando el mundo se encontraba sumido en la primera de las treguas concedidas por el «Gobierno 2.0 de Donald Trump», en este caso, por la nueva política arancelaria que cambió las normas del comercio mundial hace mes de un año. </p>

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 Los niveles de ‘cash’ se van a niveles de mayo de 2025 a la espera de conocer qué sucederá en el Golfo Pérsico. El dinero nuevo que entró en ETFs durante el mes de marzo se desplomó a mínimos de los últimos dos años  

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La confianza de los grandes bancos de inversión y gestoras del mundo ha caído en picado desde el comienzo de la guerra en Irán. No tenían una visión tan pesimista sobre la economía y las bolsas desde mayo de 2025, cuando el mundo se encontraba sumido en la primera de las treguas concedidas por el «Gobierno 2.0 de Donald Trump», en este caso, por la nueva política arancelaria que cambió las normas del comercio mundial hace mes de un año.

Mes y medio después del estallido del conflicto en Oriente Próximo, hay dos realidades que conviven de manera simultánea hasta que todo se resuelva; o bien, llegado el caso, hasta que alguien decida apretar el botón del pánico. Los niveles de liquidez están en máximos de los últimos diez meses. Esto quiere decir que las manos fuertes que mueven los mercados internacionales prefieren guardar el dinero a cobijo ante la incertidumbre que provoca el conflicto. Un 4,3% de sus carteras está reservado en cash y equivalentes, según los datos que desvela la última encuesta a gestores que publica cada mes Bank of America, en la que preguntan a los 170 mayores gestores del mundo, con un patrimonio bajo gestión de más de medio billón de dólares. El banco aclara que un 80% de las respuestas se produjeron antes del anuncio de alto el fuego.

Una de las mejores muestras que mide el apetito inversor es el dinero que entró durante el mes de marzo en fondos cotizados, uno de los activos más líquidos del mundo. Según datos sectoriales elaborados por BlackRock, marzo se cerró con flujos de dinero por valor de 164.700 millones de dólares, un 35% menos que en febrero, cuando la Administración republicana todavía no había emprendido su ofensiva militar contra el régimen iraní. Los primeros ataques se produjeron a cierre de mes, el 28 de febrero. Las compras de fondos cotizados vinculados a las bolsas internacionales cayeron un 37% y, por primera vez desde mayo del año pasado salió dinero de los fondos de materias primas.

«Europa ha sido la gran beneficada, con 3.900 millones de dólares en entradas netas (ya descontado todo el dinero que salió», afirman desde BlackRock, la mayor gestora de ETFs del mundo, que habla de una «gran rotación de activos» a raíz de la guerra con el dinero de los inversores saliendo de financieras, salud y materiales básicos y entrando a manos llenas en fondos de energía, ante la subida del precio del petróleo. Desde que comenzó la ofensiva militar en Irán, el barril europeo se ha encarecido un 38%, hasta niveles cercanos a los 100 dólares. Y una situación similar atraviesa el gas, cuyo suministro también se ha visto afectado las últimas semanas ante el bloqueo del estrecho de Ormuz.

«Los inversores se han tomado una pausa para digerir la volatilidad» durante el mes de marzo, afirman desde Vanguard, la segunda mayor firma de fondos cotizados del mundo. El dinero nuevo que ha llegado a la industria se desplomó el mes pasado a mínimos de los últimos dos años. Según cifras adelantadas por Vanguard a EL MUNDO, las entradas netas se situaron en los 12.800 millones de dólares (unos 10.850 millones de euros) a nivel global. Esto no es óbice para hablar de una industria en claro crecimiento, y a quien le sienta bien el segundo mandato de Donald Trump, siempre favorable a los mercados, que ha agitado el avispero y ha disparado la inversión en los mercados cotizados durante su primer año de mandato.

Detrás de esta negatividad que envuelve el ánimo de los mayores bancos de inversión del mundo hay fundamento. Según recoge la encuesta de Bank of America, las expectativas sobre el crecimiento de la economía mundial se han desplomado a mínimos del verano pasado, al igual que lo ha hecho el posicionamiento de quienes apuestan por las bolsas mundiales. La guerra en Oriente Próximo no solo afectará a la inflación y frenará la economía, sino que, por primera vez, los grandes inversores entienden que también tendrá un impacto negativo sobre los resultados empresariales, ahora que acaba de comenzar la primera tanda de presentaciones trimestrales a ambos lados del Atlántico. Una de ellas fue BlackRock, que registró en el primer trimestre las mayores entradas de dinero de su historia en el negocio de ETFs -una industria milmillonaria-, y alcanzó los 130.000 millones de dólares en activos bajo gestión, un 10% más.

Tres de cada cuatro encuestados dan por seguro que el mundo evolucionará hacia un escenario de estanflación (precios elevados con apenas crecimiento de la economía) en los próximos meses a raíz del conflicto bélico. Ayer mismo el Fondo Monetario Internacional (FMI) limitó el crecimiento para los países avanzados al 1,8% este año y hasta el 1,7% para 2027 si la guerra no persiste en el tiempo. Los gestores dan por hecho que la inflación será superior debido, entre otras cosas, a que el precio de los combustibles se mantendrá elevado lo que resta de año, con precios para el Brent por encima de los 80 dólares por barril.

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