La XV Legislatura de la Democracia está agotándose pero no agonizando. Agonizando está desde el 17 de agosto de 2023. El mismo día en que comenzó. Los minutos de la basura del último año de mandato de Pedro Sánchez son exactamente iguales que los primeros. Parálisis y embrutecimiento político. Es más grave lo primero.
El mandato de Sánchez agoniza desde el mismo día en que comenzó. Sin ninguna reforma, los problemas son los mismos que en 2023 pero más graves. Con la ultraderecha en ascenso planteará la campaña como un «la barbarie o yo». Pero las elecciones suecas arrojan un resultado interesante
Audio generado con IA
La XV Legislatura de la Democracia está agotándose pero no agonizando. Agonizando está desde el 17 de agosto de 2023. El mismo día en que comenzó. Los minutos de la basura del último año de mandato de Pedro Sánchez son exactamente iguales que los primeros. Parálisis y embrutecimiento político. Es más grave lo primero.
La próxima presentación de los Presupuestos Generales del Estado sólo sirve para activar el temporizador hacia las elecciones y maquillar de colorete institucional la cicatriz más iliberal del periódico democrático. Aquel en que el presidente del Gobierno no ha querido respetar la representación popular depositada en el Congreso.
Los problemas con los que arrancó el cuatrienio son los mismos que los que concluye. Solo que agravados. La vivienda es más escasa y más cara, la financiación autonómica está deformada, el declive educativo es motivo de sonrojo y la política internacional sobre la que Sánchez se ha eregido en figura allende nuestras fronteras se ha transformado en una amenaza para la integridad territorial del país, como bien se puede ver en Ceuta.
No se ha aprobado ni una sola reforma estructural más allá del quita y pon de documentos enviados a Bruselas en busca de los 60.000 millones que ha desembolsado en fondos europeos, único pulmón inversor de la legislatura. Enfrentado a las autonomías, incluso a las suyas, el Gobierno central ha quedado reducido en una especie de consultor de las big four ante cualquier emergencia. Y las ha habido muchas.
El enquistamiento de la inflación sobre el bolsillo de los contribuyentes, en parte gracias a Irán y en parte a Hacienda, emborrona los buenos datos del PIB y de empleo. Pero poco más hay que ofrecer salvo la promesa de resistencia ante la internacional ultra, encarnada en el trumpismo rampante, los tecnooligarcas, los jueces y el Madrid de Díaz Ayuso. Con la playa del Trampolín desmontando el argumentario migratorio, todo queda encomendado a convertir en campaña interna el reguero de elecciones convocadas en Europa y América, donde la derecha populista promete impugnar valores esenciales de nuestra convivencia.
El enemigo más fiable frente a esta arremetida no es la izquierda ni la derecha moderada, sino la fortaleza democrática representada en las instituciones. Y el mejor amigo del populismo se llama cordón sanitario. Allí donde se aplica, véase Alemania o Francia, la derecha antisistema crece. Una vez salta y es posible poner en contacto la ideología con la realidad, empieza a sufrir. El veneno en pequeñas dosis a veces se transforma en antídoto.
La ventaja de los sistemas parlamentarios más representativos, como el español, sobre los presidencialistas, como el francés o el estadounidense, es que quien gana no se lleva todo el bote. El resultado de las elecciones en Suecia arroja interpretaciones interesantes. La irrupción de la ultraderecha de corte más racista en la gobernabilidad, aunque sólo sea como apoyo exterior, la ha debilitado precisamente a ella. Sánchez planteará los próximos comicios con un «la barbarie o yo». Pero ni España es así ni es menos bárbara su campaña contra el Poder Judicial. Y lo que queda.
Noticias de España
