La frontera equivocada entre España e Italia

Hay algo profundamente absurdo en la crisis italoespañola a raíz del asalto a Ceuta. Miles de personas entran desde Marruecos en territorio español, en una operación que difícilmente puede explicarse sin la permisividad, cuando menos, de las autoridades marroquíes, y el resultado es que España acaba enfrentada diplomáticamente con Italia.

Roma ha establecido controles a los viajeros procedentes de España. El Gobierno de Pedro Sánchez protestó y, ante la negativa de Giorgia Meloni a dar marcha atrás, ha respondido haciendo lo mismo con los viajeros procedentes de Italia.

El asalto se produce en la frontera de España con Marruecos, pero la crisis no es con Rabat, sino con Roma. Marruecos permite que la frontera se desborde y los gobiernos español e italiano terminan discutiendo sobre Schengen. El país que controla la otra orilla de la frontera queda fuera del conflicto.

Tampoco convence la actuación italiana. Meloni no parece actuar tanto por temor a que los marroquíes que han entrado en Ceuta terminen llegando a Italia como por razones de política interna. La inmigración es uno de los principales terrenos de batalla en Italia y la crisis de Ceuta le proporciona una oportunidad para demostrar ante su electorado que el Gobierno está dispuesto a cerrar puertas.

Italia, además, no puede presentarse como un país sorprendido por las crisis migratorias. Las ha sufrido en una escala mucho mayor. En 2018, cuando Matteo Salvini cerró los puertos a los barcos de rescate, España ofreció Valencia al Aquarius después de que Italia y Malta rechazaran su desembarco. En 2023, durante la crisis de Lampedusa, España no respondió estableciendo controles a la libre circulación.

Pero la respuesta de Sánchez tampoco es sensata. Si los controles italianos son injustificados, España debería recurrir a la Comisión Europea y exigir que se cumplan las reglas de Schengen. Convertir el desacuerdo en una guerra de represalias perjudica a los ciudadanos y degrada la cooperación entre dos países que deberían coordinarse.

Lo más llamativo es lo que queda fuera de la disputa. Después de lo ocurrido en Ceuta, cabría esperar una explicación exigente a Marruecos. ¿Cómo pudo producirse semejante entrada masiva? ¿Qué hicieron las fuerzas policiales marroquíes? ¿Fue incapacidad, desbordamiento o permisividad? Y, sobre todo, ¿qué responsabilidad tiene Rabat en la muerte de cerca de un centenar de personas durante el asalto? Son preguntas que el Gobierno español debería plantear sin miedos

La paradoja es extraordinaria: Marruecos permite el desbordamiento de la frontera, Italia reacciona imponiendo controles y Sánchez responde haciendo lo mismo. Al final, ninguno mira hacia el lugar donde comenzó el problema. Europa necesita fronteras exteriores protegidas y gobiernos capaces de exigir responsabilidades a quien las deja desprotegidas.

Lo ocurrido en Ceuta debería haber provocado una exigencia firme de explicaciones a Marruecos, no solo por parte de España, sino del conjunto de la Unión y de la Comisión Europea. Una frontera exterior europea ha sido desbordada y, sin embargo, la crisis política se abre entre Roma y Madrid. La frontera equivocada, en definitiva, no es la que separa España de Italia. La frontera problemática es con Marruecos.

 «El asalto se produce en la frontera de España con Marruecos, pero la crisis no es con Rabat, sino con Roma».  

Hay algo profundamente absurdo en la crisis italoespañola a raíz del asalto a Ceuta. Miles de personas entran desde Marruecos en territorio español, en una operación que difícilmente puede explicarse sin la permisividad, cuando menos, de las autoridades marroquíes, y el resultado es que España acaba enfrentada diplomáticamente con Italia.

Roma ha establecido controles a los viajeros procedentes de España. El Gobierno de Pedro Sánchez protestó y, ante la negativa de Giorgia Meloni a dar marcha atrás, ha respondido haciendo lo mismo con los viajeros procedentes de Italia.

El asalto se produce en la frontera de España con Marruecos, pero la crisis no es con Rabat, sino con Roma. Marruecos permite que la frontera se desborde y los gobiernos español e italiano terminan discutiendo sobre Schengen. El país que controla la otra orilla de la frontera queda fuera del conflicto.

Tampoco convence la actuación italiana. Meloni no parece actuar tanto por temor a que los marroquíes que han entrado en Ceuta terminen llegando a Italia como por razones de política interna. La inmigración es uno de los principales terrenos de batalla en Italia y la crisis de Ceuta le proporciona una oportunidad para demostrar ante su electorado que el Gobierno está dispuesto a cerrar puertas.

Italia, además, no puede presentarse como un país sorprendido por las crisis migratorias. Las ha sufrido en una escala mucho mayor. En 2018, cuando Matteo Salvini cerró los puertos a los barcos de rescate, España ofreció Valencia al Aquarius después de que Italia y Malta rechazaran su desembarco. En 2023, durante la crisis de Lampedusa, España no respondió estableciendo controles a la libre circulación.

Pero la respuesta de Sánchez tampoco es sensata. Si los controles italianos son injustificados, España debería recurrir a la Comisión Europea y exigir que se cumplan las reglas de Schengen. Convertir el desacuerdo en una guerra de represalias perjudica a los ciudadanos y degrada la cooperación entre dos países que deberían coordinarse.

Lo más llamativo es lo que queda fuera de la disputa. Después de lo ocurrido en Ceuta, cabría esperar una explicación exigente a Marruecos. ¿Cómo pudo producirse semejante entrada masiva? ¿Qué hicieron las fuerzas policiales marroquíes? ¿Fue incapacidad, desbordamiento o permisividad? Y, sobre todo, ¿qué responsabilidad tiene Rabat en la muerte de cerca de un centenar de personas durante el asalto? Son preguntas que el Gobierno español debería plantear sin miedos

La paradoja es extraordinaria: Marruecos permite el desbordamiento de la frontera, Italia reacciona imponiendo controles y Sánchez responde haciendo lo mismo. Al final, ninguno mira hacia el lugar donde comenzó el problema. Europa necesita fronteras exteriores protegidas y gobiernos capaces de exigir responsabilidades a quien las deja desprotegidas.

Lo ocurrido en Ceuta debería haber provocado una exigencia firme de explicaciones a Marruecos, no solo por parte de España, sino del conjunto de la Unión y de la Comisión Europea. Una frontera exterior europea ha sido desbordada y, sin embargo, la crisis política se abre entre Roma y Madrid. La frontera equivocada, en definitiva, no es la que separa España de Italia. La frontera problemática es con Marruecos.

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