El Gobierno de Italia ha aprobado este jueves un decreto para regular la presencia de alumnos extranjeros en las aulas, limitando al 30% el número de estudiantes por aula que no dominen la lengua y vetando en su interior el uso del burka o del niqab islámico. También obliga a los padres de estudiantes a seguir cursos lingüísticos, en caso de que no hablen italiano. «No queremos echar a los estudiantes extranjeros. Apostamos por hacer algo: darles la posibilidad de integrarse realmente», ha defendido la primera ministra Giorgia Meloni en un acto público tras la aprobación de la norma.
En una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, el titular de Educación, Giuseppe Valditara, ha explicado que, a partir de ahora, el número de estudiantes que no dominen el italiano no podrá superar el 30% en las aulas de la educación primaria y secundaria. Para que esto se cumpla, los padres del menor deberán indicar en el momento de la matriculación cuatro escuelas que les interesen y el alumno será aceptado donde no se rebase ese límite.
Por otro lado, el decreto obliga a las escuelas a informar a los Servicios Sociales cuando un estudiante extranjero «manifieste graves problemas de inserción escolar y grave déficit lingüístico«. En ese caso, ofrecerán cursos lingüísticos gratis a estas familias, tanto al estudiante como a los padres, y en caso de que se nieguen a llevarlo acarreará multas de entre 200 y 1.000 euros.
El decreto incluye la «prohibición de enmascaramiento» en los centros educativos, multando si se accede a ellos con el burka o el niqab, los velos islámicos que cubren la cara de las mujeres, pero también con «mascarilla si no se está enfermo o cascos», ha declarado el ministro. «No se podrá acceder al curso formativo si se quiere entrar a clase con el niqab, por poner un ejemplo», ha ilustrado.
Esta disposición sigue a otro decreto de 2023 que sancionaba con hasta dos años de cárcel a los padres que no manden a los hijos a la escuela. «No aceptamos que uno pueda decir que no manda a la hija a escuela porque no le dejan entrar sin niqab. Si pasa esto, le esperan dos años de cárcel«, ha avisado el ministro.
Antes de su aprobación, el anuncio de estas medidas ya había suscitado un gran debate político en el país y la oposición de izquierdas lo considera «propaganda» con el único objetivo de contener al nuevo rival de Meloni en la ultraderecha, Roberto Vannacci y su Futuro Nacional. Pero también ha inquietado en la Jefatura del Estado, dadas las dudas sobre su constitucionalidad. Tal es así que el presidente de la República, Sergio Mattarella, llegó a recordar esta semana que el artículo 34 de la Carta Magna declara que «la escuela está abierta a todos».
Meloni respondió al presidente con una inusual crítica, afirmando que en sus años como ministro de Educación (1989-1990) emitió circulares que limitaban los alumnos extranjeros en las aulas. Mientras que desde la Asociación Nacional de Directores (ANP) de escuela creen que, aunque «el objetivo esté bien fundamentado y sea loable», llevarlo a la práctica será «muy complejo». La responsable de Asuntos Sociales del opositor Partido Demócrata, Sandra Zampa, ha acusado al Gobierno de emplear la «prepotencia» con los más vulnerables.
La primera ministra, por su parte, ha tildado de «incomprensible y aterradora» la oposición a estas normas que, sostuvo, quieren evitar la «imposición» a niñas y mujeres. En Italia, según datos de la Federación del Conocimiento del sindicato CGIL, hay 40.000 estudiantes que llevan menos de dos años en la red escolar del país y tienen escasa noción del italiano. El ministro señaló que, en concreto, el número de clases con una cifra de alumnos extranjeros superior al 30% ascienden a 34.000.
«No queremos echar a los estudiantes extranjeros. Apostamos por hacer algo: darles la posibilidad de integrarse realmente», ha defendido la primer ministra italiana.
El Gobierno de Italia ha aprobado este jueves un decreto para regular la presencia de alumnos extranjeros en las aulas, limitando al 30% el número de estudiantes por aula que no dominen la lengua y vetando en su interior el uso del burka o del niqab islámico. También obliga a los padres de estudiantes a seguir cursos lingüísticos, en caso de que no hablen italiano. «No queremos echar a los estudiantes extranjeros. Apostamos por hacer algo: darles la posibilidad de integrarse realmente», ha defendido la primera ministra Giorgia Meloni en un acto público tras la aprobación de la norma.
En una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, el titular de Educación, Giuseppe Valditara, ha explicado que, a partir de ahora, el número de estudiantes que no dominen el italiano no podrá superar el 30% en las aulas de la educación primaria y secundaria. Para que esto se cumpla, los padres del menor deberán indicar en el momento de la matriculación cuatro escuelas que les interesen y el alumno será aceptado donde no se rebase ese límite.
Por otro lado, el decreto obliga a las escuelas a informar a los Servicios Sociales cuando un estudiante extranjero «manifieste graves problemas de inserción escolar y grave déficit lingüístico«. En ese caso, ofrecerán cursos lingüísticos gratis a estas familias, tanto al estudiante como a los padres, y en caso de que se nieguen a llevarlo acarreará multas de entre 200 y 1.000 euros.
El decreto incluye la «prohibición de enmascaramiento» en los centros educativos, multando si se accede a ellos con el burka o el niqab, los velos islámicos que cubren la cara de las mujeres, pero también con «mascarilla si no se está enfermo o cascos», ha declarado el ministro. «No se podrá acceder al curso formativo si se quiere entrar a clase con el niqab, por poner un ejemplo», ha ilustrado.
Esta disposición sigue a otro decreto de 2023 que sancionaba con hasta dos años de cárcel a los padres que no manden a los hijos a la escuela. «No aceptamos que uno pueda decir que no manda a la hija a escuela porque no le dejan entrar sin niqab. Si pasa esto, le esperan dos años de cárcel«, ha avisado el ministro.
Antes de su aprobación, el anuncio de estas medidas ya había suscitado un gran debate político en el país y la oposición de izquierdas lo considera «propaganda» con el único objetivo de contener al nuevo rival de Meloni en la ultraderecha, Roberto Vannacci y su Futuro Nacional. Pero también ha inquietado en la Jefatura del Estado, dadas las dudas sobre su constitucionalidad. Tal es así que el presidente de la República, Sergio Mattarella, llegó a recordar esta semana que el artículo 34 de la Carta Magna declara que «la escuela está abierta a todos».
Meloni respondió al presidente con una inusual crítica, afirmando que en sus años como ministro de Educación (1989-1990) emitió circulares que limitaban los alumnos extranjeros en las aulas. Mientras que desde la Asociación Nacional de Directores (ANP) de escuela creen que, aunque «el objetivo esté bien fundamentado y sea loable», llevarlo a la práctica será «muy complejo». La responsable de Asuntos Sociales del opositor Partido Demócrata, Sandra Zampa, ha acusado al Gobierno de emplear la «prepotencia» con los más vulnerables.
La primera ministra, por su parte, ha tildado de «incomprensible y aterradora» la oposición a estas normas que, sostuvo, quieren evitar la «imposición» a niñas y mujeres. En Italia, según datos de la Federación del Conocimiento del sindicato CGIL, hay 40.000 estudiantes que llevan menos de dos años en la red escolar del país y tienen escasa noción del italiano. El ministro señaló que, en concreto, el número de clases con una cifra de alumnos extranjeros superior al 30% ascienden a 34.000.
20MINUTOS.ES – Internacional
