Escribía James M. Barrie, en la eduardiana Peter Pan y en clave de narrador, que a las estrellas más viejas se les ponían los ojos vidriosos y rara vez hablaban, pero que las pequeñas todavía sentían curiosidad. La infancia siempre será un instante perfecto y sutil para compartir el valor de las pequeñas grandes cosas como la gratitud. Mucho más allá del simple agradecimiento cortés, o de aquel inspirado por el resinoso sentimiento de deuda, existe una fortaleza que solo los más osados se atreven a practicar: agradecer honestamente por aquello de bueno que bien podría no haber sucedido y que nos fue dedicado. Porque ello implica que una vez pensaron en nosotros y que somos importantes para alguien más, aunque sea solo un desconocido.Por eso me gusta invitar a los más pequeños a que todas las noches dediquen unos minutos a anotar, en un pequeño diario, tres cosas por las que se han sentido agradecidos . No es necesario que sean grandes gestas, tampoco regalos caros, ni actos extraordinarios.Sirvan el color de una flor que encontraron en su camino, el abrazo de su padre al despedirse o el sitio cedido en la cola del comedor. La vida real se compone de todos esos diminutos retales que son los que le aportan su verdadero significado. La ciencia, hoy, nos cuenta que el agradecimiento sincero honra a quien lo recibe y engrandece a quien lo expresa. Nos impulsa hacia una sociedad más cercana porque encierra esperanza, salud mental y fe en la humanidad . Nos pone los pies en la tierra . Nos recuerda que todos formamos parte de algo mayor que encontraremos algún día, más adelante, doblando la segunda estrella y siguiendo todo recto hasta el amanecer.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El mensaje detrás de una beca: «No solo creemos en ti, estamos aquí para caminar contigo» noticia No Tesoro escondido en los pueblos: nuestros más pequeños hermanos, los ancianos noticia No De nietos, abuelos y amor del bueno noticia No La lucha, en familia, siempre te hará más fuertePor eso, querido lector, quiero darte las gracias por todo ese cariño y afecto con el que provees, desinteresadamente, a tu familia cada día. Gracias por no dar nunca por hecho todos esos pequeños y valiosos gestos. Porque, solo cuando los damos por sentado y al igual que algunas gigantes rojas, perdemos nuestra curiosidad y comenzamos a envejecer.Marcos Martínez Jurado Profesor de Psicología Universidad CEU San Pablo Escribía James M. Barrie, en la eduardiana Peter Pan y en clave de narrador, que a las estrellas más viejas se les ponían los ojos vidriosos y rara vez hablaban, pero que las pequeñas todavía sentían curiosidad. La infancia siempre será un instante perfecto y sutil para compartir el valor de las pequeñas grandes cosas como la gratitud. Mucho más allá del simple agradecimiento cortés, o de aquel inspirado por el resinoso sentimiento de deuda, existe una fortaleza que solo los más osados se atreven a practicar: agradecer honestamente por aquello de bueno que bien podría no haber sucedido y que nos fue dedicado. Porque ello implica que una vez pensaron en nosotros y que somos importantes para alguien más, aunque sea solo un desconocido.Por eso me gusta invitar a los más pequeños a que todas las noches dediquen unos minutos a anotar, en un pequeño diario, tres cosas por las que se han sentido agradecidos . No es necesario que sean grandes gestas, tampoco regalos caros, ni actos extraordinarios.Sirvan el color de una flor que encontraron en su camino, el abrazo de su padre al despedirse o el sitio cedido en la cola del comedor. La vida real se compone de todos esos diminutos retales que son los que le aportan su verdadero significado. La ciencia, hoy, nos cuenta que el agradecimiento sincero honra a quien lo recibe y engrandece a quien lo expresa. Nos impulsa hacia una sociedad más cercana porque encierra esperanza, salud mental y fe en la humanidad . Nos pone los pies en la tierra . Nos recuerda que todos formamos parte de algo mayor que encontraremos algún día, más adelante, doblando la segunda estrella y siguiendo todo recto hasta el amanecer.MÁS INFORMACIÓN noticia Si El mensaje detrás de una beca: «No solo creemos en ti, estamos aquí para caminar contigo» noticia No Tesoro escondido en los pueblos: nuestros más pequeños hermanos, los ancianos noticia No De nietos, abuelos y amor del bueno noticia No La lucha, en familia, siempre te hará más fuertePor eso, querido lector, quiero darte las gracias por todo ese cariño y afecto con el que provees, desinteresadamente, a tu familia cada día. Gracias por no dar nunca por hecho todos esos pequeños y valiosos gestos. Porque, solo cuando los damos por sentado y al igual que algunas gigantes rojas, perdemos nuestra curiosidad y comenzamos a envejecer.Marcos Martínez Jurado Profesor de Psicología Universidad CEU San Pablo
Escribía James M. Barrie, en la eduardiana Peter Pan y en clave de narrador, que a las estrellas más viejas se les ponían los ojos vidriosos y rara vez hablaban, pero que las pequeñas todavía sentían curiosidad. La infancia siempre será un instante … perfecto y sutil para compartir el valor de las pequeñas grandes cosas como la gratitud.
Mucho más allá del simple agradecimiento cortés, o de aquel inspirado por el resinoso sentimiento de deuda, existe una fortaleza que solo los más osados se atreven a practicar: agradecer honestamente por aquello de bueno que bien podría no haber sucedido y que nos fue dedicado. Porque ello implica que una vez pensaron en nosotros y que somos importantes para alguien más, aunque sea solo un desconocido.
Por eso me gusta invitar a los más pequeños a que todas las noches dediquen unos minutos a anotar, en un pequeño diario, tres cosas por las que se han sentido agradecidos. No es necesario que sean grandes gestas, tampoco regalos caros, ni actos extraordinarios.
Sirvan el color de una flor que encontraron en su camino, el abrazo de su padre al despedirse o el sitio cedido en la cola del comedor. La vida real se compone de todos esos diminutos retales que son los que le aportan su verdadero significado. La ciencia, hoy, nos cuenta que el agradecimiento sincero honra a quien lo recibe y engrandece a quien lo expresa. Nos impulsa hacia una sociedad más cercana porque encierra esperanza, salud mental y fe en la humanidad. Nos pone los pies en la tierra. Nos recuerda que todos formamos parte de algo mayor que encontraremos algún día, más adelante, doblando la segunda estrella y siguiendo todo recto hasta el amanecer.
Por eso, querido lector, quiero darte las gracias por todo ese cariño y afecto con el que provees, desinteresadamente, a tu familia cada día. Gracias por no dar nunca por hecho todos esos pequeños y valiosos gestos. Porque, solo cuando los damos por sentado y al igual que algunas gigantes rojas, perdemos nuestra curiosidad y comenzamos a envejecer.
Marcos Martínez Jurado
Profesor de Psicología
RSS de noticias de familia

