Las voces de los barrios de Ceuta que «no son de izquierdas ni de derechas» alertan de que «los niños pierden así su infancia»

La crisis migratoria que sacude Ceuta desde la entrada masiva registrada el pasado 30 de julio ha terminado por alterar las rutinas de algunas de sus barriadas. El miedo, la sensación de inseguridad, la suciedad y la incertidumbre ante cuánto tiempo puede prolongarse esta situación marcan el relato de los representantes vecinales, que este sábado fueron protagonistas en el Salón de Plenos de la Asamblea del Ayuntamiento. No era la primera vez que el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, se veía cara a cara con ellos, pues la ronda de encuentros vecinales se inició la pasada semana.

 Líderes vecinales se encuentran con Vivas para trasladarle las quejas más cotidianas  

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La crisis migratoria que sacude Ceuta desde la entrada masiva registrada el pasado 30 de julio ha terminado por alterar las rutinas de algunas de sus barriadas. El miedo, la sensación de inseguridad, la suciedad y la incertidumbre ante cuánto tiempo puede prolongarse esta situación marcan el relato de los representantes vecinales, que este sábado fueron protagonistas en el Salón de Plenos de la Asamblea del Ayuntamiento. No era la primera vez que el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, se veía cara a cara con ellos, pues la ronda de encuentros vecinales se inició la pasada semana.

El paso de los días no diluye los lamentos, subraya la desesperación.

Juan Jesús Vivas insiste una y otra vez en pedir «unidad, templanza y serenidad». Un mantra para calmar las voces que llegan desde los barrios, esa realidad incómoda bajo la avalancha.

Samir es padre de familia. Su reivindicación apela a lo elemental, tan esquivo ahora: «Quiero poder salir de casa con mis hijos. Necesitamos respirar y rebajar tensiones», explica. «Si no pueden ni ir al parque, los niños pierden la infancia», secunda otro líder vecinal.

La preocupación no se distribuye de manera uniforme. Son las zonas periféricas las que soportan con mayor intensidad las consecuencias de la presencia de miles de migrantes que permanecen todavía en Ceuta. «Esto es un descontrol total», asegura José María Romero (representante vecinal del barrio Recinto Sur).

Una parte está siendo atendida en los espacios habilitados por las administraciones y otros permanecen en asentamientos improvisados. Los vecinos aseguran, además, que hay personas alojadas en viviendas, locales y trasteros en condiciones de hacinamiento, con numerosos ocupantes (en torno a 15 en algunos casos) compartiendo espacios muy reducidos. Son personas ocultas para todas las administraciones, que esperan el mejor momento para emerger en su propósito a largo plazo: llegar al continente europeo.

El Gobierno de Vivas se enfrenta al reto de conocer quién permanece alojado en esos lugares y en qué condiciones, sin posibilidad de llevar un registro o control de momento. Hay una curiosa transversalidad entre los representantes vecinales: «Esto no va de izquierda o derecha». La urgencia ha diluido las ideologías. Se impone el deseo de normalidad sobre todas las cosas.

Un migrante se marcha del Trampolín, con sus pertenencias.
Un migrante se marcha del Trampolín, con sus pertenencias.EFE

Porque la seguridad es la palabra que más se repite cuando los vecinos describen lo que ocurre tras las últimas horas de la tarde. Critican la «escasa» presencia policial en determinadas zonas cuando cae el sol y la zozobra es mayor en algunos barrios. De hecho, como describen varios de los que se sitúan ante Vivas, cuando desaparece la luz muchos se recluyen como mejor solución. Hablan de una sensación de descontrol, de grupos numerosos de jóvenes ocupando determinados espacios y de calles que, sostienen, han dejado de utilizarse como antes.

La cotidianeidad del día a día tiene además una dimensión mucho menos visible: la acumulación de residuos y las condiciones de insalubridad en determinados puntos. «Los vecinos no abren las ventanas por el olor», denuncia uno de los asistentes al encuentro con Vivas.

La queja refleja el desgaste producido por una crisis que ha trascendido ya la gestión estrictamente migratoria para afectar a los servicios municipales y al funcionamiento ordinario de algunas zonas. El propio Gobierno de Ceuta admite que servicios y seguridad se encuentran entre los asuntos prioritarios ante la sentencia de los vecinos que aseguran «estar al límite». Piden, además, que Ceuta no afronte sola una situación que, consideran, debería afectar al conjunto del país. «No queremos vernos solos. Queremos que España entera nos apoye. Hoy nos ha tocado a nosotros, mañana puede ser a otros», resume uno de los asistentes.

En el horizonte más próximo aparece también una fecha que inquieta especialmente a las familias. Quedan apenas unas semanas para la vuelta al colegio, donde los menores tendrán que volver a desplazarse diariamente a los centros educativos (muchos de ellos sin acompañamiento). «Tenemos hijos de 13, 14 o 15 años que van solos a clase», advierte uno de los representantes vecinales. «Así no pueden salir a la calle ni volver del colegio». Esa inquietud convierte el calendario en una cuenta atrás para unas familias que no podrán adaptar sus horarios a una situación excepcional.

El presidente Vivas no descompone el gesto y apela a la «compostura», mientras ensalza el comportamiento «ejemplar» de la ciudadanía, reconocido más allá de esta capital en otro continente que se reivindica como corazón de un país. «Si el Gobierno nos abandona, que por lo menos no lo hagan los españoles», sentencia José María Barrio.

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